Juárez: la ciudad del silencio

–Te puedo ofrecer mis guardias de seguridad para cruzar. Son de toda confianza.

Con toda normalidad, una desconocida me acaba de brindar parte de su vida. No sé cómo reaccionar: si agradecérselo para después declinar su invitación o tomar su gesto como un presagio de lo que será mi regreso a Ciudad Juárez.

–Es muy peligroso –razona–, y tú eres periodista, mujer, joven, extranjera. Hace poco mataron a un periodista. Matan a quince, veinte en un día.

Esa periodista es Judith Torrea (37 años) y la voz que ofrece su ayuda es Guadalupe de la Vega, esposa de uno de los empresarios más ricos de Juárez. Una ciudad del Estado mexicano de Chihuahua que cuenta con una tristemente alta tasa de criminalidad. En total, 191 homicidios por cada 100 mil habitantes; 3.000 personas asesinadas sólo en 2008; 850 fallecidos sólo en lo que vamos de año por razones de narcotráfico. Unos datos espeluznantes que sitúa a Ciudad Juárez -por segundo año consecutivo- como la más violenta del mundo seguida por San Pedro Sula (Honduras).

La gran mayoría de los asesinatos en Juárez se deben a la disputa entre carteles de la droga, secuestros, y la desaparición de mujeres. Pietro Grasso, Fiscal Nacional Antimafia, explica que en los últimos años el creciente control sobre los puertos y aeropuertos colombianos ha forzado a los traficantes de este país a buscar nuevas áreas de almacenamiento de la pasta de coca destinada al mercado estadounidense y europeo. Y que éstas se han ubicado sobre todo en México, donde los cárteles han conseguido asegurarse el control del territorio.

Para ello se han valido de las mismas estrategias que cualquier otra mafia: el terror, utilizando a grupos de sicarios que asesinan a cientos de testigos, presuntos informadores, magistrados y policías; y la connivencia –obtenida gracias a su inmensa riqueza- de amplios sectores políticos, funcionariales, empresariales y profesionales.

La navarra Judith Torrea lleva más de una década tratando el periodismo de denuncia. Especialista en crimen organizado, pena de muerte, inmigración y política. Desde 2001 está afincada en la frontera de México con EE.UU. después de darse cuenta de esos atropellos.

Torrea decidió hace un año poner sobre el tapete los estragos que sufre la zona de una manera fácil y cercana. A través de su blog. Y eso mismo, ese trabajo valiente le ha valido el Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, que recibe hoy. Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico cuenta el día a día sobre la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’. Da cuenta de los crímenes de las mafias de las drogas, historias que no siempre llegan a las páginas de los medios tradicionales.

La violación de los derechos humanos, según ella, siguen siendo el santo y seña . Crímenes que bajo el lema guerra contra el narcotráfico pone en entredicho -según Judith- al presidente de Mexico, Felipe Calderón. Una situación que sin embargo ha creado más violencia, más miedo, una ciudad fantasma.

La bloguera y periodista freelance acusa a las administraciones mexicanas de querer acallar a la población, de tratar a los ciudadanos como narcotraficantes cuando son sólo trabajadores. Asegura, además, que no ve llegar el fin de la violencia a la urbe y descalifica la supuesta ofensiva del gobierno mexicano contra los cárteles: “No han ido a por el lavado de dinero ni a por la corrupción política, ni de las autoridades, que son los pilares básicos“.

Cuando a mediados del mes de abril se supo de este galardón, Judith lo dedicó “a las mujeres desaparecidas, a toda la gente que sobrevive cada día en Ciudad Juárez sin saber si va a vivir un minuto más, en una ciudad militarizada, donde el peligro está en estar vivo”. En definitiva, a las 5.500 personas que han sido asesinadas y a los 10.000 niños huérfanos.

Pero ahí sigue, viendo cómo muchos colegas callan, se autocensuran o caen en las redes de la corrupción política.

Muchas de sus fuentes han terminado en ataúdes o emigrado a Estados Unidos. Ella misma ha sido advertida y dice “si quieren matarte, te matan” pero sus post siguen relatando las injusticias y los silencios.

Todo comenzó cuando Torrea visitaba a los mexicanos que aguardaban en el corredor de la muerte en EE.UU y acudía a las ejecuciones. Trabajaba para The Texas Observer -cuando George Bush era gobernador en dicho Estado-, un periódico independiente de investigación. El día que cruzó el puente de Santa Fe de Ciudad Juárez descubrió otro mundo. “Había pobreza, droga, prostitución, pero mucha dignidad. Aquello me impactó y me atrapó“. De eso hace ya 13 años, y hoy es la única periodista extranjera que vive en Ciudad Juárez.

Una mujer que cuenta lo que sabe hacer: informar.

Muchos, en cambio, se han quedado atrás. Mujeres mexicanas que, en busca de sus maridos desaparecidos, son asesinadas. Decenas de periodistas que, en su afán de contar lo que ocurre a lo largo y ancho del Planeta, fallecen en el intento.

En 2008, Armando Rodríguez investigaba sobre las conexiones del narcotráfico y los cargos gubernamentales en Ciudad Juárez con un trabajo periodístico que bien valía un premio pero, a cambio, un sicario le tiroteó en la puerta de su casa a los ojos de su hija. El periodista era un personaje incómodo para los narcos y los políticos corruptos mexicanos. Le habían amenazado, pero Armando siguió trabajando hasta que los protagonistas de sus investigaciones decidieron acabar con él.

Con motivo ayer del Día Mundial de la Libertad de Prensa habría que recapacitar y valorar sobre los excelentes trabajos de los profesionales de la comunicación. Por mucho que, a veces, se nos degrade. Ni todos tenemos los mismos valores, ni todos tratamos los temas con impunidad.

Según un estudio realizado por Reporteros Sin Fronteras, en 2010 han muerto nueve periodistas mientras que 165 han sido encarcelados. También recoge que al menos 120 personas han sido detenidas por informar a través de Internet, que se ha convertido en un medio cada día más vigilado por las autoridades en países como Irán, Rusia o Cuba.

Nada ni nadie acallará -por suerte- a los informadores. Gracias al periodismo de denuncia, a la fotografía, a la verdad, a la precisión, a las historias de gente anónima, a la vida…hoy somos lo que somos. Y, lo que es más importante, sabemos lo que sabemos.

Cada mañana, Guadalupe de la Vega vuelve a la vida, a Ciudad Juárez, donde también le espera la muerte. Regresa al Hospital de la Familia que fundó. Sobrevive a la guerra con ingenio:

–En medio de una balacera, nos llegó un mensaje: si salvan a los heridos, los vamos a matar a ustedes y a ellos. Atendimos a los heridos y a la vez organizamos un concierto de flauta clásica. Cuando entraron, no supieron qué hacer.

Son las nueve de la noche y llego con dos guardaespaldas a Ciudad Juárez. Nada más cruzamos el puente fronterizo, estos avisan a sus compañeros que han llegado para que les entreguen sus armas, que no pueden entrar a Estados Unidos.

Las calles están vacías. Sólo pasean los camiones del Ejército. No encuentro a Ciudad Juárez, mi querida Juárez. Sólo quedan sus héroes cotidianos.

(Judith Torrea)

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