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Día Mundial del SIDA

Cada 12 y 15 segundos, una persona contrae el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV) en el mundo.

En total, son más de 36 millones los que conviven con esta pandemia, que se empezó a conocer como tal en 1981.

(pinchar en imagen para ver en tiempo real el número por zonas geográficas)

Este año, la campaña de Cruz Roja en el Día Mundial de la lucha contra el Sida se articula en torno al tema “Acceso universal y derechos humanos”.

Se quiere así hacer un llamamiento a pacientes, profesionales sanitarios y a la población general para que trabajen conjuntamente en eliminar el estigma al que se somete a las personas con la enfermedad y para lograr que el acceso al tratamiento sea universal.

Los últimos datos en España hablan de entre 120.000 y 150.000 afectados, aunque lo más preocupante de todo es que unas 35.000 personas desconocen ser portadoras de la enfermedad.

Naciones Unidas advierte que una mejora de la estrategia en la lucha contra esta enfermedad podría evitar diez millones de contagios y un millón de muertes anuales en el mundo.

El Tratamiento 2.0, como denomina la ONU a la estrategia a seguir, marca como objetivo reducir a la mitad el coste actual de los medicamentos necesarios para salvar la vida del paciente.

Ya sabemos que si la población contagiada fuera tratada correctamente con antirretrovirales, se reduciría en un tercio la expansión del virus, que causa dos millones de muertes anuales.

Y -en especial- en África, el continente más afectado; donde cada día más de 8.000 personas mueren de sida. Cada hora, cerca de 600 personas se infectan, y cada minuto un niño muere a causa del virus.

El sexo con protección entre los jóvenes ha permitido a 15 de los 25 países con más población infectada por VIH disminuir un 25% el número de infecciones en la última década.

El informe Perspectivas 2010 del programa contra el sida de la ONU (ONUSIDA), determina que el uso de preservativos y la mejora de la educación sexual está disminuyendo la prevalencia de la epidemia entre los jóvenes africanos.

La mala noticia es que apenas cinco de los 15 millones de contagiados que necesitan tratamiento cuenta con acceso a medicamentos.

El informe valora que los jóvenes retrasan sus relaciones sexuales, cuentan con menos parejas y, sobre todo, usan más métodos de protección, como condones, para ambos sexos.

Cerca de cinco millones de jóvenes de entre 15 y 24 años conviven con el VIH (el 80%, en el África subsahariana).

30 años después del inicio de la epidemia, al menos 60 millones de personas se han infectado con el VIH, y 25 millones han muerto a causa del sida.

Como dato positivo, la ONU advierte de que la pandemia se ha estabilizado en la mayor parte de las regiones, aunque alerta de un aumento en el este de Europa y en el centro de Asia.

Lo que sí es algo patente es que el 71% de las nuevas infecciones del mundo sigue produciéndose en África.

A día de hoy, el uso del preservativo no está tan extendido como debería entre las personas que viven con VIH en España.

Según la Encuesta Hospitalaria a pacientes con VIH del Plan Nacional sobre el Sida correspondiente a 2010, el 26,9% de los pacientes tratados por VIH en los hospitales españoles -y que mantienen actividad sexual- reconocen que no usaron preservativo en su última relación.

Este dato, además, confirma una realidad preocupante entre los seropositivos españoles que se mantiene invariable a lo largo de los últimos años.

Y es que ya que en 2009 reconocía un uso insuficiente del condón el 28,1% de los afectados, mientras que en el año anterior el porcentaje era prácticamente idéntico.

La encuesta, realizada sobre 660 pacientes atendidos en 80 hospitales públicos de un total de 14 copmunidades autónomas, recoge también que en torno a un 10% de las personas con VIH que acudieron a consulta habían tenido en el último año otra enfermedad de transmisión sexual (como la hepatitis, la gonorrea o la sífilis).

No obstante, desde el punto de vista de la evolución clínica de los pacientes, las noticias son más buenas.

En este sentido, las dos principales variables contempladas -el recuento de linfocitos CD4 por milímetro cúbico de sangre y la carga viral-, han experimentado una evolución positiva desde 1996.

El número de pacientes con un nivel de CD4 por encima de 500 se mantiene por encima del 40% del total, mientras que el grupo de aquellos que presentan una carga viral indetectable (menos de 50 copias) ha ido creciendo en los últimos años hasta representar casi un 70% en la actualidad.

De esta manera, la posibilidad de transmitir el VIH también disminuye en cierto sentido.

En cuanto a las terapias, entre el 80% y el 85% de los pacientes están siendo tratados con antirretrovirales.

La encuesta refleja además cómo los inmigrantes han ganado peso entre el grupo de pacientes de forma paralela a su mayor presencia en la sociedad española; habiéndose triplicado el porcentaje deatendidos de este colectivo desde el 4,1% de 2001 hasta el actual 13,8%.

“Haz brillar la luz” (promueve ONUSIDA)

LOS DATOS

75%-80% porcentaje de varones

Los pacientes con VIH que acuden a las consultas hospitalarias en España son varones en su inmensa mayoría. El porcentaje varía entre el 75% y el 80% , una cifra que se mantiene a lo largo de los años.

19,5% mayores de 50 años

La edad media de los pacientes va aumentando año a año, hasta el punto de que uno de cada cinco supera los 50 años.

81% uso de condón en mayores

Los pacientes de más de 50 años son los que más usan el condón, frente al 65% de los de 20 a 29 años.

+info en VIH-Solución limitada, y en (RED) Vogue

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

 

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Día Mundial de la Infancia

Cada 20 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Infancia o también denominado el “Día Universal del Niño“.

Creado este evento a partir de una resolución de Naciones Unidas en 1954, se determinó que este día se dedicaría a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero.

¿Su objetivo? dirigir actividades propias para promover el bienestar de los más pequeños.

Al menos en esta jornada, se brinda una buena oportunidad para reflexionar acerca de su situación, a veces desamparada.

A nivel mundial, las cifras son desgarradoras: 8,1 millones de niños -con edades inferiores a cinco años- mueren cada año por causas que serían evitables, como la desnutrición, que causa más de un tercio de las defunciones.

El 70% de estas ocurren durante el primer año de vida.

Y entre los cinco países que encabezan esta triste lista son la India, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y China.

La África subsahariana sigue concentrado las tasas más altas: 1 de cada 8 niños fallece antes de cumplir los cinco años.

UNICEF acaba de lanzar una campaña de sensibilización:

Mi nombre es Kimbo’, y al que se han unido casi 17.000 personas -conocidas y no tan conocidas en nuestro país- en tan sólo diez días.

Esto no ocurre en España, algo que no esconde que los indicadores de pobreza infantil sean “inadmisibles para un país que hace poco aspiraba a estar representado en el grupo de las ocho principales economías”, tal y como recalca Unicef en el informe La Infancia en España 2010-2011.

Y es que según el estudio, dos millones de niños -1 de cada 4 menores españoles- están en riesgo de sufrir pobreza relativa.

Esto significa que España se sitúa entre los países con una tasa de pobreza infantil en el contexto de los 27 países de la UE, superada únicamente por Rumanía, Bulgaria, Letonia e Italia.

En este sentido, el informe de la agencia de Naciones Unidas para la infancia expone que el 24,1% de los menores de 18 años vive en hogares cuyos ingresos se encuentran por debajo del 60% de la media de los ingresos nacionales (la media europea se sitúa en el 20%).

La directora del estudio, Marta Arias, lo dice muy claro: “Ser un niño pobre en España no significa pasar hambre, pero sí tener más posibilidades de estar malnutrido.

No significa no acceder a la educación, pero sí tener dificultades para afrontar gastos o abandonar de forma temprana los estudios; no significa no poder ir al médico, pero sí tener problemas para pagar algunos tratamientos”.

El impacto de la crisis financiera, según el estudio, aún no ha incidido en los indicadores; aunque el alto porcentaje de desempleo ya está ocasionando un aumento de riesgo de exclusión social de las familias, especialmente de las parejas jóvenes con niños.

Por este motivo, Unicef remarca más que nunca la necesidad de convertir la inversión social en infancia en una prioridad de las políticas públicas.

Es decir, dotar al niño de un mayor protagonismo en la agenda política y social.

“No parece lógico que el Estado español y sus distintas administraciones mantengan, en general, índices tan bajos de inversión social en los niños y den una baja importancia a esas políticas mientras se mantienen unos índices tan altos de pobreza infantil, remarca el Comité de Derechos del Niño (órgano encargado de velar por el cumplimiento de la convención aprobada el 20 de noviembre de 1989).

Ante este panorama, Unicef recomienda la adopción de un plan nacional sobre la pobreza infantil que identifique las acciones prioritarias a poner en marcha para luchar contra la exclusión en distintas áreas: economía, salud, vivienda, políticas sociales y educación.

Y no esconder los problemas que tenemos en casa.

Más allá de los datos económicos, se pone de manifiesto la necesidad de seguir mejorando aspectos tan vitales para el desarrollo de los menores como la EDUCACIÓN.

El informe identifica importantes avances como la escolarización gratuita y universal a partir de los tres años, si bien se hace hincapié que España presenta unos indicadores muy preocupantes en relación al rendimiento, el abandono o el fracaso escolar.

En cuanto a la SALUD, el informe alerta sobre el alto porcentaje de niños entre los 2 y los 17 años que sufren obesidad (que se sitúa en el 27,6%).

Al mismo tiempo, aconseja dar continuidad a los esfuerzos relacionados con el incremento de la calidad de vida de los niños con discapacidad, y desarrollar una política nacional de salud mental infantil; que incluya la promoción del bienestar emocional.

NIÑOS DE SOMALIA

Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!

(poema de Gloria Fuertes, “Mujer de verso en pecho”)

En definitiva, todo se dirige a luchar contra la pobreza que sufren los niños.

Al fin y al cabo, son los que menos culpa tienen de las desigualdades del planeta.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

No sin mi H2O

Se acerca el verano. Y con el buen tiempo, el aumento del consumo de agua.

Es un componente de nuestra naturaleza que ha estado presente en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años, ocupando tres cuartas partes de la superficie del planeta. Su naturaleza se compone de tres átomos, dos de oxígeno que unidos entre si forman una molécula de agua -el H2O-, la unidad mínima en que ésta se puede encontrar.

El 70% del Planeta está cubierto por agua, pero sólo un 1% puede ser aprovechado por el ser humano.

Eso si lo sabemos aprovechar, claro.

Estos días, el Museu Marítim de Barcelona, acoge una exposición itinerante que ofrece el rostro de las víctimas del mal del uso del agua.

‘Agua, ríos y pueblos’ es el título elegido de esta retrospectiva donde se muestran cómo la avaricia, los intereses empresariales y las negativas políticas medioambientales de ciertos gobiernos intentan cambiar la geografía, el paisaje y la forma de vida de todos aquellos que sufren las consecuencia. Y a los que, por cierto, nadie les pidió su opinión para destruir cerros, hacer presas y pantanos.

Creando así un negocio privado de un bien público.

Contaminando de manera total y negando el futuro a otras generaciones.

A través de fotografías y testimonios directos, los afectados dejan de ser una fría estadística para comunicarnos en directo sus angustias, razones y esperanzas.

Según las Naciones Unidas, 1.100 millones de personas no tienen garantizado el acceso al agua potable; y como consecuencia de ello, unas 20.000 mueren cada día, en su mayoría niños.

Es cierto que gran parte del agua existente no es utilizable directamente por los seres humanos (por ser salada o estar en forma de hielo o vapor). Por otro lado, la diversidad climática hace que haya lugares áridos e incluso desérticos. Sin embargo, todos los pueblos se han asentado cerca de ríos, lagos, fuentes o en territorios donde las aguas subterráneas son accesibles a través de pozos.

Estas imágenes representan la cara amarga de un desarrollo mal entendido; son la estampa de los perdedores de una planificación hidráulica impuesta o inexistente. Recogen las voces hasta ahora silenciadas de quienes se han empobrecido mientras se contaminan sus ríos, sus lagos y sus mares.

La extracción abusiva de caudales, la desecación de humedales, la tala de bosques y manglares, junto a la fragmentación del hábitat fluvial por grandes presas han quebrado la vida de los ríos, haciendo desaparecer la pesca: la proteína de los pobres. En el Mar de Aral, el Lago Chad, la Amazonía, el Mekong, el Río Amarillo, el Paraná o en los manglares de América, Asia y África, la destrucción de pesquerías conlleva malnutrición y hambre para las comunidades ribereñas.

Hemos transformado el agua, elemento clave para la vida, en el agente más letal jamás conocido.

Entre 40 y 80 millones de ciudadanos han sido desalojados en el último siglo por la construcción de grandes presas, que en muchas ocasiones no tuvieron en cuenta los impactos ecológicos y humanos. Muchos de estos desalojados fueron expulsados violentamente de sus casas; desplazados a zonas no fértiles, sin historia o sin servicios.

Sólo en el siglo XX, se contruyeron 45.000 presas.

Nuestro país es el 1º del mundo con más embalses por habitante (30 por millón de españoles).

Luego está la agricultura intensiva, que es la principal consumidora de agua dulce a nivel mundial. Y la principal responsable de la disminución de las aguas subterráneas.

En España, se consume el 75% de los recursos hídricos y, sin embargo, se sigue regando de forma ineficiente en muchos lugares. El abuso de fertilizantes y plaguicidas causa la contaminación de los ríos y acuíferos con estas sustancias, lo que repercute -lógicamente- en la salubridad del agua.

Para que nos hagamos una idea, para producir un kilo de patatas, hacen falta 160 litros de agua; 1.500 litros para hacer crecer un kilo de maíz; y la cifra nada menos ezpeluznante de 15.000 litros para llegar a generar un kilo de carne vacuno.

Todo un despropósito, que nos tiene que hacer pensar sobre la consumición a veces excesiva de proteínas animales en nuestra dieta.

El turismo no ayuda tampoco. La oferta de “sol y playa” trae a las playas españolas millones de turistas cada año. Aumentando así de forma descontrolada la urbanización costera y, por ende, increscendo la demanda de agua. Y precisamente este incremento temporal de la población coincide con los meses y la época más seca.

Aparte, según datos de 2005, 6 de cada 10 municipios españoles no depuraban correctamente sus aguas.

De media, el turista consume el doble o incluso el triple de agua: de 440 a 880 litros por día y persona.

España tiene además el dudoso honor de encabezar la lista de los países más áridos de la UE. Un tercio de nuestro territorio sufre una elevada tasa de desertificación, y un 6% se ha degradado irreversiblemente.

265 litros de agua por cada español se consumen cada día.

Estamos en suma ante un verdadero holocausto hidrológico, en el que las víctimas son invisibles, lejanas y sin rostro; prescindibles en nuestra conciencia.

Con la exposición Agua, Ríos y Pueblos se propone dar la palabra a esas personas, a la vez víctimas y luchadores por un mundo más justo, digno y sostenible. Se trata de proyectar el perfil humano de los conflictos del agua en el mundo, dando posibilidad de expresarse a quienes más sufren y luchan. Tal vez no tengan la solución a los problemas; pero lo que no cabe duda es que los sufren en primera línea, y por ello merecen ser escuchados y tenidos en cuenta.

Expo hasta el 30 de mayo en Barcelona. Luego, se desplazará a Tarragona (julio y agosto de 2010), Tortosa (septiembre), Zaragoza (octubre), Vitoria-Gasteiz (noviembre), San Sebastián-Donostia (diciembre y enero de 2011) y Bilbao (febrero-marzo).

Soy de los que piensan que hay que ver el futuro en positivo, a pesar de los pesares.

Miremos la botella medio llena en lugar de medio vacía.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán