Posts Tagged ‘contaminación’

Let’s Pollute

La contaminación ha llegado a todos los rincones del planeta y el ser humano es el principal responsable.

Amenaza nuestros ríos y lagos, nuestro aire, tierra y océanos. Y, en última instancia, a nosotros mismos y nuestro futuro.

GREENPEACE España avisa:

En nuestra sangre hay más de 300 sustancias químicas sintéticas que no tenían nuestros abuelos; la contaminación atmosférica provoca al año 16.000 muertes prematuras en nuestro país.

Pero es que además al año se vierten al agua más de 4,6 millones de toneladas de contaminantes; y sólo se recupera el 13,1% de los residuos (el 86,9% va a vertederos y a incineradoras).

El corto de animación ‘Contaminemos’ trata precisamente de eso: de cómo la polución es nuestra herencia y lo que hace crecer la economía. Todo hecho desde un punto de vista más bien satírico; a ver si así nos paramos un poco a pensar…

¿Necesitamos producir más para ser más felices?

¿Por qué esa “cultura de la posesión“? Y, ¿qué decir de nuestra conciencia?

Read the article ‘Why men are worse for the planet’

Esta es una de las cinco cintas nominadas para los Oscar 2011. Premios que se celebran la próxima madrugada del domingo al lunes.

Las otras son The Gruffalo’

‘Day & Night’

‘The Lost Thing’

‘Madagascar, carnet de voyage’

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Cancún vs. el cambio climático

Madrugada del 19 de diciembre de 2009.

Los países de la Alianza Bolivariana (Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua) hacen naufragar un acuerdo cocinado por EEUU y un puñado de países emergentes en la cumbre del clima de la ONU en Copenhague.

Tan sólo se logra un acuerdo vinculante de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Madrugada del 11 de diciembre de 2010.

Ha pasado un año de bofetadas diplomáticas pero, en el último minuto, ocurre un milagro en la cumbre del clima de Cancún. Todos los gobiernos del planeta, salvo el de Evo Morales, consensúan un modesto principio de acuerdo para luchar contra el cambio climático.

Como critica Bolivia, los Acuerdos de Cancún son una versión pulida del de Copenhague. Sin embargo, la Alianza Bolivariana se rompe y Morales se queda solo en su pelea para tumbar el texto.

Los 193 países restantes aprueban el documento final.

Por primera vez, los dos principales emisores del mundo, EEUU y China, se comprometen a reducir sus emisiones de CO2 ante la Organización de las Naciones Unidas.

Y potencias emergentes como MexicoBrasil e India prometen evitar que las suyas se desboquen.

Hasta ahora, solo 37 países industrializados (entre ellos los de la UE, Japón, Rusia y Australia) pagaban su responsabilidad histórica en el calentamiento global, mediante el protocolo de reducción de emisiones aprobado en Kioto en 1997.

El rechazo de Bolivia podría haber arruinado el acuerdo, ya que en principio los textos de la cumbre requieren unanimidad.

Sin embargo, cuando el embajador boliviano, Pablo Solón, intenta vetar el documento, los otros 193 países miran hacia otro lado y lo refrendan.

El no de Bolivia se registra como una reserva, así que a todos los efectos el país tiene que cumplir el acuerdo.

Se crea así un ‘ Fondo Verde‘:

Una partida presupuestaria de 100.000 millones de dólares anuales para los países pobres.

¿Su objetivo?: Evitar una subida de más de dos grados de la temperatura media del planeta hacia 2100.

Para España, significa evitar hasta cinco grados más en verano a final de siglo e impedir que la mitad sur del país se transforme en Almería.

Se trata, al fin y al cabo, de lograr un mayor equilibrio entre países desarrollados y en vías de desarrollo.

Éstos sólo someterán sus emisiones a verificación internacional cuando hayan sido financiadas por dinero procedente de Occidente. Una fórmula que parece satisfacer tanto a China -que cuestiona estos procesos-, como a Estados Unidos -que los solicitó-.

Pero ese objetivo no es alcanzable sin los medios para combatir sus causas, que no son otras que la utilización masiva de los combustibles fósiles como fuente de energía.

El Protocolo de Kioto -que expira en 2012- obliga a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (los llamados GEI) a los países más desarrollados, con la excepción de unos pocos que no lo aceptan (singularmente EE UU -el país con más emisiones per cápita del mundo-, que se opone a cualquier medida que pueda dañar su economía).

Lo que se plantea hoy es una continuación de este tipo de compromisos de reducción en los países ricos, con la ineludible inclusión de norteamericanos y chinos. Sin embargo, aunque se haya llegado a un acuerdo de mínimos, ninguno de estos dos países parece que está todavía seriamente por la labor.

Es más. La propuesta de Obama de reducir sus emisiones un 17% en 2020 respecto de las del año 2005 -mucho más modesta que la Europa de los 27 de reducir un 20% o un 30% en 2020 respecto de 1990-, no ha sido todavía ratificada por el Congreso; tras el triunfo republicano en las últimas elecciones, dicha ratificación parece más lejana.

En todo caso, los 194 países se acaban de comprometer a duplicar su esfuerzo y alcanzar un tijeretazo en las emisiones de CO2 de entre el 25% y el 40%.

HECHOS CONSTATABLES

Según la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanzó el año pasado niveles récord, hasta un 38% más que a comienzos de la era industrial.

Los informes científicos son incuestionables: la Tierra se ha calentado durante los últimos 100 años 0,74 grados centígrados, y lo seguirá haciendo a un ritmo de 0,2 grados por década.

Y aunque en la atmósfera la concentración de dióxido de carbono ha disminuido a causa de la crisisis económica -en España, en el primer semestre de 2009, se registró un descenso del 17% respecto al mismo periodo de 2008-, las perspectivas de futuro no son buenas.

El cambio climático ya está provocando la muerte de unas 315.000 personas cada año como consecuencia del hambre, las enfermedades y los desastres naturales vinculados a su impacto en la Tierra.

Según un informe presentado por el Foro Humanitario Global en Ginebra en junio de 2009, afecta de forma grave al bienestar de aproximadamente 325 millones de personas; y se espera que este número se duplique en 20 años, hasta alcanzar a un 10% de la población mundial (aproximadamente 6.700 millones).

De acuerdo con este informe, las pérdidas económicas vinculadas al cambio climático superan los 125.000 millones de $/año.

Y es probable que esta cifre aumente hasta 300.000 millones para el año 2030 (unos 215.000 millones de euros).

Los países en vías de desarrollo soportan este impacto en un 90%, aunque contribuyen menos del 1% de las emisiones contaminantes que están calentando el planeta.

SATISFACCIÓN GENERAL, PERO CON RESERVAS

Los ecologistas han mostrado su satisfacción porque el texto incluye alusiones a la gravedad del calentamiento y alude a la reducción de emisiones que pide el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

Greenpeace cree que “los gobiernos han tomado la decisión correcta. Han empujado al mundo hacia el acuerdo justo, ambicioso y legalmente vinculante que el clima necesita (…) pero queda todavía mucho camino por recorrer para salvar el clima”.

Y lo mismo manifestó el presidente mexicano, Felipe Calderón: “Cancún ha sido un éxito, sobre todo, porque se ha dado un paso muy grande, al restablecer la confianza de la comunidad internacional en el multilateralismo como la mejor fórmula, complicada, abigarrada, pero al final de cuentas, la fórmula con la que contamos para ponernos de acuerdo como humanidad“.

Así con todo, el acuerdo impulsado por Mexico crea una especie de Frankiotostein, como lo define una analista argentina.

Congela la decisión sobre la prórroga de Kioto más allá de 2012 y obliga a los 194 países a decidir en próxima cumbre -que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica) en diciembre de 2011- si el tratado se renueva o se entierra para fusionar a los 37 países de Kioto con EEUU, China y compañía en un acuerdo global.

El cambio climático es uno de los desafíos más formidables a los que ha de enfrentarse la humanidad en el próximo futuro, pero su naturaleza hace muy difícil actuar contra él.

Las medidas preventivas son el aumento del papel de las energías renovables, la disminución de la intensidad energética de nuestras economías y un transporte menos dependiente de los derivados del petróleo.

Solo si EE UU y China aceptan la responsabilidad que les corresponde, podremos llegar a acuerdos eficaces.

Mientras tanto, hoy hemos sabido que el glaciar Ameghino (en el sur de Argentina) ha retrocedido cuatro kilómetros en casi 80 años “por causa del calentamiento global”.

Fuente: Greenpeace

Las dos imágenes, una tomada en 1931 y la otra en marzo pasado, evidencian la disminución la masa de hielo del glaciar que está ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz.

AHORA O NUNCA

“Simplemente pienso  que esta es una oportunidad realmente histórica. Todo se ha venido juntando. Tenemos una conciencia cada vez mayor de la urgencia, así que sabemos que necesitamos reducir la  contaminación que causa el calentamiento climático. Al mismo tiempo, tenemos esta oportunidad de lograr nuevas formas de energía para Estados Unidos, de impulsar una economía de energía limpia y también proteger a la fauna silvestre para el futuro de nuestros hijos. Esto es realmente por lo qué yo me dedico a esta actividad.  Sencillamente creo que es tan importante que tomemos medidas ahora para proporcionar un mejor mundo a nuestros hijos“. (Paul Epstein, director asociado del Centro para la Salud y el Ambiente Mundial, de la Facultad de Medicina de Harvard)

¿Estamos a tiempo? ¿Aún hay esperanza?

Quiero pensar que sí.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán


Hungría, al rojo vivo

Da igual adónde se dirija la mirada. No hay otro color que el rojo.

La razón: la rotura de una balsa con residuos de una empresa fabricante de aluminio situada a 165 kilómetros al oeste de la capital, Budapest. La ola tóxica de lodo rojo se tragó el pasado lunes por unos momentos las poblaciones de Kolontar y de Devecser.

El millón de metros cúbicos de barro -más corrosivo que la lejía- ha dejado la marca de su paso en árboles, viviendas, vehículos; todo está enfangado y teñido de rojo.

Como consecuencia, han muerto ya siete personas, hay 150 heridos y los equipos de rescate continúan trabajando en la búsqueda de personas que permanecen desaparecidas.

Caminando con dificultad, la población húngara en esa zona ha salido despavorida de sus casas. Se cubren la boca con mascarillas. No es para menos…

Parece que las víctimas mortales lo han sido por ahogamiento. El resto de afectados ha sufrido, principalmente, quemaduras en la piel irritación en los ojos, provocadas por el contacto con el plomo y otros elementos corrosivos presentes en este barro.

El ‘barro rojo’ de Hungría no es tóxico precisamente por el aluminio. Un metal que se utiliza de hecho en el tratamiento de algunas alteraciones dermatológicas, como la hiperhidrosis (exceso de sudoración). El componente realmente dañino del vertido es el hidróxido sódico (más conocido como sosa cáustica), que se utiliza como base química para obtener el aluminio.

Este compuesto es tan corrosivo que -si no se limpia bien- continúa penetrando desde la superficie de la piel hacia el interior del organismo, provocando quemaduras de máximo grado. Dependiendo de la gravedad, el tratamiento va desde un lavado con suero fisiológico hasta injertos de piel.

Además, si en la escala de pH (que oscila de 0 a 14) la solución derramada tiene una puntuación de 14 -en condiciones normales es de sólo siete-, quiere decir que la corrosión es máxima.

La organización ecologista GREENPEACE ha puesto la voz en el cielo. Este fin de semana ha presentado un informe que da cuenta de los altos niveles de arsénico analizados in situ. Según las muestras recogidas en Kolontar un día después de la catástrofe, se habrían liberado al medio ambiente cincuenta toneladas de dicho componente tóxico.

El arsénico es altamente perjudicial para las plantas y los animales; y puede acumularse en tejidos de seres vivos. Además -anuncian- puede provocar daños en el sistema nervioso, sobre todo en invertebrados y seres humanos.

El mercurio puede entrar en la cadena alimentaria, especialmente a través del pescado. También puede acularse y, como el arsénico, puede causar daños en el sistema nervioso.

“Cuando se encuentran en un pH elevado, como el que presenta el lodo rojo, estos contaminantes se encuentran relativamente bien adheridos y es más difícil que se liberen al medio, sin embargo, con la disminución del valor del pH (como está ocurriendo en los ríos) se produce un efecto de dispersión por el entorno”.

Inauditas las explicaciones de la empresa Magyar Aluminum (MAL), que en todo momento se ha desentendido del vertido que causó el lunes y que amenaza el Danubio. En un comunicado, califica la ola roja como “una catástrofe natural” y afirma que fue “imposible de predecir”.

MAL -firma del orgullo comunista privatizada y vendida a un millonario húngaro en 1995- insiste en que su residuo no es peligroso y ha ofrecido unos 110.000 euros en ayuda de emergencia a las dos localidades afectadas. La reparación del escape costará millones de euros.

La firma guardaba un atronador silencio desde el lunes. Sus portavoces ni devolvían las llamadas. Ahora admite que su política de comunicación quizá no fue la adecuada por ser demasiado “poco emotiva” hacia las víctimas.

Asimismo, explica que se deslizó la esquina de su balsa número 10, pero que entre el 96% y el 98% del barro rojo sigue en la presa. Y dice que la UE no incluye el barro rojo en su lista de residuos tóxicos.

El director de WWF en Hungría, Gábor Figeczky, juzga un sarcasmo la respuesta: “La mayor parte del barro sigue dentro, pero lo que ha salido es el líquido que estaba encima del barro. Eso es lo que es muy alcalino y corrosivo. Ha muerto una persona por las quemaduras, que le digan que no es tóxico”.

Que la balsa era un riesgo era conocido. En 2001, Hungría la incluyó en la lista de instalaciones potencialmente peligrosas para el río Danubio a instancias de la Comisión Internacional para la Protección de Danubio.

Lo cierto es que que hay riesgo de rotura de la balsa. Así se ha constatado en las últimas horas, al verse que la presa que contiene el derrame se ha debilitado aún más.

Ahora, según ha explicado el jefe de la Unidad de Desastres Naturales de Hungría, “hay que cerrar la rotura del dique, limpiar el lodo de los muros de las casas y las calles (con máquinas y excavadoras) y proteger el agua para consumo humano“. Por ello, los equipos de limpieza están colocando yeso en un río cercano para ayudar a neutralizar el vertido.

Además, se están haciendo grandes esfuerzos para evitar que el lodo rojo llegue al Danubio, el 2º afluente más grande de Europa.

Las historias se repiten, como el desastre que en España amenazó a Doñana el 25 de abril de 1998.

Entonces, 4.600 hectáreas de la cuenca del río Guadiamar en Aznalcóllar (Sevilla) amanecieron cubiertas de aguas ácidas y lodos procedentes de desechos que se almacenaban en una balsa minera explotada por la multinacional sueca Boliden.

La rotura de la presa vertió 4,5 millones de hectómetros cúbicos de desechos con una alta concentración de cinc y arsénico. Puro veneno para la tierra, la vegetación y la fauna de la zona. Pero las dimensiones del desastre podían multiplicarse si el vertido corría río abajo y llegaba al Parque Nacional de Doñana, hogar o zona de paso de decenas de especies protegidas.

La actuación inmediata sobre un vertido 100 veces mayor que el del petrolero ‘Prestige’ movilizó a cientos de personas. Se construyeron tres diques con los que se consiguió desviar el cauce del río y alejar del parque natural las aguas contaminadas. Después, vinieron más de tres años de trabajo para retirar el lodo y limpiar las tierras contaminadas.

Doñana, 1998 – actualidad

Transcurridos doce años, casi todo está mejor que, incluso antes del vertido. A lo largo de más de sesenta kilómetros, el Guadiamar ha recuperado su función de cuenca de conexión ecológica entre los ecosistemas marismeños de Doñana y los de la sierra del Norte de Huelva.

Alrededor de 240 millones, costó a las administraciones frenar el vertido y reparar sus consecuencias. Pero la empresa Boliden sigue, a día de hoy, sin pagar ni un euro de aquella inversión y las administraciones continúan a la espera de que se resuelva el contencioso abierto contra los bienes de la empresa en Suecia.

En España existen 988 balsas con residuos minerales, de las cuales nada menos que 542 se encuentran abandonadas, sin que esté del todo claro qué tipo de control estén ejerciendo sobre su estado las administraciones central y autonómicas.

Ahora, la marea del Danubio viene a recordar el largo camino que queda para erradicar estas amenazas.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

No sin mi H2O

Se acerca el verano. Y con el buen tiempo, el aumento del consumo de agua.

Es un componente de nuestra naturaleza que ha estado presente en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años, ocupando tres cuartas partes de la superficie del planeta. Su naturaleza se compone de tres átomos, dos de oxígeno que unidos entre si forman una molécula de agua -el H2O-, la unidad mínima en que ésta se puede encontrar.

El 70% del Planeta está cubierto por agua, pero sólo un 1% puede ser aprovechado por el ser humano.

Eso si lo sabemos aprovechar, claro.

Estos días, el Museu Marítim de Barcelona, acoge una exposición itinerante que ofrece el rostro de las víctimas del mal del uso del agua.

‘Agua, ríos y pueblos’ es el título elegido de esta retrospectiva donde se muestran cómo la avaricia, los intereses empresariales y las negativas políticas medioambientales de ciertos gobiernos intentan cambiar la geografía, el paisaje y la forma de vida de todos aquellos que sufren las consecuencia. Y a los que, por cierto, nadie les pidió su opinión para destruir cerros, hacer presas y pantanos.

Creando así un negocio privado de un bien público.

Contaminando de manera total y negando el futuro a otras generaciones.

A través de fotografías y testimonios directos, los afectados dejan de ser una fría estadística para comunicarnos en directo sus angustias, razones y esperanzas.

Según las Naciones Unidas, 1.100 millones de personas no tienen garantizado el acceso al agua potable; y como consecuencia de ello, unas 20.000 mueren cada día, en su mayoría niños.

Es cierto que gran parte del agua existente no es utilizable directamente por los seres humanos (por ser salada o estar en forma de hielo o vapor). Por otro lado, la diversidad climática hace que haya lugares áridos e incluso desérticos. Sin embargo, todos los pueblos se han asentado cerca de ríos, lagos, fuentes o en territorios donde las aguas subterráneas son accesibles a través de pozos.

Estas imágenes representan la cara amarga de un desarrollo mal entendido; son la estampa de los perdedores de una planificación hidráulica impuesta o inexistente. Recogen las voces hasta ahora silenciadas de quienes se han empobrecido mientras se contaminan sus ríos, sus lagos y sus mares.

La extracción abusiva de caudales, la desecación de humedales, la tala de bosques y manglares, junto a la fragmentación del hábitat fluvial por grandes presas han quebrado la vida de los ríos, haciendo desaparecer la pesca: la proteína de los pobres. En el Mar de Aral, el Lago Chad, la Amazonía, el Mekong, el Río Amarillo, el Paraná o en los manglares de América, Asia y África, la destrucción de pesquerías conlleva malnutrición y hambre para las comunidades ribereñas.

Hemos transformado el agua, elemento clave para la vida, en el agente más letal jamás conocido.

Entre 40 y 80 millones de ciudadanos han sido desalojados en el último siglo por la construcción de grandes presas, que en muchas ocasiones no tuvieron en cuenta los impactos ecológicos y humanos. Muchos de estos desalojados fueron expulsados violentamente de sus casas; desplazados a zonas no fértiles, sin historia o sin servicios.

Sólo en el siglo XX, se contruyeron 45.000 presas.

Nuestro país es el 1º del mundo con más embalses por habitante (30 por millón de españoles).

Luego está la agricultura intensiva, que es la principal consumidora de agua dulce a nivel mundial. Y la principal responsable de la disminución de las aguas subterráneas.

En España, se consume el 75% de los recursos hídricos y, sin embargo, se sigue regando de forma ineficiente en muchos lugares. El abuso de fertilizantes y plaguicidas causa la contaminación de los ríos y acuíferos con estas sustancias, lo que repercute -lógicamente- en la salubridad del agua.

Para que nos hagamos una idea, para producir un kilo de patatas, hacen falta 160 litros de agua; 1.500 litros para hacer crecer un kilo de maíz; y la cifra nada menos ezpeluznante de 15.000 litros para llegar a generar un kilo de carne vacuno.

Todo un despropósito, que nos tiene que hacer pensar sobre la consumición a veces excesiva de proteínas animales en nuestra dieta.

El turismo no ayuda tampoco. La oferta de “sol y playa” trae a las playas españolas millones de turistas cada año. Aumentando así de forma descontrolada la urbanización costera y, por ende, increscendo la demanda de agua. Y precisamente este incremento temporal de la población coincide con los meses y la época más seca.

Aparte, según datos de 2005, 6 de cada 10 municipios españoles no depuraban correctamente sus aguas.

De media, el turista consume el doble o incluso el triple de agua: de 440 a 880 litros por día y persona.

España tiene además el dudoso honor de encabezar la lista de los países más áridos de la UE. Un tercio de nuestro territorio sufre una elevada tasa de desertificación, y un 6% se ha degradado irreversiblemente.

265 litros de agua por cada español se consumen cada día.

Estamos en suma ante un verdadero holocausto hidrológico, en el que las víctimas son invisibles, lejanas y sin rostro; prescindibles en nuestra conciencia.

Con la exposición Agua, Ríos y Pueblos se propone dar la palabra a esas personas, a la vez víctimas y luchadores por un mundo más justo, digno y sostenible. Se trata de proyectar el perfil humano de los conflictos del agua en el mundo, dando posibilidad de expresarse a quienes más sufren y luchan. Tal vez no tengan la solución a los problemas; pero lo que no cabe duda es que los sufren en primera línea, y por ello merecen ser escuchados y tenidos en cuenta.

Expo hasta el 30 de mayo en Barcelona. Luego, se desplazará a Tarragona (julio y agosto de 2010), Tortosa (septiembre), Zaragoza (octubre), Vitoria-Gasteiz (noviembre), San Sebastián-Donostia (diciembre y enero de 2011) y Bilbao (febrero-marzo).

Soy de los que piensan que hay que ver el futuro en positivo, a pesar de los pesares.

Miremos la botella medio llena en lugar de medio vacía.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán


S.O.S. Planeta

Primero fue, como en Nochevieja, en Auckland (Nueva Zelanda). Luego le seguirían Australia, Singapore, China, Rusia, Europa, EE.UU., y así hasta cubrir numerosos puntos geográficos del globo terráqueo. Es lo que ayer ocurrió en todo el mundo y que, desde hace 30 años, lo conocemos como el Día de la Tierra.

Una jornada celebrada cada vez en más países desde que su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instaurara el 22 de Abril de 1970 este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales con un sólo objetivo: proteger el Globo.

Ahora, la organización ecologista World Wildlife Fund (WWF) ha recogido el guante a esta iniciativa. Y cada año que pasa espera siempre que a este día insólito -único por no estar relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales- se sumen cada vez más países comprometidos con la reducción de CO2.

4.000 ciudades repartidas en 125 países.

60 minutos “de gloria”…No es mucho, pero si una hora sin luz sirve de algo, bienvenida sea esta iniciativa para concienciar a gobiernos y ciudadanos de las graves repercusiones que tiene el no respetar el medio ambiente.

En España, cerca de 200 ciudades pusieron su granito de arena apagando las luces de monumentos y edificios emblemáticos.

Y parece que -según WWF- se batió un récord de participación, casi duplicando la registrada el pasado año en esta iniciativa que se ha convertido en el mayor movimiento global contra el cambio climático.

Falta que nos pongamos todos de acuerdo.

Kyoto, Copenhague,…donde sea.

Los dirigentes políticos del mundo no han negociado aún un acuerdo internacional sobre este cambio que afecta a especies y a nosotros mismos. Las numerosas conferencias de las Naciones Unidas están lejos de cumplir las mejores de las expectativas y las necesidades urgentes del planeta.

Porque al fin y al cabo, y perdonad que sea pesimista a este respecto, mientras China (potencia emergente) y los Estados Unidos (1ª potencia mundial) sigan sin reducir sus emisiones de carbono…no hay nada que hacer.

La industria, es decir, la economía y la pretensión de no perder un ápice de influencia sobre los demás Continentes pesa bastante. Mientras tanto, los demás, tendremos que aguantarnos.

Así funciona el mundo desde que lo creamos.

La Tierra se calienta. Los hielos se derriten. Y no es ciencia ficción. El clima está cambiando aceleradamente por culpa del ser humano. Algo tendremos que hacer para no destruir el lugar que nos da de comer.

¡No lo destruyamos!

¡No olvidemos donde estamos y lo que somos!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán