Tensión entre las dos Coreas

El conflicto entre las dos Coreas se asemeja a una partida de ajedrez en la que un lado siempre está buscando el jaque -con movidas agresivas y desconcertantes- que fuerzan al otro a pensar detenidamente sobre la estrategia de su contrincante y sopesar su respuesta, en un juego que aparentemente termina en tablas.

No tiene ganador.

Los disparos de artillería de Corea del Norte contra una pequeña isla limítrofe de Corea del Sur no son un hecho aislado.

Se trata del último incidente entre dos países que se encuentran entre un perpetuo estado de guerra y tregua desde hace más de 50 años.

El estallido armado en la isla de Yeonpyeong el pasado martes es el acto hostil más grave desde la firma del armisticio en 1953 y resalta la volatilidad de las relaciones entre Norte y Sur.

Y la amenaza que representaría para la paz mundial que se desestabilice esta sensible región.

Es la punta del iceberg de los conflictos latentes en una zona con gran profusión de armas nucleares.

El régimen de Pyongyang dispone de entre 6 y 12 cabezas atómicas, y ha revelado que tiene un programa de enriquecimiento de uranio que puede multiplicar su arsenal.

Seúl, mientras, ha anunciado su intención de dotarse de los más modernos bombarderos norteamericanos para hacer frente a la amenaza de su vecino del Norte.

En todo caso, el bombardeo de artillería por parte de Corea del Norte contra una isla surcoreana no es un acto casual ni una reacción a las maniobras militares de Corea del Sur.

Tampoco es la primera provocación de Pyongyang.

Es una más desde hace casi seis décadas de conflicto territorial.

Sin embargo, es la primera vez que las fuerzas norcoreanas atacan a civiles.

¿Por qué ahora y con qué objetivo se lleva a cabo esta provocación militar?

La razón principal podría ser que Corea del Norte quiere demostrar su supervivencia y su capacidad de actuación, a pesar de las dos resoluciones de sanciones la ONU.

Pyongyang, en una situación cercana al colapso económico, ha encontrado en las armas nucleares un instrumento de negociación.

El régimen decidió desarrollar esa arma desde los años sesenta, construyendo su laboratorio nuclear en 1964 en Yongbyon.

Desde entonces, no ha cesado de desarrollar su programa nuclear, aunque ocasionalmente haya anunciado paralizaciones del mismo según convenía a la coyuntura política. En febrero de 2005, una vez obtenida la tecnología para la realización de ensayos nucleares, el régimen norcoreano dio a conocer que poseía este tipo de armas.

En octubre de 2006, anunció su retirada de las negociaciones a seis bandas sobre la desnuclearización de la península y que reunían a las dos Coreas, China, EEUU, Rusia y Japón.

Hasta esa fecha, Corea del Norte utilizaba esas negociaciones en beneficio propio, como muestra de voluntad negociadora.

Pyongyang asume que disponer del arma nuclear es la única baza de que dispone en el juego con las grandes potencias y Corea del Sur.

Lo que está claro es que no será fácil para la comunidad internacional conseguir que el régimen norcoreano abandone tan valioso instrumento y menos aún como quiere EEUU: un desarme completo, verificable e irreversible.

La segunda razón del ataque apunta al deseo de obtener una posición ventajosa cara a la reanudación de las conversaciones a seis bandas, cuyo objetivo principal -la desnuclearización de la península coreana- no sólo no se ha conseguido, sino que está más lejos de lograrse desde que Corea del Norte realizó sus ensayos nucleares.

Un tercer motivo podría dirigirse al intento de Pyongyang de hacer publicidad del liderazgo de Kim Jong-un, hijo del dictador Kim Jong-il. Y el cual acaba de ser recientemente ascendido a general, como un paso más en su designación como sucesor.

No sea que su padre -de salud delicada- nos de un disgusto cualquier día de estos.

Es lo que hay… Hay estados totalitarios que, al igual que las monarquías, confían la continuidad de sus regímenes más en la calidad de los genes de los descendientes que en el propio partido que los sostiene. En Cuba hereda el poder el hermano; y en Corea del Norte, el hijo.

Por su parte, el presidente Pyongyang es consciente de que Corea del Sur y sus aliados están dispuestos a ser tolerantes para evitar que se llegue a un enfrentamiento generalizado.

Sin embargo, esta última provocación contra civiles parece haber colmado la paciencia del Sur.

Y es que el presidente Lee ha declarado que habrá represalias “severas” si ocurriera otro acto similar.

 

LA GUERRA DE COREA: UN CONFLICTO OLVIDADO (1950-53)

Todo comenzó con el conflicto bélico entre Corea del Norte y Corea del Sur, que se desarrolló entre el 25 de junio de 1950 y el 27 de julio de 1953.

Ambos beligerantes fueron apoyados por potencias extranjeras afines a su ideología: comunista y capitalista respectivamente.

Se consideró la vez que más cerca estuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética de un enfrentamiento bélico directo entre ambas, en el transcurso de la llamada Guerra Fría.

A la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la península de Corea -antigua posesión japonesa- fue ocupada por la Unión Soviética y Estados Unidos tomando como línea de división el paralelo 38º.

El estallido de la guerra fría tuvo como resultado la partición de este país en dos estados: en el norte, se estableció en 1948 la ‘República popular de Corea’, régimen comunista dirigido por Kim Il Sung.

Mientras, en la mitad sur de Corea se creó la ‘República de Corea’, régimen autoritario dirigido por Syngman Rhee, fuertemente anticomunista.

El triunfo de la revolución comunista en China el 1 de octubre de 1949 alteró completamente el equilibrio geoestratégico de Asia.

Stalin, que venía de sufrir serios reveses en Europa (como el fracaso del bloqueo de Berlín o el cisma yugoslavo), no pudo resistir la tentación de recuperar terreno en Asia y dio su aprobación a un ataque norcoreano a Corea del Sur.

Así, el 25 de junio de 1950, las tropas de Kim Il Sung atravesaron el paralelo 38º y avanzaron hacia el sur, arrasando prácticamente a las fuerzas surcoreanas, que apenas pudieron replegarse en torno a Pusán.

La reacción norteamericana -para la sorpresa de Stalin- fue inmediata.

Washington pidió la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU.

De esta manera, conseguiría un mandato para ponerse al frente de un ejército que hiciera frente a la agresión norcoreana.

La ausencia del delegado soviético, que había rechazado asistir a las reuniones del Consejo como protesta por la negativa norteamericana de aceptar a la China Popular en él, propició esta resolución.

Las tropas multinacionales de la ONU (en la práctica, el ejército norteamericano al mando del general MacArthur) recuperaron rápidamente el terreno perdido y el 19 de octubre tomaron Pyongyang, la capital de Corea del Norte.

Tres días antes, el 16 de octubre, tropas chinas con masivo apoyo militar soviético ya habían penetrado en Corea haciendo retroceder al ejército norteamericano.

El 4 de enero de 1951, las tropas comunistas retomaron Seúl.

En ese momento, el general Douglas MacArthur propuso el bombardeo atómico del norte de China.

Una posible actuación que no gustaría tanto el presidente Truman como a la mayoría del Congreso, y así reaccionaron alarmados ante lo que podía llevar al enfrentamiento nuclear con la URSS.

En un enfrentamiento cada vez más abierto, Truman destituyó a MacArthur entre las protestas de la derecha republicana y lo sustituyó por el general Ridgway.
Los rusos, por su parte, manifestaron su intención de no intervenir en el conflicto y su deseo de que coexistieran dos sistemas diferentes en la península.

El “empate militar” llevó a la apertura de negociaciones que concluirían en julio de 1953, poco después de la muerte de Stalin, con la firma del Armisticio en Panmunjong.

En él se acordó una nueva línea de demarcación que serpentea en torno al paralelo 38º, que se sigue manteniendo.

En cuanto al coste de vidas fue muy alto.

Se estima que Corea del Sur y sus aliados tuvieron cerca de 778.000 muertos, más miles de heridos y otros tantos mutilados. Mientras, el bando de Corea del Norte tendría cerca de 1.500.000 de bajas militares, además de 2,5 millones de civiles (entre muertos o heridos), y más de 2 milllones de refugiados.

Así, esta guerra se convirtió tristemente en una de las guerras más sangrientas desde la Segunda Guerra Mundial.

REARME DE ASIA

El último exponente de la carrera armamentística se produjo ayer cuando EE UU y Corea del Sur iniciaron unas maniobras navales en el Mar Amarillo.

China había expresado su disconformidad acerca de estos ejercicios y Corea del Norte advirtió que las consecuencias serían “imprevisibles”.

Pero ese no es el único terreno de conflicto en la zona.

El respaldo del presidente Barack Obama a India para la transferencia de tecnología susceptible de uso militar -y el concurso por el que Nueva Delhi planea gastar 8.000 millones de euros en 126 cazas en Estados Unidos, Europa o Rusia- echa leña al fuego de la carrera armamentista desatada en los últimos años.

China considera que las “relaciones estratégicas” entre Washington y la capital india -tras la firma del acuerdo nuclear de 2008- reflejan el empeño estadounidense por cercarla y frenar su influencia en Asia.

Con ello, alienta el interés de Pekín por modernizar sus Fuerzas Armadas y dotarlas del armamento adecuado a su condición de gran potencia.

Pero el rearme chino se observa con gran desconfianza por los países de su entorno, en los que todos compiten por reunir un mayor arsenal.

Según un informe del Instituto Internacional para la Paz de Estocolmo (SIPRI), la transferencia de armas hacia el sureste asiático entre 2005 y 2009 se “incrementó drásticamente”.

Las importaciones de armamento crecieron en Indonesia un 74%; en Singapur, un 146%, y en Malasia, el 722%. A estos países se ha sumado recientemente Vietnam, que a finales de 2009 ordenó la compra en Rusia de seis submarinos y 12 aviones de combate por un importe de más de 2.100 millones de euros.

PREVISIÓN FUTURA

Con todo, el conflicto en la península coreana no sólo afecta a los dos protagonistas, sino también a la seguridad del noreste de Asia y de la comunidad internacional.

El terrorismo es uno de los temas actuales de mayor preocupación.

En este sentido, se podría decir que Corea del Norte sopesó el riesgo de un eventual uso del arma nuclear en un territorio pequeño y poblado como es la península coreana. Tal uso no sólo afectaría al sur de la península, sino a toda ella.

Lo que sí resulta más preocupante es la posibilidad de la exportación de la tecnología nuclear a otras dictaduras que justifican el terrorismo.

Corea del Norte debe reconocer que no podrá conseguir sus objetivos con amenazas y violencia.

Y sólo mediante su cooperación con la comunidad internacional, sin armas nucleares, podrá ofrecer la garantía de una vida mejor a su

En definitiva, un ataque de éste a su vecina Corea del Sur sería hoy día una misión suicida, según la opinión de muchos expertos militares.

No sólo porque esta vez las Fuerzas Armadas surcoreanas están mejor preparadas, sino también porque éstas son técnicamente muy superiores al Ejército Popular de Corea del Norte.

No obstante, nadie cuestiona el peligro que supone el supuesto potencial nuclear de Corea del Norte o sus misiles, capaces de golpear cualquier punto en Corea del Sur (Seúl está situada a sólo 50 kilómetros de la frontera).

Mientras tanto, hay dos marines y dos civiles surcoreanos enterrados.

Mientras tanto, la población huye despavorida por miedo a una intervención aún mayor.

Mientras tanto, los aliados americanos y Corea del Sur llevan a cabo maniobras militares -hasta el miércoles-, en un intento de mantener la calma en la zona.

Mientras tanto, atrás ha quedado el décimo aniversario -que se cumplió el pasado 15 de junio- de la declaración conjunta emanada de la primera cumbre intercoreana.

La expectativa de que se instalara un clima de confianza entre las dos Coreas, que en su momento despertó la histórica reunión, no se ha cumplido hasta ahora.

Ya lo decía el político inglés Andrew Bonar Law“No existe la guerra inevitable. Si llega, es por fallo del hombre”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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