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¿Trabajar + por -?

La actual crisis económica ha hallado la forma de salir de ella: los trabajadores deben “trabajar más y ganar menos“.

Al menos, eso es lo que piensa el presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), Gerardo Díaz Ferrán. Lo ha dicho esta semana.

Y lo afirma el que preside a los empresarios de este país, y además el de otras compañías deficitarias tales como Viajes Marsans AirComet; una aerolínea que debe 16 millones de euros a la Seguridad Social, así como entre dos y cuatro nóminas a sus 900 trabajadores.

Pero volvamos a los que nos atañe.

Díaz Ferrán cree que no se trabaja lo suficiente en España, algo que según él, supone un lastre para la economía. El líder de la patronal -quien tiene los días contados- ve una deficiente productividad de los ciudadanos y reduce la situación a un tema de horas por semana.

Al principio de la democracia se trabajaban 48 horas semanales, que han pasado a ser 40 oficiales.

Pero de las que, en realidad, sólo son efectivas 38 horas, explica. Así pues, el patrón de patronos entiende que es imposible estar trabajando 38 horas y pensar que se va a salir de la crisis”. Del mismo modo, considera que es “imprescindible” ganar menos.

Y yo me pregunto: ¿Es lo mismo que, por ejemplo, al presidente de El Corte Inglés, a un futbolista cotizado, a un banquero, a un alto dirigente político, o a un empresario que llegue a ganar 12.000 € mensuales (y tiro por lo bajo) se le reduzca el salario lo mismo que a un mileurista, a un trabajador del sector servicios, o a un hombre/mujer que a lo que más puede aspirar es a un suelo de más de 1.ooo €?

¿De verdad todo el mundo trabaja de manera igualitaria?

Me temo que no. Por lo que estas declaraciones, a todas luces, distan mucho de lo deseable. A no ser -claro está- que quien las hace viva “por encima de sus posibilidades”, o que sólo piense en su propio beneficio a costa de los demás.

Ferrán que puede estar en sus últimos días al frente de la CEOE, no ha hecho más que echar más leña al fuego.

Pero las reacciones a este mal augurio no se ha hecho esperar. El ministro de Fomento y vicesecretario general de los socialistas, José Blanco, ha afirmado que el presidente del mundo empresarial “no es el mejor ejemplo” para hablar de “trabajar más y ganar menos” porque él “ha ganado mucho, trabajando poco y explotando a muchos.

De lo que no hay duda es que España roza en la actualidad el 16% de desempleo, la tasa más alta de toda la UE. Incluso por delante de otros países de la eurozona con no tan buena fortuna económica como Grecia, Portugal o Irlanda.

A día de hoy, el salario mínimo interprofesional español es de 633,30€ al mes. Una cifra que dista -y mucho- de los 1.610€ de Luxemburgo o de los 1.148€ del Reino Unido. Algo falla.

Lo que es vox populi es que, en contra de las estimaciones del Ejecutivo de Zapatero, las previsiones del Banco de España pintan un panorama desolador a corto plazo. Y es que frente a las últimas previsiones del Gobierno que apuntaban a una caída del PIB 1.6% en 2009, y la vuelta al crecimiento del 1.2% en 2010, el organismo supervisor cree que no habrá una “recuperación incipiente” hasta finales del año que viene.

De hecho, los estudios menos esperanzadores hablan de una tasa media de paro que rondará entre el 17,1% y el 19,4% al finalizar este año. Unos cálculos que ya ni siquiera desestima el PSOE.

Dicho esto, Díaz Ferrán ha pedido a los sindicatos que “se pongan las pilas” y cumplan el acuerdo de negociación colectiva vigente hasta 2012, que prevé incrementos salariales no superiores al 1%. Vamos, que ni pa pipas

En todo caso, las declaraciones del presidente de la CEOE no han dejado indiferente ni a la UE. El miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), José Manuel González-Páramo ha asegurado que no se necesita para salir de la crisis “trabajar más y cobrar menos”, sino mejor y ser más productivos. Y añade que, si finalmente esto supone trabajar más horas, dependerá de lo eficiente que sea cada uno con el uso de las tecnologías.

En esto hay algo cierto. Y es que tenemos que producir más y mejor para poder competir de manera más eficiente.

El problema es que si no se invierte más dinero ni esfuerzos en I+D, en educación o en mano de obra cualificada, no hay nada que hacer.

Ya sabemos que la principal causa de la crisis en este país ha sido la desproporción entre la oferta y demanda en el sector de la construcción, así como la facilidad de endeudamiento privado (por los bajos tipos de interés).

Y, claro, que este y otros gobiernos no han sabido adelantarse a los demás; y han sabido vivir bien, sin muchas preocupaciones. Es lo que yo denomino ‘esencia latina’.

Y así nos va…

Lo mejor será tomarse todo esto a risa.

Al menos, para algo habrá servido pertenecer a esta entidad que se conoce como ‘la Europa social‘. Que si no, íbamos bien con personajes como Díaz Ferrán. Con él viviríamos todavía en la época de los Cro-magnon.

Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

¡Bravo!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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Ser gitano en Europa

El 80% de los gitanos del mundo residen en Europa.

Con 12 millones de personas, la población gitana constituye la principal minoría de la Unión Europea. Y también la que más discriminación padece.

Es un hecho constatado por el Centro de Control Europeo del Racismo y la Xenofobia.

En su informe anual, este organismo afirma que los romaníes -también conocidos como gitanos- se enfrentan con la discriminación en el empleo, la vivienda y educación, además de ser víctimas habituales de violencia racial.

A primeros de agosto, París inició su vasta campaña de desmantelamientos de campamentos gitanos. Y el 19 de agosto fletó los primeros vuelos de expulsión a Rumanía (el país con más gitanos de la UE, con 2,4 millones) y Bulgaria.

¿Su idea? Repatriar a 700 gitanos de Francia a sus países de origen: 41 ciudadanos búlgaros; y el resto, rumanos.

La publicidad y las libertades de tono del Gobierno francés han suscitado duras condenas del Consejo de Europa, de la UE y de la Iglesia, además de las protestas de las ONG.

La ONU avisó: “los romaníes son expulsados de forma colectiva” y no en base a procesos individuales, y alertó de que en Francia se da un “aumento de la violencia de carácter racista” al calor de “discursos políticos de naturaleza discriminatoria“.

Francia sostiene que no está expulsando en masa a los gitanos, sino que se trata de repatriaciones caso a caso de ciudadanos en situación irregular y esgrime razones de orden público. Y reitera que que no ha violado ninguna ley ni la directiva europea sobre circulación de personas.

Lo cierto es que el Gobierno francés prepara una nueva ley de inmigración que amplía los criterios de expulsión de inmigrantes incluyendo ahora los “actos de robo reiterados”, la “mendicidad agresiva” y el “abuso de las estancias cortas” (las de tres meses a las que tienen derecho todos los europeos -incluidos rumanos y búlgaros- sin necesidad de un permiso de trabajo).

En definitiva, quitándoseles en determinados casos la ciudadanía, como si esta fuera un privilegio otorgado y no un derecho adquirido. Es la vuelta del calcetín de la democracia francesa y el aniquilamiento de algunos de los grandes valores que han hecho de Francia paladín de las libertades y de la acogida a los diferentes.

La deportación de gitanos rumanos y búlgaros, aunque sea formalmente voluntaria, resucita la Francia más oscura. Y sólo porque el presidente Sarkozy busca argumentos populistas que le rescaten de su anorexia en los sondeos; al menos, eso es lo que parece.

De las enseñanzas de Le Pen aprendió Sarkozy, que no por ser bajito es tonto.

Para el periodista Juan Carlos Escudier, el del Eliseo tiene una crisis y unos gitanos rumanos que no visten de Armani, es decir, los elementos suficientes para subir en las encuestas organizando viajes sólo de ida a Bucarest. Habrá ricos que aplaudan las expulsiones, pero es seguro que los partidarios más firmes de los destierros se encuentran entre las clases populares, que son quienes ven sus campamentos sin prismáticos, pugnan con ellos en los semáforos para que no les pasen la bayeta por el parabrisas y son víctimas de sus hurtos. ¿Hurtos? Sí, porque los gitanos rumanos también roban, al menos tanto como los parisinos de pura cepa.

Pero, ¿qué dice a todo esto la Comisión Europea? A pesar de haber dado un trato condescendiente al país galo durante todo el verano, la Comisión cambió de postura cuando se hizo pública la circular francesa en la que se ordena prioridad a la expulsión de los gitanos rumanos.

La comisaria de Justicia, Viviane Reding, a la que el Gobierno francés había explicado los detalles de las expulsiones, sosteniendo que se estudiaban caso por caso, que no eran colectivas ni atendían a razones de raza ni nacionalidad, se sintió engañada y anunció un procedimiento sancionador contra Francia que podría acabar en el Tribunal de Justicia la UE de Luxemburgo.

El ministro de Exteriores rumano, Teodor Baconschi, destacó -por su parte- la necesidad de intensificar la cooperación entre París, Bucarest y la Comisión. Evitando así toda “fiebre electoralista artificial” para resolver los problemas de pobreza, de acceso a la sanidad y a la educación de los romaníes en toda Europa.

Con la oposición del grupo Popular (el mayor de la Eurocámara), el Parlamento Europeo aprobaría el 9 de septiembre una resolución en la que expresaba “profunda preocupación por las medidas adoptadas por las autoridades francesas y por otros Estados miembros con respecto a los gitanos” e “insta a tales autoridades a suspender inmediatamente las expulsiones de gitanos“.

Pero todo se ha quedado en agua de borrajas.

No ha habido rapapolvo a Nicolas Sarkozy. De la reunión de los Veintisiete celebrada ayer, ni mu… En su lugar, los líderes europeos han arremetido contra la comisaria Reding -que hizo el paralelismo con la II Guerra Mundial-.

Sólo José Manuel Durão Barroso -presidente de la Comisión- (quizás, porque puede) ha tenido la voz discordante. Y ha salido en defensa de la institución que dirige, así como la apertura del procedimiento de infracción contra Francia (que posiblemente Bruselas active en dos semanas).

Se calcula que unas 20.000 personas romaníes procedentes de Europa oriental y central residen actualmente en Francia, muchas de ellas en campamentos no autorizados.

ETNIA GITANA EN NUESTRO PAÍS

En España, son 600.000 el número de gitanos residentes.

Entraron a España como peregrinos hacia Santiago de Compostela. Si bien los primeros años fueron bien recibidos, sus primeros problemas llegaron en 1499, cuando los Reyes Católicos dictaron la Pragmática Medina de Campo.

Perseguidos por los nazis y vigilados por el franquismo, el siglo XX tampoco ha sido un camino de rosas para la etnia gitana. Pese a ello, este pueblo ha sido fiel a sus costumbres y prueba de ello ha sido la pervivencia de su lengua traída de la India: el romaní o caló.

ORÍGENES

Hasta donde se ha logrado saber, este misterioso pueblo llegó a Europa desde el Norte de la India, específicamente de la región del Punjab y el Sinth, huyendo de las conquistas musulmanas y las invasiones mongolas.

Al cruzar Persia, los inmigrantes procedentes de distintas tribus se casaron y unieron entre sí, dando origen al pueblo Dom o Rom. A medida que el tiempo pasó, fueron evadiendo las hambrunas, los hunos, las guerras y persiguiendo, al mismo tiempo, el anhelo de encontrar un lugar donde establecerse. Fue el surgimiento de un pueblo nómada, cuya bandera tiene en el centro una rueda roja que simboliza los carros sobre los que solían desplazarse.

Es posible que, en busca de un clima soleado, atravesasen el Bósforo para establecerse en el sur de Grecia o Egipto.

Desde allí, se fueron extendiendo por toda Europa. Al llegar a la Península Ibérica, se identificaron como provenientes del pequeño Egipto. Alfonso V de Aragón les da un salvoconducto para cruzar su reino, y desde entonces se les comienza a conocer como egiptanos, antecedente inmediato de la palabra castellana “gitano”. Ellos a sí mismos se dicen Romà, en su propia lengua, el romanò.

Al principio, fueron bienvenidos en las tierras ibéricas. Incluso en Andalucía, llegaron a integrarse de tal manera que gran parte de su música y su tradición literaria -siempre oral- dio origen a formas castellanas que hoy en día se consideran la quintaesencia de lo Andaluz. Palabras tan castizas como chaval provienen del idioma romanò.

Sin embargo, la generalidad de Europa les comienza a mirar con malos ojos: no les pueden controlar, vagan de un lugar a otro y pronto comienzan a transformarse en el chivo expiatorio de los crímenes que pudiesen cometerse mientras ellos estaban de paso.

Son muchos y, quizás demasiados, los ejemplos de aquellos que se hicieron eco del prejuicio, sin darse la molestia de probar el principio sobre el cual cimentaban su historia. Recurriendo la consabida técnica retórica de “… como ya todos sabemos”, daban por cierto el estereotipo de una manera tan natural y tan segura, que ni el genial Cervantes logró librarse de ello, utilizando en varias oportunidades el recurso dramático de infundir preocupación por puertas inseguras, o ventanas abiertas, ya que había gitanos acampando en las afueras del pueblo.

REALIDAD ACTUAL

El resultado de todas estas historias, repetidas hasta la saciedad a lo largo de casi seiscientos años, es la conformación de una estructura rígida desde la cual se hace muy difícil, por no decir imposible, salir.

Un gitano que busque trabajo o pertenencia en un grupo que no es el suyo, lo tiene muy difícil. Precisamente porque, al ser gitano, se le suponen una serie de atributos: ladrón, charlatán y mentiroso podrían encabezar la lista, seguidos de desordenado, sucio y bueno para armar la fiesta.

El resultado será, por lo general, que la persona en cuestión se quedará sin poder acceder a trabajo o redes sociales más amplias, y muchas veces tendrá que recurrir a la mendicidad para lograr subsistir (o al robo, si la necesidad aprieta).

Basado en estos estereotipos e imágenes socialmente construidas a lo largo de siglos, Hitler los metió en campos de concentración, y los gaseó e incineró junto a judíos y homosexuales.

Por contra, siempre quedarán personas como el poeta Paul Valéry, quien se negó a prestar sus manos al régimen colaboracionista de Vichy en la II Guerra Mundial (que deportó a judíos, gitanos y homosexuales a los campos de concentración del Tercer Reich) y que luchó contra los nazis desde la Resistencia, hasta su muerte en 1945.

Frente a la actual política francesa de expulsión de los gitanos rumanos, se le caería al poeta la cara de vergüenza.

Los gitanos volverán a su Rumania de origen, pero allí no lo tendrán mejor.

Se les tratará, en el mejor de los casos, como ciudadanos de segunda o tercera categoría -siendo, en todo derecho, ciudadanos europeos-. Y serán recluidos en ghettos miserables, verdaderos basureros infestados de ratas. ¿Se les acusará ahora de querer huir de las infecciones y de querer satisfacer esa mala costumbre que consiste en llevarse un pan a la boca todos los días?

Todo esto, frente a la inacción de la Unión Europea a la que -por cierto- Francia y Rumania pertenecen.

No se sabe si al final lo peor será la gravedad del atropello o la simple ineficacia. Algunos expertos auguran que las expulsiones de nada servirán, pues los gitanos volverán a sus campamentos… como ha sucedido durante años.

Jamás se puede dejar de SER lo que uno ES…

Por Iñigo Ortiz de Guzmán