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ETA: “Lo dejo, no lo dejo…”

Durante poco más de medio siglo, la organización terrorista ha logrado convulsionar con violencia la vida política española.

Ahora, ETA recorre en estos momentos el tramo final de su historia.

En eso coinciden las Fuerzas de Seguridad del Estado que han dedicado todo este tiempo a combatirla y aquellos que han justificado sus atentados antes y después de la llegada de la democracia.

Pero ninguno de ellos se atreve a poner fecha a ese final.

Sólo el pasado alberga certezas y una de ellas dice que un día como hoy, hace 37 años, el grupo cometió su atentado más influyente en la historia de España: el asesinato del penúltimo presidente del Gobierno del franquismo, el almirante Luis Carrero Blanco.

Lo que está claro es que algo se mueve en el entorno de ETA.

El portavoz del PNV, Joseba Egibar, ha manifestado en la últimas horas que esta ocasión “es la buena, en relación al posible fin de la violencia de ETA y la incorporación de Batasuna a las vías exclusivamente políticas.

Y ha añadido más: “Hay una sensación de irreversibilidad, de que un ciclo de combinación de la estrategia política-militar, como ellos lo denominan, se acaba, y de que no hay vuelta atrás“.

Sobre la difusión de un próximo comunicado de ETA, Egibar ha destacado que “por deseado y esperado, será importante”, aunque ha matizado que habrá que esperar a conocer el contenido y si incluye “la voluntad de cese definitivo de la violencia”.

BATASUNA

Lo cierto es que la izquierda abertzale anunció la semana pasada que presentará en enero su nueva formación con unos estatutos que se ajusten “a rajatabla” y sin “trampa” a la Ley de Partidos para concurrir en mayo a las elecciones municipales y forales del País Vasco y Navarra.

Pero lo interesante de todo, es que la antigua Batasuna y Eusko Alkartasuna prevén presentarse con la misma marca.

Según un anexo del documento Lortu Arte (Hasta Conseguirlo) -firmado el pasado 20 de junio en Bilbao-, las dos formaciones llevarían de manera conjunta su compromiso de defender la “soberanía nacional” de Euskal Herria frente a España y Francia.

Eso en cuanto a las elecciones para diputaciones y capitales; porque a nivel municipal, tanto uno como otro pretenden presentarse de manera separada e independiente.

Lo que toca, a partir de ahora, es tomar decisiones.

El Gobierno (y probablemente el Tribunal Supremo) deberá decidir entonces si acepta su inscripción en el Registro de Partidos, o si la rechaza al entender que es un sucesor de la ilegalizada Batasuna.

En anteriores procesos de ilegalización, policías, fiscales y jueces concedieron gran relevancia a encontrar vínculos de los dirigentes o promotores de la formación investigada con el mundo de Batasuna.

En esta ocasión, es la propia izquierda abertzale quien se presenta como impulsora del nuevo partido, pero al mismo tiempo alega que ello no puede ser motivo de ilegalización porque Batasuna ya es “otra”.

Una metamorfosis que tendría su máxima expresión en el rechazo a la violencia.

La clave, por tanto, será saber si Batasuna es verdaderamente “otra”, o es “la misma” de siempre con nuevos ropajes.

Y habrá dos elementos determinantes: que el nuevo partido condene con claridad la actividad de ETA.

Y, segundo, que se compruebe que su metamorfosis es sincera. O, dicho de otra forma, que las fuerzas policiales no puedan demostrar que Batasuna sigue actuando a las órdenes de la banda.

Si la nueva formación supera ambas pruebas, deberá ser legalizada, ya que la jurisprudencia del Supremo jamás ha exigido la desaparición de la banda terrorista como condición para que un partido independentista vasco sea legal.

Prueba de ello es Aralar.

A día de hoy, hay un aparente pulso entre ETA y Batasuna por dirimir quién manda en ese mundo. Eso es así.

La banda no acaba de declarar el alto el fuego verificable que le pide Batasuna, pero tampoco niega que vaya a hacerlo.

El hecho de que lo esté consultando entre veteranos en el retiro podría indicar que su cúpula está dividida.

Ese retraso condiciona a su vez la estrategia de Batasuna, forzada a multiplicar las iniciativas tendentes a acreditar su desvinculación de la banda, a fin de poder participar en las elecciones de mayo.

Pero, en todo caso, son iniciativas cautelosas para evitar una ruptura formal con ETA y el pasado compartido con ella.

El Gobierno es claro en este asunto: o consiguen que ETA lo deje, o ellos dejan a ETA.

No le vale a Zapatero que sólo hablen de “rechazo de la violencia y la amenaza de usarla”, de ahí su escepticismo.

CÁRCELES

Mientras tanto, en las prisiones hay que algo que está cambiando también.

Hay presos ‘políticos’ que ya no quieren ni ver, ni escuchar, ni hablar de lo que se presupone que no deberían hacer: criticar las acciones violentas pasadas de la banda.

Así, el colectivo de presos disidentes de ETA camina lenta pero implacable.

El Ministerio del Interior, consciente de ello (del arrepentimiento de ciertos capos) ha extendido el proceso de reinserción con la concesión de permisos en Navidad a dos reclusos y la formación en el exterior, de lunes a viernes, a un tercero.

Algo que no es nuevo; de hecho, los primeros permisos se remontan a la pasada Navidad, pero ahora se hacen públicos por primera vez los autos del juez de vigilancia penitenciaria que las autorizan.

Ya son cuatro los reclusos de Nanclares de Oca (Álava) que después de abandonar el colectivo de presos de ETA, haber perdido perdón a sus víctimas por escrito y tener cumplida la mitad de la condena, han sido clasificados con el artículo 100.2 del Régimen Penitenciario. Lo que les permite salir entre semana, regresando para dormir.

En ese colectivo (integrado por Joseba Urrosolo Sistiaga, Kepa Pikabea, Carmen Gisasola, Jurgi Oteiza, Andoni Alza, Rafa Caride Simón, Ibon Etxezarreta y Josu García Corporales) -autodenominado ‘Presos comprometidos con el Irreversible Proceso de Paz‘-, manifiesta su convicción de que tanto en Batasuna como en las cárceles “se están dando pasos para cerrar el ciclo de la lucha armada, que tiene que “terminar” porque está fuera de lugar.

Asimismo, añaden que “sirve de poco hablar de tregua permanente y verificable si no se ha decidido dejarlo definitivamente”.

Pero, no todos los presos piensan de la misma manera.

Y es que muchos de los que reniegan de la banda en privado y no acatan las consignas de ETA, renuncian sin embargo a acogerse al proceso de reinserción, con la esperanza puesta en una solución colectiva pactada entre el Gobierno y la organización terrorista.

Y más ahora, ante la expectación que ha levantado el posible y más que esperado comunicado de ETA que se espere amplíe a “verificable, permanente y unilateral” los términos de su alto el fuego.

Lo que sería absurdo sería negar los cambios en marcha en ese mundo abertzale.

Aunque también lo sería ignorar que ha sido la firmeza y exigencia de los partidos democráticos lo que ha hecho que digan hoy cosas que habrían sido impensables hace un año.

Se trata por tanto de encontrar un equilibrio entre esa firmeza, de nuevo avalada por el Tribunal de Estrasburgo (que volvió a avalar la ley de partidos al ratificar la anulación de listas con las que Batasuna trataba de participar en las elecciones de 2007), y la conveniencia de mantener el principio de que la prohibición es una medida excepcional que puede decaer si hay garantías de ruptura real con la banda, con lo que pueda hacer y con lo que ha hecho con la complacencia de su brazo político: 829 asesinatos.


+ info en ETA, alto el fuego

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Historia del País Vasco (1)

ORIGEN DE LOS VASCOS

La lengua vasca –euskeraes para algunos autores el hilo conductor que permite investigar sus orígenes y que confirma, por sus modificaciones e influencias, las relaciones de los vascos con los pueblos que han atravesado sus tierras a lo largo de la historia.

Se cree que los Vascos son el único pueblo que ha sobrevivido culturalmente la llegada de los indoeuropeos. Algunas hipótesis apuntan a que ya se encontraban en la zona que ocupan actualmente desde el Neolítico.

Son varias las hipótesis más fundadas:

1ª- ¿Aparecieron los vascos con la llegada a Europa de los Cro-Magnon? Varios estudios antropológicos consideran que los vascos son el grupo étnico más antiguo de Europa, y el único superviviente a la llegada de los indoeuropeos. Se supone que ocupaban una zona que se correspondería a una zona similar a lo que se conoce como Euskal Herria.

2ª- ¿Están los vascos emparentados con los íberos? El primero en apuntar esta posibilidad es Estrabón que, en el siglo I a.C. (es decir, cuando todavía se hablaba ibero en la Península), afirmaba que los íberos y los aquitanos eran similares físicamente y que hablaban lenguas parecidas.

3ª- ¿Llegaron los vascos con los indoeuropeos? Una de las teorías sobre el origen de los vascos es que llegaron a Aquitania con los indoeuropeos hace 7.000 años, no llegando a la península ibérica hasta el siglo I a.C.

4ª- ¿Ocuparon los vascones el actual País Vasco en la Antigüedad Tardía o en la Alta Edad Media? Estudiosos como Arnaud Oihenart y José Antonio Vaca de Osma consideran que los vascones ocuparon las tierras del actual País Vasco en tiempos de los visigodos.

LA ANTIGÜEDAD

Si la hipótesis válida fuese que los vascos llegaron a Europa con los Cro-Magnon, en tiempos prehistóricos estarían establecidas en toda Europa una serie de tribus que hablaban lenguas de una misma familia lingüística (lo que se ha dado en llamar el protovasco) y tenían relación cultural entre sí.

El historiador Ptolomeo distribuiría las tribus de la siguiente manera:

  • Cántabros, daba este nombre a los pueblos que habitaban entre el río Sella y el río Asón.
  • Autrigones, establecidos entre el río Asón y el río Nervión.
  • Caristios, establecidos entre el río Nervión y el río Deva en la actual Guipúzcoa.
  • Várdulos, que ocupaban la actual Guipúzcoa a excepción del valle del Deva y del Bidasoa.
  • Vascones, que ocupaban lo que hoy es Navarra, noroeste de Aragón y noreste de La Rioja.
  • Aquitanos, que estaban entre el río Garona y los Pirineos.
  • Berones, ocupaban el territorio de la actual Rioja Alta, parte de la Rioja Alavesa y algunos enclaves en Burgos, oeste de Navarra y norte de Soria.

El territorio vascón se vio profundamente implicado en las Guerras Sertorianas. De hecho, en el invierno del año 75 a.C., Cneo Pompeyo -enviado por Roma- fundaría la ciudad de Pompaelo (actual Pamplona).

EDAD MEDIA

Se tiene constancia de la presencia de vascones en el ejército romano al menos desde el siglo I a. C.

El hecho es que de ser un área aislada dentro de un gran imperio, los vascones pasan a encontrarse en la zona fronteriza entre dos belicosos vecinos. Los reinos francosvisigodos. Esta zona se convierte en un territorio de alto valor estratégico deseado por ambos contendientes. El accidentado territorio vasco es ideal para el bandidaje y la guerrilla, por lo que es posible que los vascos sobrevivieran a pesar de sus opresivos vecinos. Simplemente se fueron a las montañas y esperaron ahí hasta que la amenaza desapareciese.

Lo cierto es que la caída del Imperio romano dio paso a los asentamientos y posteriores reinos visigodosfrancos, así como a la implantación en Francia del Ducado de Vasconia. En la península, el rey godo Leovigildo funda Victoriacum, la actual Vitoria-Gasteiz en el año 581.

En el siglo VIII, la invasión musulmana proveniente del sur concentró a la población cristiana en la cornisa norte, la cual, debido a su difícil orografía, siempre ha sido muy impermeable a cualquier influencia exterior. Los musulmanes llegaron a lo que hoy es Navarra casi de inmediato a la entrada en la península, en el 714.

Después de que los francos de Carlomagno invadiesen el Norte de España, volvieron a Francia saqueando el País Vasco, quemando Pamplona. En respuesta, los vascos interceptan al ejército Franco cuando pasaba por el puerto de montaña de Roncesvalles. Pese al pobre armamento y al reducido número de combatientes, los vascos destruyeron gran parte de las fuerzas francas. A éstas luchas se le conoció como Batalla de Roncesvalles.

Al iniciarse la reconquista, los territorios peninsulares occidentales quedan pronto incorporados al Reino de Asturias, mientras que los peninsulares orientales y los continentales quedan pronto englobados en el Imperio carolingio.

Las tierras fronterizas de Álava fueron ocupadas. En el siglo IX surge el reino de Pamplona bajo la influencia del reino franco, los cuales crearon la Marca Hispánica desde la actual Navarra hasta el Mediterráneo como tapón frente a los musulmanes. Con Sancho III el Mayor (1004-1035) el reino de Nájera-Pamplona alcanza su mayor extensión territorial, haciendo realidad el primer Imperio Hispánico.

Antes de morir (1035) Sancho III divide sus territorios entre sus cuatro hijos: su primogénito, García, reina en Pamplona y hereda algunas tierras en Aragón y Castilla; Fernando, obtiene gran parte del condado de Castilla; Ramiro recibe tierras en Aragón y en Navarra, y Gonzalo se hace con otros puntos distantes de Aragón. De este reparto surge la nueva estructura política del siglo XII con los reinos de Navarra, Aragón y Castilla.

En el año 1200, bajo el reinado de Sancho el Fuerte (1194-1234), el Reino de Navarra pierde Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado, que es conquistada por el monarca castellano Alfonso VIII, ayudado por gran parte de la baja nobleza alavesa. Navarra, separada ya de los otros territorios peninsulares vascos, se ve obligada a orientar su política de expansión hacia el norte y este, territorios franceses de Ultrapuertos y la franja fronteriza con Aragón.

Doce años más tarde, en 1212 Alfonso VIII de Castilla cederá el Duranguesado al Señor de Vizcaya, Diego López II de Haro, como recompensa por los servicios prestados en la Batalla de Las Navas de Tolosa. Para entonces, los territorios vascos franceses ya habían pasado a depender de la Corona de Inglaterra el año 1152.

Tres siglos más tarde, en 1513, las Cortes de Navarra nombran a Fernando rey de Navarra. En 1515, las Cortes castellanas anexan Navarra a la Corona de Castilla por el Tratado de Burgos, con un régimen foral especial.

RENACIMIENTO

Los vascos de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, que ya estaban integrados en la Corona de Castilla, siguen con un amplio grado de autogobierno: los fueros daban a cada región vasca leyes locales, impuestos y tribunales independientes. Pero tales privilegios no duran mucho. Y es que, con la Revolución francesa se abolen todos y cada uno de los fueros locales. Algunos vascos se verían forzados a tomar posturas contrarrevolucionarias, mientras que otros -como Garat- participaron activamente en la Revolución.

Más adelante, cuando los ejércitos de Napoleón invadieron España y el Reino de Navarra, encontraron casi desde el principio fuerte resistencia. Las primeras tropas cruzaron el Bidasoa en otoño de 1807. Al cabo de un par de meses los franceses comenzaron a ocupar todo el territorio vasco, con la toma a traición de la ciudadela de Pamplona. Fue entonces cuando se empezarían acciones de guerrilla a pequeña escala contra los franceses; surgiendo guerrilleros como Gaspar de Jáuregui y el joven Zumalacárregui. En los que se llamó la Guerra de la Independencia.

La última parte de España en la que se mantuvieron los franceses fueron las provincias vascongadas con la Batalla de Vitoria. La invasión acabaría el 31 de agosto de 1813 con la expulsión de los franceses de San Sebastian por parte del ejército aliado anglo-luso.

Así llegamos a las Guerras carlistas, quienes reclamaban la corona de España para Carlos, el cual había prometido defender el sistema foral vasco y navarro. Fruto de la influencia de la Iglesia Católica, los vascos españoles de las zonas rurales se unieron masivamente al ejército tradicionalista.

Tras las dos guerras carlistas, las Provincias Vascongadas perderían casi toda su capacidad de autogobierno, aunque mantuvieron el control de la política fiscal y de las recaudaciones. En Navarra, sin embargo, desde 1840 – debido al desarrollo de la élites urbanas de una mentalidad política llamada fuerismo liberal – se permitió un pacto del que derivaría la Ley Paccionada conservando parte de los fueros. Esta situación perduró hasta el siglo XIX, cuando fueron suprimidos por Cánovas del Castillo después de la derrota carlista, aun pactando un autonomía fiscal.

SIGLO XIX- La Historia Moderna

Finales del siglo XIX,  los hermanos Koldobika y Sabino Arana desarrollan -al abrigo de la ola del “romanticismo” que recorría Europa- el nacionalismo vasco, que se basa en buena parte en la tradición conservadora carlista. Fundan el Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), basado en ideas cristiano demócratas.

Este partido pide la independencia o, al menos, la autonomía de las provincias consideradas vascas y la creación de una confederación entre los diferentes territorios que hoy se encuentran en el País Vasco, Navarra y el País Vasco francés. En el marco de esta ideología y en confrontación con la del movimiento obrero que se extiende por las zonas industriales del país, se crean una serie de instrumentos (como el sindicato ELA).

Pero he aquí que España se convierte en 1931 en República (la primera población en proclamarla fue la de Éibar, en Guipúzcoa). Sin embargo, los vascos tendrían que esperar hasta el inicio de la Guerra Civil Española para ver realizado su primer Estatuto, con José Antonio Aguirre como primer lehendakari.

Tras el alzamiento en 1936 de parte del ejército apoyado por los partidos del espectro político de la derecha y del centro, se inicia la guerra civil y los territorios vascos y navarros quedaron divididos entre los dos bandos: Álava y Navarra permanecen adscritas a los insurgentes mientras que Guipúzcoa y Vizcaya se mantienen fieles a la legalidad republicana.

Los alzados esperaban que el PNV, por su talante conservador y cristiano, se uniera a ellos, cosa que no sucedió. De esta manera, en Vizcaya y Guipúzcoa, el PNV se declara partidario de la República.

El 26 de abril de 1937 Gernika sufre un bombardeo aún más brutal que Durango (31 marzo), bombardeo -realizado por la aviación alemana que ayudaba a Franco- que saltó a la fama por los reportajes de un periodista inglés y el famoso cuadro que Pablo Picasso realizó por encargo del gobierno republicano para La Exposición Internacional de París.

La destrucción de la ciudad total, salvo el árbol, símbolo de la libertad foral que quedó a salvo de las bombas y a cuya sombra le hicieron guardia los requetés navarros que luchaban con los insurrectos.

El 19 de junio cae Bilbao, lo que aprocecha Franco para abolir los fueros de Vizcaya y Guipúzcoa al considerarlas «provincias traidoras» por no haberse sumado al alzamiento. Por su parte, Álava y Navarra conservarían sus privilegios y siguieron teniendo sus pequeñas policías autonómicas y cierta autonomía fiscal.

Los exiliados y los miembros del Ejército Vasco, que tras huir o salir del cerco de la Batalla de Santander habían sido trasladados por mar a la zona republicana, atraviesan la frontera después de la caída de Cataluña y son recluídos por el Gobierno francés en campos de concentración en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí comienza la era del Franquismo. Bajo el lema de España, Una, Grande y Libre el régimen de Franco prohibe toda manifestación cultural fuera de la que la dictadura consideraba “oficial”, quedando prohibido el uso público de las lenguas diferentes al castellano y reduciéndose la cultura a meros hechos folclóricos. El euskera fue perseguido, prohibiéndose su uso público y su enseñanza. Los líderes del nacionalismo vasco, así comos los dereto de las agrupaciones que resultados vencidas en la guerra se dirigieron al exilio, inicialmente a Francia y posteriormente a Sudamérica.

El País Vasco volvió a ser una de las zonas más desarrolladas de España y atrajo mucha emigración del resto del país.

La lucha contra la dictadura, junto con la represión cultural que se sufría y las atrocidades de la posguerra, a finales de los años 50, favorecieron la radicalización de una parte del nacionalismo vasco que se mezcló con ideología izquierdista, y el nacimiento de Euskadi Ta Askatasuna ETA (Euskadi y Libertad) en 1959. Organización terrorista que busca la independencia de Euskal Herria y el establecimiento de un estado vasco socialista mediante la lucha armada (terrorismo).

Por Iñigo Ortiz de Guzmán