Archive for 30/03/10

New York en 6 días (5&6)

Miles de experiencias vividas; alegrías compartidas; una semana con mi madre a la que no veo a menudo; verla feliz; desconectar del trabajo y cargar las pilas es lo que me ha posibilitado este viaje.

QUINTO Y SEXTO DÍA

Estos dos últimos días los dedicamos a nosotros, a visitar la zona norte de la isla, Harlem, y a amigos…pero de una manera más pausada.

Esta vez desayunamos con Norma y Becky -que ha venido de San Francisco- para pasar el fin de semana en Nueva York. Un reencuentro maravilloso después de vernos la última vez en Barcelona.

El Upper West Side fue uno de los últimos destinos, visitando el Cathedral Chruch of St John The Divine, el lugar de culto más grande EE.UU. y el tercero del mundo tras la basílica de San Pedro de Roma y Nuestra Señora  de la Paz de Yamoussoukro -en Costa de Marfil-.

Seguidamente visitamos la Universidad de Columbia, una de las mejores del mundo tanto en el ámbito académico como en investigación. Su explanada principal, con la estatuta Alma Mater es lo que más llama la atención. Asimismo, llama la atención el Riverside Chruch, una joya gótica con vistas al río Hudsonque fue construida por la familia Rockefeller en 1930. A pesar de que estaban cerrando, logramos colarnos e incluso subir hasta los pisos de arriba para tener aún mejor panorámica.

Desde sus orígenes en los años 20 como enclave de afroamericanos, Harlem ha ido ganando en importancia. Una zona en la que te sientes extraño por ser de los pocos blancos que hay, pero nadie te mira mal. Se nota que no hay turistas apenas, y la suciedad es más patente que más al sur, en Manhattan. Quisimos entrar a las populares iglesias de gospel, pero los sábados parece que están cerradas a cal y canto. En todo caso, creo que merecía la pena ver algo más allá de lo que es más turístico, y adentrarnos en la cultura negra. De hecho, entramos en el Schomburg Center a ver una exposición de fotografías no oficiales bastante interesante sobre la vida de Obama desde “detrás” de las cámaras, y sacadas por el fotógrafo de la Casablanca.

De vuelta al centro, y después de varios intentos desde que llegamos, nos pudimos encontrar con el matrimonio amigo de mi madre, Marga y Antón. Fantástica pareja que marchaban al día siguiente como nosotros, a Europa.

Nuestra última noche fue muy divertida, dando un largo paseo Norma, Becky, Begotxu y yo.

Ama…todo este viaje ha sido por tí.

I LOVE YOU

New York en 6 días (4)

CUARTO DÍA

Comenzamos nuestra andadura por la calle Broadway, una espectacular vía que recorre todo Manhattan.

Pero nuestro plan hoy nos marca el East Village, un área nada turístico, residencia de famosos rockeros en los años 80 y 90, y que traspira arte por todos sus rincones. Madonna fue vecina de esta zona en sus comienzos. En la actualidad, sus viviendas son de protección oficial para las personas que difícilmente llegan a final de mes.

Pasada por el Tompkins Square Park, y paradita a tomar una cerveza Corona frente a los edificios de viviendas que sirvió de portada al disco de Physical Graffiti.

Anoche nos quedamos con ganas de subir al Top of the Rock, en la parte alta del Rockefeller. Un edificio de 70 pisos, con una sorpresa en el ascensor (que no contaré) y menos concurrido que el Empire. Y ahí que subimos para ver otra panorámica de Nueva York, desde otro punto de vista.

Viernes por la tarde, y la entrada al Museum of Modern Art (MoMA) es gratis. Entramos; abarrotado, pero merece la pena ver cuadros de Van Gogh, de Picasso, de Miró y de Matisse entre otros. Quisimos ver una exposición de Tim Burton, el polifacético director de cine, pero las entradas estaban agotadas. Eso sí, vimos otra expo en la que el cuerpo humano real era la protagonista. Imaginaros, pasar entre un chico y una chica desnudos fue una de las experiencias que algunos visitantes se animaban a hacer. Al fin y al cabo, estamos en la metrópoli más cosmopolita del mundo…

La de hoy ha sido una jornada cultural en todos los sentidos.

Definitivamente, WE LOVE NY

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

New York en 6 días (3)

TERCER DÍA

Ecuador de nuestro viaje, y las fuerzas empiezan a flaquear. Somos conscientes de que tenemos que bajar el ritmo. Además, el buen tiempo nos está matando. Y es que no tenemos la vestimenta adecuada para este mes de marzo que esperábamos frío…Pero las ganas no decaen.

Recorremos la zona de Chelsea, el barrio de la diversidad por excelencia, que ofrece una oferta culinaria estupenda, galerías de arte y pequeñas callejuelas dignas de ser admiradas. Se conoce también como “gayborhood” por la cantidad de hombres guapos que la frecuentan.

¿A destacar? El Chelsea Market, que ocupa una antigua fábrica del imperio de galletas Nabisco (creador de las Oreo) de 250 metros de longitud para buenos amantes de la buena mesa. Eso sí, carillo. Dos calles arriba queda la nueva High Line, un tramo abandonado de línea férrea elevada a una altura de 9 metros que va desde Gansevoort St. hasta la 34th. Una manera diferente de ver las calles de Nueva York desde otra perspectiva, y rodeado de zonas ajardinadas.

Subiendo por la Ninth Avenue topamos con toda una institución periodística a nivel mundial, la sede central del New York Times. Más arriba llegamos a Columbus Circle, una estatua dedicada a Colón a las puertas de Central Park y desde donde se divisa una de las mejores intantáneas del parque.

Pero antes toca parar a comer en un mexicano -frente al Lincon Center– en la que probamos un guacamole de lo mejorcito que he probado en mi vida, y encima nos lo hicieron frente a la mesa para más inri.

Es la hora de Central Park, un extenso y majestuoso parque de más de 3 km2, situado en medio de la Gran Manzana y que supone todo un pulmón de aire fresco y libre de contaminación. Comenzamos nuestra andadura por la parte oeste (Strawberry Fields) donde se encuentra el edificio de apartamentos Dakota, donde John Lennon fue asesinado en 1980 y donde todavía hoy se recuerda al cantante con una placa conmemorativa.

Estatuas por todos los rincones, atardeceres espectaculares, un lago -el Jackeline Kennedy Onassis- de 2,5 km., un imán para cientos de corredores, ciclistas y millares de especies animales como las ardillas hacen de Central Park un lugar mágico.

En la actualidad, el “parque del pueblo” es todavía -después de siglo y medio desde su creación- unos de los atractivos más populares de la ciudad. Miles de ciudadanos acuden atraídos por los conciertos al aire libre del Great Lawn, por su zoo o por las representaciones teatrales que se celebran cada verano al aire libre.

Para terminar el día, después de ver el museo Guggenheim por fuera, nos encaminanos a Union Square donde estuvimos cenando con mi amigo puerto riqueño, Richard. Todo un sol de persona con el que cenamos y charlamos relajadamente.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

New York en 6 días (2)

SEGUNDO DÍA

Segunda jornada, segundo desayuno copioso con unos deliciosos Egg Benedicts, unos huevos preparados con una salsa rosa.

Nuestro principal objetivo para hoy es el Empire State, pero empezamos recorriendo la orilla del río Hudson, comenzando por Battery Park hasta llegar a Tribeca, famosa por acoger en mayo el Festival Cinematográfico auspiciado por Robert de Niro. Este barrio es bastante tranquilo y, callejeando, se pueden encontrar varios puestos en los que se venden complementos a buen precio. Aquí precisamente hicimos shopping, entre otras cosas un sombrero.

Y de ahí, a la zona del Soho, que se caracteriza por sus edificios industriales con fachadas de hierro forjado posteriores a la Guerra de Secesión, cuando era el distrito comercial más importante de la ciudad. 26 manzanas la componen, y declarado en 1973 barrio histórico protegido.

Nolita es probablemente una de las zonas más chic del momento, con boutiques de alta costura. Colindante se encuentra el New Museum de Contemporary Art –un museo de arte moderno que acaba de abrir sus puertas y que ya es un referente por la estructura de siete “cajas” blancas aplicadas-, en el Lower East Side. Nos pasamos por la St Patrick’s Old Cathedral, donde los domingos por la mañana se oficia misa en castellano y cuyos muros son imponentes.

Cruzamos la calle de Broadway, para llegar a Greenwich Village donde nos topamos con las canchas de baloncesto de West 4th Street conocidas como “la Jaula”. Seguidamente, y tras dar un volteo por este barrio gay, paseamos por Washington Square, antiguo emplazamiento para ejecuciones públicas y bajo cuyo arco se celebró en 1889 el centenario de la investidura del primer presidente del país, George Washington.

Paso por Union Square -emplazamiento en pleno centro de Manhattan y donde nos encontramos con el diverso mercado agrícola de los miércoles- y por Flatiron Building -el rascacielos más antiguo que recuerda la proa de un inmenso barco-. Estamos deseosos de subir al Empire State, el edificio más emblemático de Nueva York y que se construyó en tan sólo 140 días.

Números escalofriantes. 102 plantas, 380 metros de altura y 10 millones de ladrillos. La famosa antena -que sirvió para la película “King Kong”- estaba pensada para ser un mástil de amarre para zepelines cuando abrió en 1931, pero el desastre de Hindenberg frenó los planes. Desde hace 35 años, las últimas 30 plantas se iluminan de forma tematizada, así que el Día de San Patricio pudimos observar la iluminación en verde.

Parada obligatoria en el New York Public Library, que acoge una sala de tres plantas de lectura y en cuya terraza exterior nos deleitamos con un buen café. A unas cuantas manzanas queda la también famosa estación de trenes Grand Central Terminal, con su techo abovedado con las constelaciones del zodiaco al revés.

Anochece, luces por todos lados, y callejeamos por la zona este de Manhattan visitando la sede de Naciones Unidas (ONU) y avistando desde abajo el Chrysler Building , una pieza maestra de William Van Alen de 1930. Paseo por las grandes avenidas hasta que topamos con el Rockefeller Center, frente al St Patrick’s -la catedral católica de estilo gótico más grande del país-, en la Quinta Avenida.

Foto al Radio City Music Hall, con su estilo art decó, a la pista de hielo del Rockefeller -abarrotado y no tan grande como esperábamos-, y una vuelta por el Bryant Park conforman nuestra vuelta a casa. Los juanetes no perdonan y mis dolores de coxis tampoco.

Es tiempo de descansar y cargar pilas para el día siguiente.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

New York en 6 días (1)

Dedicado a mi madre Begoña, a Norma y Becky

Nueva York 15-21 Marzo 2010

Fueron sólo seis días, pero bien intensos. Llegada al aeropuerto JFK, y un Lincon negro ya nos estaba esperando a mi madre y a mí para llevarnos a la ciudad de los rascacielos. Una urbe que debe su nombre a los holandeses, cuando arribaron tierra en el siglo XVI, y que la hicieron llamar Nueva Ámsterdam. Cien años después, los ingleses -con el rey Carlos II a la cabeza- rebautizarían la colonia con el nombre de su hermano, el Duque de York.

Es tan grande Nueva York que, lógicamente, hay que hacerse un planning; y ¡eso es lo que hicimos! Tras desempacar las maletas en casa de Norma -quien nos recibió con los brazos abiertos en su casa en pleno MANHATTAN– y a última hora de la tarde-noche, mi ama y yo fuimos a cenar y a dar una vuelta por los alrededores, desde donde divisábamos el estado de Nueva Jersey (al otro lado del río Hudson) y la estatuta de la Libertad. Y poco más, que estábamos cansados del vuelo, y pensando en coger energías para lo que se nos avecinaba.

PRIMER DÍA

Lo primero de todo fue desayunar unos riquísimos bagels con mermelada y mantequilla, una tradición bastante anglosajona y -por qué no decirlo- demasiado buenos. Mi recomendación es empezar por el sur de la isla e ir subiendo conforme los pies aguanten. Eso sí, mejor andando que no en metro. Primera parada: sacarnos unas fotos con la escultura del toro Charging Bull (de Arturo Di Modica) en el diminuto parque de Bowling Green para después embarcarnos en el ferry que nos llevaría hasta STATEN ISLAND, una de los cinco barrios que componen Nueva York. Las fotos hablan por sí solas, y las vistas de Manhattan desde aquí…impresionantes.

Tras apearnos del ferry -que, por cierto, es gratis- Wall Street fue la siguiente parada. Una calle de 1,5 kilómetros de longitud que debe su nombre al muro que construyeron los holandeses en 1653 para marcar el límite norte de su territorio. La Bolsa de valores más grande del mundo (NYSE) merece la pena visitarlo por lo que ahí se mueve en dólares. Al lado quedan el Federal Hall (donde estuvo el primer ayuntamiento de la ciudad y que alberga una impresionante estatua de George Washington) y el Trinity Church (una parroquia anglicana fundada por el rey Guillermo III).

Una paradita frente al City Hall, sede del Ayuntamiento desde 1812, para tomar un trago de agua. Nos espera el barrio de BROOKLYN, pero antes su Puente. Famoso porque supuso el primero de suspensión construido en acero. Casi 500 metros de longitud, en la que es casi imposible desviarte a un lado porque el carril de los ciclistas está siempre a reventar.

Video de nuestro paso por el Puente de Brooklyn- Pulsar aquí

Brooklyn bien vale visitarlo por unas horas, o incluso para un día. Y es que puede ser tan grande como Manhattan y, a día de hoy, el barrio más efervescente y trendy. En todo caso, nos contentamos con el paseo de Heighs Promenade desde donde se aprecia una de las estampas más increíbles del skyline de NYC. Y, mirando donde comer, dimos con la pizzería mejor consideradas por los neoyorkinos: el Grimaldi`s. Con sus mesas a cuadros rojos, teniendo que hacer cola para hacerse hueco, disfrutamos de una buena comilona, y eso que pedimos la pizza más pequeña -y que no tardó en salir del horno de leña-.

Con el estómago lleno, nos encaminamos por la zona judía de Dumbo, un área donde las calles empedradas son su característica y el Brooklyn Bridge Park una zona de recreo desde donde se avista con todo su esplendor el Manhattan Bridge, por el cual cruzamos para llegar a Chinatown. Aquí llegamos con un calor insoportable de 20 grados lo menos…En este barrio viven más de 150.000 sinoparlantes, la comunidad china más grande fuera de Asia. Es popular por vender -cómo no- copias perfectas de perfumes, bolsos y demás artilugios informáticos. Pero apenas hacemos una parada, salvo para hacernos la manicura en una tienda en la que sus trabajadoras no hacían más que hablar y que al final te decían “pay, pay” (pagar,pagar). Little Italy es más agradable. Aunque el distrito que vio pasar por sus calles a Martin Scorsese o a Frank Sinatra, hoy está más bien diluído y cada vez más atestado de asiáticos.

Corriendo tuvimos que ir, ya de noche, a coger el metro. Que, por cierto, menudo follón. Parece que, debido a la crisis, han quitado personal en el subterráneo y no podíamos sacar billetes. Además, hay no sé cuántas líneas, que unas son express (no paran en todas las estaciones) y otras que no (pero que son más lentas). El hecho es que por fin pudimos llegar a la hora al musical en Broadway de “Come Fly Away“; un show en el que las canciones de Frank Sinatra son su máxima, y unos de los cantantes favoritos de mi madre.

Video de Frank Sinatra “Strangers In The Night“- pinchar aquí

Nos sentíamos “extraños en la noche” neoyorkina (como canta Sinatra), rodeados de tanta gente a las 10 de la noche, cansados de tanto trajín por lo que había dado de sí el primer día…pero felices. Al fin y al cabo, estábamos donde queríamos estar. En medio de la vorágine y contentos de poder disfrutar de cinco días más juntos.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán