Mujeres en lo más alto

Por una vez, hablaré de deporte. Del alpinismo, en este caso. Pero de lo que trataré hoy será de esas hazañas que, por duras y disciplinadas, son noticia en su corte más social. Y sus protagonistas, una vez más, las mujeres. De esas que no se amilanan ante cualquier reto, y que persiguen una meta: subir a las cimas más altas del mundo aunque se les vaya la vida en ello.

Mansae” (hurra!) es lo que cantó ayer -a 8.091 metros de altura- la surcoreana Oh Eun Sun. La alpinista que acaba de alcanzar todo un récord.  Ser la primera mujer en alcanzar la cumbre del Annapurna, y con ello completar los 14 ochomiles del Planeta; es decir, en alcanzar las montañas que sobrepasan dicha altura.

Todo un logro en una persona que no sobrepasa los 1,60 metros de altura y que pasa de la cuarentena, pero que se caracteriza por su fortaleza física y mental.

24 años después de que Reinhold Messner ingresara en el libro de oro del montañismo tras ser el primer hombre en tocar los techos del mundo, una asiática enjuta, férrea y tozuda le acompaña desde ayer en el Olimpo.

Habían pasado 13 horas y 16 minutos desde que ella, sus tres sherpas y dos cámaras de televisión salieran desde el campo 4 cuando alcanzaron el pico. Ascendieron en busca del cielo, a más de 30 grados bajo cero.

El sonido de su respiración áspera y dolorosa -en busca del oxígeno que escasea a más de 8.000 metros, entre el viento huracado y la nieve- traspasaba la pequeña pantalla de millones de surcoreanos que desde sus casas vivían en directo la ascensión de su compatriota. Una cuestión de Estado. La cadena KBS retransmitió la hazaña, una gesta en mayúsculas debido a las complicadas condiciones meteorológicas. Que ella ganara esta carrera era una obsesión.

Y utilizó este medio para tratar de evitar las acusaciones -cada vez mayores- de que no hizo cumbre en alguno de sus ochomiles anteriores. En total, la han seguido casi 30 personas entre cámaras, periodistas y técnicos de la televisión coreana que la patrocinaba para grabar la ascensión.

Oh Eun Sun llevaba consigo la foto de Go Eun Sun -su compañera, su amiga, su compatriota, su rival en la carrera- que falleció el año pasado cuando descendía del Nanga Parbat. Y esa obsesión por rendirle homenaje le ha valido la pena.

Eso sí, nunca antes el mundo del Himalayismo había vivido una competición igual. Y es que a la guipuzkoana, Edurne Pasaban, sólo le faltaba alcanzar el Shisha Pangma para llevarse el honorífico puesto. Pero el tiempo atmosférico le ha jugado una mala pasada.

El destino quiso poner emoción a las páginas de la Historia. El oráculo quiso que la pelea por ver quién era la primera fuese visceral. Ya se sabía que la primavera de 2010 iba a dictar sentencia. Y, de momento, en eso se está. Y es que aunque, oficialmente, Eun Sun es considerada la vencedora…todavía queda por ver qué tiene que decir Elizabeth Hawley. Una estadounidense casi nonagenaria que jamás ha pisado cima alguna. Aun así, ella y sólo ella es la figura encargada de aprobar las hazañas de estos deportistas.

Elizabeth Hawley y Edurne Pasaban

Lleva casi medio siglo documentando primero y certificando después las ascensiones a los 14 colosos del Himalaya. Por supuesto, todo es oficioso porque jamás ha sido testigo de otra cosa que de los sudores fríos de los que, voluntariamente, se someten a su feroz escrutinio. Si uno tiene la desgracia de pisar la cumbre de un ochomil bajo la niebla, se le atasca la cámara o se le olvida en la tienda puede que Hawley no dé por buena su ascensión.

Claro está, sólo aquellos que desean figurar en listas y anales aceptan la visita de “la dama de hierro” -como se la conoce-.  Afincada en Katmandú desde los años 60, cuando la capital de Nepal era el centro del universo hippy y ella escribía crónicas políticas para Time. Fue en esos años cuando Hawley tejió su red de contactos influyentes y se ganó el respeto de alpinistas de la talla de Edmund Hillary, primer vencedor del Everest. Desde entonces, no se ha movido de allí. Jamás se casó ni ha regresado a su tierra natal.

A pesar de Hawley, en el alpinismo -ante la ausencia de árbitros- la conciencia individual siempre ha hecho las veces de juez de paz. Pero en la carrera femenina por los 14 parece haber tanto en juego que un tribunal ‘ordinario’ determinará las posiciones del podio.

Entre los códigos de los alpinistas no está denunciar al compañero que no ha hecho lo que dice haber hecho y se supone que no existen mentirosos ni acusicas. Pero ahora, con tanto prestigio y dinero en juego, todo vale con tal de ganar.

Escuchábamos hace unos días a Edurne relatar sus experiencias en la montaña.

Jean Troillet -guía suizo- realizó en los años 80 varias ascensiones en el Himalaya; Impresionantes por audaces, veloces y adelantadas a su tiempo. De paso, fue testigo de la carrera masculina por hacerse con los 14 ‘ochomiles’ y recuerda asqueado cómo la competición que entronizó a Reinhold Messner acabó con la vida de tres aspirantes. “Nunca pensé que las mujeres fuesen tan tontas como los hombres“, resume Troillet.

Críticas aparte, lo cierto es que el equipo de Pasaban llegará hoy al campo base avanzado del Shisha Pangma. El plan es realizar un ascenso rápido el sábado, ya que llegan aclimatados del Annapurna. A Edurne sólo le queda una cima, que puede llegar antes de la sentencia de Hawley sobre Oh Eun Sun.

Quizás aún hay carrera para llevarse los 14 caprichos de hielo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: