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Wikileaks:…y más filtraciones

En apenas dos años, Wikileaks ha hecho añicos la seguridad de la mayor potencia del mundo.

El poder, cuanto más se acumula, más engaño y despotismo ejerce.

Se ha descubierto lo que sabíamos o sospechábamos, que Estados Unidos oculta con obscena indiferencia las redes con que envuelve y doblega a una gran parte de países.

En EE.UU. unos tres millones de personas tienen acceso a esta información “secreta”, que luego se gestiona con cuidadosa reserva. Todo queda rastreado y meticulosamente anotado y centralizado.

Este espionaje muestra que el imperio es lo que es: dominio, ley del más fuerte, negocios sucios, beneficios ilimitados, victorias a sangre y fuego, siega despiadada de lo que se opone a los propios intereses. Las proclamas de igualdad, justicia, democracia libertad son pantomima.

¡Vaya pedrada le ha dado en la frente el pequeño David -que es Wikileaks- al Gran Hermano que todo lo sabe y controla!

Se entiende que el Gobierno de Washington intente minimizar los daños.

También que le sigan otros gobiernos amigos, así como alguno de los medios que no han podido acceder al torrente documental aportado por la organización de Julian Assange.

En España -vía el diario EL PAÍS– se han destapado informaciones incómodas acerca del caso Couso, los vuelos de la CIA sobre territorio nacional (con la implicación de tres ministros socialistas), así como la intervención de la justicia para que no se investigara sobre Guantánamo (no permitiendo que el juez Garzón se ocupara de tal caso).

De esta manera, es fácil no fiarse de la Justicia española. Las revelaciones de Wikeleaks no hacen más que poner aún más de relieve esa realidad.

Da vergüenza comprobar cómo determinados miembros de la Administración de Justicia se pliegan gustosamente a las presiones de una embajada, además de a las del Gobierno.

Pero como siempre ha ocurrido en este país -el nuestro- pasará lo de siempre: nadie dimitirá, nadie dará una explicación satisfactoria, y dentro de poco todo se habrá olvidado.

Quien más sabe de estos asuntos en nuestro país, que es Javier Solana, ya ha indicado que esta filtración obligará a los diplomáticos a cambiar de métodos y hábitos de trabajo, algo que afecta también a numerosos ciudadanos, empresarios, periodistas, jueces o políticos, que deberán aprender una nueva cultura de la cautela en sus contactos con diplomáticos de todos los países.

Este es el cuarto cañonazo dirigido hacia EE UU, en un bombardeo que va aumentando en intensidad: el primero fue el vídeo Asesinatos colaterales, con voz e imágenes del ametrallamiento en Irak de un grupo de civiles desde un helicóptero militar estadounidense.

El segundo y el tercero fueron 90.000 y 400.000 documentos de las guerras de Afganistán e Irak respectivamente.

+ info en Las mentiras sobre Irak

Así, mientras se ventilan los 250.000 mensajes secretos entre la secretaría de Estado en Washington y las embajadas y consulados de Estados Unidos por el mundo en los últimos años, el partido Baaz iraquí -al que pertenecía Saddam Hussein-, considera que las filtraciones de Wikileaks de octubre acerca de la invasión de Irak aportan un material imprescindible para denunciar la ocupación militar de ese país que comenzó en 2003 y que ha causado un sinfín de víctimas.

Durante el ejercicio del poder, el Baaz cometió innumerables crímenes y reprimió al extremo a la oposición.

Sin embargo, los baazistas sostienen el “remedio” que han aplicado los Estados Unidos ha sido mucho peor que la enfermedad.

Pues bien, parece que se ha dado la vuelta a la tortilla con las filtraciones de Wikileaks, y el Departamento de Estado apenas puede contener su gran sensación de escándalo ahora que sus trapos sucios ya no se lavan en casa.

EL ‘CABLEGATE’

Las historias de repiten.

Sucede con casi todo escándalo, en casi todo el mundo, desde que se descubrió el caso de espionaje político en las oficinas del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington, que llevó a la renuncia del presidente republicano Richard Nixon en 1974.

Es pues inevitable que a estas nuevas filtraciones, se les conozca ya como ‘Cablegate’: la mayor filtración de documentos clasificados.

Sin embargo, unos “gates” son más escandalosos que otros, y en este caso, la cantidad no es indicativo de la calidad de la información que contienen esos papeles, en parte porque nada parece ser todavía demasiado secreto y en parte porque otras cosas no parecen demasiado importantes.

Por eso muchos se preguntan cuán interesantes pueden ser las minutas de almuerzos y fiestas, o las opiniones personales de algunos indiscretos o arrogantes diplomáticos estadounidenses. Ahí está el debate.

La comparación entre Wikileaks y los Papeles del Pentágono (la historia secreta de la guerra en Vietnam que recopiló el Departamento de Defensa y que en 1971 la entregó a la prensa Daniel Ellsberg, un analista militar) es algo normal.

Aquellos papeles profundizaron la impopularidad de aquella guerra y debilitaron los argumentos oficiales, al punto que forzaron eventualmente a la Casa Blanca a pactar la paz, en medio de una gran presión de la opinión pública.

Con todo, la gran diferencia entre ambos casos está en el mayor acceso a la información que existe actualmente y en la formación de un espíritu más cínico entre la ciudadanía, producto en alguna medida de su mejor conocimiento de los negocios políticos.

JULIAN ASSANGE, ¿A PRISIÓN?

El fundador de Wikileaks cambia de coche como de camisa; no se sabe dónde reside, y sus apariciones públicas se han reducido a cero. Le gusta cambiar de residencia constantemente, y asegura no tener una casa.

No es para menos. Julian Assange teme por su vida.

La Interpol ha requerido una orden de búsqueda y captura para el hombre que está detrás todo este destape.

No es -dicen- una orden de arresto, sino que se pide a los ciudadanos que contacten a la policía si tienen algún tipo de información sobre el paradero de Assange.

Especialistas en la Ley de Espionaje dicen que para procesarlo habría que comprobar que el “editor en jefe” estuvo en contacto con representantes de un poder extranjero y que buscó proveerles secretos.

El fiscal general americano Eric Holder ha comentado recientemente: “En la medida en que podamos encontrar a cualquiera que haya violado la ley estadounidense y puesto en riesgo a activos y a personas, será considerado responsable“.

“Cuando el río suena, agua lleva”

El caudal de credibilidad y de prestigio internacionales que EE UU había recuperado gracias a Obama está escapando a ojos vista por la vía de agua abierta por Wikileaks.

+ info en e-periodistas (portadas periódicos)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Contra la impunidad

Actores, cineastas y escritores como Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón, Hugo Silva, Juan Diego, Carmen Machi, Juan José Millás, Almudena Grandes, Juan Diego Botto o Miguel Ríos entre otros, prestan su voz y su imagen en un vídeo de nueve minutos. Representan cada uno a un ejecutado y desaparecido durente la rebelión militar y la posterior dictadura franquista, y cuyos cuerpos siguen desaparecidos.

Con un esquema en el que se repite el final “no tuve juicio, ni abogado ni sentencia, mis familiares siguen buscándome. ¿Hasta cuándo?” y ruido de disparos, termina cada uno de los 15 vídeos que la Plataforma Cultura contra la Impunidad presentó hace unos días en Madrid.

En apoyo a las 113.000 familias de desaparecidos.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ha dicho que este vídeo “tiene que avergonzar a mucha gente”. Denuncia además la persecución sufrida por Baltasar Garzón cuando comenzó a investigar estos hechos, que puede “derivar en un conflicto entre el poder judicial y la sociedad española”. Y añade: “Hemos vivido algo tan grave como perseguir a un juez que ha tratado de perseguir unos crímenes que son reales y eso es algo que parece irreal y ha ocurrido aquí”.

El efecto buscado ha conseguido emocionar a las familias que han prestado las biografías de sus antepasados para la campaña. Es el caso de Antonia Parra, que no pudo evitar las lágrimas al escuchar al escritor Juan José Millás, representar el papel de su padre, Antonio, fusilado con 34 años en Marchena (Sevilla). “Mi madre siempre creyó que lo habían matado por leer mucho”, recordaba Antonia a la puerta del cine donde tuvo la presentación de esta iniciativa. Millás explicó la emoción que sintió al conocer los detalles de la muerte del padre de Antonia: “Su mujer enterró los libros de su marido en el patio de su casa. Esa imagen es terrible. Es como si enterraran pajarillos vivos“.

El próximo domingo en el cementerio de la Almudena se leerán los nombres de todos los asesinados en la capital española durante el franquismo. Y el 26 de junio se organizará una concentración en la Puerta del Sol para llenar las calles de velas en homenaje a los desaparecidos.

En representación de las víctimas, Hilda Farfante, hija de Balbina Gayo, agradeció a todos los artistas su trabajo y su “empuje”, y aseguró que esta iniciativa es un “grito” contra “un largo y vergonzoso silencio“.

BLOODY SUNDAY

Guardando las distancias, precisamente el martes en Londres se vivió un hecho insólito. El primer ministro británico David Cameron admitía la muerte de 14 civiles católicos en la localidad norirlandesa de Londonderry en 1972 por disparos del ejército británico. Una actuación que tachó de “injustificado e injustificable”, y que se conoce como el Domingo Sangriento.

Cameron hizo esta afirmación al presentar ante el Parlamento el informe dirigido por el ex juez del Tribunal Supremo, lord Saville of Newdigate, sobre lo ocurrido el 30 de enero cuando soldados británicos del Primer Regimiento de Paracaidistas dispararon contra una manifestación a favor de los derechos civiles.

Casi cuatro décadas han pasado, pero las conclusiones del llamado informe Saville han posibilitado que las familias de las víctimas puedan vivir un poco más en paz. Y lo que se termina aceptando es: que ninguna de las 14 personas asesinadas aquel día llevaban armas de fuego y que los soldados no dieron ningún aviso previo antes de comenzar a disparar contra la multitud.

Se trata del informe de más larga gestación -un total de doce años- y el más costoso -195 millones de libras (234 millones de euros)- de toda la historia legal británica.

A diferencia del terrorismo de ETA, el Bloody Sunday colocó al IRA en el lado emocional de los buenos para una gran parte de la opinión pública internacional. Y esa fortaleza hizo posible un proceso de paz que culminó en 1998 con los Acuerdos de Stormont.

Todo Gobierno puede tener la tentación de maquillar sus errores bajo mentiras, pero cuando la evidencia es clamorosa, cuando las pruebas dicen lo contrario…las represiones y los actos injustos no sólo fortalecen al enemigo. Acaban volviendo.

¿Cuándo ocurrirá eso en España, cuándo se pasará página?

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Ultimo capítulo: Baltasar Garzón

13:30h. El Consejo General del Poder Judicial de España suspende cautelarmente a Garzón como juez en la Audiencia Nacional por investigar los crímenes del franquismo.

Unanimidad pues del alto órgano judicial que echa por los suelos 22 años de su carrera como magistrado el Juzgado Central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional.

En saco roto quedaron ayer los intentos de una parte de los miembros del sector progresista del Poder Judicial de forzar, antes de las once de la mañana de hoy, la celebración de una comisión permanente urgente que autorizase la petición de Garzón de irse en comisión de servicio como asesor de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de La Haya.

El tema de si optará o no a su nuevo cargo lo abordará esta tarde (a las 6pm) la Comisión Permanente del CGPJ, que comprobará si entra dentro de los previstos para declarar a un juez en situación de servicios especiales. Un hecho que parece improbable que se produzca.

En todo caso, uno se pregunta si se ha querido cortocircuitar la solución que evita la suspensión.

En uso de la cordura se debería haber ido por orden:

1º) Resolver la petición de traslado a La Haya; 2º) Dar tiempo a la sala para que decidiese la trascendental cuestión de la validez o no de la acusación; 3º) Caso de poder abrirse juicio oral y estar Garzón ya fuera de su Juzgado, declarar la improcedencia de la suspensión por carecer la misma de objeto.

Invertir este orden solo ha podido obedecer a una razón: abortar el viaje a La Haya y obtener la suspensión a toda costa.

Nunca fue un personaje discreto, nunca escurrió el bulto y siempre se las ingenió (o se las ingeniaron otros) para que los temas candentes alcanzaran su despacho. La biografía de Baltasar Garzón es tan extensa que apenas hay asuntos de calado que no hayan pasado por sus manos. Desde los primeros golpes a un narcotráfico que trataba de convertir a algunas regiones de España en una forma de nueva Sicilia, al terrorismo puro y duro, pasando por el denominado terrorismo de Estado y sus derivados: el uso de fondos reservados. Por supuesto, no podía dejar de lado la corrupción urbanística en todas sus formas.

Garzón llegó a exportar su prestigio fuera de las fronteras nacionales con otros casos no menos llamativos, léase por supuesto el de Pinochet, un intento de procesar a Berlusconi, y algún ramalazo de tono islamista pidiendo la detención del propio Bin Laden.

Sin duda, la Justicia española acaba de sufrir el mayor descrédito de su historia.

Nuestros tribunales, desde los juzgados de instrucción al Supremo y al Constitucional, tienen una merecida mala fama entre la sociedad española. Y tampoco gozan de buena imagen histórica en el mundo. Aunque la democracia haya lavado su siniestra trayectoria de arbitrariedades durante la dictadura, ha vuelto a ensuciarla el que prosperen las denuncias contra Garzón de grupos fascistas, opuestos a la investigación de los crímenes del franquismo.

Y son dos los casos por los que sigue acusado. Uno, por intervenir en las escuchas ilegales de los imputados del Caso Gürtel; y dos, por los supuestos cobros ilegales que recibiría por parte del Banco Santander (que Botín niega) en su paso por Nueva York.

Dado su palmarés, podría deducirse que a Garzón le faltaba un personaje en su currículo, un cromo para terminar la colección: Franco.

Había saldado cuentas con mucha gente, pero nunca había tocado el territorio del Dictador autóctono. A cuenta de la ley de la Memoria Histórica, de sus imperfecciones y de las demandas desatendidas de los familiares de las víctimas de miles de fusilamientos, Garzón quiso abrirle un sumario al franquismo. Y le ha salido el tiro por la culata.

Esta vez, se ha visto a demasiada gente convencida de que se acercaba el final.

Son demasiados quienes piensan que Garzón ya está amortizado. Que ya no es necesario. No al menos para el poder político. Todos han experimentado su inclemencia. De los escritos de Garzón en su libro se deduce que es un hombre convencido de que ha venido al mundo a interpretar un papel y acepta el sacrificio que ello exige.

El problema es si está preparado para vivir un final que no tenía previsto.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Memoria histórica, en entredicho

El proceso contra el magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón -por prevaricación al investigar los crímenes del franquismo- va viento en popa.

En las últimas horas ha habido movimientos significativos.

El juez del Tribunal Supremo que instruye la causa, Luciano Varela, ha expulsado a Falange Española de las JONS como acusación popular en el proceso contra el magistrado de la Audiencia Nacional. Según Varela, la formación política no ha subsanado su requerimiento de corregir su escrito de acusaciones en el que pedía 20 años de inhabilitación para Garzón. Un hecho insólito. Se mata dos pájaros de un tiro. Por una parte, consigue apartar al querellante más incómodo, y por otro lado se evitan los titulares de que el Tribunal permite que el partido único del franquismo siente en el banquillo a Garzón por investigar los crímenes de la dictadura.

No olvidemos que Falange es un partido político español de la derecha radical, ultranacionalista, de ideología fascista. Creado al albor tras la unificación con el movimiento carlista que llevó a cabo el general Francisco Franco, y cuyo objetivo es la instauración de un Estado totalitario nacional-sindicalista.

En todo caso, esta expulsión no deja fuera las querellas del pseudosindicato ultraderechista Manos Limpias. De haber expulsado a las dos acusaciones, el proceso contra Garzón habría quedado sin contenido. Lo dicho, el proceso sigue inteligentemente adelante, y dejando de lado a un protagonista incómodo como la Falange. Y en lo que las asociaciones de víctimas consideran una operación de maquillaje.

Así con todo, Varela parece decidido a dictar auto de apertura de juicio oral en los próximos días. Un movimiento que podría confirmar lo que se achaca a Garzón: instruir un caso a sabiendas de que es injusto. La prevaricación.

Las razones son dos. El juez instructor estaría usando unas acusaciones incapaces de presentar algo más que una vulgar octavilla de propaganda para hacer un ajuste por cuenta propia con Garzón. Y, por si esto no fuera poco, Varela estaría traicionando sus propias convicciones expuestas en su voto particular en el caso Atutxa (por el que el Tribunal Superior vasco consideró que no hubo delito de desobediencia), y que aún sigue pendiente.

Pero también está la doctrina Botín. Aquella por la que el Tribunal Supremo reinterpretó sobre la acción popular con la que exoneró de juicio al presidente del Banco Santander, Emilio Botín. Un caso complicado en el que Varela no estuvo dispuesto a abrir la caja de Pandora. Es decir, abrir un juicio oral. Y es que suponía una violación del artículo 14 de la Constitución que consagra la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La doctrina Botín y la del voto particular del magistrado Varela mantienen que la acusación popular carece de legitimación por sí sola, a falta de acusación particular o de acusación pública, para llevar a un ciudadano a juicio.

La causa contra Garzón encaja como anillo al dedo con esta doctrina: no hay acusación particular, por la sencilla razón de que no existen perjudicados, ni tampoco acusación pública porque ningún daño ha producido Garzón al “interés público y social”. Por lo que la causa sólo se sustenta en una acusación popular a la que el propio instructor Varela ha debido corregir para que no sea tan patente que se mueve por estrictos intereses particulares al amparo de una presunta defensa del interés social.

Hay dos posibilidades para poner un punto y final a este circo mediático. O bien llevar a cabo el sobreseimiento o, en todo caso, a dejar en suspenso la apertura del juicio oral contra Garzón. Porque podría suceder que el Tribunal Constitucional avalara como correcta la doctrina Botín y que Garzón hubiera sido juzgado con una interpretación inadecuada de las leyes procesales.

Pero no se quiere acabar así. De lo que se trata, al fin y al cabo, hacer con Garzón -seamos claros- es quitarle del medio por parte de ciertos jueces conservadores. Una situación insólita que está avivando las críticas internacionales. Los principales medios de comunicación internacionales no entienden que un juez esté siendo puesto en entredicho por investigar a quiénes pudieron estar presuntamente detrás de las desaparición de 100.000 personas durante el franquismo.

Lo mismo pasa en nuestro país. Las víctimas están clamando mayor severidad con los responsables de aquellos trágicos hechos. Con quienes presuntamente han estado y están detrás de todo este embrollo. Se me hace harto difícil pensar que Garzón -con todas sus virtudes y no tan virtuoso en su afán judicial en ocasiones- haya tomado parte injustamente.

Ahora se pone sobre la balanza la Ley de Amnistía de 1977. Pretender revisar esa decisión equivale a cuestionar y deslegitimar gravemente todas las decisiones que nuestra democracia adoptó en aquellas fechas, incluida la Constitución. Quienes defienden la nulidad de dicha Ley -a efectos de producir una investigación judicial sobre ese pasado- tienen que saber que la persecución penal del franquismo implica una causa general contra todas las responsabilidades penales de aquellos años.

El diputado socialista en el Parlamento europeo, Ramón Jáuregui, añade: “No fue esa la voluntad democrática de los españoles en la Transición. Decidimos perdonar sin olvidar, aunque fuera cierto que perdonaban más quienes más sufrieron durante 40 años la represión de los vencedores y aunque sea evidente también que olvidamos demasiado, confundiendo durante demasiado tiempo, perdón con olvido.”

Para esto se creó la llamada Ley de Memoria Histórica de 2007.  Una norma por la que se empezó a reconocer a las víctimas republicanas de la guerra y de la represión posterior con diferentes indemnizaciones. A saber: las exhumaciones de los fusilados; la supresión de signos y símbolos franquistas; la devolución del honor a los condenados en consejos de guerra; etc. Y de todos es sabido que el Partido Popular no se adhirió a tales pretensiones de devolver la justicia a la memoria española. Por eso, y por muchas cosas, su animadversión contra un juez que pretendió restablecer los principios básicos de los derechos humanos. Sentar en el banquillo a los culpables de la barbarie del pasado. Por intentar dar satisfacción a las víctimas del franquismo.

“La memoria abre expedientes que el derecho considera archivados”, Walter Benjamin (crítico literario marxista y filósofo judeo-alemán)

Lo que la memoria ha descubierto en los últimos años es que las víctimas del colonialismo, de la esclavitud, de la conquista o de la guerra civil son significativas, tienen significación. Claro que víctimas ha habido siempre, pero eran insignificantes o invisibles porque entendíamos que eran el precio del bienestar presente o de la transición política. Había que asumirlo como irremediable y lo que tocaba era pasar página. Eso se ha acabado. Ahora son visibles.

Ya lo decía el escritor italiano de origen judío-sefardí, Primo Levy: “Sin memoria de la injusticia no hay justicia posible”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Garzón, en el punto de mira

Baltasar Garzón (Jaén, 1955)

Magistrado del Juzgado Central de Instrucción n.º 5 (Audiencia Nacional) desde 1988

Mes de Enero: El Tribunal Supremo admite una querella de la Falange contra el juez por investigar el franquismo; Garzón procesa a Arnaldo Otegi por reconstruir Batasuna con ‘Bateragune’; El TS vuelve a investigarle, ésta vez por los supuestos cobros que recibió el juez por parte del Banco Santander durante su estancia en la Universidad de Nueva York, en 2005 y 2006.

Febrero: Dicho órgano constitucional acusa al magistrado de ignorar a sabiendas la ley al investigar el franquismo; El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) pide un informe a la Fiscalía sobre si debe suspender a Garzón de sus funciones por el caso de NY; Un día después, el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido dice no apoyar tal suspensión; Garzón recurre el auto del Tribunal Supremo que lo acusa de prevaricación (dictar una resolución sabiendo que es injusta); El Poder Judicial le da al magistrado jerezano diez días para que presente sus alegaciones ante tales acusaciones; El juez de la Corte Suprema argentina, Eugenio Raúl Zaffaroni, afirma: “el poder judicial español está cometiendo un gran error y está perjudicando la imagen de España en el extranjero”; El Tribunal rechaza el recurso presentado por Garzón contra la querella por prevarización; A finales de mes, dicho ógano vuelve a la carga, y admite la querella del abogado de caso Gürtel contra Garzón por las grabaciones supuestamente ilegales; La Fiscalía, contrariada, pide no suspenderle, y aclara: “Hacerlo iría contra la independencia judicial“.

Con tantas querellas, autos, dimes y diretes, llega el mes de Marzo. Y así el día 5 Baltasar Garzón rompe su silencio. Pide al CGPJ que no lo suspenda, y acusa al Partido Popular de estar detrás de una “cruel campaña” de acoso contra él, que se inició cuando acordó encarcelar a los principales implicados en el ‘caso Gürtel‘.

Y aquí es donde nos preguntamos… ¿Por qué tanta animadversión contra el más famoso de los jueces, de indudable eficacia durante décadas? Por fin, Garzón no duda en apuntar contra sus mayores adversarios. Difícil, precisamente, no se lo había puesto a sus enemigos. Personas non gratas que veían en algunas actuaciones del juez estrella como la cacería con el ministro de Justicia, la trama de cargos del PP o la búsqueda de responsabilidades durante los tiempos del franquismo, un punto débil para desacreditarlo. Y así lo han hecho en los últimos meses.

El mismo abogado del caso Gürtel, Ignacio Peláez, que ahora denuncia la práctica de escuchas ilegales a sus clientes cuando estaban en la cárcel y sin previa autorización del juez… fue anteriormente fiscal. Ahí es nada. Y, por lo tanto, se conoce muy bien los entresijos de la Justicia y las posibles personas que pueden cargar contra Garzón, y cómo hacerlo.

Para más info sobre la trama Gürtel, pinchar aquí (video)

Y como Garzón no es tonto, ya ha tomado iniciativas en su propia defensa. Pide, para ello, la abstención en las deliberaciones contra su persona de tres de los vocales del Consejo -Fernando de Rosa, Gema Gallego y Margarita Robles- por las relaciones que tiene con alguno de los interesados y por “enemistad manifiesta” con él mismo. En el caso De Rosa porque, en su opinión, ha cuestionado “continuamente” su labor instructora, lo que “le priva de objetividad de juicio” (es, además, amigo íntimo de uno de los imputados- el presidente de la Generalitat Valenciana, Camps). Y la petición para que Robles no comparezca, Garzón recuerda que coincidió con ella en funciones públicas (ambos fueron secretarios de Estado cuando Juan Alberto Belloch ostentaba el ministerio de Justicia e Interior, en los 90).

El juez que investigó la trama económica de ETA, quien persiguió a los narcotraficantes gallegos de la Operación Nécora, y quien dió órdenes de búsqueda y capturó a tantos delincuentes internacionales que buscaron cobijo en España…ha dado una vuelta de tuerca.

Va a ser él y sólo él quien no permita que el acusado sea acusador (trama Gürtel), y para ello parece haberse provisto de lo que necesita: busca quién dirige y encabeza la persecución de la que es objeto. Además, intenta desenmascarar a los enemigos que tiene entre los propios jueces, en la clase política y en los medios de información. Pero, por si esto no fuera poco, estoy seguro que tiene en su poder datos suficientes para ver quién mueve cada una de las cuerdas que ha comenzado a notar en su propio cuello.

Y, señores, éste es el comienzo. Razones para defenderse no le faltan.

Vamos a ver en qué termina esta cacería implacable, y a quién se lleva por delante. De momento, cada tirador ha marcado ya a sus deseables víctimas.

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Por Iñigo Ortiz de Guzmán