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El poder del Ahora y la Bondad

El pasado 24 de Marzo escribía sobre el Día del Libro, y hacía referencia a un ejemplar que tenía entre mis manos. Un libro de auto-ayuda que me costó empezar a leerlo. Pero que ya, por fin, lo he terminado. Tenía curiosidad y, al mismo tiempo, quizá se pueda llamar miedo a lo desconocido, o sobre lo que se supone que “tenemos que hacer”.

Nada más lejos de la realidad.

El ensayo es ‘El poder del AHORA’. Una auténtica joya de la literatura -ya digo de ayuda- que profundiza en el presente. En no perder ni un minuto en dimes y diretes; en no echar tantas miradas al pasado ni pensar tanto en el futuro, como a la mente humana le gusta tanto…

Eckhart Tolle, escritor alemán que se educó entre España e Inglaterra, enfatiza la importancia de ser consciente del momento presente para no perderse en los pensamientos. En su opinión, el presente es la puerta de acceso a una elevada sensación de paz. Afirma que “Ser Ahora” conlleva una conciencia que está más allá de la mente, una conciencia que ayuda a trascender el cuerpo del dolor que es creado por la identificación con la mente y el ego.

¿Es posible acallar la pesada voz que habla sin parar desde nuestra cabeza? ¿Quién es esa voz? ¿Es posible ir más allá del pensamiento? Estas preguntas acecharon a Tolle durante un tiempo de depresión. El ruido de su mente fue en aumento hasta que en medio de la angustia y la ansiedad su mente colapsó. La voz mental se calló y sus pensamientos dejaron de hacerle sufrir. Los espacios de silencio entre pensamientos aumentaron.

De repente, como un fogonazo, alcanzó el estado que los monjes zen persiguen durante décadas en los monasterios y muy pocos alcanzan. A raíz de esta experiencia abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo, hablando de la importancia de hacernos dueños de nuestros pensamientos, que nos han poseído, y de vivir el momento presente, porquees lo único que existe.

Sin duda, lo recomiendo. Un libro fácil de leer, y que se hojea tantas veces como quieras, por lo que hay que tenerlo a mano en la estantería.

A colación con este tema, precisamente anteayer vi la película A Single man’. Un film sesentero, al más puro estilo de su director Tom Ford en cuanto a lo visual y estético. Una historia en la que se ha tratado en el ámbito cinematográfico una y mil veces: la pérdida de un ser querido, de la consecuente soledad que ello acarrea. Lo que es novedoso es la forma en cómo el personaje se desespera por llegar a un único propósito: su propia muerte. Y cómo no sólo no echa mano de los recuerdos (pasado), sino que además sólo parece enfocarse en morir (futuro). Y todo ello sin apreciar el ahora, lo bueno que uno tiene alrededor pero que no se aprecia. Supongo que de esta pasta estamos hechos.

Recogiendo el testigo -hoy me he puesto en plan filosófico-, el domingo pasado en EL PAÍS SEMANAL el periodista Javier Cercas hacía un repaso interesantísimo sobre el libro Elogio de la bondad’ (de Adam Philips y Barbara Taylor).

Y afirmaba que a día de hoy la bondad es cosa de nenazas y de fariseos, un disfraz del egoísmo salvaje, una triquiñuela de moralistas y sentimentales, una virtud para perdedores o la forma más baja de la debilidad; hoy no existe tertuliano radiofónico que no cite a diario la frase de Plauto citada por Hobbes según la cual el hombre es un lobo para el hombre y que no recuerde que Rousseau (el mayor apologista moderno de la bondad) metió a sus cinco hijos en orfanatos; hoy diríase que la mayor aportación teórica realizada en España al debate político es el buenismo, esa palabra con que la derecha pretende denunciar la política que practica la izquierda, según ella basada en el mero altruismo y en las buenas intenciones.

¿Por qué hoy en día la bondad es vista más como un signo de debilidad que de fortaleza? ¿Por qué ha perdido su condición de virtud para convertirse en una práctica inocente y estéril? ¿Habrá que resignarse ante el imperio de la crueldad y el egoísmo? ¿O todavía podemos confiar en su capacidad para transformar la sociedad en que vivimos?

Phillips y Taylor vindican una vieja y original visión de la bondad, una visión precristiana o anticristiana que, desde los estoicos hasta los ilustrados –de Séneca a Rousseau–, propugna la bondad como placer, entre otras razones porque surge antes del amor a uno mismo que del amor a los demás: dado que somos seres fundamentalmente sociales, no podemos ser felices sin la felicidad de quienes nos rodean, de manera que contribuir a la felicidad de los demás significa contribuir a nuestra propia felicidad”. Una frase que me dejó perplejo.

Y Cercas continúa sorprendiéndome: “A veces tiendo a pensar en secreto que la maldad es la forma más refinada de la estupidez, y la bondad, la forma más refinada de la inteligencia“.

Buen significado de la bondad, en el siguiente cortometraje (atención al final de los títulos):

Cuanto mejor es una persona,
más dificilmente sospecha
de la maldad de los demás.
Cicerón

Por Iñigo Ortiz de Guzmán


Los misterios de Fátima

Hoy concluye  la visita del Papa Benedicto XVI a Portugal. Cuatro días en los que el Pontífice ha hecho -si se puede considerar así- un amago de autocrítica. Ayer mismo, en Lisboa, asumía los pecados de la Iglesia (al afirmar que el enemigo está dentro de sus filas) en una condena firme de los abusos pederastas cometidos por religiosos, y que han salido a la palestra en los últimos meses.

Se cuentan por 3.000 los casos de pedofilia en ocho años, que el organismo eclesiástico reduce a 300.

Sea como fuere, lo cierto es que Joseph Ratzinger ha visitado el país luso por primera vez para conmemorar el 93º aniversario de las apariciones de la Virgen a tres jóvenes pastores.

Hagamos un poco de Historia. Los hechos sucederían desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre de 1917Lucía dos Santos -de diez años- y sus primos, JacintaFrancisco Marto -de seis y nueve años respectivamente- relatan que sintieron el reflejo de luz que se aproximaba. Y cómo vieron a una Señora vestida de blanco surgir de una pequeña encina. Los niños aseguraron que se trataba de la Virgen María, la cual les pidió que regresaran al mismo sitio el 13 de cada mes durante seis meses.

En posteriores retornos los niños fueron seguidos por miles de personas que se concentraban en el lugar para ser testigos de las apariciones. Entre las recomendaciones, según los testimonios de los niños, la Virgen hizo hincapié en la importancia del rezo del rosario para la conversión de los pecadores y del mundo entero. Además, habría pedido la construcción de una capilla en el lugar, capilla que fue el germen del actual santuario.

Se dice que la Virgen apareció otras cinco veces a lo largo de ese año. En el tiempo que sucedieron las apariciones, la Virgen realizó varias profecías, recomendaciones y entregó tres mensajes conocidos como Los tres secretos de Fátima.

Se afirma que tres mensajes fueron entregados por la Virgen María a Lucía, la mayor del grupo. El primer secreto mostraba una visión del infierno mientras que el segundo hablaba de cómo reconvertir el mundo a la cristiandad. El texto del tercer misterio se mantuvo en secreto por muchos años y sólo fue revelado por el Papa Juan Pablo II el 26 de junio de 2000.

Interpretaciones de católicos afirman que el segundo misterio pronosticó la re-conversión de Rusia (en esas mismas fechas se realizó la Revolución rusa que dio lugar al primer estado socialista de la historia) al cristianismo. Y consideran que con la desintegración de la URSS en 1990 la profecía se ha cumplido. También se especula que en el tercer mensaje se profetizaba el atentado contra la vida del papa Karol Józef Wojtyła. Acontecido el 13 de mayo de 1989 en la Plaza de San Pedro, por el turco Ali Agca.

Además, según creyentes, la Virgen María predijo el final de la Primera Guerra Mundial (la cual terminó al año siguiente), así como la muerte prematura de Francisco y Jacinta. Francisco moriría el 4 de abril de 1919 y Jacinta diez meses después. Ambos serían beatificados a posteriori por la Iglesia Católica.

Desde las primeras noticias sobre las apariciones de la Virgen de Fátima, los Papas se mostraron acorde a los acontecimientos.

  • Pío XI entre otras manifestaciones públicas de simpatía, concedió el dia 1 de octubre de 1930 una indulgencia especial a los peregrinos de Fátima.
  • Pío XII consagró la humildad al Inmaculado Corazón de María el 31 de octubre de 1942.
  • Juan XXIII visitó como peregrino el lugar de las apariciones y, más tarde, legó en testamento su cruz pectorial al Santuario de Fátima.
  • Pablo VI fue el primer Romano Pontífice que visitó Fátima para conmemorar el cincuentenario de las apariciones, el 13 de mayo de 1967.
  • Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en dos ocasiones, el 13 de mayo de 1982 y el 13 de mayo de 1991.

Sor Lucía moriría en 2005 en el convento de Coimbra, a los 97 años.

En definitiva, estos tres pastores de la Portugal de antaño han dejado tras de sí una manera de pensar, de creer en la Iglesia Católica a lo largo y ancho del Mundo.

Fátima, cuyo santuario recibe anualmente 4 millones de peregrinos. Eso es nada. Todo por una aparición, por un relato que tuvieron de la Virgen hace 93 años.

Hasta aquí, todo queda conforme.

Lo que no queda claro es que el actual Papa Benedicto XVI -ante medio millón de personas entre fieles, sacerdotes, diáconos y seminaristas- haya afirmado estos días que el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo son opuestos al “bien común”, definiéndolo como “lo más insidioso y lo más peligroso”.

Palabras y más palabras.

Pero si mirásemos al fuero interno de la curia católica y romana, habría mucho que criticar, mucho que reconocer como negativo, como antítesis de lo que la sociedad pide a día de hoy. A la vista están los últimos casos escabrosos de ciertos sacerdotes con sus actos más que criticables.

¿Dónde está esa Iglesia que ha de avanzar como lo hacen los países y los ciudadanos del siglo XXI? Es decir, progresar a lo que somos hoy. Saber pedir perdón por las atrocidades durante tantos siglos, ser consciente de por dónde vamos. Y no demonizar a ciertos sectores de la sociedad, a las familias monoparentales, a las ideas más o menos de izquierdas.

De lo que se trata es de respetar. De no seguir dando auto de fe si con ello se frenan las libertades de las personas. ¿Quién es el máximo responsable de las actuaciones individuales, si no uno mismo con su verdad, con su manera de vivir, de pensar o de actuar?

Que no nos digan lo que tenemos que hacer. Que no nos traten como malos individuos por el hecho de ser consecuentes con una manera de pensar; con una manera de ser. ¿Por el simple hecho de pensar diferente?

¿Qué es el bien o el mal? ¿Quién es mejor o peor’ ¿Qué es la belleza, la perfección, lo ideal?

Que cada uno que se responda a estas preguntas para reconocerse.

Una última pregunta:

¿La Iglesia Vaticana Apostólica Romana es, de verdad, lo mismo que la Iglesia Misionera? ¿Esos que están a pie de calle, que hacen todo lo que esté a su alcance por la gente necesitada, quienes no ponen etiquetas a las personas según su raza, color, ideología o sexo? ¿Aquellos que -bajo manga- (¡no se vaya a enterar la curia!) ofrecen profilácticos para que los que no tienen la suerte de tener una educación caigan a formar parte de la triste y larga lista de millones de seropositivos en continentes como África o Sudamérica?

Yo sí sé la respuesta. Sé en lo que creo. En la bondad. No hacen falta apariciones.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán