Pakistán bajo el agua

El Gobierno pakistaní ha confirmado que hay 14 millones de personas afectadas por las inundaciones, de los que más de seis millones son niños cada vez más vulnerables a problemas de malnutrición y enfermedades que ponen en peligro sus vidas.

Las fuertes lluvias -que llevan ya dos semanas- han continuado durante el fin de semana aumentando el número de personas que necesitan ayuda de emergencia, y superando así la crisis humanitaria que se desató con el terremoto en 2005.

En algunas zonas los helicópteros no han podido despegar. Los daños a carreteras y puentes, así como la inseguridad generada por los talibanes, también impiden la atención a las víctimas. Muchos de los evacuados están durmiendo al raso, y escasean la comida y el agua potable.

La cifra de los afectados es de 6,1 millones, sin contar todavía los de la sureña provincia de Sindh, adonde el problema está llegando. El Gobierno habla de hasta 14 millones de damnificados.

Han muerto más de 1.600 personas.

Por el momento no hay casos confirmados de cólera, pero sí de diarrea aguda. “Este entorno, con agua estancada y sin agua potable, es muy propicio para los brotes de cólera, por lo que tememos que aparezca“, dice Ahmed Shadul, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha establecido un sistema de control para prevenir las enfermedades transmisibles por el agua, como sarampión, malaria o infecciones en la piel y ojos.

La primera zona devastada, y hasta ahora la peor, ha sido el noroeste del país, que es también la más castigada por la insurgencia talibán. Las inundaciones llegaron después a la céntrica provincia de Punjab –el granero del país- donde al menos medio millón de hectáreas de cultivo han sido arrasadas. Ahora están afectando al sur.

Pero, como en todo desastre natural, los que más sufren son los menores de edad. En total, tres millones de niños afectados requieren asistencia especial, según Unicef.

Se calcula que en torno a un millar de escuelas no son funcionales en estos momentos, por haber sido destruidas por las aguas u ocupadas por gente que se ha quedado sin hogar.

Además -según algunos cálculos- entre 300 y 400 niños podrían haber quedado huérfanos por una catástrofe que ha incrementado el riesgo de que muchos menores sean utilizados para trabajar.

A estos momentos de tragedia, se suma desde hoy el mes de ayuno del ramadán.

En los siguientes 30 días, los musulmanes no probarán bocado mientras el sol luzca en el horizonte, no fumarán ni mantendrán relaciones sexuales, leerán el Corán (a capítulo por día), y celebrarán en familia una fecha marcada en el calendario como la más importante de su credo.

Pero muchos de los pakistaníes ya están pasando hambre. Incluso cuando lleguen los momentos nocturnos en los que les está permitido comer, no tendrán nada o poco que llevarse a la boca.

“No hay peor contaminación que la pobreza” (Indira Ghandi– estratega y pensadora política)

La prioridad, de momento, es sobrevivir.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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