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Haití, un año de olvido

UN AÑO DESPUÉS DE UNA DE LAS MAYORES CATÁSTROFES DE LA HISTORIA

“Es como si el seísmo hubiese ocurrido ayer”, afirma una de las decenas de personas que trabaja en ayuda humanitaria.

Y es que un año después del terremoto de Haití, el 90% de los 12 millones cúbicos de escombros siguen desperdigados por las calles de la capital, Puerto Príncipe,  y de las principales ciudades cercanas como Léogâne, Jacmel y Petit-Goâve.

“Tirados” siguen estando todavía a día de hoy 600.000 ciudadanos (380.000 son niños), que se reparten entre los 1.150 campamentos de desplazados que se quedaron sin casa cuando un 12 de enero la tierra bramó.

El país más pobre del Continente americano se enfrenta -dicen los expertos- a años de esfuerzos por recuperar lo que 40 segundos de angustia destruyó en un suspiro.

“Es una situación compleja. Existen tierras disponibles, pero fuera de las ciudades. Se pueden construir casas, pero entonces faltarán los servicios básicos, saneamiento, escuelas, centros hospitalarios, es un esfuerzo que puede durar de 10 a 15 años, explican desde Cruz Roja.

El terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter mató a miles y miles, entre 230.000 y 300.000 personas. Jamás se sabrá la cifra exacta.

La implacable naturaleza les robó el futuro y también hirió a más de 300.000. Otros 4.000 han quedado mutilados para siempre.

Pero el terremoto no fue lo único.

Después de la destrucción producida por el violento temblor, a lo largo de estos meses, llegaron el cólera (que muchos atribuyen a efectivos de Naciones Unidas de nacionalidad nepalí), la ineficiencia gubernamental -que ha dejado lugar a la violencia política-, así como las violaciones a mujeres.

A pesar de donaciones, campañas y promesas por un total de 15.000 millones de euros, después de la fase de emergencia, la fase de recuperación está lejos de ser completada.

Cierto dinero parece no haber llegado.

Ha pasado un año y casi nada ha cambiado.

Tres millones de personas, algo menos de un tercio de la población necesita ayuda humanitaria para vivir.

Solo se han levantado el 15% de las viviendas provisionales necesarias.

El número de muertos por el brote de cólera se eleva a 4.000.

La situación es catastrófica.

“Llevamos mucho tiempo ya acá. Mi padre dice que le parece que vamos a quedarnos aquí. ¿Dónde vamos a ir si no, si la ciudad está todavía llena de escombros?

(Pirí, joven refugiado en el campamento de Corail)

Hoy es un aniversario; mañana, otro olvido.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

 

Cancún vs. el cambio climático

Madrugada del 19 de diciembre de 2009.

Los países de la Alianza Bolivariana (Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua) hacen naufragar un acuerdo cocinado por EEUU y un puñado de países emergentes en la cumbre del clima de la ONU en Copenhague.

Tan sólo se logra un acuerdo vinculante de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Madrugada del 11 de diciembre de 2010.

Ha pasado un año de bofetadas diplomáticas pero, en el último minuto, ocurre un milagro en la cumbre del clima de Cancún. Todos los gobiernos del planeta, salvo el de Evo Morales, consensúan un modesto principio de acuerdo para luchar contra el cambio climático.

Como critica Bolivia, los Acuerdos de Cancún son una versión pulida del de Copenhague. Sin embargo, la Alianza Bolivariana se rompe y Morales se queda solo en su pelea para tumbar el texto.

Los 193 países restantes aprueban el documento final.

Por primera vez, los dos principales emisores del mundo, EEUU y China, se comprometen a reducir sus emisiones de CO2 ante la Organización de las Naciones Unidas.

Y potencias emergentes como MexicoBrasil e India prometen evitar que las suyas se desboquen.

Hasta ahora, solo 37 países industrializados (entre ellos los de la UE, Japón, Rusia y Australia) pagaban su responsabilidad histórica en el calentamiento global, mediante el protocolo de reducción de emisiones aprobado en Kioto en 1997.

El rechazo de Bolivia podría haber arruinado el acuerdo, ya que en principio los textos de la cumbre requieren unanimidad.

Sin embargo, cuando el embajador boliviano, Pablo Solón, intenta vetar el documento, los otros 193 países miran hacia otro lado y lo refrendan.

El no de Bolivia se registra como una reserva, así que a todos los efectos el país tiene que cumplir el acuerdo.

Se crea así un ‘ Fondo Verde‘:

Una partida presupuestaria de 100.000 millones de dólares anuales para los países pobres.

¿Su objetivo?: Evitar una subida de más de dos grados de la temperatura media del planeta hacia 2100.

Para España, significa evitar hasta cinco grados más en verano a final de siglo e impedir que la mitad sur del país se transforme en Almería.

Se trata, al fin y al cabo, de lograr un mayor equilibrio entre países desarrollados y en vías de desarrollo.

Éstos sólo someterán sus emisiones a verificación internacional cuando hayan sido financiadas por dinero procedente de Occidente. Una fórmula que parece satisfacer tanto a China -que cuestiona estos procesos-, como a Estados Unidos -que los solicitó-.

Pero ese objetivo no es alcanzable sin los medios para combatir sus causas, que no son otras que la utilización masiva de los combustibles fósiles como fuente de energía.

El Protocolo de Kioto -que expira en 2012- obliga a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (los llamados GEI) a los países más desarrollados, con la excepción de unos pocos que no lo aceptan (singularmente EE UU -el país con más emisiones per cápita del mundo-, que se opone a cualquier medida que pueda dañar su economía).

Lo que se plantea hoy es una continuación de este tipo de compromisos de reducción en los países ricos, con la ineludible inclusión de norteamericanos y chinos. Sin embargo, aunque se haya llegado a un acuerdo de mínimos, ninguno de estos dos países parece que está todavía seriamente por la labor.

Es más. La propuesta de Obama de reducir sus emisiones un 17% en 2020 respecto de las del año 2005 -mucho más modesta que la Europa de los 27 de reducir un 20% o un 30% en 2020 respecto de 1990-, no ha sido todavía ratificada por el Congreso; tras el triunfo republicano en las últimas elecciones, dicha ratificación parece más lejana.

En todo caso, los 194 países se acaban de comprometer a duplicar su esfuerzo y alcanzar un tijeretazo en las emisiones de CO2 de entre el 25% y el 40%.

HECHOS CONSTATABLES

Según la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanzó el año pasado niveles récord, hasta un 38% más que a comienzos de la era industrial.

Los informes científicos son incuestionables: la Tierra se ha calentado durante los últimos 100 años 0,74 grados centígrados, y lo seguirá haciendo a un ritmo de 0,2 grados por década.

Y aunque en la atmósfera la concentración de dióxido de carbono ha disminuido a causa de la crisisis económica -en España, en el primer semestre de 2009, se registró un descenso del 17% respecto al mismo periodo de 2008-, las perspectivas de futuro no son buenas.

El cambio climático ya está provocando la muerte de unas 315.000 personas cada año como consecuencia del hambre, las enfermedades y los desastres naturales vinculados a su impacto en la Tierra.

Según un informe presentado por el Foro Humanitario Global en Ginebra en junio de 2009, afecta de forma grave al bienestar de aproximadamente 325 millones de personas; y se espera que este número se duplique en 20 años, hasta alcanzar a un 10% de la población mundial (aproximadamente 6.700 millones).

De acuerdo con este informe, las pérdidas económicas vinculadas al cambio climático superan los 125.000 millones de $/año.

Y es probable que esta cifre aumente hasta 300.000 millones para el año 2030 (unos 215.000 millones de euros).

Los países en vías de desarrollo soportan este impacto en un 90%, aunque contribuyen menos del 1% de las emisiones contaminantes que están calentando el planeta.

SATISFACCIÓN GENERAL, PERO CON RESERVAS

Los ecologistas han mostrado su satisfacción porque el texto incluye alusiones a la gravedad del calentamiento y alude a la reducción de emisiones que pide el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

Greenpeace cree que “los gobiernos han tomado la decisión correcta. Han empujado al mundo hacia el acuerdo justo, ambicioso y legalmente vinculante que el clima necesita (…) pero queda todavía mucho camino por recorrer para salvar el clima”.

Y lo mismo manifestó el presidente mexicano, Felipe Calderón: “Cancún ha sido un éxito, sobre todo, porque se ha dado un paso muy grande, al restablecer la confianza de la comunidad internacional en el multilateralismo como la mejor fórmula, complicada, abigarrada, pero al final de cuentas, la fórmula con la que contamos para ponernos de acuerdo como humanidad“.

Así con todo, el acuerdo impulsado por Mexico crea una especie de Frankiotostein, como lo define una analista argentina.

Congela la decisión sobre la prórroga de Kioto más allá de 2012 y obliga a los 194 países a decidir en próxima cumbre -que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica) en diciembre de 2011- si el tratado se renueva o se entierra para fusionar a los 37 países de Kioto con EEUU, China y compañía en un acuerdo global.

El cambio climático es uno de los desafíos más formidables a los que ha de enfrentarse la humanidad en el próximo futuro, pero su naturaleza hace muy difícil actuar contra él.

Las medidas preventivas son el aumento del papel de las energías renovables, la disminución de la intensidad energética de nuestras economías y un transporte menos dependiente de los derivados del petróleo.

Solo si EE UU y China aceptan la responsabilidad que les corresponde, podremos llegar a acuerdos eficaces.

Mientras tanto, hoy hemos sabido que el glaciar Ameghino (en el sur de Argentina) ha retrocedido cuatro kilómetros en casi 80 años “por causa del calentamiento global”.

Fuente: Greenpeace

Las dos imágenes, una tomada en 1931 y la otra en marzo pasado, evidencian la disminución la masa de hielo del glaciar que está ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz.

AHORA O NUNCA

“Simplemente pienso  que esta es una oportunidad realmente histórica. Todo se ha venido juntando. Tenemos una conciencia cada vez mayor de la urgencia, así que sabemos que necesitamos reducir la  contaminación que causa el calentamiento climático. Al mismo tiempo, tenemos esta oportunidad de lograr nuevas formas de energía para Estados Unidos, de impulsar una economía de energía limpia y también proteger a la fauna silvestre para el futuro de nuestros hijos. Esto es realmente por lo qué yo me dedico a esta actividad.  Sencillamente creo que es tan importante que tomemos medidas ahora para proporcionar un mejor mundo a nuestros hijos“. (Paul Epstein, director asociado del Centro para la Salud y el Ambiente Mundial, de la Facultad de Medicina de Harvard)

¿Estamos a tiempo? ¿Aún hay esperanza?

Quiero pensar que sí.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán


Antony & the Johnsons

Si no fuera por sus gestos amanerados y su delicadísimo, casi imperceptible tono de voz, Antony Hegarty podría pasar por un luchador de sumo.

Este gigante con cara de muñeca de porcelana -que en 2011 cumplirá 40 años- estrena disco con su grupo neoyorkino Antony & the Johnsons. El 4º album de su carrera profesional, con ‘Swanlights‘ (2010).

((hacer click en las fotos para obtener más info))

“La idea de Swanlights es que cuando alguien muere, como el oso de la portada, el espíritu salta del cuerpo y puedes verlo. Por un segundo, lo invisible se hace visible. Vida y muerte conviven“.

Amigo de la también compositora y cantante Björk, Antony siempre -como ella- ha defendido en sus letras el medio ambiente, las injusticias sociales, y ha criticado sobre muchos aspectos. Mucho y contra todo.

No tiene “pelos en la lengua” al hablar de las religiones“Los cultos masculinos como el cristianismo, el islam o el budismo son represores. El capitalismo: “Las fuerzas económicas acumulan el poder. Más que los Gobiernos, ellos son los que legislan”. La política: “Odio a esos retrógrados del Tea Party” (el ala radical del partido republicano en EE.UU.). Incluso las clases medias: “En América votan contra sus propios intereses. Ellos impiden que haya escuelas o bibliotecas. Tienen miedo al comunismo. ¿Los hospitales públicos son comunistas?”.


Todos los males tienen, según él, una sola causa: “Vivimos en un mundo dominado por hombres, basado en la dominación, la destrucción de recursos y la violencia”. Y no es cosa del ser humano como especie sino del macho como género. “¿Cómo podemos saber que las mujeres son iguales si nunca las hemos dejado gobernar? Ellas apoyan el sistema porque no conocen ninguno mejor”.

Resulta curioso este discurso viniendo de un artista cuyas señas de identidad son canciones de una belleza catártica.

Heredero de voces intensas y confesionales (Nina Simone, Billie Holiday, Marc Almond o Jeff Buckley), busca sublimar los sentimientos. “Mi arte no está separado de la realidad. No tiene sentido hacer como si vivieras en un jardín paradisíaco. Cualquier día los soldados van a llamar a tu puerta. Has de conectar tu oasis interior con el exterior”. “Mi lucha personal se refleja en mi arte. Soy un artista pop, canto de una forma folk, no tengo una educación académica, no soy particularmente inteligente. Hablo desde el sentido común. Soy lo que soy. Una persona que intenta cantar en el estilo de los artistas pop que amo”.

Y su lucha personal empezó con la asunción de su naturaleza transexual. “La perspectiva del mundo de un transexual es distinta. En mi imaginación, un transexual es casi como un animal salvaje. Ha nacido en una familia desafiando los roles que le han sido impuestos por su madre y su padre. Está tan cerca de la naturaleza que le es obligado manifestar su diferencia. Es su papel desafiar lo establecido. Así que, de una forma poética, me gusta pensar que soy parte de la naturaleza”.

Todo comenzó hace cuatro años, cuando Antony & The Johnsons publicaron ‘I am a bird now’ (2005).

Un disco colosal, esa clase de trabajo que parece no proceder de ningún lugar físico, ni haber sido registrado en un tiempo que puedas determinar con la referencia de año, mes y día. En su interior, una voz que sin rubor calificamos de celestial, desgranaba versos sangrantes como este: “Algún día creceré / y seré una mujer bella / algún día creceré / y seré una chica bonita / pero por ahora soy un niño / por ahora soy un chico”.

Capaz de cantar eso y así, de reconocer de una manera tan cruda el horror del presente mientras parece cegado por la luz de la esperanza, de convertir una realidad dramática en una saltarina canción de niña.

Antony dice cosas como estas cuando habla de su música: “Se trata de expresar emociones y sentimientos. Realmente, en este mundo es difícil encontrar lugares donde poder hablar a corazón abierto. No existen canales para ese tipo de comunicación, ni en la escuela, ni siquiera en la familia. No nos damos cuenta de lo que nos falta, del potencial que no empleamos. Y la comunicación es cada vez más difícil”.

A muchos les sorprendió que I am bird now ganara hace cinco años el Mercury Music Prize. El prestigioso galardón que premia al mejor disco británico del año, ya que Antony había hecho su carrera en Nueva York.

Pocos sabían que sus orígenes estaban en Chichester, una localidad de poco más de 20.000 habitantes en el condado de Sussex, al sur de Inglaterra. En esta ciudad, famosa por su bella catedral, Antony recibió una educación católica que chocaba frontalmente con su conflicto interior: ser chico, sentirse chica.

BREVE PERO INTENSA DISCOGRAFÍA

El pequeño Antony tenía un olfato especial para la cultura underground. Su familia vivió en distintas ciudades de Europa y pasaba largas tardes viendo programas de televisión con su canguro. Una de esas tardes sufrió un auténtico shock al ver a Boy George en Top of the Pops. “Aquello fue el triunfo de una vulnerabilidad invencible. Me di cuenta de que la música es lo suficientemente poderosa como para cambiar la vida de alguien, recuerda.

A principios de los noventa, tras ser rechazado en el Royal College of Art de Londres, Antony ingresó en la Universidad de Nueva York.

Su hogar, sin embargo, lo estableció en los clubs Pyramid y Limelight, donde actuaba a menudo.

Tras un intento frustrado de crear un grupo de teatro, en el año 2000 logró publicar su primer disco Antony & the Johnson, que había grabado en 1997. Este primer trabajo casi no tuvo repercusión, pero a partir de 2003 empezó a recoger los frutos de los años de trabajo. Lou Reed le llamó para hacer coros en su disco de homenaje a Edgar Allan PoeThe Raven, y el cabecilla de la escena neofolk, Devendra Banhart.

Al año siguiente, un pequeño sello independiente americano –Secretly Canadian– fichó al cantante con cuerpo de gigante, voz de ángel y alma de mujer. “Intento manejarme con cautela en el negocio de la música. Sigo en mi compañía porque es pequeña y confío en la gente que la dirige”. El balance de cuentas de Secretly Canadian en 2005 fue de susto: I am bird now despachó medio millón de discos en todo el mundo.

Todos estos ingredientes elevaron las expectativas del público ante su nuevo álbum, The Crying Light’ (2008).

Lo grabó durante los últimos dos años en su estudio de Nueva York, donde Antony lleva una vida muy conservadora según dice él mismo, pintando, cantando y haciendo vídeos.

Él mismo desveló algunas claves del álbum: la relación con la naturaleza y los elementos. También sobre la crisis climática, el daño que el ser humano puede hacerle a algo básico y elemental como la naturaleza: “Trato de encontrar mi reflejo en el mundo que me rodea, sentirme menos solo, más conectado con los otros”.

En la actualidad, está de lleno centrado en la composición musical de La vida y la muerte de Marina Abramovic. Una ópera sobre la artista serbia a la que -casualidades de la vida- la pude ver el pasado mes de marzo con otra performance en el MoMA de Nueva York.

Estos días han estado ensayando en Madrid Antony, Abramovic y Willem Dafoe (su protagonista), bajo la dirección de Bob Wilson; y la producción de Gerard Mortier y el Teatro Real. El estreno mundial está previsto para 2011 en el Festival Internacional de Manchester.

I need another place
Will there be peace?
I need another world
This one’s nearly gone

Still have too many dreams
Never seen the light
I need another world
A place where I can go

I’m gonna miss the sea
I’m gonna miss the snow
I’m gonna miss the bees
I’ll miss the things that grow
I’m gonna miss the trees
I’m gonna miss the sound
I’ll miss the animals
I’m gonna miss you all

I need another place
Will there be peace?
I need another world
This one’s nearly gone

I’m gonna miss the birds
Singing all this songs
Been kissing this so long

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Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Los “héroes” mineros de Chile

Publicado a las 5.25am en España

Tras 70 días de angustia, las 12.11am hora local (5.11am hora española). Florencio Ávalos es el primero -de los mineros atrapados en un pozo del desierto chileno de Akatama- en salir a la superficie. Aplausos, abrazos a sus familiares, y paso por el hospital provisional para hacerle un chequeo…

La agonía se ha acabado. Ahora faltan 32 mineros más en ser rescatados, y bastantes horas (se habla de hasta día y medio) para que la totalidad de los supervivientes estén a salvo. Pero el sueño de muchos -la supervivencia, el encuentro con los suyos- se ha cumplido, o está por cumplirse.

Mil millones de personas en ese momento han visto las primeras imágenes. 170 medios de comunicación acreditados en un hecho sin precedentes en el mundo de la minería.

HISTORIA DE UN RESCATE ANUNCIADO

5 de agosto. Mina San José (norte de Chile). A medio millar de metros de profundidad, varias de las chimeneas y de las rampas que unen la entrada y el taller de trabajo se derrumban. 33 mineros quedan atrapados sanos y salvos. Deciden reunirse y permanecer en el refugio.

Nadie conoce su situación, ni las circunstancias del accidente. Ellos, sí.

 

Los accesos para rescatarles -con o sin vida- están inutilizados. Y es que la rampa principal queda bloqueada por una pared de piedra a 2km. de la bocamina. Momentos de nerviosismo, horas de angustia para los familiares que -tras tres semanas sin noticias- dan por muertos a los trabajadores.

Y el milagro llega. El domingo 22 de agosto, y tras varios intentos, una sonda consigue alcanzar el refugio y confirmar que los mineros siguen vivos.

El país entero se llena de bocinazos, bailes, gritos y banderas. En las calles de Copiapó, en los cerros de Montevideo, en el metro de Santiago, en las gasolineras, desde la primera a la decimoquinta región de Chile, todo es una fiesta. La admiración por ellos crece cuando se sabe que habían sobrevivido con apenas dos cucharadas de atún durante 48 horas, un día tras otro durante 17 jornadas.

El ministro chileno de Salud, Jaime Mañalich, declaró que algunos de ellos –sólo algunos- ingerían “cantidades importantes de alcohol” antes de quedar sepultados y que estaban siendo tratados con un complejo vitamínico llamado ácido fólico. Pero a los dos días, tal vez cuando se percató de que en vez de 33 mineros el país ya los empezaba a mirar como 33 héroes, el propio ministro se apresuró a declarar que ninguno sufría síndrome de abstinencia. Y para la celebración del bicentenario del 18 de septiembre se les envía hasta una copita de vino. Con vino o sin él, estos hombres ya empezaban a hacer historia.

Nunca en ninguna mina había permanecido nadie tanto tiempo atrapado. Setecientos metros por encima de ellos trabaja día y noche un equipo de rescate que ha sido felicitado por la NASA. Los expertos de la agencia espacial estadounidense afirman que en Chile se está gestando el manual de supervivencia sobre cómo rescatar a personas que viven en condiciones de aislamiento extremo.

Se idean tres procesos de trabajo. El plan A comienza el 30 de agosto, con las primeras perforaciones. Una máquina hidráulica (la Raisebore) gira la broca a la vez que ejerce presión con la ayuda de un motor hidráulico, creando así un agujero de 37 centímetros de diámetro.

La velocidad de perforación ronda los 20 centímetros diarios.

Los ánimos no decaen. De hecho, el progreso en la mejora física y mental del grupo salta a la vista. En el primer vídeo que grabaron los 33 bajo tierra se mostraban famélicos, semidesnudos, algunos medio llorando. En el segundo, ya suena música latina, se les ve afeitados y uno de ellos pide entre risas que les manden muñecas hinchables.

Y los trabajos continúan. Una vez que la broca llega hasta la galería donde se encuentran los mineros, se sustituye por otra de 66 cm. de diámetro que amplía el tiro lo suficiente como para poder extraer a los mineros.

Tienen que retirar una media de dos toneladas de escombros diarios desprendidos de la perforación para evitar su obstrucción.

Es entonces cuando se lleva a cabo el Plan B.

El 9 de septiembre la perforadora T-130 (a la que los familiares denominaron La Liebre por su velocidad de avance) finalmente rompe el fondo en la galería del yacimiento San José.

Los operarios, ingenieros y técnicos comienzan a abrazarse y felicitarse. Algunos se echan a correr hacia el bautizado como Campamento Esperanza, donde están las viviendas improvisadas de las familias de los atrapados.

“Soy una mujer sencilla y no me voy a hacer grandes arreglos, sólo quiero esperarlo con algo en el pelo”, dijo entre sollozos Lilianet Ramírez, esposa del minero Mario Gómez, al enterarse de que el Día D del rescate final se acerca. Lilianet fue la primera habitante del campamento y fue quien recibió la primera carta que salió desde las profundidades de la tierra el día que se supo que los mineros se encontraban con vida.

Como ella, varias cartas son escritas a mano como la del minero Edison Fernando Peña -de 34 años- a su novia Angelica.

El mayor, a sus 63 años, es hijo, nieto y hermano de mineros y lleva desde los 12 en las minas; el menor tiene 19 y, como algunos de sus compañeros, nunca había pisado un yacimiento; uno se destapa como un excelente periodista presentador del resto de sus compañeros; otro ejerce de enfermero; hay un guía espiritual que les lee la Biblia evangélica; un inmigrante boliviano sin padres; un minero que va escribiendo todo lo que les aconteció desde aquel 5 de agosto en que el cerro de la mina San José se les vino encima; otro que fue jugador de primera división.

Hace dos meses nadie les conocía.

La mitad de ellos vivían de la zona donde se encuentra la mina y otros tenían que viajar más de 12 horas en los días de descanso para reencontrarse con sus familias.

33 VIDAS BAJO TIERRA

Ahora se preparan libros sobre sus vidas, se filman películas y documentales acerca de la tragedia que les ha tocado vivir.

El mismo Chile que un día engendró a personajes como Salvador Allende o Pablo Neruda, se ha visto hoy reflejado en una gente sencilla, que cada día que pasaba se volvían más grandes. Desde el refugio húmedo y caluroso en el que se encontraban atrapados, algunos prometieron a sus parejas que se casarán en cuanto salieran. Otros, que no veían a sus madres desde hace años, les pidieron por carta que siguieran allí arriba esperándoles.

Muchos pernoctaban en pensiones de la ciudad de Copiapó, a una hora en autobús de la mina. Trabajaban en turnos de 12 horas durante siete días y descansaban otros siete. Solían aceptar las horas extras en los días de descanso porque les pagaban el doble que en una jornada normal. Si no, tomaban el autobús hacia sus regiones. Algunos viajaban hasta 15 horas en dirección al sur.

En todos estos días, sin embargo, ha habido un líder: Luis Urzúa Iribarre, jefe de turno, quien ha sabido lidiar con los problemas cotidianos a 700 metros bajo tierra. “El tipo debe tener algo especial”, comentaba acerca de Luís el psicólogo Alberto Iturra, quien ha dialogado con frecuencia con los sepultados. “No debe haber sido fácil mantener el orden ahí abajo”.

Transcurridas tres semanas desde que los mineros contactaron con la superficie, varios de ellos intentaron tomar el control en el flujo de comunicaciones (abrirse camino por su cuenta y riesgo) y contenidos de objetos que les enviaban. “Era lo previsible”, comentó el psicólogo. “Al ir tomando fuerza se comportaban como adolescentes que se rebelan contra todo”.

En esa situación, desde arriba optaron por reforzar la posición de Urzúa como líder. Los expertos de la NASA habían insistido mucho en que en situaciones de aislamiento prolongado, la existencia de una cabeza pensante y tranquilizadora es vital.

Urzúa estudió topografía y llevaba sólo dos meses trabajando en mina San José, pero 31 años como minero. Fue el primero en establecer contacto con el exterior cuando el presidente se les puso al habla. Un dato curioso: su familia ha sido la única que se ha mantenido al margen de la prensa.

Con todo, la perforadora RIGG 442 -dentro del denominado Plan C– hizo el resto.

De esta manera, los héroes mineros han podido salir finalmente a la superficie a través de una “jaula” transportadora con la que se ha subido a cada hombre de uno en uno. Un viaje de ascenso que ha durado 30 minutos.

Con unos arneses, y con los ojos vendados a fin de evitar que la luz solar les cegara tras tanto tiempo de penumbra.

Al menos 12 horas antes de la evacuación los mineros se han tenido que someterse a ayuno de sólidos.

Objetivo cumplido en tiempo récord.

Si hubiesen muerto, tal vez todo seguiría igual. La noticia apenas habría llamado la atención, como no la llamaron las otras muertes de mineros chilenos en años recientes. Serían una cifra más que sumar a las anteriores.

Ahora, han cobrado estatura humana.

La esperanza es el sueño del hombre despierto (Aristóteles– pensador griego)

El mundo acaba de apreciar lo que vale cada una de esas 33 vidas.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán