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Chernobyl- Año 25

UN CUARTO DE SIGLO EN SILENCIO

UN CUARTO DE SIGLO DE SILENCIOS


Hace 25 años, en la madrugada del 26 de abril de 1986 -tal día como hoy-, el cuarto reactor de la planta de energía nuclear de Chernobyl, explotó en una llamarada de colores que alcanzó los 1.000 metros de altura en el cielo de Ucrania.

Todo fue una auténtica batalla en contra del tiempo, que miles de soviéticos jamás podrán olvidar.

Durante los ocho meses posteriores a la explosión de la central nuclear, 800.000 jóvenes soldados, mineros, bomberos y civiles procedentes de todas las regiones de la antigua Unión Soviética, trabajaron sin descanso para intentar mitigar los efectos de la radioactividad, construir un sarcófago alrededor del reactor accidentado. En definitiva, para salvar al mundo de otra probable tragedia.

Todos ellos estaban guiados por el temor a una peligrosa reacción en cadena derivada de la explosión inicial, cien veces superior a los efectos de la bomba de Hiroshima.

Recordado como el peor accidente industrial y medioambiental de la historia, la explosión de Chernobyl produjo una lluvia radioactiva que pudo ser detectada en la antigua Unión Soviética, Europa Oriental e incluso en EE.UU.

Grandes áreas de Bielorrusia, la actual Rusia y Ucrania fueron altamente contaminadas.

Solo en este último país, 18.000 kilómetros cuadrados de tierra de cultivo resultaron contaminados. Al igual que el 40% de los bosques del país.

El 60% del polvillo radioactivo se asentó en el territorio de Bielorrusia.

Cuando ocurrió el accidente, siete millones de personas (incluidos tres millones de niños) vivían en la zona.

200.000 personas tuvieron que ser evacuadas de sus lugares de origen.

Los datos son representativos. Se arrojó 500 veces mas radiación que la bomba de Hiroshima.

Y 100 kg de Plutonio siguen en el interior del armazón construido; cantidad que, si fuera liberada, podria matar 100 millones de personas.

El accidente de Chernóbil sucedió porque sus jefes quisieron sobreponerse a un golpe igual al que ha provocado el accidente en la central de Fukushima: la pérdida del suministro eléctrico.

Los ingenieros soviéticos sabían que si se caían los plomos, habría al menos un minuto en el que la central quedaría a la deriva antes de que comenzasen a funcionar los generadores de emergencia.

En ese minuto, el reactor podía desbocarse y causar una catástrofe.

Para evitarlo, mejoraron el sistema de la central y lo pusieron a prueba, sin suerte, en tres ocasiones desde 1983.

Hasta que explotó…

El mundo fue ajeno a la catástrofe hasta el 27 de abril, cuando una central nuclear sueca detectó partículas radiactivas cuyas características no podían venir de ningún otro lugar que Chernóbil.

Sólo después del anuncio sueco, los soviéticos reconocen el accidente y comienzan a evacuar Pripiat, la ciudad más cercana a Chernóbil.

El presidente de la URSS, que por aquella época lideraba un movimiento de apertura y transparencia, se tomó su tiempo.

“Publicamos la primera información del accidente en el Pravda del 28 de abril, pero para hablar a la gente necesitaba un análisis más preciso y sustancial. Por eso esperé casi tres semanas antes de presentarme en televisión”, reconocía Mijáil Gorbachov en 2006 durante una entrevista para Cruz Verde Internacional.

La peor parte de la catástrofe se la llevaron los primeros liquidadores, operarios de la central que corrieron al reactor tras la explosión para intentar apagarlo.

Su corazón se había convertido en lava a 2.500 grados.

Los tres hombres que se habían enfrentado en la sala de control se volcaron en intentar apagar aquel infierno nuclear.

Toptunov y Akimov, que quisieron apagar el reactor desde la sala de control cuando todavía era posible, recibieron dosis de radiación letales tras intentar restablecer a mano el flujo de agua al reactor despanzurrado.

Murieron unos días después, antes de que el Gobierno decidiera condecorarles con la orden al valor de la URSS.

Dyatlov, el hombre que quiso seguir adelante con el test, sufrió quemaduras en la cara, las manos y las piernas por la radiación mientras examinaba el exterior del reactor.

Sobrevivió, fue expulsado del Partido Comunista y pasó cinco años en la cárcel por violar las normas de seguridad. Su muerte en 1995 por paro cardiaco fue achacada a la radiación que recibió durante su análisis del reactor.

Decenas de los trabajadores encargados de limpiar la zona del desastre murieron como consecuencia directa de la radiación y varios exámenes a los sobrevivientes revelaron un aumento de los casos de cataratas, daños cerebrales, leucemia y enfermedades cardiovasculares.

También, aumentaron los casos de cáncer de tiroides, especialmente entre quienes eran niños cuando se produjo el accidente, debido a la presencia de yodo radiactivo en la leche de vacas expuestas a los altos niveles de toxicidad.

El informe de la OMS y el OIEA sostiene que un número estimado en 4.000 personas murió de cáncer, como consecuencia de esa catástrofe.

Clausurada en el año 2000, la central sigue siendo un problema pendiente: mientras las cargas radiactivas de su interior no sean almacenadas de forma estable y segura.

Un consorcio internacional ha comenzado a construir la nueva cubierta para el sarcófago que protege el reactor número 4.

Hace una semana, 40 países se reunieron en una conferencia internacional en Kiev, la llamada de donantes; la tercera en su género después de las conferencias de Nueva York (1997) y Berlín (2000).

Las instalaciones pendientes en Chernóbil deberían haberse acabado en 2008. Ahora, el plazo de las obras se ha prolongado hasta 2015.

En total, se han conseguido reunir 550 millones €-190 menos de los prometidos-.

La crisis económica ha influido en la generosidad de los donantes.

Italia, Canadá, México y Brasil no anunciaron ninguna suma, pero, en cambio, un país tan afectado por la crisis como Grecia ha prometido 100.000 euros. China se ha convertido por primera vez en donante a Chernóbil con 4 millones de euros.

Por su parte, Japón -contribuyente destacado en el pasado- anunció que no puede hacer nuevas aportaciones, al tener que lidiar con las secuelas del accidente de Fukushima, el tsunami y los terremotos.

La zona de exclusión en torno a Chernóbil tiene un radio de 30 kilómetros, donde trabajan cerca de 3.500 personas.

La mayoría se desplaza desde Slavutich, la ciudad (fuera de la zona de exclusión) que sustituyó a Prípiat como lugar de residencia de los trabajadores del sector nuclear.

Así, con el tiempo, ha ido acuñando su imagen de ciudad fantasma.

Cuando la central de Chernóbil se cerró hace 11 años, las actividades cesaron simplemente porque se cortó el suministro energético.

Las instrucciones de seguridad que aún pueden encontrarse entre los escombros llevan fechas de los noventa.

Todo lo que podía ser vendido ha desaparecido en Prípiat: barandillas, bañeras y radiadores de metal, cañerías, cables y muebles.

Al caer la noche, el silencio es absoluto allí.

El pasado sigue presente… en la memoria

«Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos» (Martin Luther King)

+ info ESP en Centrales nucleares

+ info ENG at ‘Chernobyl’

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Laberinto

(del latín labyrinthus, y del griego labýrinzos)

Es un lugar formado por calles y encrucijadas, intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él.

El laberinto -como construcción y símbolo- está presente en muchas tradiciones culturales de la humanidad.

Tal y como señala el escritor y semiótico italiano Umberto Eco: “la historia milenaria de este elemento revela la fascinación que siempre ha despertado en el hombre porque, de algún modo, le habla de la condición humana: existen infinitas situaciones en las que es fácil entrar pero de las que es difícil salir“.

Resulta sorprendente que el hombre haya creado espacios que representan su angustia ante las diversos interrogantes de la vida.

Son espacios que el hombre ha construido para escenificar sus preocupaciones ante la incógnita del destino, la opción entre múltiples caminos, el perderse en los mundos burocráticos, o el sumergirse en su propia mente.

Fragmento de la película: “El nombre de la rosa” (1986), de Jean-Jacques Annaud

“EL HILO DE ARIADNA”

El mito del MINOTAURO tiene su origen en la isla de Creta donde, entre los años 2000 y 1400 a. de C., se desarrolló una magnífica cultura que influyó sobre los griegos posteriores.

La leyenda dice que Pasifae, la esposa del rey de Creta -Minos-, enfureció a Poseidón -el dios del mar-. Como consecuencia, este  hizo que Pasifae se enamorase de un hermoso toro blanco y que tuviese el deseo de tener un hijo con él. De esta unión nacio el minotauro, de nombre Asterión, mitad hombre (cuerpo) y mitad toro (cabeza).

Tras el nacimiento del monstruo, Minos encargó a Dédalo -arquitecto y artesano- construir un laberinto para esconder a la bestia.

El laberinto era una construcción inmensa de la cual muy pocos eran capaces de salir vivos de ella. El minotauro se alimentaba cada luna nueva y en el caso de que no saciase su gran apetitivo sembraba terror y pánico en el pueblo.

El rey Minos tenía otro hijo, Androgeo, era un atleta, fuerte y con ciertas habilidades para el deporte (ganó los Juegos Deportivos).

Los atenienses tenían un sentimiento de envidia y celos hacia este individuo, por lo que decidieron quitarlo de enmedio asesinándole.

Este acto llegó a oídos del rey Minos que, con un gran sentimiento de venganza, envistió a Atenas con su gran ejercito por haber matado a su hijo. Atenas por su parte, no pudo soportar la oleada del monarca, planteando  la posibilidad de una capitular.

El rey aceptó pero puso una condición imprescindible: Atenas debía enviar cada nueve años a siete jóvenes y a siete doncellas para ser ofrecidos al minotauro para vengar la muerte de Androgeo. Los ministros atenienses vieron una idea algo injusta por dejar a los jóvenes ante el minotauro, pero era la única salida que tenían.

El rey Minos les dió una oportunidad para salvarse: Si uno de los 14 jóvenes era capaz de escapar del laberinto sano y salvo, libraría a Atenas de tal calvario.

En el tercer envío de jovenes al laberinto se encontraba Teseo -único hijo del rey- ateniense, que se ofreció para acabar con el minotauro de una vez por todas y librar a Atenas del castigo del rey que sufrían desde  hace ya bastante tiempo.

Minos tenía dos hijas, una de ellas se llamaba Ariadna, la cual tenía cierto interés en Teseo.

Ella se la jugó ayudandóle, lo que hizo fue ofrecerle un ovillo de lana para que lo fuese desenrrollando a medida que se adentrase en el laberinto. También le dió un puñal para que se pudiese defender.

Poco después llego el temido día para los jóvenes y doncellas, excepto para Teseo.

Él iba tranquilo, con confianza y valentía. Cuando se adentraron en el laberinto se podían escuchar los bramidos del minotauro. Poco después Teseo y Asterión se encontraron cara a cara. Asterión rapidamente fue a embestir a Teseo, pero que, con gran habilidad le dió una puñalada, haciendo que exhalase su último gemido.

Esta hazaña no sólo significó la liberación de los jóvenes y doncellas de ese momento, sino que también Atenas había sido liberada de tal cruel castigo.

Después de vencer a la bestia (gracias al hilo que le había suministrado Ariadna), Teseo pudo volver sobre sus pasos y salir del laberinto una vez que había destruido al Minotauro. Pero cuando Teseo se disponía a partir decidiendo llevarse a escondidas a Ariadna en su nave, en medio de la mar tuvo lugar una gran tempestad que obligó a que anclasen en la isla de Nossos. Allí Ariadna se quedó dormida en el bosque.

De pronto, y rodeada por una monumental ceremonia, se le apareció el joven más bello que jamás antes hubiera visto. Era Dionisios -dios del vino-, quien le ofreció casamiento y hacerla inmortal.

Su búsqueda fue inútil, y nunca la encontrarían.

En tanto, en Atenas cundía la tristeza. El anciano rey iba todos los días a la orilla del mar, esperando ver a su hijo retornar. Al fin, el barco apareció en el horizonte. Pero traía las velas negras y el anciano desesperó. Y es que Teseo, abatido por la desaparición de Ariadna, había olvidado izar las velas blancas, signo de su victoria. Loco de dolor, el rey Egeo se arrojó al mar (que desde entonces lleva su nombre). Pasó el tiempo y los atenienses reunidos en asamblea ofrecieron la corona a Teseo, quien se casó luego con Fedra y reinó por largos años.

Y es por este mito por el que aparece la expresión que todavía se utiliza “El Hilo de Ariadna“, para referirnos al instrumento de que nos valemos para encontrar el camino que conduce a solucionar un problema complicado.

Es válido en sí mismo en tanto nos habla de los ingenios, deseos y pasiones humanas que perduran a través de los milenios, a pesar de los cambios tecnológicos. Cada uno podrá extraer enseñanzas de esta historia, siendo el carácter didáctico lo que más solían apreciar los griegos en sus mitos: el contraste entre la ingratitud de Teseo y la generosidad de Dionisios.

Laberintos UNICURSALES

El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona está dedicando una exposición a los laberintos.

La muestra realiza un repaso del concepto y la representación del laberinto a lo largo de la historia –haciendo una clara distinción entre laberintos de recorrido único, unicursales (Labyrinths), y de recorrido múltiple, multicursales (Mazes).

Fuí pues el otro día al CCCB con dos amigos -Maite (crítica de arte) y Maurizio (italiano por los cuatro costados)- a ver la expo Por laberintos’. Y acabé al final deseando encontrar la salida.

Es lo que tiene el laberinto: no puedes resistirte a entrar en él, pero una vez dentro lo que te obsesiona es salir cuanto antes.

Acabas sabiendo que en el mítico laberinto de Creta -padre fundacional del género-, el hilo de Ariadna no hacía ninguna falta.

Y es que los laberintos unicursales te llevan de la entrada al centro y de ahí a la salida sin posibilidad de desviación.

De modo que Teseo no podía más que encontrar al Minotauro: que saliera del lío diseñado por Dédalo dependía, pues, de su habilidad por acabar con la bestia y no de acertar con el único camino de vuelta posible.

De hecho, la exposición te enseña también que los laberintos multicursales -donde hay muchos recorridos ciegos- son un invento relativamente reciente, del siglo XV. Y te explica el por qué de este retraso: el Renacimiento puso al hombre en el centro del laberinto universal y ese hombre cognitivamente procede por ensayo y error, vuelve atrás cuando encuentra el camino cerrado y ensaya otro itinerario.

Es lo que Umberto Eco, que prologa el catálogo, llama el laberinto manierista: una estructura de árbol, con muchas ramas muertas que no llevan a ninguna parte y una sola que conduce a la solución.

Laberintos MULTICURSALES

Aquí, se plantea el problema de la necesidad del hilo de Ariadna para salir de él; como “memoria externa” que nos ayuda a reconstruir los pasos que nos devuelven a la entrada del laberinto.

De hecho, se dedica una sala a la relación entre laberinto y memoria, con un hormiguero como pieza central que permite una aproximación al tema desde la perspectiva de las ciencias de la naturaleza.

Los comisarios de esta muestra son dos sabios del laberinto.

Ramon Espelt, autor de ‘Laberints’, rastrea influencias del género en el arte, la arquitectura, la literatura, la música, la danza y el cine.

Y también se hace mención a autores tan influyentes como Friedrich Dürrenmatt, Martha Graham y, por supuesto, Jorge Luis Borges. Para quienes el laberinto ha sido un tema importante en su obra.

El segundo comisario sabio en materia de dédalos es el arquitecto Óscar Tusquets, el cual ha diseñado la muestra -naturalmente- como un laberinto en cuyo centro se halla el Minotauro.

La fuerza simbólica de esta figura es extraordinaria, pues pasa al cristianismo encarnada en el demonio o bien en Dios, transformándose así el laberinto en metáfora de una vida tortuosa que conduce a la salvación o a la condenación, dependiendo del camino que se tome.

Al final de la exposición hay instalada una cámara de los espejos, siguiendo el modelo de Leonardo da Vinci.

El famoso genio renacentista que le dio (al igual que al protagonista del último film de Francis Ford Coppola, Tetro) por escribir manuscritos secretos de una forma que sólo eran legibles a través de un espejo.

Así uno se convierte en su propio Minotauro o en sus propios demonios entrando y saliendo de las celdas de la biblioteca borgiana. Inquietante.

Tal y como reza el vídeo promocional: El cerebro se inventó para salir de casa. La memoria para volver a ella.

 

La metáfora se cierra: al final del laberinto espera la muerte.

El dibujante rumano Saul Steinberg (1913-1999) ilustra con este garabato la representación imaginada de las trayectorias posibles de una vida. La vida entonces sería un viaje entre A (el nacimiento),y B, el final, la muerte.

“El laberinto es, todos lo sabemos, un mito. También es una metáfora, un espacio simbólico.

No es una cárcel con las puertas y las ventanas clausuradas. No es la privación de la libertad. El laberinto es la imposibilidad de encontrar la salida. Espacio paradójico por excelencia que conduce a la desesperación.

Sabes que está abierto, sabes que tiene una entrada y que por ella se puede volver a salir, pero todos los intentos por encontrarla son vanos. Esa posibilidad de salir y no poder hacerlo, te consume mortalmente.

Toda la vida en el laberinto se reduce a eso, a buscar obsesivamente la imposible salida…

Pero hoy, todo está degradado, trivializado y estoy casi seguro que existe laberintos para turistas perfectamente señalizados y anodinos. Carentes, por lo tanto, de riesgo por la pérdida de la libertad”. (bloguero Juan Yanes)

En definitiva, siempre hay una salida; si sabes cómo.

Exposición Per Laberints (hasta el 9 de enero de 2011)

De martes a domingo, y festivos: de 11 a 20h

Jueves: de 11 a 22h

Cerrado: lunes no festivos

www.cccb.org

Y como todo laberinto, siempre hay un final.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Contra la impunidad

Actores, cineastas y escritores como Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón, Hugo Silva, Juan Diego, Carmen Machi, Juan José Millás, Almudena Grandes, Juan Diego Botto o Miguel Ríos entre otros, prestan su voz y su imagen en un vídeo de nueve minutos. Representan cada uno a un ejecutado y desaparecido durente la rebelión militar y la posterior dictadura franquista, y cuyos cuerpos siguen desaparecidos.

Con un esquema en el que se repite el final “no tuve juicio, ni abogado ni sentencia, mis familiares siguen buscándome. ¿Hasta cuándo?” y ruido de disparos, termina cada uno de los 15 vídeos que la Plataforma Cultura contra la Impunidad presentó hace unos días en Madrid.

En apoyo a las 113.000 familias de desaparecidos.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ha dicho que este vídeo “tiene que avergonzar a mucha gente”. Denuncia además la persecución sufrida por Baltasar Garzón cuando comenzó a investigar estos hechos, que puede “derivar en un conflicto entre el poder judicial y la sociedad española”. Y añade: “Hemos vivido algo tan grave como perseguir a un juez que ha tratado de perseguir unos crímenes que son reales y eso es algo que parece irreal y ha ocurrido aquí”.

El efecto buscado ha conseguido emocionar a las familias que han prestado las biografías de sus antepasados para la campaña. Es el caso de Antonia Parra, que no pudo evitar las lágrimas al escuchar al escritor Juan José Millás, representar el papel de su padre, Antonio, fusilado con 34 años en Marchena (Sevilla). “Mi madre siempre creyó que lo habían matado por leer mucho”, recordaba Antonia a la puerta del cine donde tuvo la presentación de esta iniciativa. Millás explicó la emoción que sintió al conocer los detalles de la muerte del padre de Antonia: “Su mujer enterró los libros de su marido en el patio de su casa. Esa imagen es terrible. Es como si enterraran pajarillos vivos“.

El próximo domingo en el cementerio de la Almudena se leerán los nombres de todos los asesinados en la capital española durante el franquismo. Y el 26 de junio se organizará una concentración en la Puerta del Sol para llenar las calles de velas en homenaje a los desaparecidos.

En representación de las víctimas, Hilda Farfante, hija de Balbina Gayo, agradeció a todos los artistas su trabajo y su “empuje”, y aseguró que esta iniciativa es un “grito” contra “un largo y vergonzoso silencio“.

BLOODY SUNDAY

Guardando las distancias, precisamente el martes en Londres se vivió un hecho insólito. El primer ministro británico David Cameron admitía la muerte de 14 civiles católicos en la localidad norirlandesa de Londonderry en 1972 por disparos del ejército británico. Una actuación que tachó de “injustificado e injustificable”, y que se conoce como el Domingo Sangriento.

Cameron hizo esta afirmación al presentar ante el Parlamento el informe dirigido por el ex juez del Tribunal Supremo, lord Saville of Newdigate, sobre lo ocurrido el 30 de enero cuando soldados británicos del Primer Regimiento de Paracaidistas dispararon contra una manifestación a favor de los derechos civiles.

Casi cuatro décadas han pasado, pero las conclusiones del llamado informe Saville han posibilitado que las familias de las víctimas puedan vivir un poco más en paz. Y lo que se termina aceptando es: que ninguna de las 14 personas asesinadas aquel día llevaban armas de fuego y que los soldados no dieron ningún aviso previo antes de comenzar a disparar contra la multitud.

Se trata del informe de más larga gestación -un total de doce años- y el más costoso -195 millones de libras (234 millones de euros)- de toda la historia legal británica.

A diferencia del terrorismo de ETA, el Bloody Sunday colocó al IRA en el lado emocional de los buenos para una gran parte de la opinión pública internacional. Y esa fortaleza hizo posible un proceso de paz que culminó en 1998 con los Acuerdos de Stormont.

Todo Gobierno puede tener la tentación de maquillar sus errores bajo mentiras, pero cuando la evidencia es clamorosa, cuando las pruebas dicen lo contrario…las represiones y los actos injustos no sólo fortalecen al enemigo. Acaban volviendo.

¿Cuándo ocurrirá eso en España, cuándo se pasará página?

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Memoria histórica, en entredicho

El proceso contra el magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón -por prevaricación al investigar los crímenes del franquismo- va viento en popa.

En las últimas horas ha habido movimientos significativos.

El juez del Tribunal Supremo que instruye la causa, Luciano Varela, ha expulsado a Falange Española de las JONS como acusación popular en el proceso contra el magistrado de la Audiencia Nacional. Según Varela, la formación política no ha subsanado su requerimiento de corregir su escrito de acusaciones en el que pedía 20 años de inhabilitación para Garzón. Un hecho insólito. Se mata dos pájaros de un tiro. Por una parte, consigue apartar al querellante más incómodo, y por otro lado se evitan los titulares de que el Tribunal permite que el partido único del franquismo siente en el banquillo a Garzón por investigar los crímenes de la dictadura.

No olvidemos que Falange es un partido político español de la derecha radical, ultranacionalista, de ideología fascista. Creado al albor tras la unificación con el movimiento carlista que llevó a cabo el general Francisco Franco, y cuyo objetivo es la instauración de un Estado totalitario nacional-sindicalista.

En todo caso, esta expulsión no deja fuera las querellas del pseudosindicato ultraderechista Manos Limpias. De haber expulsado a las dos acusaciones, el proceso contra Garzón habría quedado sin contenido. Lo dicho, el proceso sigue inteligentemente adelante, y dejando de lado a un protagonista incómodo como la Falange. Y en lo que las asociaciones de víctimas consideran una operación de maquillaje.

Así con todo, Varela parece decidido a dictar auto de apertura de juicio oral en los próximos días. Un movimiento que podría confirmar lo que se achaca a Garzón: instruir un caso a sabiendas de que es injusto. La prevaricación.

Las razones son dos. El juez instructor estaría usando unas acusaciones incapaces de presentar algo más que una vulgar octavilla de propaganda para hacer un ajuste por cuenta propia con Garzón. Y, por si esto no fuera poco, Varela estaría traicionando sus propias convicciones expuestas en su voto particular en el caso Atutxa (por el que el Tribunal Superior vasco consideró que no hubo delito de desobediencia), y que aún sigue pendiente.

Pero también está la doctrina Botín. Aquella por la que el Tribunal Supremo reinterpretó sobre la acción popular con la que exoneró de juicio al presidente del Banco Santander, Emilio Botín. Un caso complicado en el que Varela no estuvo dispuesto a abrir la caja de Pandora. Es decir, abrir un juicio oral. Y es que suponía una violación del artículo 14 de la Constitución que consagra la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La doctrina Botín y la del voto particular del magistrado Varela mantienen que la acusación popular carece de legitimación por sí sola, a falta de acusación particular o de acusación pública, para llevar a un ciudadano a juicio.

La causa contra Garzón encaja como anillo al dedo con esta doctrina: no hay acusación particular, por la sencilla razón de que no existen perjudicados, ni tampoco acusación pública porque ningún daño ha producido Garzón al “interés público y social”. Por lo que la causa sólo se sustenta en una acusación popular a la que el propio instructor Varela ha debido corregir para que no sea tan patente que se mueve por estrictos intereses particulares al amparo de una presunta defensa del interés social.

Hay dos posibilidades para poner un punto y final a este circo mediático. O bien llevar a cabo el sobreseimiento o, en todo caso, a dejar en suspenso la apertura del juicio oral contra Garzón. Porque podría suceder que el Tribunal Constitucional avalara como correcta la doctrina Botín y que Garzón hubiera sido juzgado con una interpretación inadecuada de las leyes procesales.

Pero no se quiere acabar así. De lo que se trata, al fin y al cabo, hacer con Garzón -seamos claros- es quitarle del medio por parte de ciertos jueces conservadores. Una situación insólita que está avivando las críticas internacionales. Los principales medios de comunicación internacionales no entienden que un juez esté siendo puesto en entredicho por investigar a quiénes pudieron estar presuntamente detrás de las desaparición de 100.000 personas durante el franquismo.

Lo mismo pasa en nuestro país. Las víctimas están clamando mayor severidad con los responsables de aquellos trágicos hechos. Con quienes presuntamente han estado y están detrás de todo este embrollo. Se me hace harto difícil pensar que Garzón -con todas sus virtudes y no tan virtuoso en su afán judicial en ocasiones- haya tomado parte injustamente.

Ahora se pone sobre la balanza la Ley de Amnistía de 1977. Pretender revisar esa decisión equivale a cuestionar y deslegitimar gravemente todas las decisiones que nuestra democracia adoptó en aquellas fechas, incluida la Constitución. Quienes defienden la nulidad de dicha Ley -a efectos de producir una investigación judicial sobre ese pasado- tienen que saber que la persecución penal del franquismo implica una causa general contra todas las responsabilidades penales de aquellos años.

El diputado socialista en el Parlamento europeo, Ramón Jáuregui, añade: “No fue esa la voluntad democrática de los españoles en la Transición. Decidimos perdonar sin olvidar, aunque fuera cierto que perdonaban más quienes más sufrieron durante 40 años la represión de los vencedores y aunque sea evidente también que olvidamos demasiado, confundiendo durante demasiado tiempo, perdón con olvido.”

Para esto se creó la llamada Ley de Memoria Histórica de 2007.  Una norma por la que se empezó a reconocer a las víctimas republicanas de la guerra y de la represión posterior con diferentes indemnizaciones. A saber: las exhumaciones de los fusilados; la supresión de signos y símbolos franquistas; la devolución del honor a los condenados en consejos de guerra; etc. Y de todos es sabido que el Partido Popular no se adhirió a tales pretensiones de devolver la justicia a la memoria española. Por eso, y por muchas cosas, su animadversión contra un juez que pretendió restablecer los principios básicos de los derechos humanos. Sentar en el banquillo a los culpables de la barbarie del pasado. Por intentar dar satisfacción a las víctimas del franquismo.

“La memoria abre expedientes que el derecho considera archivados”, Walter Benjamin (crítico literario marxista y filósofo judeo-alemán)

Lo que la memoria ha descubierto en los últimos años es que las víctimas del colonialismo, de la esclavitud, de la conquista o de la guerra civil son significativas, tienen significación. Claro que víctimas ha habido siempre, pero eran insignificantes o invisibles porque entendíamos que eran el precio del bienestar presente o de la transición política. Había que asumirlo como irremediable y lo que tocaba era pasar página. Eso se ha acabado. Ahora son visibles.

Ya lo decía el escritor italiano de origen judío-sefardí, Primo Levy: “Sin memoria de la injusticia no hay justicia posible”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán