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Arrivederci Berlusconi

El guión ha salido según lo previsto.

El pasado jueves salió a la luz un informe sobre la situación italiana elaborado por el gigante de la banca de inversión estadounidense Goldman Sachs, empresa de la que ha sido consejero el también ex-comisario europeo Mario Monti, y posible nuevo primer ministro.

El documento calculaba que la prima de riesgo de Italia, que ese día rondaba el disparate de los 570 puntos, bajaría a 350 si Berlusconi era sustituido por un Gobierno “de carácter técnico” que estuviera guiado “por una personalidad externa y capaz”.

El dibujo que sale con esos rasgos es el vivo retrato de Monti, que ayer ya despachó largo y tendido con Il Cavaliere antes de que este dimitiera, quizás para limar algún pequeño detalle sobre los procesos judiciales pendientes o la colocación de los principales protagonistas de esta etapa infame del berlusconato.

Coppola tiene materia para ‘El padrino 4’.

Con todo, la doctrina del pánico permite que Europa asista sin rechistar a verdaderos chantajes como los que esta semana se han producido en Grecia e Italia.

Se imponen gobiernos técnicos sin pasar por las urnas, amparados por el “carácter excepcional de la situación”, la necesidad de “estabilizar el país” y con el compromiso de “dar paso cuanto antes a unas elecciones generales”.

En definitiva, excusas de manual empleadas en cualquier golpe antidemocrático conocido, con la diferencia de que ya no se precisan fusiles.

La prima de riesgo asusta más.

Los mercados -y luego todas las siglas esas: UE, BCE, FMI, BM…- no le han dado tregua, pero los ciudadanos tampoco.

Éstos le dieron un toque en los pasados comicios municipales y demostraron que la televisión no siempre gana las elecciones. Berlusconi esperaba que la gente se quedase en casa o aprovechase para ir a ver a la suegra y, así, no se alcanzase el 50% de participación necesaria para que la votación fuese vinculante.

Pero la gente salió a la calle y le aplicó un correctivo con su voto en contra de la ley de legítimo impedimento.

Eran dos síntomas de que la sociedad mantenía sus constantes vitales, aunque insuficientes para desbancarlo del poder, al menos hasta la siguiente cita con las urnas.

Frustrante, hasta que el ciclón de la crisis:

1-levantó la alfombra

2-mostró la economía italiana hecha polvo

3-y se lo tragó en un soplo

Ilustración- Iker Ayestarán

Como afirma el periodista Lluís Bassets: «El Caimán se va, pero antes se ha cargado la soberanía de la República italiana, ahora vigilada e intervenida. Y todavía puede hacer más estropicios. (…) Pero el Caimán no se irá sin más. Dará coletazos y morderá mientras esté vivo. Y no hay nada más peligroso que un reptil acorralado o herido de muerte. Ahora lo está. Puede quedarse inmóvil, como petrificado, aparentemente rendido a la evidencia. Pero atacará en cuanto vea la menor oportunidad.»

Parece de chiste, pero quién le iba a decir a Berlusconi que un islandés, un griego y un portugués iban a provocar que el italiano terminase tirándose (por indicación del piloto franco-alemán) del avión.

+ info en SOS Italia

+ info en Algo pasa con Berlusconi

© Iñigo Ortiz de Guzmán

“Tetro” (Francis Ford Coppola)

Desde sus inicios, el cine ha sido visto como una síntesis de varias artes: el teatro, la música, la danza, la fotografía; además de otras manifestaciones que han nutrido al séptimo arte.

Sin embargo, pocos se han atrevido a trabajar con estas artes como elementos de un mismo relato fílmico.

Pocos como el director americano Francis Ford Coppola, que ha sabido darse el lujo de experimentar con diferentes lenguajes.

Con su última obra –“Tetro” (2009)-, también producida y escrita por el autor de películas como “El Padrino” (1972) y “Apocalipsis Now” (1986), Coppola vuelve en cierta medida a sus orígenes, ya que mucho tiene de “Rumble Fish” (1983); film que le dió notoriedad en los inicios de su carrera.

Para el cinco veces ganador de los Oscars el cine es Arte; pero Arte con mayúsculas.

Por eso quizá siempre ha estado enfrentado a las estrechas miras de la industria de Hollywood que, en los últimos años, ha transformado al cine en un producto manufacturero que ha de venderse a las masas aplicando las mismas estrategias de marketing que las que se emplean para vender automóviles.

Para Coppola, no.

Ha tenido que hacer muchos trabajos meramente alimenticios a lo largo de su carrera, y esa insatisfacción artística le llevó a abandonar el cine hace unos doce años para dedicarse al mundo del vino, siendo precisamente en el desarrollo de esa actividad empresarial con la que se ha hecho multimillonario.

Así, ya no necesita mendigar a las grandes compañías de hollywoodienses para que le contraten como director.

Ahora Coppola hace lo que le viene en gana, y decide realizar películas de bajo presupuesto en otros países para plasmar ese cine que esté libre de las cortapisas que impone el cine norteamericano actual.

En “Tetro”, él mismo ha escrito el guión para hacer una obra muy personal, casi autobiográfica, en la que se nos muestran las relaciones familiares entre hermanos y entre padres e hijos. Y es que la película tiene unas resonancias de tragedia griega con elementos edípicos en la que los protagonistas se ven arrastrados por fuerzas irresistibles que les conducen a reproducir la misma maldición de generación en generación: la rivalidad.

Para ello, Coppola se mudó a Argentina, concretamente a La Boca -enclave de inmigrantes italianos- y a los cafés con sabor a tango, política, innovadoras movidas artísticas. Y donde la bohemia porteña se mira a sí misma en los espejos del neorrealismo italiano, con virutas poéticas y surrealistas.

Lo interesante es que estamos ante una propuesta diferente.

Sinopsis:

Tetro es un joven escritor inédito que deja a su familia en los Estados Unidos para vivir en Buenos Aires, ciudad de sus ancestros, inmigrantes italianos de gran talento musical.

Perturbado por la muerte de su madre en un accidente y por la compleja relación con su exitoso y genial padre, pone distancia a sus parientes.

Conoce en un hospital psiquiátrico a Miranda, joven voluntaria que se enamora de él y le ayuda a retornar a las artes como medio de sanación.

La sorpresiva llegada de Bennie, hermano menor de Tetro, revive el conflicto vital que le mantiene en un estado depresivo. Bennie y Miranda conspiran para sacar a Tetro de su letargo.

Pero, cuando Bennie encuentra los manuscritos de una novela en ciernes, y se da a la tarea de transcribirla y transformarla en una obra de teatro, esto lleva a los personajes a develar un secreto de familia que cambiará sus vidas.

Coproducción: EE.UU.-España-Argentina-Italia

El blanco y negro empleado por el genial narrador nos recuerda a grandes películas clásicas del cine americano más dramático.

De esta manera, la historia tiene algo de las obras de Tennessee Williams y de sus muchas adaptaciones cinematográficas realizadas por directores de la talla de Elia Kazan.

Sin embargo, los flash backs aparecen en color transgrediendo la clásica convención de que el pasado ha de representarse siempre en blanco y negro.

En cuanto a los actores, como sucede en toda su filmografía, Coppola suele elegirlos perfectamente.

Esta película tiene mucho de carácter salvaje, como el protagonista elegido, Vincent Gallo (“Arizona Dream”, “Buffalo 66”, “The Brown Bunny”), suavizado y equilibrado por la gran profesional que es Maribel Verdú (“Y tu mamá también”, “El laberinto del Fauno”), y encendido por el sarcástico registro (un tanto grotesco) de Carmen Maura, además del apoyo de los imprescindibles secundarios.

El debutante Alden Ehrenreich tiene algo del Leonardo DiCaprio de los inicios, y por otro lado resulta una gozada disfrutar del trabajo de actores de los de toda la vida como Klaus María Brandauer.

El elemento que constituye todo un guiño al cine latino es la presencia de dos “chicas Almodóvar” en esta película: Verdú y Maura.

La banda sonora posee gran riqueza, en especial cuando la música porteña acompaña a los personajes por las calles del barrio La Boca. BSO

La fotografía de Mihai Malaimare consigue momentos notables mediante el uso del claroscuro y de la sobrexposición.

Tetro es el primer guión original de Francis Ford Coppola en más de 30 años.

¿Lo mejor? Que la historia es profunda, desgarrada; la puesta en escena está bastante trabajada; y las actuaciones de los tres protagonistas inyectan credibilidad al drama.

Lo que -a mi entender- hubiera gustado es un poco de mas velocidad en el desarrollo de la trama.

En todo caso, es recomendable para remojar la vista en otros modos de narrar, para conocer al Coppola maduro influenciado por lo latino, así como para apoyar la exhibición de filmes de arte en salas especialmente diseñadas para ello.

Y una de las frases que aparece en una de las secuencias, merece la pena marcarla, que dice: “No sueltes la soga que ata a mi alma”

Por Iñigo Ortiz de Gzmán