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Centrales nucleares

La energía nuclear despierta pasiones, tanto a favor como en contra.

España cuenta con ocho centrales nucleares desde 1970 (la última se puso en marcha en 1987).

Las nucleares no están dispuestas a aceptar que la vida útil de las centrales acaba a los 40 años.

Santa María de Garoña, inaugurada en 1971, se está convirtiendo en la punta de lanza del sector para exigir al Gobierno que recapitule y amplíe la vida de las nucleares hasta los 60 años.

Garoña (Burgos) sentará precedente y las nucleares han visto su gran oportunidad en las dudas del Gobierno de Zapatero, que ya prorrogó hasta el 2013 su cierre en contra de su programa electoral y a pesar de que en el 2011 esa central cumplirá 40 años.

El director de la central de Santa María de Garoña, José Ramón Torralbo, es un acérrimo defensor de la seguridad y capacidad operativa de esta instalación.

Las nucleares quieren hacer visualizar su apoyo a Garoña porque saben que el destino de la nuclear burgalesa acabará marcando el futuro del resto de centrales.

Para lograrlo, el sector nuclear sabe que deberá encontrar primero apoyos en el territorio y en la clase política. La continuidad de Santa María de Garoña -a escasos kilómetros de la frontera con Álava (Euskadi)- está respaldada por los 21 ayuntamientos del valle de Tobalina, además de la Junta de Castilla y León (PP).

Asimismo, para lograr convencer a la sociedad, Garoña -que se juega su futuro- ha intensificado una política de comunicación activa para abrir la central a la población de su entorno.

Hasta 14.000 personas visitan cada año la nuclear.

En el taller donde los operarios simulan maniobras de reparación, la dirección de la central ha preparado una pequeña exposición en la que explica, paso a paso, el sistema ideado en los años 80 para combatir las grietas que se detectaron en la vasija del reactor.

Los ecologistas hicieron de este defecto de fabricación uno de sus caballos de batalla para reivindicar el cierre definitivo de Garoña.

Ahora la nuclear quiere convertir el defecto en virtud.

“No hay ninguna razón técnica que justifique el cierre de Garoña, es una decisión política”, argumenta Torralbo, agarrándose al informe favorable emitido por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Una de las bazas que utilizan las nucleares para reivindicar que la vida útil de una central puede superar los 40 años, e incluso llegar a los 60, está en la política de Estados Unidos.

Hasta siete nucleares americanas han recibido la autorización de su gobierno para operar hasta los 60 años; la más antigua de ellas fue inaugurada en 1969 (dos años antes que Garoña).

Las centrales catalanas confían también en forzar el cambio de criterio del Gobierno, por lo que aseguran que su plan de inversiones se está desarrollando ya pensando en una vida de 60 años. “Hay equipos que no cambiaríamos si pensáramos en los 40 años y también condiciona la política de formación”, explica Manel Campoy, director de Vandellòs II.

Las nucleares catalanas saben que lo que pase en Garoña afectará a todo el sector.

EFECTOS RADIOLÓGICOS

Lo cierto es que, según un estudio alemán realizado por la Universidad de Mainz a petición de la Oficina Federal de Protección Radiológica de ese país, nos muestra un dato que ya sospechábamos: vivir cerca de una central nuclear incrementa los riesgos de padecer cualquier tipo de cáncer en los niños.

Al parecer, existía una clara relación entre la proximidad de la central y el desarrollo de alguna enfermedad oncológica, siendo el radio de cinco kilómetros próximos a la central el más peligroso para tal efecto.

Aunque en un radio de 50 kilómetros ya se perfilaba el aumento del riesgo de padecer algún tipo de cáncer.

¿Quién no se acuerda a día de hoy, hace 24 años, de los estragos que supuso la explosión de la central térmica rusa de Chernobyl, y sus consecuencias a la sociedad, en especial, a los más pequeños?

REACTORES NUCLEARES EN EL MUNDO

A nivel global, son 436 los reactores en funcionamiento, y más de una treintena se están construyendo.

DEBATE NACIONAL

El Gobierno de España tiene un serio problema sobre la mesa, y es, qué hacer con las centrales nucleares que tenemos en nuestro territorio.

De todos es sabido, que el gobierno del PSOE, tiene una postura más bien contraria a la energía nuclear, tal y como proponía en su programa electoral. Esta postura, totalmente legítima, choca frontalmente con los fuertes intereses del lobby nuclear o con los legítimos derechos laborales de las personas que trabajan en estas instalaciones, entre otros.

Es cierto que la energía eléctrica es un tema estratégico y de suma importancia para la economía productiva de España.

Y es que nuestro país es dependiente en energía, ya que carece de yacimientos petrolíferos. De este modo, se puede afirmar que hay un problema de abastecimiento energético de países como Rusia, Argelia, Libia o Arabia Saudi.

Así con todo, las únicas fuentes energéticas con las que cuenta el país para autoabastecerse son carbón, las energías renovables (como la eólica o la solar), la hidráulica y nuclear.

Y ninguna de ellas suministra el 100% de la energía que se necesita, al ritmo al que consumimos.

Casi dos tercios del consumo nacional procede de combustibles fósiles (responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero), mientras que las centrales nucleares aportarán este año el 19% de la energía eléctrica que se consume en España.

En todo caso, en años secos, con menor producción hidroeléctrica, contribuyen con más de la cuarta parte de la energía.

Los inconvenientes nucleares son la generación de residuos de alta radiactividad y, especialmente, su tratamiento.

Se guardan en las piscinas de cada una de las centrales, aunque se prevé la construcción de un almacén temporal que recoja los residuos de las ocho centrales (dos de ellas ya cerradas), sin emplazamiento definido por el momento.

El Consejo de Seguridad Nuclear y Enresa se encargan de la supervisión de las plantas y la gestión de residuos, respectivamente. Sin embargo, los opositores de las nucleares advierten de los riesgos ambientales y para la salud en caso de accidente.

Un anuncio de GREENPEACE se hace eco del calentamiento de la Tierra; y, claro, las centrales tienen algo que ver…

En todo caso, los procesos de desmantelamiento de una planta nuclear no son ni fáciles, ni rápidos, ni económicos.

Así, por ejemplo, en la deconstrucción de la central de Vandellós I se generaron unas 97.000 toneladas de residuos, de las cuales 79.000 eran escombros de hormigón (que se reutilizaron para restaurar el emplazamiento), y más de 1.700 toneladas eran residuos radiactivos de baja y media actividad.

En el caso de Garoña, si el cese se produce el 6 de julio de 2013, los trabajos de desmantelamiento comenzarían tres años después. Tiempo en el que se extraería el combustible gastado de la piscina y se depositaría en un ATC (Almacén Temporal Centralizado), si para esa fecha está construido.

Tenemos un grave problema y es: ¿Qué hacemos con las centrales nucleares que tenemos en España?

Seguir manteniéndolas durante más tiempo, a pesar del peligro que podría suponer el mantener un parque nuclear envejecido, con una tecnología obsoleta. O bien, renovar este parque nuclear, abordando la construcción de nuevas nucleares con tecnología más avanzada y con mejores rendimientos.

Y el tema de la gestión de los residuos que generan estas centrales.

A día de hoy nadie sabe que hacer con ellos y difícilmente exista un municipio en España que quiera albergar un almacén donde albergarlos.

De seguir con este ritmo de generación, en el período 2008-2012 los gases de efecto invernadero pueden ser superiores en un 60% a las del año 1990. Y eso a pesar de que en el Protocolo de Kyoto se asumió el compromiso de no sobrepasar un aumento del 15% entre 1990 y 2010.

Este enorme incremento puede suponer fuertes sanciones por parte de la UE y un elevado coste por la compra de derechos de emisión.

El desarrollo y la apuesta por las energías renovables puede convertirse en una necesidad, si se quiere conseguir un desarrollo sostenible en un mundo con creciente demanda de energía.

¿Será suficiente con los parques eólicos y las placas fotovoltaicas para alimentar la creciente demanda de energía de España? ¿Podría suplir esta tecnología, la energía eléctrica, que generan las nucleares actuales?

Algunos expertos en la materia abogan por un sistema energético español diverso, en el que tengan cabida los actuales sistemas de generación y en el que tenga una mayor presencia las renovables.

Otros abogan por un sistema en el que la nuclear tenga más presencia, dado que piensan que la generación a través de los sistemas renovables son muy inestables. Los defensores de la energía nuclear mantienen que en la Unión Europea -gracias a este sistema de producción- se evita la emisión anual a la atmósfera de 700 millones de toneladas de CO2, al producir la tercera parte de la electricidad que se consume sin los problemas de impacto ambiental que produce la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles; contribuyendo además al ahorro de las reservas de estos combustibles, que resultan imprescindibles, por ejemplo, para el transporte.

Si la energía nuclear es la solución a nuestros problemas de suministro de energía de forma limpia y sin impacto medioambiental, ¿por qué existe un profundo debate en cuanto a su desarrollo y utilización?

La población que vive cerca de una central nuclear escucha con preocupación el debate y no deja de pensar en aspectos como:

—Los posibles usos bélicos de la energía nuclear, ya que los combustibles nucleares son los materiales con que se fabrican las armas nucleares.
—El riesgo de accidentes que originen consecuencias tan graves como el ocurrido en la central de Chernobyl.
—El problema existente en el almacenaje o eliminación de los residuos radioactivos generados, cuya “vida” es de varios miles de años, principalmente en los de alta actividad, que son los generados por el combustible gastado.

DESARROLLO NUCLEAR POR PAÍSES

FRANCIA- Las nucleares galas se revisan cada diez años. A lo largo del 2010 se han verificado las condiciones de las 58 centrales para ver si llegan a los 40 años. Tres cuartas partes de ellas se abrieron entre 1979 y 1990. La eléctrica EDF estudia ahora cómo prolongar su vida hasta los 60 años.

EE.UU.- Paralizó la construcción de centrales tras un accidente en 1979 en Pensilvania. Pero Obama intenta dar un impulso al sector apoyando la puesta en marcha de dos reactores en el Estado de Georgia. Un total de 59 reactores (de los 104 existentes) cuentan con licencia para funcionar seis décadas.

ALEMANIA- Aprobó en septiembre prolongar una media de doce años la vida de sus 17 centrales nucleares. Las más antiguas estarán activas ocho años, y las más modernas se mantendrán catorce años más. Eso significa que algunas continuarán en servicio más allá del 2030.

RUSIA- Desde 2003 apuesta abiertamente por la energía nuclear como factor de estabilidad y de defensa frente a las crisis energéticas. Actualmente, hay 31 reactores en funcionamiento y nueve más en fase de construcción.

CHINA- Necesita toda la energía. La contribución de la nuclear es del 1%, pero plantea aumentarla hasta el 4% en 2020. Para ello va a construir 30 centrales nucleares (21 ya en marcha), y ya tiene 11 en funcionamiento. Eso sí, también apuesta por saltos hidroeléctricos y renovables.

 

Aún siendo una visión egoísta, siempre nos quedará pensar que hasta que no ocurra un desastre cerca de donde uno vive, se estará a salvo.

“¡¡Menos mal que el mundo arde siempre por otro lado!!” (por QUINO)

Por Iñigo ortiz de Guzmán

Los “héroes” mineros de Chile

Publicado a las 5.25am en España

Tras 70 días de angustia, las 12.11am hora local (5.11am hora española). Florencio Ávalos es el primero -de los mineros atrapados en un pozo del desierto chileno de Akatama- en salir a la superficie. Aplausos, abrazos a sus familiares, y paso por el hospital provisional para hacerle un chequeo…

La agonía se ha acabado. Ahora faltan 32 mineros más en ser rescatados, y bastantes horas (se habla de hasta día y medio) para que la totalidad de los supervivientes estén a salvo. Pero el sueño de muchos -la supervivencia, el encuentro con los suyos- se ha cumplido, o está por cumplirse.

Mil millones de personas en ese momento han visto las primeras imágenes. 170 medios de comunicación acreditados en un hecho sin precedentes en el mundo de la minería.

HISTORIA DE UN RESCATE ANUNCIADO

5 de agosto. Mina San José (norte de Chile). A medio millar de metros de profundidad, varias de las chimeneas y de las rampas que unen la entrada y el taller de trabajo se derrumban. 33 mineros quedan atrapados sanos y salvos. Deciden reunirse y permanecer en el refugio.

Nadie conoce su situación, ni las circunstancias del accidente. Ellos, sí.

 

Los accesos para rescatarles -con o sin vida- están inutilizados. Y es que la rampa principal queda bloqueada por una pared de piedra a 2km. de la bocamina. Momentos de nerviosismo, horas de angustia para los familiares que -tras tres semanas sin noticias- dan por muertos a los trabajadores.

Y el milagro llega. El domingo 22 de agosto, y tras varios intentos, una sonda consigue alcanzar el refugio y confirmar que los mineros siguen vivos.

El país entero se llena de bocinazos, bailes, gritos y banderas. En las calles de Copiapó, en los cerros de Montevideo, en el metro de Santiago, en las gasolineras, desde la primera a la decimoquinta región de Chile, todo es una fiesta. La admiración por ellos crece cuando se sabe que habían sobrevivido con apenas dos cucharadas de atún durante 48 horas, un día tras otro durante 17 jornadas.

El ministro chileno de Salud, Jaime Mañalich, declaró que algunos de ellos –sólo algunos- ingerían “cantidades importantes de alcohol” antes de quedar sepultados y que estaban siendo tratados con un complejo vitamínico llamado ácido fólico. Pero a los dos días, tal vez cuando se percató de que en vez de 33 mineros el país ya los empezaba a mirar como 33 héroes, el propio ministro se apresuró a declarar que ninguno sufría síndrome de abstinencia. Y para la celebración del bicentenario del 18 de septiembre se les envía hasta una copita de vino. Con vino o sin él, estos hombres ya empezaban a hacer historia.

Nunca en ninguna mina había permanecido nadie tanto tiempo atrapado. Setecientos metros por encima de ellos trabaja día y noche un equipo de rescate que ha sido felicitado por la NASA. Los expertos de la agencia espacial estadounidense afirman que en Chile se está gestando el manual de supervivencia sobre cómo rescatar a personas que viven en condiciones de aislamiento extremo.

Se idean tres procesos de trabajo. El plan A comienza el 30 de agosto, con las primeras perforaciones. Una máquina hidráulica (la Raisebore) gira la broca a la vez que ejerce presión con la ayuda de un motor hidráulico, creando así un agujero de 37 centímetros de diámetro.

La velocidad de perforación ronda los 20 centímetros diarios.

Los ánimos no decaen. De hecho, el progreso en la mejora física y mental del grupo salta a la vista. En el primer vídeo que grabaron los 33 bajo tierra se mostraban famélicos, semidesnudos, algunos medio llorando. En el segundo, ya suena música latina, se les ve afeitados y uno de ellos pide entre risas que les manden muñecas hinchables.

Y los trabajos continúan. Una vez que la broca llega hasta la galería donde se encuentran los mineros, se sustituye por otra de 66 cm. de diámetro que amplía el tiro lo suficiente como para poder extraer a los mineros.

Tienen que retirar una media de dos toneladas de escombros diarios desprendidos de la perforación para evitar su obstrucción.

Es entonces cuando se lleva a cabo el Plan B.

El 9 de septiembre la perforadora T-130 (a la que los familiares denominaron La Liebre por su velocidad de avance) finalmente rompe el fondo en la galería del yacimiento San José.

Los operarios, ingenieros y técnicos comienzan a abrazarse y felicitarse. Algunos se echan a correr hacia el bautizado como Campamento Esperanza, donde están las viviendas improvisadas de las familias de los atrapados.

“Soy una mujer sencilla y no me voy a hacer grandes arreglos, sólo quiero esperarlo con algo en el pelo”, dijo entre sollozos Lilianet Ramírez, esposa del minero Mario Gómez, al enterarse de que el Día D del rescate final se acerca. Lilianet fue la primera habitante del campamento y fue quien recibió la primera carta que salió desde las profundidades de la tierra el día que se supo que los mineros se encontraban con vida.

Como ella, varias cartas son escritas a mano como la del minero Edison Fernando Peña -de 34 años- a su novia Angelica.

El mayor, a sus 63 años, es hijo, nieto y hermano de mineros y lleva desde los 12 en las minas; el menor tiene 19 y, como algunos de sus compañeros, nunca había pisado un yacimiento; uno se destapa como un excelente periodista presentador del resto de sus compañeros; otro ejerce de enfermero; hay un guía espiritual que les lee la Biblia evangélica; un inmigrante boliviano sin padres; un minero que va escribiendo todo lo que les aconteció desde aquel 5 de agosto en que el cerro de la mina San José se les vino encima; otro que fue jugador de primera división.

Hace dos meses nadie les conocía.

La mitad de ellos vivían de la zona donde se encuentra la mina y otros tenían que viajar más de 12 horas en los días de descanso para reencontrarse con sus familias.

33 VIDAS BAJO TIERRA

Ahora se preparan libros sobre sus vidas, se filman películas y documentales acerca de la tragedia que les ha tocado vivir.

El mismo Chile que un día engendró a personajes como Salvador Allende o Pablo Neruda, se ha visto hoy reflejado en una gente sencilla, que cada día que pasaba se volvían más grandes. Desde el refugio húmedo y caluroso en el que se encontraban atrapados, algunos prometieron a sus parejas que se casarán en cuanto salieran. Otros, que no veían a sus madres desde hace años, les pidieron por carta que siguieran allí arriba esperándoles.

Muchos pernoctaban en pensiones de la ciudad de Copiapó, a una hora en autobús de la mina. Trabajaban en turnos de 12 horas durante siete días y descansaban otros siete. Solían aceptar las horas extras en los días de descanso porque les pagaban el doble que en una jornada normal. Si no, tomaban el autobús hacia sus regiones. Algunos viajaban hasta 15 horas en dirección al sur.

En todos estos días, sin embargo, ha habido un líder: Luis Urzúa Iribarre, jefe de turno, quien ha sabido lidiar con los problemas cotidianos a 700 metros bajo tierra. “El tipo debe tener algo especial”, comentaba acerca de Luís el psicólogo Alberto Iturra, quien ha dialogado con frecuencia con los sepultados. “No debe haber sido fácil mantener el orden ahí abajo”.

Transcurridas tres semanas desde que los mineros contactaron con la superficie, varios de ellos intentaron tomar el control en el flujo de comunicaciones (abrirse camino por su cuenta y riesgo) y contenidos de objetos que les enviaban. “Era lo previsible”, comentó el psicólogo. “Al ir tomando fuerza se comportaban como adolescentes que se rebelan contra todo”.

En esa situación, desde arriba optaron por reforzar la posición de Urzúa como líder. Los expertos de la NASA habían insistido mucho en que en situaciones de aislamiento prolongado, la existencia de una cabeza pensante y tranquilizadora es vital.

Urzúa estudió topografía y llevaba sólo dos meses trabajando en mina San José, pero 31 años como minero. Fue el primero en establecer contacto con el exterior cuando el presidente se les puso al habla. Un dato curioso: su familia ha sido la única que se ha mantenido al margen de la prensa.

Con todo, la perforadora RIGG 442 -dentro del denominado Plan C– hizo el resto.

De esta manera, los héroes mineros han podido salir finalmente a la superficie a través de una “jaula” transportadora con la que se ha subido a cada hombre de uno en uno. Un viaje de ascenso que ha durado 30 minutos.

Con unos arneses, y con los ojos vendados a fin de evitar que la luz solar les cegara tras tanto tiempo de penumbra.

Al menos 12 horas antes de la evacuación los mineros se han tenido que someterse a ayuno de sólidos.

Objetivo cumplido en tiempo récord.

Si hubiesen muerto, tal vez todo seguiría igual. La noticia apenas habría llamado la atención, como no la llamaron las otras muertes de mineros chilenos en años recientes. Serían una cifra más que sumar a las anteriores.

Ahora, han cobrado estatura humana.

La esperanza es el sueño del hombre despierto (Aristóteles– pensador griego)

El mundo acaba de apreciar lo que vale cada una de esas 33 vidas.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

 

 

Accidentes aéreos

Eran aproximadamente las 14:45 horas. Aeropuerto de Barajas a pleno rendimiento. Miles de personas parten o regresan de sus vacaciones. Es una jornada en apariencia normal. Normal, hasta que ocurre la tragedia. El vuelo JK 5022 de Spanair con destino a Gran Canaria sufre problemas que le obligan a abortar su despegue. Lo intenta por segunda vez… y se produce un accidente dantesco. A partir de entonces reina la confusión, a punto de que los informativos de las principales cadenas de tv salgan ‘al aire’.

Ocurrió hace dos años. Resultado: 154 fallecidos y 18 supervivientes.

El hecho es que 730 días después del accidente no existe todavía un informe definitivo sobre sus causas. La comisión de investigación encargada de la tarea, adscrita al Ministerio de Fomento, hizo público hace un año un informe preliminar que ya ofrecía una descripción aparentemente solvente de los sucesos. Ahora ha informado que espera tener el definitivo a finales de año.

De dicho informe se deducía que había habido una cadena de fallos técnicos y humanos. Faltaba por descubrir la causa de la causa: por qué fallaron los instrumentos y si pese a ello podía haberse evitado el desenlace.

Puede darse por establecido que el avión no fue capaz de volar porque no habían sido desplegados los alerones necesarios para el despegue, y que el instrumento destinado a alertar de la anomalía no funcionó porque había sido inutilizado al tratar de aislar una avería previa que había obligado a abortar un intento anterior de despegue.

Ahora se ha sabido además que un fallo (causado por un virus informático) en el ordenador central de la compañía aérea impidió la señal de alarma habitual cuando un aparato acumula tres averías.

La Asociación de Afectados presentó ayer un escrito en el que, junto a quejas razonables sobre estas cuestiones, se ofrecen críticas sobre lo que considera trato discriminatorio respecto a otras víctimas y en el que reclama una normativa legal.

Tras el homenaje ayer, Pilar Vera -presidenta de la asociación- pidió a las instituciones más apoyo frente “al calvario” que les ha tocado vivir. Arremetió especialmente contra el olvido. “Tras el desfile de autoridades -posterior al accidente- una semana después estábamos solos; se nos metió el frío en el alma, pero, a pesar de ello, seguimos peleando”, se lamentó.

Triste realidad.

No hay cosa peor que no saber por qué se produjeron tales adversidades.

No ya no recibir una compensación económica, sino conocer con certeza qué es lo que realmente ocurrió. Y los familiares tienen todo su derecho a reclamar menos silencio y sí más efectividad en la investigación por parte de la autoridades aeroportuarias y administrativas.

Los afectados lamentan que no existan en España ayudas públicas para víctimas de la aviación comercial y que tampoco haya un órgano central que coordine el seguimiento a los afectados. No obstante, lo que más preocupa ahora a las víctimas es que se conozca toda la verdad del accidente.

Lo cierto es que, en el 2º aniversario de tal accidente, se pone de manifiesto el temor de muchas personas a volar. Aunque las estadísticas muestran que el avión continúa siendo el medio de transporte más seguro.

El despegue, maniobra en la que el avión en Barajas sufrió el accidente, y el aterrizaje son los momentos en los que se produce un mayor número de accidentes con víctimas mortales.

Según un estudio realizado por la compañía Boeing, durante 1959 y 2007 se produjeron un total de 1.564 accidentes. En ese plazo murieron 27.455 personas en accidentes de avión.

Hay que tener en cuenta que en esos 48 años se realizaron un total de 519 millones de vuelos, con lo que la posibilidad de verse envuelto en uno es realmente pequeña.

Según la fase de vuelo, el 33% de los accidentes con víctimas mortales se producen durante el despegue; Y sólo el 9% mientras se encuentra en velocidad de crucero.

En los despegues uno de los riesgos añadidos es que el avión se encuentra con el depósito lleno de combustible, lo que favorece posibles explosiones en los accidentes.

Entre las principales causas de los accidentes, se encuentran errores humanos -un 53%-, fallos mecánicos -un 21%- y la climatología -un 11%-. Pese a todo, Algunos estudios sitúan las posibilidades de verse envuelto en un accidente aéreo en una entre 11 millones, frente a una posibilidad entre 5.000 de morir en un accidente de tráfico.

En 40 años, quince han sido los accidentes aéreos más graves en España.

El peor accidente de la historia se produjo el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife) donde fallecieron 583 personas al chocar dos aviones.

Tampoco se nos quitará de la retina el desastre aéreo acontecido en 1985 a 30 kilómetros de Bilbao, cuando un Boeing 727 colisionó con un repetidor de la EITB.

Lo cierto es que, en los últimos diez años han muerto 42 personas en accidentes aéreos.

Nada de esto debería volver a suceder.

Y, de paso, por qué no apostar por una mayor eficiencia ecológica en la construcción de las aeronaves.

A todos nos iría mejor cumplir una de las premisas del desarrollo sostenible que debe lograrse en toda actividad humana o industrial: la armonía entre las necesidades económicas y las ambientales, que evidentemente es el único camino que permitirá concretar un cambio a mayor escala.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán