¡Olé, torera!

El toreo vuelve a estar en el centro del debate. Y viene fuerte.

Catalunya-Madrid; Antitarino-taurino: Izquierdas-Derechas; Hombre y mujer están siendo los protagonistas estos días. A saber, Barcelona y Madrid.

Mientras el Parlament de Catalunya debate desde el miércoles por mandato popular si se prohíben las corridas de toros en esa autonomía, Esperanza Aguirre aprovecha para hacerse la valedora de la esencia española, su cultura y su nacionalismo. El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha visto en esto un desencuentro entre dos regiones bien diferentes, y por diferentes colores ideológicos, un filón mediático y -por ende- político. Volvemos a los de siempre…

Todo empezó desde hace dos días cuando representantes del mundo taurino de las Tierras del Ebro (Tarragona), Francia y Portugal, y de entidades antitaurinas comenzaron a comparecer en el Parlament por la Iniciativa Legislativa Popular que pide la supresión de las corridas de toros en Cataluña.

“El PSOE y las feministas fustigaron a uno de los comparecientes del día anterior en el Parlament porque”, a su juicio, “había comparado la fiesta con el maltrato femenino o la ablación del clítoris”. Ésto en realidad no fue así, aunque así titularan los diarios afines a la derecha.

De «odioso» y «absolutamente inaceptable» tachó el líder popular el símil atribuido al filósofo Jesús Mosterín en su comparecencia parlamentaria del miércoles para denostar la continuidad de las corridas. Una precisión: lo que dijo Mosterín fue que el hecho de que los toros sean una tradición no es un argumento válido por sí solo para defender su existencia. Tradiciones, vino a decir, las hay loables y abominables.

Lo cierto es que El PP de Madrid ha respondido afirmando que abrirá un expediente para declarar la lidia un bien de interés cultural, algo inaudito en otros territorios. Los populares podrían haberlo hecho en cualquier otro momento (en Madrid tiene mayoría absoluta y no necesita de ningún apoyo a sus iniciativas), pero lo hizo justo ayer, en un gesto que encierra un intento de contraste entre ambas capitales. Como si los toros no hubiesen sido jamás parte de la cultura y tradición catalanas, cuando Barcelona llegó a tener a principios del siglo XX hasta tres plazas de primera categoría: la Monumental, las Arenas y el Torín, en la Barceloneta

¿Por qué este debate ahora? Habría que preguntarse si realmente es tiempo de trifulcas. Aunque es probable que Rajoy esté aprovechando -y es normal- la caída de popularidad de Zapatero.

Lo que huele mal aquí es que se quiere ver que en un sitio se titubea, y en otro lugar se manda. Si no, esto no tiene explicación…No se me ocurre otra idea.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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