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La caída de Irlanda

Primero fue Grecia, ahora le ha tocado a Irlanda.

Quién sabe si el efecto roll-on afectará a Portugal, o incluso a España.

Lo cierto es que el Gobierno irlandés de Brian Cowen ha anunciado esta tarde el nuevo plan de ajuste que el ejecutivo impondrá al país en los próximos cuatros años, y que supondrá un ahorro de 15.000 millones de euros.

“Esto es lo que se tiene que hacer” es lo que acaba de decir el presidente de una nación que se enfrenta al recorte de 2.800 millones de euros en prestaciones sociales.

En definitiva, un plan de ajuste en el que el tijeretazo al gasto público se lleva la peor parte (10.000 millones de euros) y las tímidas subidas de impuestos apenas suponen otro tercio de la financiación que necesita el país para lograr bajar su deuda al 3% del PIB para 2014.

El paquete de medidas recorta radicalmente los subsidios al desempleo. Además, en la búsqueda de crear nuevos puestos de trabajo, el Gobierno ha recortado en un euro el salario mínimo por hora, hasta los 7,65 euros.

En cuanto a las pensiones, el Ejecutivo refuerza el plan que ya había presentado en primavera en el que quiere incrementar la edad de jubilación hasta los 66 años para 2014; y seguir con un ascenso progresivo que lleve a los 67 años en 2021, y a los 68 años para 2028 como edades mínimas para tener acceso a las prestaciones por retiro.

Hasta 7.000 millones de euros de gasto corriente serán eliminados.

En estas reducciones también se contempla la eliminación de trabajadores públicos. Hasta 24.750 perderán su empleo.

Con la previsible fecha (7 de diciembre) de la aprobación de este ajuste, se subirá además el IVA de forma gradual desde el actual 21% hasta el 22% para 2013, y el 23% en 2014. Se crean impuestos nuevos sobre el agua, al tiempo que se traza el camino para una suerte de fiscalidad verde, una concesión del Gobierno de Cowen a sus aliados en el Gobierno, el Green Party.

Así pues, números y más números para una economía -la europea- que cada vez ve más acortada su cuenta de resultados y de posibles rescates futuros a otros estados.

Está demostrado que no basta con hacer los deberes.

Las fuerzas especulativas del mercado están desatadas y los gobiernos se muestran impotentes ante su furia avasalladora.

El Ejecutivo de Zapatero ha aprobado el mayor plan de ajuste de la democracia, ha impuesto una durísima reforma laboral, está decidido a cercenar más derechos mediante la reforma del sistema de pensiones, y, a pesar de ello, la desconfianza de los tiburones financieros en la deuda española alcanzó ayer cotas desconocidas desde hace 15 años.

Basta que los mercados piensen así -aún no siendo cierto- para que se haga realidad.

La vicepresidenta segunda y ministra de Economía del Gobierno, Elena Salgado, lo ha dicho hoy: que España está en las “mejores condiciones” para resistir el acoso de los mercados.

Lo que se está viendo, es una cosa clara.

Que, además de una crisis profunda del capitalismo, es un fracaso estrepitoso del proyecto europeo.

Y cuyos líderes no han tenido durante los últimos años la altura de miras para acompañar la unidad económica con una unidad política.

En la cocina de esta nueva fase de la crisis de la deuda soberana, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy han aportado el ingrediente explosivo: que los contribuyentes europeos no pueden seguir pagando todos los platos rotos (¡a buenas horas mangas verdes!).

Y que, a partir de 2013, el nuevo mecanismo que sustituirá al fondo creado el pasado mayo tendría que contemplar la quita de una parte del valor de los bonos. Pero con el lanzamiento de esta iniciativa en medio de una gran volatilidad en los mercados de deuda, los depositantes de los bancos irlandeses comenzaron a retirar fondos de sus cuentas.

Fue la bomba que faltaba para relanzar la crisis.

Parecería que el fantasma del ex presidente argentino Néstor Kirchner -recientemente fallecido- está ahora mismo recorriendo Europa. Es decir: el espectro de reestructurar la deuda exterior con acreedores bancarios y tenedores de bonos.

La Eurozona tiene en sus manos la posibilidad de aplicar con ingenio lo que constituye uno de los casos más extremos de las finanzas internacionales.

Pero hasta ahora, lo que ha decidido es reeditar la peor parte de esa experiencia, es decir, el programa de austeridad fiscal que impuso el FMI y que condujo a la suspensión de pagos.

En el caso de Irlanda, se trataría sobre todo de conceder aquellos préstamos y garantías necesarios para sacar al país de los mercados de deuda al tiempo que se aplica un plan de relanzamiento fiscal, todo lo contrario de la contracción que se le está proponiendo.

Si se trata de salvar al euro, el camino es el relanzamiento, no la contracción.

En todo caso, el mensaje -más que peligroso- que se está transmitiendo a los ciudadanos es que cada Estado ha de salvarse como bien pueda…

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Suspiros de Zapatero

…que no de España.


José Luis Rodríguez Zapatero pasó ayer de puntillas por el Congreso de los Diputados. Y suspiró aliviado cuando comprobó que había superado por un sólo punto la que ha sido la votación más comprometida en su mandato.

Era consciente de que en ella se jugaba la credibilidad de España ante la Unión Europea y la propia como político. Y le salió bien a pesar de que no tenía nada que negociar. El impopular decreto o se tomaba o se dejaba, pero no lo podía trocear.

Tuvo suerte, nada más. Porque lo que quedó claro fueron varias cosas como que, por ejemplo, los socialistas salvaron su imagen ante la UE. Segundo: que el centro-derecha de este país jugó de nuevo al electoralismo, dejando casi a España sin ajuste, y lo que ello podía haber supuesto. Por su contra, apareció el líder de CiU como un “ave Fénix”; sin la abstención de su partido, el plan del gobierno se hubiera ido al garete, con Zapatero a la cabeza. En definitiva, el nacionalista Durán i Lleida se confirma como político con mentalidad de Estado, que ataca ferozmente al Gobierno, expide un certificado de defunción del presidente, pero tiene la responsabilidad de impedir la debacle de su país en los mercados internacionales.

Frase popular: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

Como cuarta conclusión: éste es el principio del fin de Zapatero como presidente de España. El gobierno se ha quedado más sólo que la una. A partir de este momento, la situación es así de inestable: una medida vital para el país, aunque sea fea e injusta, no cuenta con el apoyo de nadie.

No obstante, que el Partido Nacionalista Vasco no enviase a su número uno –Josu Erkoreka- a defender el no (al contrario que el PP con Rajoy) hace pensar a Zapatero que los puentes no están rotos con los peneuvistas. Ya puede pedir lo que quiera el PNV, siempre que sea razonable, que le será concedido. La estabilidad política de España depende de sus escaños. Ayer, al dar el susto del voto negativo, los han revalorizado.

La clave estará en septiembre, con los Presupuestos.

Mientras tanto, los ciudadanos no suspiran de alivio, sino todo lo contrario.

Son casi 4 los millones de parados, miles de pensiones las que se van a ver congeladas, la subida de un 2% del IVA a partir de julio, alto déficit, el recorte del gasto público para 2011 en un 7.7%… Toda una carrera de fondo que -ya digo- cada vez está desgastando más al Gobierno, y que ata las muñecas a los consumidores por no disponer de incentivo monetario.

El economista Joseph Stiglitz -Premio Nobel de Economía en 2001- no es tampoco precisamente optimista con la actual situación económica. “No hemos tomado el rumbo adecuado“.

Especialmente en Europa, donde algunos países se enfrentan a una peligrosa crisis fiscal. “Hay riesgo de ataque de los mercados si no se hace nada; pero hay otro riesgo aún mayor de caer en el fetichismo del déficit, que lleve a los Gobiernos a retirar estímulos y a subir impuestos antes de tiempo para evitar esos ataques: eso es muy peligroso porque puede ralentizar la economía y llevarla a una espiral complicada. Los ejemplos más claros son Argentina y los países del sureste asiático que siguieron los consejos del Fondo Monetario Internacional a finales de los noventa; curiosamente, ahora el FMI recomienda lo contrario: mantener los estímulos y dejar las necesarias subidas de impuestos para más adelante“.

España, claro, está en esa tesitura. Stiglitz, una de las mentes maravillosas de la Universidad de Columbia de Nueva York, no ve una solución fácil: “Si el gobierno español no sube impuestos se expone a los ataques, pero es aún peor subirlos cuando la recuperación aún no ha llegado, porque puede provocar que el crecimiento se ralentice durante años, y eso no previene precisamente contra un futuro ataque especulativo“.

Si Grecia es Bear Stearns -el banco de inversión que fue rescatado-, la duda es quién puede ser Lehman Brothers, que quebró meses más tarde. ¿Tal vez España? “Quizá Portugal“, dice Stiglitz.

El economista suele recurrir a la crisis asiática de los noventa como inspiración. Tailandia fue el primer gran país en caer. Los mercados apostaron entonces a que caería Indonesia: Indonesia cayó. Después pusieron en la diana a Corea: ¡bingo!. Hong Kong y Malaisia venían inmediatamente más tarde. “Esos dos países tomaron medidas y atacaron a quienes les atacaban: sufrieron, pero pudieron con los especuladores. Esa es la lección que debe aprender Europa. (…) la de la solidaridad“.

Y, por último, me gustaría destacar de Stiglitz: “La paradoja es que dimos a los bancos un cheque en blanco para salvarlos, y ahora la ayuda se pone a disposición de Grecia a unos costes excesivos: no puedes hacer dinero con tu familia, como parece querer hacer Europa. Si no hubo dilemas morales para salvar a la banca, no veo por qué hay que condenar ahora a miles de personas por los excesos cometidos por el anterior Gobierno griego“.

Como dice un operador de móviles…Verdad, verdadera…


Por Iñigo Ortiz de Guzmán