Saramago vs. Coixet

Vida-muerte; Pasión-frialdad; Alegría-tristeza; Ternura-rudeza; Verdad-mentira; Teatro-cine; Amor-odio; A-Z; 0%-100%; Blanco-negro; Guapa-fea; Paciencia-impaciencia; Perfección-simpleza; Ruido-silencio; Lleno-vacío; Paz-guerra; Luz-oscuridad; Justicia-injusticia; Amor-desamor; Bullicio-soledad; Caliente-frío.

Dos Grandes del arte literario y audiovisual, José Saramago e Isabel Coixet.

Ambos retratan, como pocos, las perfecciones e imperfecciones de un Mundo cada vez más individualista, o no, depende cómo se mire. Y todo desde un sentido filosófico y metafísico. En sus obras tocan los lados opuestos del ser humano de una manera brillante. Bueno o malo, magnífico o simplón…Todo llevado hasta el punto más extremo. Y lo hacen sin caer en la banalidad.

Acabo de terminar de leer la novela “Intermitencias de la muerte”, donde el autor nos muestra la inconformidad del Hombre.

Con un toque de humor, Saramago lanza varias maneras preguntas al aire. ¿Realmente podríamos ser inmortales? ¿Sería soportable, desde un punto de vista filosófico y religioso? ¿Los gobiernos estarían preparados para tal disyuntiva? ¿Nosotros mismos también? Parece que no…

Pero, siempre quedan las sorpresas. Siempre podemos pensar en la bondad de una muerte que incluso ella misma puede estar perdida en lo que se supone que hay que hacer.

Lo dicho, el libro es todo un recorrido metafísico. Un relato que nos ofrece las cosas positivas de la sociedad, pero también su falta de valores. Las antítesis, al fin y al cabo.

Por su parte, en “Mapas de los sonidos de Tokio”, la última película escrita y dirigida de Isabel Coixet, éste dilema es otra de las características. Casi dos horas de largometraje en el que se aprecia que no todo es bueno o malo, grande o pequeño,…

Ryu es una chica solitaria de aspecto frágil que contrasta con la doble vida que lleva: de noche trabaja en una lonja de pescado en Tokio y esporádicamente recibe encargos como asesina a sueldo.

El señor Nagara es un poderoso empresario que llora la muerte de su hija Midori que se ha suicidado, y culpa del suicidio a David, un hombre de origen español que posee un negocio de vinos en Tokio. Ishida, un empleado del señor Nagara que amaba a Midori en silencio, contrata a Ryu para que asesine a David…

Un ingeniero de sonido, obsesionado con los sonidos de la ciudad japonesa y fascinado por Ryu, es el mudo testigo de esta historia de amor que se adentra en las sombras del alma humana allá donde sólo el silencio es elocuente.

“Se necesita un año de silencio para comprender el sonido de un suspiro” (Anónimo)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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