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El beso (2)

Continuación de El beso

Los hay de película, otros no, pero no por ello menos apasionados…

Los besos son más sensitivos -dicen- que los genitales y 100 veces más que las yemas de los dedos. Algo tendrán cuando, además, alrededor de dos millones de bacterias y 40.000 microorganismos cambian de dueño después de un beso.

Lo cierto es que el más largo -registrado por el Libro Guinness en Hamburgo- duró 32 horas, 7 minutos y 14 segundos; ¡eso es nada!

Besar es tan natural como respirar, al menos en nuestra cultura.

Pero, ¿por qué sentimos esa necesidad? El zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris explicaba en su obra El mono desnudo (1967) que las hembras de Cromañón alimentaban a sus crías mascando previamente la comida destinada a sus hijos, y se la pasaban boca a boca. Según este especialista, ése sería el origen de los besos.

Otra experta en comunicación no verbal María José Arlandisdiplomada en Sinergología- apoya otra teoría, en la que los besos derivarían del acto de succión de los bebés: “Se trata de uno de los primeros movimientos del ser humano y es un acto primordial: provee al bebé de su alimento y lo hace de una manera muy agradable, en contacto con la madre; cuyo calor le da seguridad“.

Lo que es seguro es que los besos de alta intensidad son equiparables a una sobredosis de anfetaminas: aumentan los niveles de dopamina (sustancia asociada al bienestar) y de testosterona (hormona asociada al deseo sexual). De esta manera, se generan adrenalina y noradrenalina, que aumentan la presión arterial y la frecuencia cardiaca.

También se segregan endorfinas (hormonas de la felicidad) y oxitocina (llamada hormona del amor porque está presente en el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento). Y se activan nada menos que 34 músculos.

Es la mejor ‘medicina’ contra la depresión, aseguran los entendidos en sanidad.

Para la psicóloga y sexóloga Amelia Franquelo, el significado de un beso depende de la cultura y del código propio de cada persona y cuenta con muchos grados. Por ejemplo, mientras que para algunas personas el beso en los labios implica un grado de intimidad, para otros es un mero saludo, desprovisto de toda carga de sexualidad.

Parece en todo caso curioso que, mientras que el beso cortés en la mejilla se da por la derecha (en España), cuando se va a besar en la boca se ofrece el lado izquierdo. Los besos más emocionales, en los que intervienen la pasión o el deseo, afectan al lado izquierdo de nuestro cuerpo.

En opinión de Alardis, el beso en los labios es algo puntual: “Es un modo de saludo, algo cotidiano“. En cambio al besar con la boca abierta, queremos “absorber” información del exterior, en este caso, de la otra persona, nos queremos “embeber” del otro, saborearlo, que entre más dentro de nosotros. “Cuando los niños están viendo su programa favorito, lo hacen con la boca abierta, como queriendo absorber esa información“, apunta.

La sexóloga Franquelo coincide en afirmar que el beso con la boca abierta es una forma de acercamiento mas íntima, ya que se comparten fluidos, y emocionalmente implica una unión más profunda.

Cuando irrumpe la lengua, explica Amelia, se experimenta un alto grado de deseo, con o sin presencia del amor. Es un símil de la penetración, “y probablemente es inconsciente“, puntualiza.

La especialista en comunicación no verbal añade que el uso de la lengua responde al deseo de querer adentrarse y ‘fundirse’ con el otro.

Y, ¿por qué cerramos los ojos? Para prolongar ese momento, señala: “Tener los ojos cerrados implica un deseo de guardar ese momento más profundamente en nuestro cerebro“.

Curiosas reflexiones…

Como anecdótico es que algunas tribus africanas no besan por creer que el alma se escapa por la boca al hacerlo.

Todo varía según los países: cuando, en nuestro país, nos presentan o nos saludamos…nos damos dos besos. Algo que a un estadounidense, por ejemplo, le sorprenderá. En Rusia, en cambio, se dan tres.

Más originales son los esquimales, que se saludan frotándose la nariz.

Por lo que respecta al amor carnal, en la cultura occidental triunfa el beso de tornillo, con lengua. Pero también los hay para todos los gustos: en Japón, los besos apasionados se dan en las manos o en el cuello… nunca en los labios.

Y, ¡cómo no! Siempre nos quedará el abrazo

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

El beso

“El muchacho me agarró y yo cerré los ojos. Le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y me sentí feliz de hacerlo. Después me dejó sola y me marché”

14 de agosto de 1945

Puede que sea el beso fotografiado más famoso de la historia. Dos totales desconocidos se besaban arrebatadoramente en la plaza Times Square de Nueva York para celebrar el fin de la II Guerra Mundial. El Ejército japonés acababa de capitular.

Él, un marinero del Ejército de EE UU que a día de hoy sigue siendo anónimo. Ella, una enfermera (Edith Shain) de la que no se supo su identidad hasta los años setenta cuando la propia Shein escribió al fotógrafo para decirle que ella era la protagonista del momento épico. Estos días ha pasado a mejor vida a los 91 años, pero siempre será recordada por ese achuchón de película.

El responsable de esa instantánea fue Alfred Eisenstaedt, quien ese día -conocido como V-J Day (Victory over Japon Day)- pudo capturar ese momento épico, convertido en sinónimo de la felicidad y de la espontaneidad.

La fotografía en blanco y negro del día de la victoria se publicó en portada de la revista LIFE.

Cosas de la vida, Eisenstaedt fue acusado en numerosas ocasiones de haber trucado y preparado la imagen, pero él siempre lo negó. Una versión que luego fue corroborada por la enfermera. Según el fotógrafo, se dedicó a seguir por la calle a un fogoso marinero que iba besando a toda mujer que se lo permitía.

A partir de que se revelara su identidad, Shain participó en numerosos acontecimientos relacionados con la efeméride, como desfiles, ofrendas florales y memoriales en recuerdo de los caídos.

Todavía sigue sin identificar el soldado que protagonizó el beso y aún hay varios veteranos soldados de la Marina, hoy octogenarios, que dicen ser el hombre que agarró por la cintura a una desconocida para besarla.

Año tras año desde 2004, cientos de parejas rememoran el mítico gesto en el mismo lugar de la Gran Manzana.

Este beso compite con otro, también famosísimo, el que captó el fotógrafo Robert Doisneau en 1950. En la imagen se ve a una pareja besándose intensamente en una calle de París.

Doisneau logró vender la capital francesa como ciudad del amor, pero el mito se derrumbó cuando el propio fotógrafo reconoció que la pareja había posado.

Francois Bornet y Jaques Corteaud, protagonistas de la escena, eran novios y estudiantes de teatro.

Cuando Doisneau les vio besarse en un café les pidió que salieran a la calle y repitieran la escena. Disparó muchos clics y, en el momento de revelar los negativos, eligió el mejor.

La fotografía se publicó en la revista American Life.

“En un beso, sabrás todo lo que he callado” (Pablo Neruda)


Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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