Cine del bueno: Metropolis

Estados Unidos siempre se ha llevado la palma respecto a la producción cinematográfica. Pero la UE tampoco se ha quedado atrás. Muchas han sido las cintas europeas a las que no se les pondrá ni una mota de polvo en los estantes, por lo magníficas que han sido y que seguirán siendo.

Y “Metrópolis” es una de ellas. La primera película reconocida como patrimonio documental del mundo por la UNESCO. Un clásico.

Aprovechando el Día de Europa este fin de semana, el País Vasco ha querido aportar su granito de arena. Y lo ha hecho en Vitoria-Gasteiz, proyectando por primera vez a nivel nacional la versión completa y remasterizada de la película de Fritz Lang (estrenada en 1927).

La Semana del Cine Europeo de Euskadi se suma así al reconocimiento del cine hecho en casa. Entre hoy y el 15 de mayo, acercará a varios cines de las tres capitales vascas veinte títulos del mejor cine europeo.

Cuarenta y dos años después de que los hermanos Lumière estrenaran “Workers leaving the lumière factory” (1885), Lang dirigiría Metropolis, una de las grandes películas del expresionismo alemán. Una historia basada en la novela homónima de su esposa hasta que se afilió al partido nazi y se divorcio de ella en 1933, Thea von Harbou.

El pasado 12 de febrero se estrenó la nueva versión restaurada en el Festival de Berlín. Y esto ha sido posible gracias a que hace tan sólo dos años se descubrió en Buenos Aires un negativo que incluía media hora de imágenes inéditas hasta la fecha.

En un hipotético futuro los humanos se dividen entre pensadores (cerebro) y trabajadores (manos). Los primeros sobreviven en la superficie, mientras los segundos malviven alienados en el subsuelo y hacen funcionar las máquinas que convierten en idílica la superficie.

María -una joven/robot visionaria- augura la llegada de un mediador, el corazón, que consolide la armonía entre el cerebro y las manos. Y el emisario llega, Freder. Aunque su misión no será sencilla, pues su poderoso padre, Joh Fredersen -temeroso de una revolución- iniciará un plan que pondrá en peligro el inestable equilibrio en el que se encuentran cerebro y manos.

La película es un clásico, no sólo del cine mudo y en blanco y negro, sino también de la ciencia ficción. Son incontables las veces que ha sido referenciada de forma más o menos sutil en alguna película: “Blade runner” (1982), “Sky captain and the world of tomorrow” (2004) y “Buñuel y la mesa del rey salomón” (2001).

Desgraciadamente, la película de Fritz Lang no goza del beneplácito de gran parte del público. Espectadores que, por cierto, seguramente no la han visto, bien porque es en blanco y negro, bien porque es muda. Lo cierto es que, probablemente, ellos no se pierden nada. Sí se lo pierden aquellos que saben enfrentarse al cine independientemente de sus ingredientes exclusivamente temporales.

Fritz Lang, más que dirigir, orquesta una obra en la que desde la música de Gottfried Huppertz, modernizada y omnipresente, quizás demasiado -hasta la coreografía de los casi cuarenta mil extras (15.000 de ellos, calvos)- están cuidados hasta el más mínimo detalle. Incluso los escenarios de cartón piedra lucen de forma diferente. Se nos propone un futuro en el que la superficie está dominada por infinitos rascacielos, trenes elevados, avionetas; en el que los habitantes de la superficie se entretienen en jardines que poco tienen que envidiar al del Edén; en el que la inteligencia artificial es una realidad. Asímismo, se nos propone un subsuelo en el que las condiciones laborales al servicio de las máquinas que alimentan la superficie son precarias y los turnos de diez horas; en el que los habitantes del subsuelo, inducidos por María, confían ciegamente en la llegada de un emisario que los acerque a la superficie.

Al final, las casi dos horas que dura -y eso que un cuarto del metraje original se perdió para siempre- es su punto más débil. Eso y un guión que a pesar de su brillantez recurre en demasiadas ocasiones al pasaba por allí en el momento oportuno. Tanto que a pesar de la magnificencia de alguno de los planos de la ciudad, uno acaba pensando que no es más grande que el pueblo de cualquier punto geográfico de nuestro país.

¿Los personajes? Mencionar simplemente que no huyen de lo que es común en el cine mudo, la sobreactuación. Y que ninguno de ellos es Charlie Chaplin. Los hay buenos y malos.

Como anécdotas. El videoclip de Madonna, “Express yourself” está inspirado en el film, recreando una historia de amor entre un obrero y una mujer de las clases altas. Pero quizá en el video “Sugar“, de la banda System Of A Down -donde se muestra una parte de la escena donde los trabajadores marchan hacia el trabajo-, es lo que mejor se ha adaptado al estilo de Lang.

Mientras tanto, a falta de un remake lo que han hecho es poner a la venta un DVD que traslada Metropolis a la era digital.

¡Cómo ha cambiado la visión del futuro! Pero cómo sabemos dentro de nosotros, y sabremos siempre, que el mediador entre la cabeza y las manos ha de ser el corazón.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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