Cuba: y ¿los Derechos Humanos?

Una vez más, el régimen cubano se ha quedado “con el culo al aire”.

No valen los ínfimos e infumables discursos de Fidel Castro -o, en su caso ahora, de su hermano Raúl- para comprender que las palabras no acallan la libertad de expresión.

Orlando Zapata es el último en caer. En morir en pro de una Cuba libre, cuyo único delito fue traspasar la línea “editorial” del gobierno castrense.

Protagonista- Prisionero de conciencia: Orlando ZapataTamayo.

Edad: 42 años.

Oficio: albañil y plomero, perteneciente al Movimiento Alternativa Republicana.

Delito: honestidad consigo mismo. Negarse a vestir la ropa blanca de disidente, en lugar del uniforme de recluso común. Protestar por las condiciones en que se encuentran los presos políticos.

Condena: 36 años de prisión (En 2003, junto a otros 74 disidentes del régimen, fue condenado por “desobediencia, desacato y protestas a favor de los derechos humanos”).

Consecuencia: fallecimiento tras 85 días en huelga de hambre.

Antecedentes: el cubano Pedro Luis Boitel, en los años 60.

Reacciones: Su madre, Reina Luisa Tamayo: “Lograron lo que ellos querían. Acabaron con la existencia de un luchador por los derechos humanos“.

Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia: “Es un golpe muy grande para la oposición cívica cubana, se ha dejado morir a un hombre que reclamaba que le respetaran sus derechos. Pero (su muerte) es un compromiso para redoblar los esfuerzos hasta que termine el régimen criminal que hay en nuestro país y que ha causado tantas muertes”.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de España (rectifica tras 24 horas sin que mencionase a Zapata una sola palabra anteayer en Ginebra): “Lamento profundamente la muerte del disidente (…), y exijo al régimen castrista la libertad a los presos de conciencia, así como respetar los derechos humanos de la isla”.

Ricardo Zúñiga, director de la oficina de Cuba en el departamento de EE.UU.: “La muerte de Zapata es innecesaria y evitable”. “Estamos conmocionados al comprobar que después de once días de huelga de hambre, fue trasladado al hospital sólo un día antes de su muerte”.

Conclusión: INDIGNACIÓN.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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