Una CUBA libre

Algo está cambiando en Cuba, y de manera irremediable.

Si el miércoles, el régimen castrista anunciaba la excarcelación inminente de 52 presos políticos o de conciencia, ayer el disidente Guillermo Fariñas hacía publica su intención de abandonar la huelga de hambre y sed que inició hace 136 días (más de cuatro meses).

Todo un paso adelante -insólito si cabe- en un país que se ha negado una y otra vez a dar voz y voto a las mentes pensantes, críticas con el sistema comunista.

Coincidencia o no, con la presencia y mediación del ministro de Asuntos Exteriores –Miguel Ángel Moratinos– y del Arzobispado de La Habana, lo cierto es que en 24 horas se ha conseguido desenredar dos asuntos claves que llevaban dos meses gestándose. Y ver, de paso, avances a nivel político y de derechos humanos hasta hace poco impensables.

En principio ya se conocen los nombres de los cinco presos que España acogerá. Lo que no queda claro es el mecanismo que se empleará para facilitar su viaje y, si como en anteriores procesos de excarcelación, irán directamente desde la cárcel hacia el aeropuerto.

En todo caso, el Gobierno castrista se ha comprometido a no expropiar las viviendas en Cuba de estos opositores.

Todos -los 52 del llamado Grupo de los 75– fueron condenados a largas penas de cárcel en la primavera de 2003 por “atentar contra la soberanía” del Estado socialista y “conspirar” con EE.UU.

Esta decisión del Gobierno de Raúl Castro de liberar, de forma gradual y en un plazo máximo de cuatro meses, choca sin embargo con el plazo de 90 días que la UE -a través de España- ha dado a la isla para presentar nuevas pruebas en desarrollo democrático.

Y no va a ser fácil para que la postura europea cambie de padecer. O sí…

Recordemos que hace ahora 14 años, gracias a la intervención de Aznar, los Quince de entonces acordaron limitar y cortar por lo sano con las relaciones diplomáticas con la isla caribeña. En su día reclamaban, y siguen pidiendo con la denominada “posición común”, el fin de las persecuciones políticas.

El tiempo lo dirá. Aunque el periodista Antonio Navalón (que acaba de publicar el libro Paren el mundo que me quiero enterar– Editorial Planeta) intuye que es el final del régimen.

Con la decisión de Fariñas de abandonar su huelga de hambre, tanto la Iglesia cubana como la diplomacia internacional respira aliviada. Por el momento.

Y es que el disidente -en estado crítico, y que necesitará estar por un mes más en el hospital hasta su completa recuperación física- no ha ocultado su escepticismo ante el acuerdo entre el Gobierno cubano y la Iglesia Católica.

Fariñas, periodista independiente y psicólogo, ha agradecido el apoyo recibido “de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el mundo, quienes fueron mi escudo protector contra las maniobras represivas“.

Ahora cabe preguntarse: ¿Cuántos presos políticos hay en Cuba?

La última cifra facilitada por Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, es de 167; aunque según Moratinos en esta relación se incluyen algunos acusados de delitos de sangre, actos terroristas y sabotajes, cuya excarcelación está descartada.

Amnistía Internacional, por su parte, tiene censados a 63 prisioneros de conciencia en la isla.

La Cuba del siglo XXI tiene ahora la oportunidade de cambiar. Ya no existe la Unión Soviética, que con su desaparición en 1991, abocaría a la isla hacia su degradación económica; sin un amigo del que echar mano. Y eso que en la actualidad el venezolano Hugo Chávez no deja de hacer populismo a costa de Cuba.

Ahora está por ver por dónde pedalea este país, que desde 2006 dirige Raúl Castro. Un hombre que, a diferencia de su hermano Fidel, parece que ha entendido que una Cuba aislada no tiene nada que hacer. Los 50 años de embargo económico del Ejecutivo norteamericano han demostrado su ineficiencia para ser autosuficiente.

Personalmente, creo en su gente. Y de mi viaje a la isla en 2005 intuí el hartazgo de una sociedad hambrienta de libertades individuales. Personas que, a pesar de todo, son felices; Con un excelente nivel educativo, que muy a su pesar no pueden desarrollar por falta de oportunidades. Y con una única esperanza: poder expresarse, sin miedo a ser ninguneados por un Gobierno cuyo lema ha cantado durante décadas eltodo para el pueblo”.

El más terrible de todos los sentimientos

es el sentimiento de tener la esperanza muerta. (Federico García Lorca)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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