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Reflexión tras el 22M

Arrollado, noqueado, son algunos calificativos que se oyen.

Es José Luis Rodríguez Zapatero.

El gran perdedor de las elecciones regionales y municipales del 22 de mayo.

Tal resultado -la pérdida de 2 millones de votos- se interpreta claramente como un castigo a la pobre gestión de la crisis económica hecha por Zapatero y su gobierno y lo que muchos perciben como falta de respuestas al drama de 4,9 millones de desempleados; recuerdo, el índice más alto de la Unión Europea.

El mensaje de las municipales para el PSOE está más que claro.

Las siguientes elecciones generales se pueden parecer mucho a las de 1982, salvo por una diferencia nada sutil. Que esta vez Felipe se llamará Rajoy, y es del PP.

Hay que remontarse 30 años para encontrar algún otro momento de la democracia con una concentración de poder equiparable al que puede que esté por venir.

Ni Zapatero ni Aznar alcanzaron jamás una supremacía como la que hoy roza el PP.

No es por méritos de Rajoy, que ya le ven. Es por la enorme distancia que hoy separa al PSOE de su electorado natural.

Zapatero insiste en culpar a la crisis y evita cualquier autocrítica. Se equivoca.

No ha sido sólo la crisis, sino cómo se gestionó.

Todos los países europeos han afrontado recortes durísimos en los presupuestos, pero no todos han repartido la factura igual. Hasta Merkel, en Alemania, puso un impuesto extra a las eléctricas. Hasta Cameron, en Reino Unido, ha subido los impuestos a las petroleras del Mar del Norte.

Zapatero, mientras tanto, adoptó todo el paquete liberal y -como gran gesto de izquierdas en un país dónde las grandes empresas han cerrado el 2010 con beneficios récords- se conformó con coquetear con un impuesto para los más ricos del que se habló mucho un verano, pero que nunca llegó.

Se equivocan también en el PSOE quienes creen que la solución a esta debacle pasa por evitar el debate interno y descafeinar las primarias. Sería un gran error. Sería dantesco que la dedocracia fuese la respuesta socialista a las peticiones de más democracia que aún siguen en las plazas.

El divorcio entre el PSOE y sus votantes es tan grande que su única salida es una refundación: un nuevo rumbo, no sólo una nueva cara.

Al menos así lo cree el líder del socialismo vasco.

Patxi López estima imprescindible abrir un amplísimo debate de ideas.

Claro está, en un congreso -además de hablar de proyecto político- se elige al secretario general y a su ejecutiva.

Por tanto, López con su propuesta se lleva por delante a Zapatero. Porque -como bien observó el martes el líder socialista andaluz José Antonio Griñán- si al final triunfa la propuesta de un congreso, frente al criterio de Zapatero, se provocaría de manera indirecta un anticipo de las elecciones.

Una posibilidad que cada vez parece menos descabellada.

Al otro lado del teléfono Zapatero busca el máximo apoyo de los barones para acabar la legislatura.

Y, mientras tanto, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón guardan silencio.

Todo un ‘Enredo‘, como en los mejores tiempos.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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Drogadicción, a debate

Parece que fue ayer, pero han pasado 20 años desde que el Ministerio de Sanidad lanzara las conocidas campañas de planificación familiar ‘Póntelo. Pónselo‘ o el ‘Si Da, No Da‘.

Fueron los primeros mensajes de salud pública que aparecieron en los medios de comunicación españoles, un método que ha demostrado ser eficaz para promover hábitos saludables.

Un gusano introduciéndose por la nariz, varios adolescentes ebrios dándoles las gracias a sus padres, un joven que cree que está aparcando bien el coche pero en realidad lo está destrozando, la foto de una niña que “fuma un paquete al día” o el polémico Con koko, yo gozo mogollón. Éstas son algunas de las campañas lanzadas en nuestro país para reducir o prevenir el consumo de cocaína, alcohol y tabaco, entre otras.

Gusten o no, son útiles.

El objetivo es concienciar a los ciudadanos de los riesgos que conllevan ciertas costumbres y de promover otras como la práctica de ejercicio o la dieta sana.

En todo caso, existen ciertas diferencias en función del hábito promocionado.

Los eslóganes dirigidos contra el tabaquismo, por ejemplo, han contribuido a disminuir el número de adictos, mientras que aquellos relativos al consumo de alcohol (salvo los relacionados con la conducción) no han tenido demasiado éxito.

Según un análisis publicado en la revista The Lancet“los cambios a corto plazo se pueden alcanzar” gracias a estas campañas pero “los efectos a largo plazo son difíciles de mantener una vez que éstas finalizan“.

En esto de lanzar mensajes masivos, las autoridades sanitarias tienen la dura competencia de las tabaqueras, los productores de bebidas alcohólicas, las cadenas de comida rápida, etc.

A esto hay que sumar, señala un editorial en la misma revista, la exposición de los menores al consumo de tabaco y alcohol en la televisión y las películas. Por eso, se afirma, estos mensajes son más eficaces cuando se combinan con otras medidas como programas educativos o estrategias legales (subir impuestos, limitar el uso…).

DROGAS: legalización sí o no

¿Debemos, como país, como sociedad, permitir el libre uso de substancias consideradas peligrosas para la salud?

Mucho se ha escrito, se ha dicho y se ha discutido al respecto, aunque sin especificar, claramente, a qué drogas nos estamos refiriendo. La marihuana parece ser la más popular, la más conocida… Su daño se puede equiparar, en líneas generales, al del tabaco. Una droga aceptada y socialmente habitual. Tiene efectos dañinos, sí, pero menores que los de la nicotina.

Pero, si hablamos de la cocaína, de la heroína, o del LSD, éstas pueden ser palabras mayores.

El pasado septiembre el ex presidente Felipe González defendió durante un acto en la embajada de México en Madrid la “eliminación de la prohibición” como mejor solución para luchar contra el narcotráfico y la violencia que conlleva. González unía así su voz a la de un grupo de presidentes latinoamericanos que consideran que la represión al consumo, impulsada desde Estados Unidos, no ha ayudado en absoluto a luchar contra la violencia que supone el narcotráfico.

Su postura provocó una oleada de reacciones a favor y en contra.

Entre las primeras, muchas de las asociaciones que ayudan a los drogodependientes, y los que afirman que -de este modo- desaparecería el número de camellos que trafican con ello.

Los partidarios de la legalización, salvo anecdóticas excepciones, consideran que ésta debe hacerse a través de una regulación. No tiene sentido que, comprobados los efectos nocivos que tienen las drogas en la salud y con las restricciones al consumo que sufren tanto alcohol y tabaco, se permitiera la venta indiscriminada de drogas.

En todo caso, la postura común es que no hay que criminalizar al consumidor, tal y como apunta Carmen Moya, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. “Nuestro enfoque tiene una visión más integral, de prevención, tratamiento y reinserción del drogadicto. A este no hay que criminalizarlo, es un enfermo al que hay que tratar”, agrega.

La influencia de cómo afectaría la liberalización al consumo de los adolescentes es una de las brechas claves del debate. Algunos consideran que los jóvenes no se chupan el dedo y que si quieren encontrar la droga, saben perfectamente dónde.

Para Domingo Comas, presidente de la Fundación Atenea y experto en drogadicción, “lo que se consigue con la regulación es reducir el acceso de los adolescentes a las drogas“. Y añade que los jóvenes “tendrían más dificultades de acceso que en la situación actual con las drogas en el mercado negro (…) Cuanto más regularizada está una sustancia, más difícil es el acceso“.

Sin embargo, para José Luis Sancho, responsable de Proyecto Hombre (organismo dedicado a la prevención, tratamiento y rehabilitación de las drogodependencias) en Madrid, la legalización acercaría al consumo a un público adolescente que ahora no se atreve o no tiene acceso a la compra de drogas.

Entre otras voces en contra, se encuentra Lorenzo Nebrera, portavoz de la Confederación Española de Policía (CEP) que -a título personal- considera que “ahora que estamos avanzando en el control del tabaco, legalizar las drogas sería un paso atrás“. En todo caso, se muestra a favor de la regularización de ciertas sustancias, siempre que se demuestre que son útiles para fines terapéuticos.

Como representante de tal asociación, sin embargo no se posiciona en el debate sobre legalización porque “creemos que es un debate sanitario, cultural y educativo, pero no policial. Nuestro deber es cumplir la legislación que esté vigente“.

Un informe de las Naciones Unidas que se ha recogido en la última memoria anual de la Fiscalía Antidroga, pone de relieve que España es proporcionalmente el mayor consumidor de cocaína del mundo.

Un ratio que se sitúa en el 2,6% de los españoles que la consumen normalmente.

El segundo país en el nefasto ranking es EE.UU., con una décima menos.

En total, 13.3 millones de personas consumen la cocaína en el mundo que -según la ONU-genera unas ventas a escala mundial de más de 400.000 millones de dólares al año.

Datos escalofriantes que nos tienen que hacer pensar. El debate ha estado y seguirá estando tristemente abierto.

Como decía el filósofo y pensador francés, Jean Paul SartreEl hombre nace libre, responsable y sin excusas.

Cada uno es libre de pensar, hacer y ser lo que uno crea conveniente. Pero, en ocasiones, hay consecuencias nefastas.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán