Por siempre FRIDA

Frida Kahlo (México, 1907-1954)

Pasional, revolucionaria y símbolo de progreso en México.

Son tres los adjetivos que más han caracterizado a la artista que rompió moldes para su época.

Hace tres años que se conmemoró el Centenario de su nacimiento. Pero Frida sigue resonando en el mundo, provocando obras teatrales, ensayos académicos, mesas redondas, exposiciones,… De hecho, estos días, Madrid y Bruselas acogen sendas retrospectivas de lo que supuso la vida y obra de la pintora mexicana. Y Berlín lo hará en breve, en la que será la mayor hasta ahora ofrecida en Europa. Será a partir del 30 de este mes, en el museo Martin-Gropius-Bau. Con cerca de 150 obras, entre pinturas y dibujos, se permitirá conocer -aún mejor- la personalidad social, política e íntima de la artista.

Además, 2010 es un año especial para los mexicanos.  Se celebra el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución mexicana. Algo por lo que la artista luchó en sus 47 años de vida.

Y es que, para aquellos que no la conocen, Kahlo fue uno -por no decir el primer- exponente del arte latinoamericano durante la primera mitad del siglo XX. No hay otra creadora, con tanto simbolismo, fruto de su pintura y de su pensamiento, de su entereza y de su imagen.

Su vida estuvo marcada por el sufrimiento, por las infidelidades constantes de su marido Diego Rivera, por enfermedades, abortos, y por el accidente que la dejó postrada en una cama con la columna rota. 32 operaciones que jamás lograron recuperarla. Eso es lo que plasmó en los temas de todos sus lienzos, ella fue su mejor modelo. Su pintura es fuerte, colorista y de gran dramatismo.

Y tanto ha aportado su obra que la banda inglesa Coldplay la ha homenajeado en su cuarto disco “Viva la vida” (“Death and All His Friends“). Eso es nada…

Característica fue su transgresión, ya desde su infancia. En la foto de familia aparece a la izquierda, vestida de hombre, y por la que no tuvo si no problemas con sus padres.

Fue a partir de ese momento cuando ambos artistas se frecuentan, y comienzan así su relación de pareja hasta que, en agosto de 1929, terminan casándose.

Si al principio, Frida acompañaba a Diego de Ribera a sus múltiples consignas por EEUU, pronto la artista comenzaría a brillar por su cuenta.

Frida conocería al poeta y crítico francés Andrè Bretón, quien calificó su arte como surrealista, a lo que la revolucionaria mexicana contestó: “Yo no pinto sueños…Pinto mi realidad“.

Le sentara bien o no esta respuesta, lo cierto es que gracias a Bretón, Frida conocería a Julian Levy. Y así pudo exponer en Nueva York y en París, en 1939; logrando ser la primera artista mexicana en mostrar su arte en el Louvre. Su estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con el pintor malagueño Picasso y a aparecer en la portada del Vogue francés.

Entre 1937 y 1939 el revolucionario ucraniano León Trotsky vivió exiliado en su casa de Coyoacán junto a su mujer. Allí tendrá un romance con el líder comunista quien fue asesinado a manos del miembro de la NKVD -el estalinista Ramón Mercader-. Suceso que la tuvo bajo sospecha al ser acusada como autora del mismo. Esto la llevó a estar arrestada, aunque finalmente fue dejada en libertad al igual que su marido.

En la película “FRIDA” (2002), con Salma Hayek en el papel de Frida, se refleja parte de este trágico desenlace (con la voz de Chavela Vargas).

Su relación consistió en amor, aventuras con otras personas, vínculo creativo, odio y un divorcio que solamente duró un año. De esta época pertenece uno de sus cuadros más significativos: “Las Dos Fridas“. Se asimila la crisis marital, a través de la separación entre la Frida en traje de tehuana, el favorito de Diego, y la otra Frida, de raíces europeas (su padre era de origen germano-húngaro) la que existió antes de su encuentro con él. Los corazones de las dos mujeres están conectados uno al otro por una vena, la parte europea rechazada de Frida Kahlo amenaza con perder toda su sangre.

Al matrimonio lo llegaron a llamar la unión entre un elefante y una paloma, pues Diego era enorme y obeso mientras que ella era pequeña y delgada. Por otra parte; Frida, debido a sus lesiones, nunca pudo tener hijos, cosa que tardó muchos años en aceptar.

A pesar de las aventuras de Diego con otras mujeres (que llegaron a incluir a la propia hermana de la pintora), ayudó a Frida en muchos aspectos. Él fue quien le sugirió a Frida que vistiera con el traje tradicional mexicano consistente en largos vestidos de colores y joyería exótica. Esto, junto a su semblante cejijunto, se convirtió en su imagen de marca. Él amaba su pintura y fue también su mayor admirador. Frida, a cambio, fue la mayor crítica de Diego.

No sería hasta más tarde, en 1953 -tras luchar por sus sueños, su creatividad, su amor y la amputación de una pierna por gangrena- cuando vió cumplido su sueño en lo que fue su primera y su última retrospectiva en la ciudad que la vió nacer: Ciudad de México, y con unas dos 200 obras a sus espaldas.

Las últimas palabras en su diario un año después fueron: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Sigue en Por siempre FRIDA (2)

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