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El tijeretazo de ZP

11,2% de déficit y 20% de desempleo.

Es para alarmarse, cierto es. Pero no menos cierto es el recorte drástico que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aplicó el pasado miércoles a la economía española, y ajustarse así a los requisitos europeos.

Se comenta que el recorte de los salarios públicos, la congelación de las pensiones y la restricción de la inversión pública son los ajustes más rápidos que puede aplicar el Gobierno para convencer a la UE y a los inversores de que su plan de reducir el déficit público (ocho puntos de PIB en cuatro años) es creíble.

Pero es increíble que la Administración Central no hubiera tomado antes cartas en el asunto.

Al menos, y contra todo pronóstico, los principales políticos verán bajados en un 15% sus sueldos.

Lo que queda claro es que las excelentes relaciones de los principales sindicatos-Gobierno se han resquebrajado. UGT y Comisiones Obreras no lo pueden decir más claro, pero sí más alto. Advierten de que las comisiones ejecutivas de ambos sindicatos decidirán hoy si se convoca una huelga general en respuesta a lo que entienden como recorte sin precedentes de los derechos sociales.

De momento, lo que sí confirmaron ayer es que apoyarán las movilizaciones (como la huelga de funcionarios el 2 de junio) en contra de las medidas que aprobará el Gobierno la semana próxima.

Por otra parte, el plan de medidas anunciado no ha gustado nada a los sectores más a la izquierda del PSOE, que no entienden que sean los funcionarios, los pensionistas y las madres (con el cheque-bebé) quienes tengan que pagar las veleidades del mercado.

Hasta ahora, la triste realidad es otra. Y es el coste de la recesión, que lo han pagado más que nadie los más de dos millones de personas que han perdido su empleo desde 2008; en su mayoría contratados temporales sin protección sindical. Ese es un camino claro para UGT y CC OO (aunque difícil): que pacten una reforma laboral que acabe con la dualidad del empleo. Pero en un clima de entendimiento y no de algarada callejera.

Esto no acaba más que empezar. ¡Apriéntese los cinturones!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán