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El bla, bla,.. de ZP y Rajoy

Es norma que todos los 22 de diciembre se pare el mundo.

Entra el invierno, la lotería de Navidad acude a su cita anual, como el frío polar, y todos estamos seguros -por fin, después de muchos meses de dudas- que no se sabe todavía si Zapatero será el próximo candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno.

Por una parte, todo esto es bueno: hay un orden, sin sobresaltos; y las incertidumbres suelen provocar estrés.

Es decir… que nada se sabe de la sucesión de Zapatero, salvo él y una persona de confianza -aparte de su mujer, claro-.

Lo que llama la atención es que sea ahora cuando, de repente, nos sale con eso de que ya lo tiene decidido, sin dar más detalles.

Tampoco importa tanto, a año y medio de las elecciones generales.

Aunque sí importaría su futuro, pero tras las municipales de 2011.

Ahora, no.

En todo caso, ya se ha puesto en marcha el cronómetro para que se desvele el secreto peor guardado de los últimos tiempos.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Mientras tanto, Mariano Rajoy se mantiene en la penumbra.

Su estrategia consiste en no hacer ruido y en solemnizar lo obvio.

¿Que cómo sería la Justicia si él estuviera en la Moncloa? Ágil, claro. ¿Y la negociación colectiva? Flexible. ¿A quién beneficiaría su reforma fiscal? A los emprendedores, lógicamente. ¿Establecería techos de gasto y deuda para las administraciones aunque ahora ya existan? Obviamente, porque los techos de Rajoy son más bonitos y si uno apaga la luz ve estrellas fosforescentes. ¿Quién estaría en su Gobierno? Los mejores, naturalmente.

Rajoy no quiere que sepamos para que no nos preocupemos. De ahí que sólo nos deje atisbar sus propósitos a través de una escueta mirilla.

Su reforma laboral sería otra, cambiaría el sistema de pensiones de otra manera, recortaría el gasto de forma distinta y fomentaría el empleo de modo diferente.

Si por casualidad descubrimos sus verdaderas intenciones, como es derogar la ley del matrimonio homosexual, cambia el tiro a toda prisa para no asustar.

Antes escucharía a la gente, posiblemente a Mayor Oreja, que dice que estas uniones chocan con el sentido común.

Mientras se constata el envejecimiento de la población, es preocupante que algunos políticos nos traten como a menores de edad.

Zapatero prefiere ocultarnos si será o no el candidato, justamente lo único que Rajoy está dispuesto a desvelar.

Eso se llama no decir toda la verdad. Estos políticos tienen más secretos como peces tiene el océano.

Dan ganas de decirles que con su pan se lo coman, si no fuera porque el pan con el que juegan es el nuestro.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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La caída de Irlanda

Primero fue Grecia, ahora le ha tocado a Irlanda.

Quién sabe si el efecto roll-on afectará a Portugal, o incluso a España.

Lo cierto es que el Gobierno irlandés de Brian Cowen ha anunciado esta tarde el nuevo plan de ajuste que el ejecutivo impondrá al país en los próximos cuatros años, y que supondrá un ahorro de 15.000 millones de euros.

“Esto es lo que se tiene que hacer” es lo que acaba de decir el presidente de una nación que se enfrenta al recorte de 2.800 millones de euros en prestaciones sociales.

En definitiva, un plan de ajuste en el que el tijeretazo al gasto público se lleva la peor parte (10.000 millones de euros) y las tímidas subidas de impuestos apenas suponen otro tercio de la financiación que necesita el país para lograr bajar su deuda al 3% del PIB para 2014.

El paquete de medidas recorta radicalmente los subsidios al desempleo. Además, en la búsqueda de crear nuevos puestos de trabajo, el Gobierno ha recortado en un euro el salario mínimo por hora, hasta los 7,65 euros.

En cuanto a las pensiones, el Ejecutivo refuerza el plan que ya había presentado en primavera en el que quiere incrementar la edad de jubilación hasta los 66 años para 2014; y seguir con un ascenso progresivo que lleve a los 67 años en 2021, y a los 68 años para 2028 como edades mínimas para tener acceso a las prestaciones por retiro.

Hasta 7.000 millones de euros de gasto corriente serán eliminados.

En estas reducciones también se contempla la eliminación de trabajadores públicos. Hasta 24.750 perderán su empleo.

Con la previsible fecha (7 de diciembre) de la aprobación de este ajuste, se subirá además el IVA de forma gradual desde el actual 21% hasta el 22% para 2013, y el 23% en 2014. Se crean impuestos nuevos sobre el agua, al tiempo que se traza el camino para una suerte de fiscalidad verde, una concesión del Gobierno de Cowen a sus aliados en el Gobierno, el Green Party.

Así pues, números y más números para una economía -la europea- que cada vez ve más acortada su cuenta de resultados y de posibles rescates futuros a otros estados.

Está demostrado que no basta con hacer los deberes.

Las fuerzas especulativas del mercado están desatadas y los gobiernos se muestran impotentes ante su furia avasalladora.

El Ejecutivo de Zapatero ha aprobado el mayor plan de ajuste de la democracia, ha impuesto una durísima reforma laboral, está decidido a cercenar más derechos mediante la reforma del sistema de pensiones, y, a pesar de ello, la desconfianza de los tiburones financieros en la deuda española alcanzó ayer cotas desconocidas desde hace 15 años.

Basta que los mercados piensen así -aún no siendo cierto- para que se haga realidad.

La vicepresidenta segunda y ministra de Economía del Gobierno, Elena Salgado, lo ha dicho hoy: que España está en las “mejores condiciones” para resistir el acoso de los mercados.

Lo que se está viendo, es una cosa clara.

Que, además de una crisis profunda del capitalismo, es un fracaso estrepitoso del proyecto europeo.

Y cuyos líderes no han tenido durante los últimos años la altura de miras para acompañar la unidad económica con una unidad política.

En la cocina de esta nueva fase de la crisis de la deuda soberana, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy han aportado el ingrediente explosivo: que los contribuyentes europeos no pueden seguir pagando todos los platos rotos (¡a buenas horas mangas verdes!).

Y que, a partir de 2013, el nuevo mecanismo que sustituirá al fondo creado el pasado mayo tendría que contemplar la quita de una parte del valor de los bonos. Pero con el lanzamiento de esta iniciativa en medio de una gran volatilidad en los mercados de deuda, los depositantes de los bancos irlandeses comenzaron a retirar fondos de sus cuentas.

Fue la bomba que faltaba para relanzar la crisis.

Parecería que el fantasma del ex presidente argentino Néstor Kirchner -recientemente fallecido- está ahora mismo recorriendo Europa. Es decir: el espectro de reestructurar la deuda exterior con acreedores bancarios y tenedores de bonos.

La Eurozona tiene en sus manos la posibilidad de aplicar con ingenio lo que constituye uno de los casos más extremos de las finanzas internacionales.

Pero hasta ahora, lo que ha decidido es reeditar la peor parte de esa experiencia, es decir, el programa de austeridad fiscal que impuso el FMI y que condujo a la suspensión de pagos.

En el caso de Irlanda, se trataría sobre todo de conceder aquellos préstamos y garantías necesarios para sacar al país de los mercados de deuda al tiempo que se aplica un plan de relanzamiento fiscal, todo lo contrario de la contracción que se le está proponiendo.

Si se trata de salvar al euro, el camino es el relanzamiento, no la contracción.

En todo caso, el mensaje -más que peligroso- que se está transmitiendo a los ciudadanos es que cada Estado ha de salvarse como bien pueda…

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Vuelos de “high cost”

Según cálculos de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), las compañías aéreas han perdido hasta ahora cerca de 1.300 millones de euros. Todo ello debido a las restricciones impuestas -por seguridad- por parte de las autoridades aeronáuticas tras la nube de ceniza generada por el volcán islandés. Unas pérdidas millonarias que han eclipsado a las del 11 de septiembre cuando el espacio aéreo estadounidense estuvo cerrado durante tres días.

Y lo que es peor. La crisis ha impactado en el 29 % de la aviación oficial y afectado a 1,2 millones de pasajeros.

Sabemos pues lo que le está costando a las compañías aéreas. No paran de recordárnoslo. Pero aún no sabemos a cuánto nos va a salir el kilo de lava, que al final pagaremos todos.

Otros informes apuntan que los más de siete millones de personas que están fuera de sus países supondrán una pérdida de 1.500 millones de euros para los Estados afectados, por no poder acudir a sus puestos de trabajo. Empresas de alimentos y restaurantes, hoteles o compañías de logística completan el abanico de ‘víctimas’ colaterales del caos aéreo en Europa.

¿Quién nos iba a decir que el volcán Eyjafjalla en Islandia -todavía echando humo ininterrumpidamente después de seis días- iba a provocar tal caos económico, social y político a nivel organizativo?

Sus consecuencias: la cancelación de cerca de 100.000 vuelos a nivel mundial y la pérdida de 42 millones diarios para el erario español en el sector turístico, lo que supone ya una bajada del 0,9% de nuestro PIB.

Por si fuera poco, acabamos de conocer las previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional para 2010. Unos datos relativamente buenos para algunos países, pero nada halagüeños para España. Y es que se prevé que sea el único país rico en recesión este año, con un retroceso del 0,4%.

Dentro de Europa, la economía española está en el mismo saco que las de Grecia, Irlanda, Portugal, Islandia, Letonia y Lituania. En el resto del mundo, sólo Venezuela y Haití, según el FMI, tendrán un crecimiento tan pobre como el español en este bienio.

En definitiva: alto déficit público; incapacidad para usar el tipo de cambio para recuperar competitividad; elevado déficit comercial; estancamiento del paro en el 19%; y riesgos de contagio de la crisis fiscal griega. Una situación de lo más variada, y del que habrá que tomar medidas ya…para que la deuda no sobrepase en España a la de EE.UU. y no peligre el sistema financiero.

En contraposición, China crecerá un 10%, India un 8% y Brasil un 5,5% este año.

Reflexión: Algo estaremos haciendo mal para que unos incrementen sus ganancias y otras estén en peligro de extinción. Rompámonos los sesos para ver cómo salimos de ésta. Quizá no hay volcán que por bien no venga…

Por Iñigo Ortiz de Guzmán