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Cierre de año: 2010

En la década de los años 70, el caricaturista argentino Quino reflejaba en varias de las historietas de Mafalda la agenda noticiosa que predominaba entonces: el conflicto en Medio Oriente, la situación en China o la influencia de Estados Unidos en la economía mundial, por nombrar sólo algunos de los temas.

Estos mismos titulares podrían encabezar la agenda de los medios de información cuatro décadas después, sumando los desastres naturales que ocurren anualmente.

2010 no ha sido la excepción.

Entre tantas noticias hay cinco que, sin embargo, no han sido común otros años:

WIKILEAKS, EN EL PUNTO DE MIRA

La chispa que detonó la bomba que hoy conocemos como WikiLeaks fue la aparición del video sobre un incidente ocurrido en Irak en marzo de 2010, en el que se ven soldados estadounidenses disparando contra un grupo de personas civiles.

Fue en ese momento que la organización (que había nacido tres años antes) logró un gran impacto internacional.

Desde entonces ha ido filtrando documentos que comprometen a la mayoría de países del mundo, si bien su mayor archivo de informaciones proviene de EE.UU.

Con la creciente popularidad e impopularidad de WikiLeaks, también surgió la figura de Julian Assange: cofundador, vocero y editor en jefe del sitio en internet.

Nómada por naturaleza, Assange se ha convertido en bandera de la lucha por la libertad de expresión.

Pero EE.UU. lo considera una “amenaza a la seguridad nacional”.

“WikiLeaks es un servicio público internacional (…) nos especializamos en permitir a periodistas o informantes que han sido censurados presentar sus materiales al público”, se explicó así Assange ante la prensa.


El periodista y ex hacker australiano fue detenido en el Reino Unido por pedido de la justicia sueca, que investiga dos acusaciones de delito sexual, pero que él niega.

LOS 33 MINEROS DEL MUNDO

¿Quién no conoce al “animador” Mario Sepúlveda? ¿O al futbolista Franklin Lobos? ¿Al maratonista Edison Peña? ¿O el dilema de amor de Yonni Berrios?

La historia de los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados a 700 metros bajo tierra durante 70 días combinó en una fórmula mediática los elementos que cautivaron la opinión pública: drama, angustia, esperanza, patriotismo, compañerismo y pasión.

Todo comenzó una mañana del 5 de agosto, cuando en una vieja mina de oro y cobre hubo una explosión que bloqueó todas las vías de salida.

Ocurrió en la mina San José, a 50 kilómetros de Copiapó, en el norte de Chile.

Durante 17 días no se supo nada de quienes estaban trabajando en el yacimiento cuando ocurrió la explosión. Fueron momentos de angustia para los familiares y de pesimismo para el resto de sus compañeros.

Pero hubo un giro del destino.

Un pequeño papel apareció atado a una de las sondas con las que el equipo de rescate perforaba la tierra en busca de alguna señal de vida. Estamos bien, en el refugio, los 33″, con ese escueto mensaje los mineros se comunicaron con el exterior.

A partir de ahí se dio marcha a una de las operaciones de rescate más complejas y de mayor impacto que se recuerdan.

Después de perforar durante mes y medio un agujero por el cual serían trasladados los mineros a la superficie, se inició el operativo el martes 12 de octubre.

La Operación San Lorenzo, como se denominó, fue un nuevo hito en la historia de las comunicaciones al ser seguida por mil millones de personas por televisión.

De igual forma el tráfico en internet podría convertir a este hecho en el quinto que más visitas generó en los últimos años, siendo superado sólo por los partidos del mundial de fútbol, Wimbledon y la toma de posesión de Barack Obama como presidente de Estados Unidos.

Uno a uno fueron apareciendo dentro de la cápsula “Fénix 2” y en poco más de 24 horas salió a la superficie el último de los 33.

“Misión cumplida” fue el mensaje final.

EL PULPO PAUL

La Copa del Mundo en Sudáfrica marcó muchos hitos en la historia del fútbol.

Pero más allá de que se disputara por primera vez en ochenta años en territorio africano o que España conquistara su primera Copa, el Mundial 2010 será recordado también como el torneo del pulpo Paul.

La vida y muerte de este cefalópodo conmovió al mundo y su protagonismo fue tal que su predicción sobre el ganador de la final en Sudáfrica fue seguido por millones de personas en una cobertura en vivo que transmitieron las principales cadenas de televisión.

Ni los minutos previos al partido entre España y Holanda generó tanta expectativa, porque un día antes el pulpo Paul ya se había decantado por la victoria del equipo de Casillas, Iniesta y Xavi.

Gracias a sus presuntos poderes sobrenaturales, el pulpo Paul logró “predecir” los resultados de siete partidos.

Pero Paul no pudo disfrutar su fama por mucho tiempo, pues falleció en octubre.

EYJAFJALLAJOEKULL

Este volcán, de nombre impronunciable para la mayoría, fue el culpable de que más de un millón de pasajeros se vieran afectados a diario y las aerolíneas perdieran US$1.700 millones cuando el cielo en Europa estuvo cerrado al tráfico aéreo durante varios días por causa de una nube de cenizas.

La segunda erupción en menos de un mes del volcán Eyjafjallajoekull, en Islandia -ubicado a unos 120 kilómetros al este de la capital Reikiavik-, causó un caos que repercutió en todo el mundo.

El problema fue que la nube de cenizas que desprendió y cubrió casi la totalidad del espacio aéreo en Europa suponía un riesgo para los motores de los aviones, por lo que se optó por la solución más segura de cancelar los vuelos programados y cerrar los aeropuertos de manera total o parcial en varios países.

El efecto dominó afectó a comercios, industrias y economías en todo el mundo.

Si bien no se repitieron los efectos trágicos de hace 227 años, cuando una erupción causó la muerte de decenas de miles de personas, las cenizas fue otra alerta a la población de la fragilidad del ser humano frente a los caprichos de la naturaleza.

IPAD: EL CAPRICHO HECHO TABLETA

Es increíble como la tecnología viene a llenar espacios en nuestras vidas que no sabíamos que existian, o que estábamos seguros que ya teníamos satisfechas.

Fue así como pareció en enero de 2010 el iPad, una ordenador portátil en formato tableta de pantalla táctil.

“¿Hay lugar para una tercera categoría de aparato a medio camino entre una computadora portátil y un teléfono inteligente?”, se preguntó Steve Jobs, director ejecutivo de Apple, en el acto de presentación.

Al parecer, lo había.

En un principio, el nuevo artilugio de Apple dividió las aguas entre quienes lo consideraron una maravilla y los que no, pero solamente por el hecho de estar disponible causó furor entre los consumidores y provocó la reacción inmediata de sus rivales para ofrecer productos similares en el mercado.

Es tanta su penetración que los diseñadores del proyecto One Laptop Per Child (una computadora por niño) impulsan ahora la idea de dotar a menores de edad de una tableta electrónica por cada niño para que se utilice con fines educativos.

No es de extrañar entonces que, según empresas de análisis de tecnologías de la información, estamos siendo testigos del principio del fin del PC.

Según ciertas rumorologías, es posible que en 2011 los teléfonos inteligentes y tabletas electrónicas se vendan más que las computadoras tradicionales.

“La crisis sirve para que se vuelva a hablar de valores, salud, amistad, deporte, honestidad. La vuelta de lo relevante, ya que es lo unico que queda” (Bloguero Alberto Knapp)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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Sudáfrica con Mandela

Nelson Mandela

Se celebran 15 años desde que Sudáfrica ganara en casa el campeonato Mundial de Rugby contra Nueva Zelanda. Todo un hito después de que durante años fueran excluidos de este tipo de competiciones debido al apartheid.

Pues bien, ahora el país africano acoge de nuevo un mundial, ésta vez de Fútbol. Será el próximo 11 de junio cuando de comienzo. Y con él se espera que el nonagenario y ex presidente de la República, Nelson Mandela, vuelva a hacer acto de presencia.

Un símbolo de libertad y de supervivencia.

Un icono a nivel global de la reconciliación y el perdón desde su puesta en libertad el 11 de febrero de 1990.

Clint Eastwood ha sabido plasmar como nadie esta historia en su última película que produce y dirige: “Invictus“. Un film basado en el libro de John Carlin “El factor humano” (Playing the enemy: Nelson Mandela and the Game That Changed the World) y ambientada después de que Nelson Mandela saliera de la cárcel y se convirtiera en presidente de Sudáfrica.

Con el evento deportivo en 1995, el líder sudafricano impulsó y utilizó, con la ayuda de la estrella de rugby Francois Pienaar (Matt Damon), como vía para acabar con el odio y la desconfianza existente durante décadas entre la población blanca y negra del país.

Toda una aportación al mundo cinematográfico que refleja la historia de un hombre de raza negra que -con la perseverancia que le caracteriza- ingresaría en 1944 en el Congreso Nacional Africano (ANC), de inspiración basada en la figura de Gandhi . Un movimiento de lucha contra la opresión de los sudafricanos de color. Y cuya ideología se basó en un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

Este año se cumplen dos décadas desde que Mandela fuera liberado -tras 27 años en prisión- convirtiendo un país de convivencia y de respeto hacia los derechos humanos.

Echemos un vistazo para atrás y comprender por qué.

Corre el año 48. Llega al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionaliza la segregación racial creando el régimen del apartheid (implantado por colonizadores ingleses) como símbolo de una sucesión de discriminación política, económica, social y racial. Fue llamado así porque significa “separación” en Afrikaanses una lengua germánica, criolla del neerlandés.

Este sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el “desarrollo”. Todo este movimiento estaba dirigido por la raza blanca, que instauró todo tipo de leyes que cubrían, en general, aspectos sociales. Se hacía una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia.

Entre otros aspectos de disfunción racial pasaban porque los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno, como tampoco podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales en las áreas asignadas específicamente para los blancos. Asimismo, el transporte público era totalmente segregado. A los negros no les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase.

En 1959, con el Self Government Act el apartheid alcanzó su plenitud cuando la población negra quedó relegada a pequeños territorios marginales y autónomos y privada de la ciudadanía sudafricana.

Para entonces, Nelson Mandela -que había estado confinado en la cárcel por dirigir un movimento contra el régimen de la época- reaparece en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad. Ahí plasma la aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático; una reforma agraria; y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.

Pero la situación no es fácil. El gobierno responde y crea a finales de los 50 siete reservas (o bantustanes), territorios marginales supuestamente independientes, en los que confinar a la mayoría negra. El ANC responde con manifestaciones y boicoteos, que conducen a la detención de la mayor parte de sus dirigentes. Mandela es acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.

Ese mismo año es elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo movimiento clandestino que adopta el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; al tiempo que se encarga de dirigir el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centra en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 Mandela viaja por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana. A su regreso es detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de la Lanza de la Nación le condena a cadena perpetua en 1964.

Llega así su reclusión durante 27 años en la isla de Robben Island –al estilo de Alcatraz- en penosas condiciones, pero que supuso el principio de una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.

Mientras tanto, en los años 70, el régimen sudafricano es oficialmente condenado por la comunidad occidental y sometido a un embargo de armas y material militar. Y en 1985, el Consejo de Seguridad de la ONU llama a los estados miembros a adoptar sanciones económicas.

Consciente de su problemática, el gobierno intenta acabar con el tan incómodo mito de Mandela, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; a lo que el líder negro rechazó el ofrecimiento.

Desde su minúsculo habitáculo en la prisión, Nelson Mandela escribiría el siguiente poema:

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años me encuentra, y me econtrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Y llega el fin de la Guerra Fría que precipita, a su vez, el fin del apartheid.

Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, tiene que ceder finalmente ante la evidencia de la presión internacional; y abre el camino para desmontar la segregación racial, liberando a Mandela en 1990 y convirtiéndole en su principal interlocutor para negociar el proceso de democratización.

De este modo, paradógicamente los dos protagonistas Mandela y De Klerk se hacen con el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En adelante la población negra recupera sus derechos civiles y políticos.

Y Nelson Mandela se pone en 1994 al frente -quizá por lo que siempre soñó- de la presidencia de la República de Sudáfrica.

Una apuesta -la de la igualdad- por la que siempre será recordado junto a la copa del Mundial de Rugby. Probablemente, los dos momentos que al líder sudafricano más le marcaron, y por los que entrevió que nada es imposible si el objetivo es lícito y justo.

Mandela ha logrado que los 47 millones de habitantes de Sudáfrica se hayan puesto de acuerdo en que no valen más segregaciones por ser de uno o de otro color, de pertenecer a una o de otra religión, por pensar de tal o de cual manera…

Ahora, muy frágil a sus 92 años, “Madiba” el nombre con el que lo llaman los miembros de su clan, limita sus apariciones y se expresa sólo mediante grabaciones de video. Pero su perseverancia por los más débiles seguro que nunca será olvidado.

“Sueño un África en paz consigo misma”

Por Iñigo Ortiz de Guzmán