El horror de las minas

Las minas antipersona matan o hieren al año entre 15.000 y 20.000 personas. Unas cifras espeluznantes en los tiempos que corren. ¿Lo peor? Que en su mayoría los que sufren sus consecuencias son civiles, y de éstos 2 de cada 10 son menores de edad.

Este domingo pasado se ha celebrado la quinta edición del Día Internacional para la Concienciación y la Ayuda a la Acción contra las Minas. Su objetivo no es otro que informar sobre el peligro de estas armas y avanzar hacia su erradicación.

Lo cierto es que aunque 153 Estados ya han ratificado la Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersona y sobre su Destrucción -más conocida como ‘Convención de Ottawa’-, países como Estados Unidos, Finlandia, China, Rusia, Israel, Pakistán, Sudáfrica, Nepal, India, Singapur, Vietnam o las dos Coreas las siguen produciendo o utilizando.

Las minas antipersonal se utilizan para colapsar los servicios médicos enemigos, degradar la moral de sus tropas, y dañar vehículos no blindados. Por ello, se busca sobre todo que hieran gravemente o mutilen, y no tanto que maten, ya que un muerto no causa tantos problemas como un herido. Así, sus efectos más comunes son amputaciones, mutilaciones genitales, lesiones musculares y en órganos internos, quemaduras… En realidad, un sinfín de efectos que en muchos casos se siguen produciendo años o incluso décadas después de que haya acabado un conflicto.

En total, se calcula que hay más de 110 millones de minas repartidas en más de 64 países, la mayoría en África.

Es frecuente, además, que las zonas minadas no se señalicen ya que son lanzadas arbitrariamente desde aviones o desde lanzadoras sin ningún control sobre la zona en que caen. Tampoco se elaboran mapas de minas, cosa que provoca, como ocurrió en Bosnia-Herzegovina, que muchas veces los soldados en plena retirada ante una contraofensiva del contrincante fueran víctimas de las minas que ellos mismos habían colocado previamente.

Colocar una mina puede costar 1,8 euros, pero desactivarla puede llegar a mucho más: hasta 718 euros. Frecuentemente son las mismas empresas productoras de minas las que proporcionan servicios de desminado, en un ejercicio de negocio. Un hecho insólito e inhumano en toda regla.

Los países más afectados por esta plaga son Camboya (10 millones de minas; uno de cada 236 ciudadanos está mutilado), Angola (9 millones de minas; uno de cada 470 habitantes está mutilado), AfganistánEl SalvadorNicaraguaChile (en la frontera con Bolivia), ColombiaPerú (en la frontera con Chile y Ecuador), SudánMozambiqueSomaliaIraq.

En nuestro país se aprobó en 1997 una Proposición No de Ley instando al Gobierno a remitir a la Cámara un proyecto para regular la prohibición total de las minas antipersona, bombas de racimo y armas de efecto similar. Un proyecto que finalmente se suscribiría dos años más tarde con la adhesión de España al Tratado de Ottawa y con la eliminación de 820.000 minas antipersona repartidas por la Península Ibérica.

NO a las minas, NO  a los conflictos militares, NO a que el 90% de los afectados por estos artefactos sean civiles, NO a que algunos países hagan oídos sordos para frenar su colocación. En definitiva, ¡NO a la guerra!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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