Prostitución

Anoche estuve viendo el programa After Hours, en la cadena de tv cuatro. Y me quedé anonadado al ver las cifras y la gran demanda de la profesión -dicen- más antigua del mundo: la prostitución. Una actividad que en España -al igual que en Francia o Italia- ni está autorizada, pero tampoco prohibida.

Su término viene del latín prostituire que literalmente significa estar expuesto a las miradas del público, estar en venta, traficar con el cuerpo.

Lo cierto es que, en nuestro país, a día de hoy 300.000 mujeres ejercen la prostitución; una por cada 38 hombres. Sólo el tráfico de armas supera -en beneficios- a este negocio que mueve 18.000 millones de euros al año.

La trata de mujeres para la explotación sexual resulta, por lo tanto, más rentable que el tráfico de drogas.

El origen de la prostitución se encuentra en las sociedades primitivas donde era costumbre ofrecer a la esposa, a la hija o sirvienta al huésped en señal de estima.

Las formas de prostitución son muy variadas. Hay que distinguir entre la masculina y femenina, aunque ésta última supone un 80 % del total de personas prostituídas a nivel global.

El negocio, a todas luces, es muy rentable.

Los clientes que requieren los servicios de esas mujeres (15 millones de varones, de entre 16 y 64 años) gastan 50 millones de euros.

Con tanto cliente y dinero por ganar (un proxeneta puede llegar a ingresar más de cien mil euros al año por mujer), no extraña que las mafias que trafican con esas mujeres las maltraten, extorsionen, compren y vendan como si fueran esclavas.

La prostitución en nuestro país ha dado un vuelco en las dos últimas décadas. Si a mediados de los ochenta la mayoría de las mujeres prostitutas eran españolas, ahora sólo el 10% son nacionales; y el resto han llegado de países extranjeros.

Latinoamérica sigue siendo el origen de la mayoría de las prostitutas afincadas en España, pero desde hace poco menos de una década se han multiplicado las bandas que traen mujeres del Este de Europa. Las jóvenes rumanas y rusas podrían desbancar muy pronto a las prostitutas brasileñas y colombianas.

Un estudio del Ministerio de Igualdad revela que la mayoría de las brasileñas que llegan a la Península aterrizan en parís, para desde ahí volar a aeropuertos como Madrid, Bilbao o Vigo. De esta manera, las bandas consiguen despistar y eludir los controles de la policía.

En el caso de las mujeres procedentes de países del Este, el traslado desde Lituania, Rusia, Rumanía o Ucrania (los territorios más castigados por las mafias de proxenetismo) se hace en autobús o furgoneta.

El modus operandi para captarlas es idéntico a uno y otro lado del Atlántico. Buscan chicas de bajo nivel educativo, con problemas económicos y sin recursos para emigrar. Como ya es sabido, en su mayoría son engañadas con falsas promesas de trabajo que las sacarán de la miseria.

Y todo esto se hace con anuncios en periódicos locales o a través de agencias de viajes.

Precisamente, en la última redada llevada a cabo por la Policía la semana pasada en Madrid, cayó una red de prostitución que se publicitaba en prensa. En esta operación -denominada Afrodita se ha detenido a 105 personas, entre ellas diez responsables de la organización.

Los arrestados utilizaban campañas de publicidad, principalmente en periódicos, donde controlaban el 50% de los anuncios de contactos bajo la apariencia de masajes y quiromasajes.

Se gastaban entre 30.000 y 45.000 euros mensuales en cada publicación, pero obtenían beneficios que superan los 700.000 euros al mes. Pero no sólo eso. También contactaban con taxistas y recepcionistas de hotel que, a cambio de unos 50 euros, derivaban clientes a sus clubes.

Las 350 mujeres explotadas son en su mayoría inmigrantes de diferentes países (una de cada cuatro no tiene papeles), con edades comprendidas entre los 20 y los 30 años; y que provienen de un entorno de violencia o exclusión social, y que consumen habitualmente drogas.

Permanecían las 24 horas del día en el centro de prostitución que le había sido designado, donde estaban sometidas a turnos bajo la supervisión directa y el estricto control de las denominadas “encargadas”.

Aquí cabe preguntarse si es lícito, bueno o malo, legal o no, que los medios de comunicación permitan este tipo de anuncios…

El 5% de las mujeres ejercen la prostitución de forma voluntaria. Pero hay que ser serios en esto. Una mujer no es un producto. No tiene ‘código de barras‘… Y, lamentablemente, hay mucha gente que se aprovecha de la situación de desamparo social y normativo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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