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‘Inside Job’

Y sigue subiendo… Sí, eso que se llama paro.

Según los datos proporcionados hoy mismo por el Ministerio de Trabajo e Inmigración, el volumen total de parados alcanzó en marzo la cifra de 4.333.669 desempleados. Su nivel más alto en toda la serie histórica comparable (que arranca en 1996), y el más elevado, por tanto, de los tres años de crisis que arrastra ya España.

Es decir, el 20,5% de las personas en edad de trabajar no tienen un empleo. Mientras tanto, en la eurozona el paro baja al 9,9%.

PP-PSOE o PSOE-PP. Da igual. Mismo da, da lo mismo.

Los unos poco aportan ya; los otros se callan, no vaya a ser que se sepa lo que piensan.

Los entendidos dicen que en algún momento la bomba tenía que explotar por algún lado.

Tanto ladrillo, tanto sector servicios, tan poca inversión en I+D… no iba a sernos de gran ayuda. Y así se ha visto desde la debacle en 2008, desde que comenzó la crisis financiera en EE.UU.

Hace unos días que el documental ‘Inside Job’ -que obtuvo este año el Oscar al mejor documental– llegó a nuestro país, y con bastante éxito.

Y es que, aunque no cuenta nada nuevo, mucho tiene que ver con el mensaje que lanza.

La última película de Charles Ferguson que pretende dar una nueva vuelta de tuerca a las causas de la crisis financiera mundial provocada por las hipotecas ‘subprime’.

En él, el actor Matt Damon -que apoyó a Barack Obama en su llegada a la Casa Blanca y por el que ahora muestra su decepción- narra la aterradora y compleja historia sobre el origen y los protagonistas de la crisis económica.

«Tengo que empezar destacando que tres años después de nuestra horrorosa crisis económica causada por un fraude masivo, ni un solo ejecutivo financiero ha ido a la cárcel, y esto está mal» fueron las palabras de su director en el escenario del Teatro Kodak de Los Angeles el pasado mes de febrero.

‘Inside Job’ es un documental que te enciende, que te conmueve, que te sacude.

Es necesario y a la vez terrorífico: tanto por ver la situación en la que estamos y a la que podemos llegar, como por la constatación de las medidas absurdas que se han tomado y de las atrocidades que se han permitido.

Juzgar la objetividad de alguien es tan difícil como ser objetivo.

Se podría decir que los autores del documental son bastante imparciales, o, por expresarlo de forma más llana: que reparten a diestro y siniestro.

En la parte última de la película sorprende conocer, por ejemplo, que el gobierno de Obama cuenta con muchos de los ministros o cargos que permitieron que ocurriese este hundimiento cuando gobernaban presidentes de ideas contrarias.

Muchos se quejan de que los documentales con contenido político o social predican al converso y, por lo tanto, no tienen efecto; y es que solo irá a verlos quien ya esté concienciado.

Error.

Si se viajase cinco o siete años al pasado y se colgasen en Internet y publicasen en periódicos lo que estaba detrás de las operaciones bancarias, los ciudadanos y políticos habrían continuado hipotecándose o permitiendo la compra de deuda, respectivamente.

Se presta muy poca atención a las advertencias, quizá por culpa del exceso de ruido informativo que recibimos.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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Alemania dice, el resto calla

La Unión Europea no consigue calmar a los mercados que renovaron ayer su presión sobre el euro y los bonos de las naciones periféricas de la eurozona.

En el centro de la crisis se encuentran no sólo estas naciones, sino el país más poderoso de la UE: Alemania.

Su canciller Angela Merkel frustró la petición del Fondo Monetario Internacional (FMI) de ampliar en 750.000 millones de euros el capital del fondo de apoyo al euro.

Un plan concebido como un parachoques contra los ataques de la especulación o el colapso económico de uno de los socios de la moneda única.

En un nuevo tira y afloja entre la canciller casi en solitario y el resto de los países del Eurogrupo, Alemania también descartó la emisión de eurobonos de deuda para apuntalar el fondo a partir de 2013.

Una inyección de capital que iría destinada a fortalecer los recursos para apoyar a los Gobiernos cuya deuda pública se vea nuevamente atacada.

“No veo la necesidad de aumentar el fondo”, zanjó el miércoles la canciller.

Por su parte, el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, considera que la oposición de Alemania a la emisión de eurobonos es una actitud antieuropea.

La tensión pues crece en el seno de la UE entre rescates de países miembros.

Así es Merkel.

Primero reticente al rescate de Grecia y después a la creación del actual sistema de apoyo, recordó que sólo se ha usado “un porcentaje muy pequeño” en ayudas a Irlanda.

De los 440.000 millones de euros que avalan los socios del euro, Irlanda sólo recibirá 17.700. Mientras que el resto provendrá de una partida de los presupuestos de la UE, el FMI y las contribuciones de Reino Unido, Suecia y Dinamarca.

La capacidad de maniobra en la gestión de la crisis se encuentra seriamente limitada.

Los mercados financieros detectan esta torpeza y responden con una acusada volatilidad y con un castigo a los diferenciales de los bonos públicos de las economías tenidas por periféricas.

Así las cosas, el Banco Central Europeo (BCE) tendrá que seguir ocupando el centro del ring en el encarnizado combate entre la eurozona y los mercados financieros.

Por lo que acaba de comprar 2.000 millones de euros en bonos soberanos.

AL RESCATE

La debacle griega a principios de año, puntapié inicial de la crisis del euro, se profundizó por las vacilaciones de Alemania que solo aceptó intervenir cuando el contagio a otros países de la eurozona amenazaba con convertirse en epidemia.

En octubre Alemania, convertida en parangón de rectitud fiscal europea, acordó con Francia un nuevo mecanismo para que los acreedores asumieran pérdidas en los pagos cuando una deuda no estaba en condiciones de ser pagada.

Dicho mecanismo estaba planeado para 2013 cuando expirase el actual Fondo de Rescate de la UE, pero los mercados financieros no entraron en sutilezas y -asustados- empezaron a desprenderse de los bonos de algunos países, encareciendo los préstamos para los llamados PIIGS: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

En el caso del Tesoro español, los intereses de la deuda son un 76% superiores a los que paga Alemania.

Los inversores exigen más rentabilidad a los bonos españoles porque creen que, dadas las circunstancias económicas, el Tesoro puede tener problemas de liquidez que -llevados a un caso extremo- podrían llegar a convertirse en dificultades de solvencia.

El mercado teme que España pase problemas.

La penaliza por ello.

Y así, eleva el coste de la deuda hasta niveles difícilmente soportables y esta situación termina generando efectivamente problemas de liquidez para el país.

Curiosamente, en los años en los que Alemania apenas crecía, el Banco Central Europeo le garantizó una política de tipos de interés extremadamente bajos -política que, por otra parte, contribuyó a alimentar las burbujas en los países que estaban siendo fiscalmente disciplinados-.

Pero cuando el resto de Europa necesitó de una política fiscal más expansiva en aquellos países que como Alemania se la podían permitir, esta fue bloqueada por una poderosa coalición formada por el Gobierno alemán, su banco central, su tribunal constitucional, y una opinión pública cada vez más beligerante contra los supuestamente manirrotos europeos del Mediterráneo.

Ahora, España está atrapado en un círculo y necesita romperlo. En esa línea van acciones de austeridad y privatizaciones como las aprobadas la semana pasada por Zapatero, que han “impresionado” al Eurogrupo, en palabras del propio Juncker.

Pero puede no ser suficiente, porque el mercado ya ha probado sobradamente, primero con Grecia y después con Irlanda, su capacidad para crear corrientes de tendencia difícil de revertir.

EURO: HUNDIMIENTO O SALVACIÓN

Merkel choca con dos obstáculos internos: uno político, otro institucional.

A nivel político las encuestas y los diarios populares dejan en claro diariamente que hay escasa simpatía por los rescates a países que son vistos como ineficientes o corruptos.

El rey de los tabloides sensacionalistas alemanes -el Bild lo resume así:

“¿Vamos a tener que rescatar a toda Europa?”

A nivel institucional, el problema pasa por la Corte Constitucional alemana.

La eurozona se rige legalmente por el tratado de Maastricht (firmado en 1992 ) que incluía entre sus cláusulas un pacto fiscal con un tope del 3% para el déficit fiscal, así como la prohibición de que un miembro fuera rescatado por otros en caso de incumplirlo.

La Corte Constitucional está examinando si el rescate aprobado en mayo para Grecia por la Unión Europea y el FMI no viola el tratado.

Si a pesar de todo Merkel defiende al euro es porque un derrumbe de la moneda única europea sería tan costoso para Alemania como para el resto de la eurozona.

Antes -el pasado 3 de diciembre- Merkel advertiría por primera vez que su país podría abandonar el euro para establecer un nuevo régimen de la moneda única.

Según José Fernández Albertos -científico titular del CSIC (Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos se pueden hacer dos interpretaciones del comportamiento del país germano: La primera admite que Alemania no está dispuesta a dejar fracasar el euro. Si la política hoy dominante -que la carga del ajuste caiga en los países periféricos- acaba siendo inviable, a Alemania no le quedará más remedio que volverse europeísta y arrimar el hombro. Pero solo lo hará cuando el euro esté en situación crítica, porque solo entonces Merkel podrá convencer a la sociedad alemana de las impopulares decisiones que habrán de tomarse, como la europeización de la deuda pública, la creación de un Fondo Monetario Europeo o el cambio de las reglas de gobernanza macroeconómica en la eurozona. Cuanto más se pueda retrasar ese momento endureciendo las políticas fiscales de la periferia, mejor. (…)

La otra interpretación, añade Fernandez Albertos, es: Sencillamente, lo que hemos presenciado es una muestra de que Alemania no está dispuesta a sacrificar los principios orientadores de su política económica nacional para salvar la unión monetaria. Si así fuera, el futuro del euro quedará en manos de la capacidad de sacrificio de las economías y sociedades de los países de la periferia en términos de desempleo, recortes en Estado de bienestar y estancamiento económico. Y como bien saben quienes están especulando en los mercados de deuda de estos países, la capacidad de aguante de las sociedades democráticas no es infinita.

EL MILAGRO ALEMÁN

La economía puede ser la salida de este laberinto.

La recesión mundial de 2009 golpeó duramente a la economía germana, segundo exportador global, que sufrió una caída de casi un 5%.

Este año se calcula un crecimiento del 4%.

Más importante aún, hay señales de algo que solía faltar en el engranaje alemán: un mayor consumo.

A la sombra de la hiperinflación de los años 20, los alemanes generaron una cultura ahorrativa y cautelosa. Pero la actual recuperación económica y cambios generacionales están generando una explosión de consumo que, según el consejo económicio asesor alemán, debería aumentar un 1,6% el año próximo.

Ese es, quizá, el quid de la cuestión: una Alemania consumidora podría tener una de las llaves para la recuperación de una eurozona cuyo mayor problema no es la deuda, el déficit o los mercados sino la falta de crecimiento.

EL TAMAÑO DE ESPAÑA IMPORTA

Al igual que el rescate de Grecia en mayo, el de Irlanda fue anunciado con bombos y platillos como la vacuna que evitaría el contagio a otros países de la eurozona.

En términos epidémicos la duda era si no se llegaba tarde para Portugal, pero se calculaba que los 85.000 millones de euros para Dublín serían una muralla que protegería el área peligrosa de la eurozona: España.

La economía española representa el 9% de la Unión Europea más que Portugal (1,4%), Irlanda (1,4%) y Grecia (2%) juntos.

La deuda española en relación al PIB no es fuerte (53,2%), pero su déficit fiscal sí (11,1%)

En el caso de Italia (12,9% del PIB europeo) el problema es el inverso: su deuda es un 116% del PIB mientras que su déficit fiscal es un 5%.

En todo caso…

Un rescate de España desbordaría los fondos de la Facilidad de Estabilidad Financiera Europea, un fondo de 600.000 millones de dólares constituida tras la crisis griega para calmar a los mercados con un mensaje de solvencia en la eurozona.

A finales de abril se vencen 15.500 millones de euros en bonos estatales, y unos 35 mil millones de deuda de los bancos españoles.

Por lo que no sorprende que los inversores y la Union Europea estén un poco inquietos.

La pregunta es: ¿no se acordaron un poco tarde?

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Grecia. Tiempo de cambios

La caída de Irlanda

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

La caída de Irlanda

Primero fue Grecia, ahora le ha tocado a Irlanda.

Quién sabe si el efecto roll-on afectará a Portugal, o incluso a España.

Lo cierto es que el Gobierno irlandés de Brian Cowen ha anunciado esta tarde el nuevo plan de ajuste que el ejecutivo impondrá al país en los próximos cuatros años, y que supondrá un ahorro de 15.000 millones de euros.

“Esto es lo que se tiene que hacer” es lo que acaba de decir el presidente de una nación que se enfrenta al recorte de 2.800 millones de euros en prestaciones sociales.

En definitiva, un plan de ajuste en el que el tijeretazo al gasto público se lleva la peor parte (10.000 millones de euros) y las tímidas subidas de impuestos apenas suponen otro tercio de la financiación que necesita el país para lograr bajar su deuda al 3% del PIB para 2014.

El paquete de medidas recorta radicalmente los subsidios al desempleo. Además, en la búsqueda de crear nuevos puestos de trabajo, el Gobierno ha recortado en un euro el salario mínimo por hora, hasta los 7,65 euros.

En cuanto a las pensiones, el Ejecutivo refuerza el plan que ya había presentado en primavera en el que quiere incrementar la edad de jubilación hasta los 66 años para 2014; y seguir con un ascenso progresivo que lleve a los 67 años en 2021, y a los 68 años para 2028 como edades mínimas para tener acceso a las prestaciones por retiro.

Hasta 7.000 millones de euros de gasto corriente serán eliminados.

En estas reducciones también se contempla la eliminación de trabajadores públicos. Hasta 24.750 perderán su empleo.

Con la previsible fecha (7 de diciembre) de la aprobación de este ajuste, se subirá además el IVA de forma gradual desde el actual 21% hasta el 22% para 2013, y el 23% en 2014. Se crean impuestos nuevos sobre el agua, al tiempo que se traza el camino para una suerte de fiscalidad verde, una concesión del Gobierno de Cowen a sus aliados en el Gobierno, el Green Party.

Así pues, números y más números para una economía -la europea- que cada vez ve más acortada su cuenta de resultados y de posibles rescates futuros a otros estados.

Está demostrado que no basta con hacer los deberes.

Las fuerzas especulativas del mercado están desatadas y los gobiernos se muestran impotentes ante su furia avasalladora.

El Ejecutivo de Zapatero ha aprobado el mayor plan de ajuste de la democracia, ha impuesto una durísima reforma laboral, está decidido a cercenar más derechos mediante la reforma del sistema de pensiones, y, a pesar de ello, la desconfianza de los tiburones financieros en la deuda española alcanzó ayer cotas desconocidas desde hace 15 años.

Basta que los mercados piensen así -aún no siendo cierto- para que se haga realidad.

La vicepresidenta segunda y ministra de Economía del Gobierno, Elena Salgado, lo ha dicho hoy: que España está en las “mejores condiciones” para resistir el acoso de los mercados.

Lo que se está viendo, es una cosa clara.

Que, además de una crisis profunda del capitalismo, es un fracaso estrepitoso del proyecto europeo.

Y cuyos líderes no han tenido durante los últimos años la altura de miras para acompañar la unidad económica con una unidad política.

En la cocina de esta nueva fase de la crisis de la deuda soberana, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy han aportado el ingrediente explosivo: que los contribuyentes europeos no pueden seguir pagando todos los platos rotos (¡a buenas horas mangas verdes!).

Y que, a partir de 2013, el nuevo mecanismo que sustituirá al fondo creado el pasado mayo tendría que contemplar la quita de una parte del valor de los bonos. Pero con el lanzamiento de esta iniciativa en medio de una gran volatilidad en los mercados de deuda, los depositantes de los bancos irlandeses comenzaron a retirar fondos de sus cuentas.

Fue la bomba que faltaba para relanzar la crisis.

Parecería que el fantasma del ex presidente argentino Néstor Kirchner -recientemente fallecido- está ahora mismo recorriendo Europa. Es decir: el espectro de reestructurar la deuda exterior con acreedores bancarios y tenedores de bonos.

La Eurozona tiene en sus manos la posibilidad de aplicar con ingenio lo que constituye uno de los casos más extremos de las finanzas internacionales.

Pero hasta ahora, lo que ha decidido es reeditar la peor parte de esa experiencia, es decir, el programa de austeridad fiscal que impuso el FMI y que condujo a la suspensión de pagos.

En el caso de Irlanda, se trataría sobre todo de conceder aquellos préstamos y garantías necesarios para sacar al país de los mercados de deuda al tiempo que se aplica un plan de relanzamiento fiscal, todo lo contrario de la contracción que se le está proponiendo.

Si se trata de salvar al euro, el camino es el relanzamiento, no la contracción.

En todo caso, el mensaje -más que peligroso- que se está transmitiendo a los ciudadanos es que cada Estado ha de salvarse como bien pueda…

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Batacazo demócrata

Gran noche electoral -la de ayer- para el Partido Republicano, que ha conseguido más escaños de los que necesitaba para obtener el control de la Cámara de Representantes en Estados Unidos; y que ha demostrado una renovada vitalidad para luchar por la presidencia en 2012.

Serio voto de castigo para Barack Obama, que se verá obligado a reacomodar su proyecto a la nueva realidad política de Washington.

En síntesis, mal resultado para el Partido Demócrata, que conserva por la mínima el control del Senado.

No es la primera vez, sin embargo, que el color del Congreso y el de la Casablanca no es el mismo. Ya ocurrió en 1994 con Bill Clinton, aunque en aquella ocasión, la diferencia entre los dos grandes formaciones no fue tan amplia como en ésta.

Así pues, estas elecciones -marcadas por la crisis económica y el desempleo (que no baja del 9%)- han dejado en evidencia la volatilidad de la situación política en EE.UU, que pasó de George Bush a Barack Obama para devolver dos años después parte del poder al partido del anterior presidente.

En una campaña en la que su presidente no ha ahorrado esfuerzos ni parece haber escurrido el bulto, Obama hizo una confesión que justificaba parcialmente su derrota: “Probablemente hay un orgullo perverso en mi Administración -y yo asumo la responsabilidad por ello- de que íbamos a hacer lo que había que hacer aunque fuese impopular a corto plazo”.

Son las palabras de un honesto gestor, pero también de un mal político.

Obviamente, no ha acertado.

Se enfrenta pues a una situación en la cual después de los billones de dólares inyectados para salvar al sistema financiero y de los 787.000 millones de dólares de estímulo fiscal para relanzar la economía, ésta no responde como solía después de las clásicas recesiones cíclicas en EEUU. Esa situación tiene un nombre en inglés: stagnation. O sea: estancamiento.

Es la misma enfermedad con la cual se enfrenta Zapatero en España.

Ayer, el presidente del Gobierno y el jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, Javier Vallés, reconocieron sin decirlo que el crecimiento del PIB en el tercer trimestre ha sido cero.

Esa admisión sale de su énfasis en que “la economía no ha retrocedido”, y que el PIB del tercer trimestre registrará la primera tasa interanual positiva respecto al mismo trimestre de 2009.

¿Y la evolución intertrimestral? “No ha retrocedido”. Blanco y en botella: cero.

El Banco de España se temía una caída del 0,2%, luego algo menos; y finalmente parece que el incremento de las exportaciones y la reducción de las importaciones ha permitido compensar la fuerte caída del consumo.

Ambas declaraciones, que reconocen una recuperación muy lenta del empleo, han tenido lugar horas antes de que se conociera hoy el dato de paro registrado de octubre, y que ha aumentado en más de 68.000 personas -y por tercer mes consecutivo-.

Pero en tanto que nuestro país carece de política monetaria propia, y ha perdido en mayo su política fiscal, EEUU conserva ambas. Mientras tanto, se espera que la Reserva Federal (el Banco Central Norteamericano) anuncie hoy un paquete de compras de bonos de deuda pública (inyección de liquidez) para dar vida a la recuperación de una economía enferma de estancamiento.

La política global todavía es americana.

No hace falta ni siquiera que se produzca una elección presidencial para que la atención de medio planeta se fije en el funcionamiento de las urnas en Estados Unidos.

Sabemos cómo va a condicionar la acción internacional del presidente Obama, a la cabeza de la que es y seguirá siendo todavía durante largo tiempo la primera superpotencia.

Pero estamos también atentos a las decisiones que marcan tendencia en el mundo, como es el caso de la iniciativa popular para la legalización de la marihuana, derrotada anoche en California.

En algunos lugares del planeta como Oriente Próximo la correlación de fuerzas entre el Congreso y la Casa Blanca se observa con la misma o incluso mayor atención que los avatares de la política global.

Las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos se hallan paralizadas por los desacuerdos entre los negociadores sobre los asentamientos judíos en territorio palestino, pero sobre todo pendientes del nuevo rumbo que tomará Obama a partir de ahora.

Estados Unidos ya no es la superpotencia única -capaz de dictar en solitario el rumbo global-, pero la mayoría del planeta no tiene otra referencia en la que buscar las señales que nos orienten. Las otras potencias sólo emiten señales para sí mismas o emiten señales confusas o ni siquiera permiten que nos asomemos a sus decisiones.

Todo un encaje de bolillos, que no sabemos cómo lo remendará Obama si quiere salir de nuevo electo dentro de dos años.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

¿Trabajar + por -?

La actual crisis económica ha hallado la forma de salir de ella: los trabajadores deben “trabajar más y ganar menos“.

Al menos, eso es lo que piensa el presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), Gerardo Díaz Ferrán. Lo ha dicho esta semana.

Y lo afirma el que preside a los empresarios de este país, y además el de otras compañías deficitarias tales como Viajes Marsans AirComet; una aerolínea que debe 16 millones de euros a la Seguridad Social, así como entre dos y cuatro nóminas a sus 900 trabajadores.

Pero volvamos a los que nos atañe.

Díaz Ferrán cree que no se trabaja lo suficiente en España, algo que según él, supone un lastre para la economía. El líder de la patronal -quien tiene los días contados- ve una deficiente productividad de los ciudadanos y reduce la situación a un tema de horas por semana.

Al principio de la democracia se trabajaban 48 horas semanales, que han pasado a ser 40 oficiales.

Pero de las que, en realidad, sólo son efectivas 38 horas, explica. Así pues, el patrón de patronos entiende que es imposible estar trabajando 38 horas y pensar que se va a salir de la crisis”. Del mismo modo, considera que es “imprescindible” ganar menos.

Y yo me pregunto: ¿Es lo mismo que, por ejemplo, al presidente de El Corte Inglés, a un futbolista cotizado, a un banquero, a un alto dirigente político, o a un empresario que llegue a ganar 12.000 € mensuales (y tiro por lo bajo) se le reduzca el salario lo mismo que a un mileurista, a un trabajador del sector servicios, o a un hombre/mujer que a lo que más puede aspirar es a un suelo de más de 1.ooo €?

¿De verdad todo el mundo trabaja de manera igualitaria?

Me temo que no. Por lo que estas declaraciones, a todas luces, distan mucho de lo deseable. A no ser -claro está- que quien las hace viva “por encima de sus posibilidades”, o que sólo piense en su propio beneficio a costa de los demás.

Ferrán que puede estar en sus últimos días al frente de la CEOE, no ha hecho más que echar más leña al fuego.

Pero las reacciones a este mal augurio no se ha hecho esperar. El ministro de Fomento y vicesecretario general de los socialistas, José Blanco, ha afirmado que el presidente del mundo empresarial “no es el mejor ejemplo” para hablar de “trabajar más y ganar menos” porque él “ha ganado mucho, trabajando poco y explotando a muchos.

De lo que no hay duda es que España roza en la actualidad el 16% de desempleo, la tasa más alta de toda la UE. Incluso por delante de otros países de la eurozona con no tan buena fortuna económica como Grecia, Portugal o Irlanda.

A día de hoy, el salario mínimo interprofesional español es de 633,30€ al mes. Una cifra que dista -y mucho- de los 1.610€ de Luxemburgo o de los 1.148€ del Reino Unido. Algo falla.

Lo que es vox populi es que, en contra de las estimaciones del Ejecutivo de Zapatero, las previsiones del Banco de España pintan un panorama desolador a corto plazo. Y es que frente a las últimas previsiones del Gobierno que apuntaban a una caída del PIB 1.6% en 2009, y la vuelta al crecimiento del 1.2% en 2010, el organismo supervisor cree que no habrá una “recuperación incipiente” hasta finales del año que viene.

De hecho, los estudios menos esperanzadores hablan de una tasa media de paro que rondará entre el 17,1% y el 19,4% al finalizar este año. Unos cálculos que ya ni siquiera desestima el PSOE.

Dicho esto, Díaz Ferrán ha pedido a los sindicatos que “se pongan las pilas” y cumplan el acuerdo de negociación colectiva vigente hasta 2012, que prevé incrementos salariales no superiores al 1%. Vamos, que ni pa pipas

En todo caso, las declaraciones del presidente de la CEOE no han dejado indiferente ni a la UE. El miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), José Manuel González-Páramo ha asegurado que no se necesita para salir de la crisis “trabajar más y cobrar menos”, sino mejor y ser más productivos. Y añade que, si finalmente esto supone trabajar más horas, dependerá de lo eficiente que sea cada uno con el uso de las tecnologías.

En esto hay algo cierto. Y es que tenemos que producir más y mejor para poder competir de manera más eficiente.

El problema es que si no se invierte más dinero ni esfuerzos en I+D, en educación o en mano de obra cualificada, no hay nada que hacer.

Ya sabemos que la principal causa de la crisis en este país ha sido la desproporción entre la oferta y demanda en el sector de la construcción, así como la facilidad de endeudamiento privado (por los bajos tipos de interés).

Y, claro, que este y otros gobiernos no han sabido adelantarse a los demás; y han sabido vivir bien, sin muchas preocupaciones. Es lo que yo denomino ‘esencia latina’.

Y así nos va…

Lo mejor será tomarse todo esto a risa.

Al menos, para algo habrá servido pertenecer a esta entidad que se conoce como ‘la Europa social‘. Que si no, íbamos bien con personajes como Díaz Ferrán. Con él viviríamos todavía en la época de los Cro-magnon.

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

¡Bravo!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán