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Mil y una páginas

Nace una nueva página de contenido cultural. En esta ocasión, quiero mostrar las frases que más me han impactado de un libro, de un artículo periodístico, o simplemente de una simple reflexión vital.

En definitiva, dar voz a la palabra.

Su título es MIL Y UNA PÁGINAS. Un alegato a ‘Las mil y una noches‘…

«Un sucio autobús amarillo pasó traqueteando y dando bandazos, pero sus faros alumbraban tan poco que nadie la vería y, aunque la viesen, probablemente no interesaría a nadie antes de que Pasâ empezase a hacer preguntas y el miedo y el dinero lograsen que la gente recordase cosas de las que en realidad uno jamás recordaría. Siempre aparecía alguien para acordarse. No existía oscuridad sin ojos»

Extracto del libro ‘Purga‘, de Sofi Oksanen

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Murakami: 1Q84

Haruki Murakami nació en 1949, el mismo año en que George Orwell publicaba su novela 1984. El escritor y periodista británico que entre otras cosas ha pasado a la posteridad por adelantarse a conceptos propios de la sociedad actual, como la paranoia al Gran Hermano que-todo-lo-vigila, la confusión entre información y propaganda propia de los estados totalitarios, la manipulación de las palabras,…

Jugando con los números y las fechas, Orwell, que escribió la mayor parte de la novela en 1948, le dio una vuelta a los dos últimos dígitos para dar con el año en que se desarrollaba su distopía, resumible en citas como esta: “Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido”.

En otro baile de caracteres, Murakami ha titulado su última novela ‘1Q84‘ (Ichi-kyū-hachi-yon), jugando en este caso con los sonidos.

En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos; es decir, se pronuncian de la misma manera con kyū.

Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela que es, también sin serlo, el Japón de 1984.

En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común.

Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con “La crisálida del aire”, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente.

Como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción. Un país -el nipón- cuyas viviendas han orientado sus balcones a las autopistas, en el que los informativos dan cuenta de “la guerra sangrienta” entre Irán e Irak mientras EEUU y la URSS colaboran en una base de observación en la Luna y donde los procesadores de texto son lo último en tecnología.

Lo novedoso es la narración a través de los ojos de una tercera persona, algo inédito en las obras de Murakami.

Y todo con una coartada estética: 1Q84 está dividida en dos partes de veinticuatro capítulos cada uno (la primera abarca de abril a junio; la segunda de julio a septiembre), siguiendo ‘El clave bien temperado de Bach.

“Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él; escribo mis novelas como si interpretara un instrumento. Supongo que la buena escritura se asemeja a la buena música: ambas han de generar placer, entretener y actuar como un bálsamo que eleve el espíritu, dice el autor.

“Orwell escribió su novela 1984 en 1949, y en ella imaginó el futuro. Ahora 1984 es el pasado. Por eso, en 1Q84 yo recreo el pasado y me imagino cómo podría haber sido nuestra Historia”.

LITERATURA NIPONA

Se tiende a pensar que la literatura fantástica japonesa está plagada de biombos, emperadores y espectros.

Lo que no hay que olvidar es, sin embargo, la distinción entre lo fantástico y lo maravilloso según la cual sólo aquellas culturas que le han impuesto a la naturaleza un orden objetivo y racional dan origen a una literatura fantástica, que busca violentar dicha regularidad.

De este modo, la cerrada atmósfera de horarios y números de un Japón altamente industrializado era terreno abonado para el surgimiento de una literatura fantástica que nada tuviese que envidiar al terror metafísico de Chesterton, a las inacabadas e inacabables aporías de Kafka, a los laberintos filosóficos de Borges o a las desautomatizaciones de Cortázar.

Así, al menos, lo piensa el filósofo catalán Bernat Castany, para quien los relatos de Haruki Murakami son un buen ejemplo de cómo el hombre acorralado busca contagiar el claustrofóbico devenir cotidiano con esa incertidumbre que sabe condición necesaria de libertad.

Murakami no se conforma con cavar túneles para que podamos escapar unos minutos hasta que la realidad vuelva a capturarnos en cuanto cerremos el libro; sino que busca volar la prisión entera, destruir unos muros hechos de premisas, presuposiciones, prejuicios y preconceptos para arrojarnos al mundo y obligarnos a ser libres.

REALIDAD A y REALIDAD B

Recientemente, Murakami escribió un interesante artículo en The New York Times Syndicate en el que desgrana el nivel de la realidad en un mundo -para él- cada vez más caótico.

¿Cuáles fueron los acontecimientos que distinguieron el espíritu del siglo XXI del espíritu del siglo XX? Desde una perspectiva global fueron, en primer lugar, la destrucción del muro de Berlín y el subsiguiente final rápido del orden de la guerra fría y, segundo, la destrucción de los edificios del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001.

El primer acto de destrucción estuvo lleno de brillantes esperanzas, mientras que el siguiente fue una tragedia abrumadora. La convicción generalizada, en el primer caso, de que “el mundo será mejor que nunca” fue totalmente despedazada por el desastre del 11/S. Estos dos actos de destrucción, que se desarrollaron en cada lado del punto de inflexión milenario con una inercia tan ampliamente distinta, parecen haberse combinado como una sola dualidad que causó una gran transformación en nuestra mentalidad.

Durante los últimos 30 años he escrito ficción en varias formas, desde cuentos cortos hasta novelas completas. Las historias siempre han sido uno de los conceptos humanos más fundamentales. Aunque cada una es única, funcionan principalmente como algo que puede compartirse o intercambiarse con otras. Esa es una de las cosas que les dan su significado. Las historias cambian de forma libre conforme inhalan el aire de cada nueva era. Siendo en principio un medio de transmisión cultural, son altamente variables en lo que respecta al modo de presentación que emplean. Como diestros diseñadores de moda, los novelistas arropamos las historias, conforme cambian de forma de un día a otro, con palabras adecuadas a sus perfiles.

(…) Las historias en mi interior cambian de forma constante conforme inhalan la nueva atmósfera. Claramente puedo sentir el movimiento dentro de mi cuerpo. Puedo ver que al mismo tiempo también sucede un cambio sustancial en la forma en que los lectores reciben la ficción que escribo.

Ha habido un cambio que vale la pena resaltar, especialmente, en la posturade los lectores europeos y estadounidenses. Hasta ahora, mis novelas podían considerarse en términos del siglo XX. Esto es, podían entrar en sus mentes a través de pórticos como posmodernismo o realismo mágico u orientalismo; pero prácticamente desde que la gente acogió el nuevo siglo gradualmente empezó a despojarse del marco de estos ismos y a aceptar los mundos de mis historias con mayor tendencia al como es.

Percibía intensamente este cambio cada vez que visitaba Europa y Estados Unidos. Me parecía que la gente aceptaba mis historias totalmente –historias muchas veces caóticas, otras tantas carentes de lógica, y donde la composición de realidad ha sido reconfigurada–. En lugar de analizar el caos dentro de mis historias, parecen haber comenzado a concebir un nuevo interés por la propia tarea de encontrar la mejor forma de aceptarlas.

En cambio, los lectores medios de los países asiáticos nunca necesitaron el pórtico de la teoría literaria para leer mi ficción. La mayoría de los asiáticos que se propusieron leer mis obras aceptaron al parecer desde el principio las historias que escribí como relativamente naturales. Primero llegó la aceptación, y luego (de ser necesario) el análisis. En la mayoría de los casos, en Occidente, sin embargo, con cierta variación, el análisis lógico vino antes de la aceptación. Estas diferencias entre Oriente y Occidente parecen desvanecerse con el paso de los años al influirse recíprocamente.

Si tuviera que etiquetar el proceso que ha experimentado el mundo durante los últimos años sería realineación.

Una importante realineación política y económica empezó después del final de la guerra fría. No hay mucho que decir acerca de la realineación en el área de la tecnología de la información, con un impactante desmantelamiento y establecimiento de sistemas a escala mundial. En el turbulento punto medio de estos procesos, obviamente, sería imposible que la literatura fuera la única que no se realineara y evitara el cambio sistémico.

Una importante dificultad ocasionada por este proceso de realineación es la pérdida –aunque sólo temporal– de los ejes coordinados para formar estándares de evaluación.

(…) Ahora nos despertamos y hallamos la desaparición no sólo del jefe de la familia, sino de la misma mesa. Por todos lados, parecería, las cosas han sido –o están siendo– tragadas por el caos.

A menudo nos preguntamos cómo hubiera sido si nunca hubiera sucedido el 11-S o al menos si ese plan nunca hubiera sido tan exitoso de forma tan perfecta. El mundo habría sido muy distinto de lo que es ahora. Estados Unidos pudo haber tenido otro presidente (importante posibilidad) y las guerras en Iraq y Afganistán tal vez nunca habrían ocurrido (posibilidad aún mayor).

Llamemos Realidad A al mundo que tenemos actualmente, y Realidad B al mundo que pudimos haber tenido en ausencia del 11-S. No podremos dejar de observar que el mundo de Realidad B parece ser más real y racional que el mundo de Realidad A. Para decirlo en otros términos, vivimos en un mundo que tiene un nivel de realidad aún menor que el mundo irreal.

¿De qué otra forma podemos llamarlo sino caos?

¿Qué tipo de significado puede tener la ficción en una era como esta? ¿A qué tipo de propósito puede servir? En una era donde la realidad es insuficientemente real, ¿cuánta realidad pueden tener las historias ficticias? Sin lugar a dudas, este el problema al que hacemos frente ahora los novelistas, las preguntas que se nos han planteado. En el momento en que nuestras mentes cruzaron el umbral del nuevo siglo, también cruzamos el umbral de la realidad de una vez por todas. No tuvimos otra opción más que cruzarlo, finalmente, y, al hacerlo, nuestras historias se ven forzadas acambiar de estructura. Las novelas e historias que escribimos indudablemente serán cada vez más distintas en carácter y sensaciones que las que han aparecido antes, de la misma forma que la ficción del sigloXX se diferencia drástica y claramente de la ficción del siglo XIX.

El objetivo propio de una historia no es juzgar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo. Lo más importante es que determinemos si, en nuestro interior, los elementos variables y tradicionales avanzan armónicamente, determinar si las historias individuales y comunes se suman en la raíz en nuestro interior.

En otras palabras, el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio.

(…)

En mi última novela, 1Q84, no muestro el futuro cercano de George Orwell, sino lo contrario –el pasado cercano– de 1984. ¿Qué hubiera pasado en el caso de un distinto 1984, no el original que conocemos sino otro 1984 transformado? ¿Y qué pasaría si repentinamente nos lanzaran a ese mundo?

(…)

Fragmento de 1Q84- Pinchar aquí para leer más

Haruki Murakami:

«Soy incapaz de sentir interés en novelas que no causen desconcierto a los lectores»


© Iñigo Ortiz de Guzmán

Premios Nobel 2010

Hace 115 años el industrial sueco Alfred Nobel dejó firmado en su testamento que cada año se otorgaran estos Premios a personas que hubiesen realizado investigaciones sobresalientes, que hubieran inventado técnicas o equipamiento revolucionario, o simplemente que hubieran hecho contribuciones notables a la sociedad.

La motivación principal para que lo hiciera no fue otra si no su sentimiento de culpabilidad. Y es que, al final de sus días, parece que se sintió responsable por haberse enriquecido como empresario a través de una industria productora de dinamita; y cuyo principal mercado era la minería, pero también la guerra.

Los diversos campos en los que se conceden premios son en total seis: en Física, en Química, en Medicina, en Economía, así como el dedicado a la Paz y al ámbito de la Literatura. Dos áreas -éstas últimas- que han tenido más trascendencia a nivel internacional, y que se han fallado en las últimas horas.

————————————————————PREMIO NOBEL de LITERATURA

MARIO VARGAS LLOSA

Arequipa (Perú) 28 de marzo de 1936

Político ocasional, escritor y académico de origen peruano (obtendría la nacionalidad española en 1993) es uno de los innovadores de la novela realista. Un hombre de letras que ha cultivado también el periodismo, y la crítica de cine y arte.

Hijo único -de unos padres que se acababan de separar en el momento de su nacimiento- pasó su infancia al lado de la familia materna, lejos del país. Con apenas un año de edad, se trasladó con su madre a Cochabamba (Bolivia), donde su abuelo había sido enviado como cónsul.

Su mala relación con su padre -al que suponía muerto pues su familia le había ocultado la separación matrimonial- le marcó profundamente e influyó en su primera producción literaria.

Fue así como, en 1950 (tras un intento fallido de ingresar en la Escuela Naval) fue inscrito en un Colegio Militar de Lima; centro que adquirió fama mundial al aparecer reflejado en su novela “La ciudad y los perros” (1963). Una obra que provocaría el rechazo de la cúpula militar, y por el que Vargas Llosa llegó a ser tildado de ‘comunista’.

Más adelante trabajó en los diarios “La Crónica” y “La Industria”, estudió literatura en la Universidad de la capital peruana, y coeditó “Cuadernos de Composición”, así como la revista “Literatura”.

No menos trascendente en su vida y en su obra fue su primer matrimonio, en 1955, con su tía Julia Urquidi -diez años mayor que él y de la que se separó en 1964-.  Urquidi, fallecida hace tan solo unos meses a la edad de 84 años, le inspiraría su obra “La tía Julia y el escribidor”.

En 1958 obtuvo una beca de estudios para la Universidad de Madrid, donde preparó su tesis “García Márquez: Historia de un deicidio”, con la que se doctoró en la Universidad Complutense (1971).

En 1959 se trasladó a París. Trabajó en el servicio en español de la Agencia France Presse y, posteriormente, en la Radio TV Francesa.

Su vida, desde entonces, fue un sin parar…

Entre 1965 (año en el que contrajo segundas nupcias con su prima Patricia Llosa, con la que tendría tres hijos) y 1971 formó parte del consejo de redacción de la revista “Casa de las Américas“. Y de 1976 a 1979, presidió el Pen Club Internacional.

A partir de 1966 residió en Londres, donde enseñó Literatura Hispanoamericana en el Queen Mary College británico. Hasta que en 1974 se estableció nuevamente en Lima.

Elegido miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua en 1975, se incorporó a la misma dos años después. Y en los años 80, sin abandonar la narrativa, se introdujo en política y se enfrentó al presidente Alan García por el proyecto de ley de nacionalización de la banca (1987). Impulsó el conservador Frente Democrático (FREDEMO), por el que concurrió sin éxito a la Presidencia nacional en dos ocasiones.

Pero Vargas Llosa no se ha librado de polémicas como el que aconteció al romperse su amistad con otro “peso pesado” de la literatura, Gabriel García Márquez; a quien, supuestamente, propinó un puñetazo en un cine de México, por motivos que ambos nunca han querido desvelar.

Miembro de la Academia Española de La Lengua, ha sido el primer latinoamericano con asiento en la centenaria institución tras ser elegido en 1994 e ingresar con un discurso sobre Azorín en 1996. En Madrid ha participado en diferentes actos culturales como la presentación, en 2002, de la Fundación Internacional para la Libertad, y que preside en la actualidad.

Político de ideología liberal, en 2008, retiró en España su apoyo público al Partido Popular para dárselo a la formación Unión Progreso y Democracia (UPyD), alegando que no se siente representado en “actitudes conservadoras reticentes” respecto al laicismo o la homosexualidad.

No cabe duda que Vargas Llosa es un autor prolífico, ensayista por los cuatro costados. Y que ha sido distinguido con los máximos premios hispanos: como el Príncipe de Asturias de las Letras (1986, compartido con Rafael Lapesa), el Planeta (1993 por “Lituma en los Andes”) y  el Cervantes (1994).

En total 47 obras publicadas, entre novelas, ensayos y adaptaciones teatrales.

Vargas Llosa, escritor -novelista, dramaturgo, ensayista, memorialista y cuentista- ha visto por fin recompensada su trayectoria profesional con este Premio Nobel de Literatura 2010. Y eso que ocupaba un puesto secundario en las quinielas. Por eso, quizá, la sorpresa el jueves cuando se supo que un autor tan lleno de talento se hacía con tal galardón.

Hay que recordar, asimismo, que desde hace 20 años que no se reconocía a un autor en Lengua hispana (el último premiado fue el mexicano Octavio Paz).

Parece pues que, por fin, se hace justicia con un autor enorme, apegado al éxito desde su primera obra, La ciudad y los perros” (1962). Aparte de novelas tan inolvidables como “La casa verde” (1965), “Pantaleón y las visitadoras” (1973), “Lituma en los Andes” o “La Fiesta y el Chivo” no sólo recibirá 10 millones de coronas suecas (un millón de euros) por el premio. Vargas Llosa recibe también el reconocimiento a una de las trayectorias más exitosas, reputadas y consistentes de la literatura de los últimos 50 años.

Su última novela, “El sueño del celta”, se publicará el próximo mes de noviembre. Una obra inspirada en la vida del irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX. Y en la que denuncia la brutalidad del Gobierno de Leopoldo II de Bélgica durante la colonización de aquel territorio.

 

———————————————————————————PREMIO NOBEL de la PAZ

LIU XIAOBO

Jilin (China) 28 de diciembre de 1955

Si el año pasado la concesión del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama trajo numerosas críticas, esta vez el nuevo galardonado ha recibido un apoyo que -con excepción del Gobierno chino- ha sido unánime.

Intelectual, profesor de literatura y activista en pro de los derechos humanos y las reformas en la República Popular China, fue condenado a 11 años de cárcel en diciembre de 2009.

¿Su delito? Su participación en la firma de la Carta 08 (coincidiendo con el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Un manifiesto que pide reformas políticas, al tiempo que propone una serie de medidas para mejorar las libertades en China: como democracia legislativa, un sistema judicial independiente, libertad de religión, asociación y prensa, y el fin del partido único.

El documento, que hoy acumula 20.000 firmas, estaba inspirado en la Carta 77 que la oposición de la extinta Checoslovaquia redactó ese año, y que contribuyó a la caída del régimen comunista en 1989.

El Comité Nobel en Oslo reconoce los esfuerzos de Liu Xiaobo “por su lucha larga y no violenta a favor de los derechos humanos fundamentales en China”.

La decisión ayer de galardonar a Xiaobo ha irritado al Gobierno chino, que acusó a dicho Comité de violar sus propios principios al honrar a un “criminal” con el Nobel de la Paz. Y advirtió que afectará a las relaciones entre Pekín y Noruega. Sin embargo, el propio Ejecutivo noruego ha recordado que el Comité Nobel es un órgano independiente del Gobierno al que no se le puede presentar críticas.

Tanto EE.UU. como la UE o Rusia han defendido la validez del fallo.

España se ha sumado a última hora a la petición de libertad después de que lo hicieran Francia, Reino Unido y Alemania. La vicepresidenta Fernández de la Vega imponía su criterio a Moratinos. Y es que, en un primer momento, el ministro de Exteriores no quería irritar a Pekín ni hacer perder a nuestro país la condición de “mejor amigo de China en la Unión Europea”, con el que el presidente Rodríguez Zapatero fue recibido en septiembre en Shanghai.

Por su parte, la organización humanitaria Amnistía Internacional también se ha dejado oír. Y ha expresado su confianza en que este galardón sirva para sacar a la luz “la violación de los derechos humanos que padece China”; exigiendo no solamente la puesta en libertad del disidente chino, sino de todos los presos políticos del país asiático.

Mientras, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha manifestado su “inmensa emoción” por tal concesión a Liu Xiaobo, un premio “histórico” para China. Para la organización defensora de la libertad de prensa el comité de los Nobel ha dado “una lección” a “todos los Gobiernos democráticos que se pliegan demasiado frente a las presiones de Pekín”.

Liu abandonó en 1989 su estadía como profesor visitante en la Universidad de Columbia, en Nueva York, para encabezar la huelga de hambre en protestas estudiantiles de la plaza de Tiananmen (Pekín) que ese verano acabaron en masacre. Aquella madrugada del 4 de junio, él y otros tres veteranos activistas salvaron cientos de vidas al negociar una salida pacífica de la plaza antes de que los carros blindados mataran a los centenares que se negaban a abandonar su protesta.

Tiananmen le valió una primera condena -de dos años-. Y, en 1996, llegó la segunda -de tres- en un “campo de reeducación laboral”, donde se casó con su segunda y actual esposa, la poetisa Liu Xia, cinco años más joven que él y que gracias al certificado podía visitar a su marido a menudo.

Ella cuenta que les une una amistad de décadas y su amor por la literatura, por Dostoievski y Kafka. Él definiría su relación en un mensaje escrito tras la sentencia de 2009: “Tu amor es la luz que atraviesa los muros y las rejas de la prisión, acaricia cada pulgada de mi piel, calienta cada una de mis células, me permite mantener mi calma interior“.

Lo cierto es que Liu Xiaobo no sabrá que ha recibido tal reconocimiento hasta que su mujer se lo comunique en la próxima visita mensual a la cárcel- previsto para hoy-, donde permanece actualmente incomunicado.

Con todo, es la primera vez que un disidente chino es galardonado con el Nobel de la Paz, al margen del Dalai Lama (premiado cuando estaba exiliado en India, en 1989). El líder espiritual tibetano recibió el Nobel pocos meses después de que el Gobierno chino ordenase la sangrienta represión militar contra las manifestaciones en dicha plaza, la de Tiananmen.

Para poder valorar mejor a los demás, es importante primero reflexionar sobre el error de valorarnos a nosotros mismos y en la cualidad de apreciar a otros. Si estimamos a los demás, entonces nosotros y los otros, seremos felices.

(Reflexión del Dalai Lama)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán