Accidentes aéreos

Eran aproximadamente las 14:45 horas. Aeropuerto de Barajas a pleno rendimiento. Miles de personas parten o regresan de sus vacaciones. Es una jornada en apariencia normal. Normal, hasta que ocurre la tragedia. El vuelo JK 5022 de Spanair con destino a Gran Canaria sufre problemas que le obligan a abortar su despegue. Lo intenta por segunda vez… y se produce un accidente dantesco. A partir de entonces reina la confusión, a punto de que los informativos de las principales cadenas de tv salgan ‘al aire’.

Ocurrió hace dos años. Resultado: 154 fallecidos y 18 supervivientes.

El hecho es que 730 días después del accidente no existe todavía un informe definitivo sobre sus causas. La comisión de investigación encargada de la tarea, adscrita al Ministerio de Fomento, hizo público hace un año un informe preliminar que ya ofrecía una descripción aparentemente solvente de los sucesos. Ahora ha informado que espera tener el definitivo a finales de año.

De dicho informe se deducía que había habido una cadena de fallos técnicos y humanos. Faltaba por descubrir la causa de la causa: por qué fallaron los instrumentos y si pese a ello podía haberse evitado el desenlace.

Puede darse por establecido que el avión no fue capaz de volar porque no habían sido desplegados los alerones necesarios para el despegue, y que el instrumento destinado a alertar de la anomalía no funcionó porque había sido inutilizado al tratar de aislar una avería previa que había obligado a abortar un intento anterior de despegue.

Ahora se ha sabido además que un fallo (causado por un virus informático) en el ordenador central de la compañía aérea impidió la señal de alarma habitual cuando un aparato acumula tres averías.

La Asociación de Afectados presentó ayer un escrito en el que, junto a quejas razonables sobre estas cuestiones, se ofrecen críticas sobre lo que considera trato discriminatorio respecto a otras víctimas y en el que reclama una normativa legal.

Tras el homenaje ayer, Pilar Vera -presidenta de la asociación- pidió a las instituciones más apoyo frente “al calvario” que les ha tocado vivir. Arremetió especialmente contra el olvido. “Tras el desfile de autoridades -posterior al accidente- una semana después estábamos solos; se nos metió el frío en el alma, pero, a pesar de ello, seguimos peleando”, se lamentó.

Triste realidad.

No hay cosa peor que no saber por qué se produjeron tales adversidades.

No ya no recibir una compensación económica, sino conocer con certeza qué es lo que realmente ocurrió. Y los familiares tienen todo su derecho a reclamar menos silencio y sí más efectividad en la investigación por parte de la autoridades aeroportuarias y administrativas.

Los afectados lamentan que no existan en España ayudas públicas para víctimas de la aviación comercial y que tampoco haya un órgano central que coordine el seguimiento a los afectados. No obstante, lo que más preocupa ahora a las víctimas es que se conozca toda la verdad del accidente.

Lo cierto es que, en el 2º aniversario de tal accidente, se pone de manifiesto el temor de muchas personas a volar. Aunque las estadísticas muestran que el avión continúa siendo el medio de transporte más seguro.

El despegue, maniobra en la que el avión en Barajas sufrió el accidente, y el aterrizaje son los momentos en los que se produce un mayor número de accidentes con víctimas mortales.

Según un estudio realizado por la compañía Boeing, durante 1959 y 2007 se produjeron un total de 1.564 accidentes. En ese plazo murieron 27.455 personas en accidentes de avión.

Hay que tener en cuenta que en esos 48 años se realizaron un total de 519 millones de vuelos, con lo que la posibilidad de verse envuelto en uno es realmente pequeña.

Según la fase de vuelo, el 33% de los accidentes con víctimas mortales se producen durante el despegue; Y sólo el 9% mientras se encuentra en velocidad de crucero.

En los despegues uno de los riesgos añadidos es que el avión se encuentra con el depósito lleno de combustible, lo que favorece posibles explosiones en los accidentes.

Entre las principales causas de los accidentes, se encuentran errores humanos -un 53%-, fallos mecánicos -un 21%- y la climatología -un 11%-. Pese a todo, Algunos estudios sitúan las posibilidades de verse envuelto en un accidente aéreo en una entre 11 millones, frente a una posibilidad entre 5.000 de morir en un accidente de tráfico.

En 40 años, quince han sido los accidentes aéreos más graves en España.

El peor accidente de la historia se produjo el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife) donde fallecieron 583 personas al chocar dos aviones.

Tampoco se nos quitará de la retina el desastre aéreo acontecido en 1985 a 30 kilómetros de Bilbao, cuando un Boeing 727 colisionó con un repetidor de la EITB.

Lo cierto es que, en los últimos diez años han muerto 42 personas en accidentes aéreos.

Nada de esto debería volver a suceder.

Y, de paso, por qué no apostar por una mayor eficiencia ecológica en la construcción de las aeronaves.

A todos nos iría mejor cumplir una de las premisas del desarrollo sostenible que debe lograrse en toda actividad humana o industrial: la armonía entre las necesidades económicas y las ambientales, que evidentemente es el único camino que permitirá concretar un cambio a mayor escala.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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