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10 años del 11S

UN ANTES

8:46:30

El vuelo 11 de American Airlines choca frontalmente contra la torre norte

50.000 personas trabajan en las Torres Gemelas

9:02.59

Un avión de United, con vuelo 175, se estrella contra la torre sur

Para entonces, todas las cadenas internacionales retransmiten en directo

Las torres cuentan con una altura de 417 y 415 metros de altura respectivamente; en total, 11o plantas

9:07:00

Avisan al presidente de que se trata de un ataque terrorista.

George W. Bush tarda 24 minutos en dar la cara.

400 bomberos mueren en el rescate

9:37:46

El impacto de un tercer avión, con vuelo 77 de American, en el Pentágono en Washington deja 125 fallecidos.

Se sabe que los terroristas intentaron utilizar 10 aviones

09:59:30

Se derrumba la torre S (tarda 11 segundos)

10:28:00

La torre N no aguanta, y cae también al suelo en tan sólo 9 segundos

La cantidad de escombros removida se eleva a más de un millón y medio de toneladas.

8 meses se tardó en desescombrar lo que corresponden a unos diez campos de fútbol.

2.973 víctimas in situ, 6.000 heridos

A día de hoy, 422.000 neoyorkinos sufren estrés postraumático.

Se estima que Estados Unidos ha gastado entre 3,2 y 4 billones de dólares en las guerras de Irak, Afganistán y Pakistán.

Incluyendo la pérdida de empleos, la disminución de ingresos por impuestos, los daños a la infraestructura y el costo de la limpieza, la ciudad de Nueva York perdió unos 95 mil millones de US$.

Aunque la mayoría de los musulmanes de EE.UU. dice que desde el 11-S es más dificil practicar su religión, el 48% y el 32% respectivamente piensa que los estadounidenses son “generalmente amistosos” o “neutrales” hacia ellos, mientras que el 16% piensa lo contrario.

¿ESTÁ EL MUNDO MÁS SEGURO?

Probablemente no.

De hecho -y todo a pesar del espectacular operativo de la CIA que acabó con la vida de Osama Bin Laden y de atentados frustrados o malogrados-, diez años después ni el terrorismo ni la “guerra” en su contra han terminado.

Es más, se han registrado más actos terroristas desde el 11 de septiembre de 2001 de los que se catalogaron en un período de unos 20 años anterior a esta fecha.

TEORÍAS CONSPIRATIVAS

El fenómeno de las teorías de la conspiración no es nuevo.

A los estadounidenses es algo que les gusta, desde Pearl Harbor al certificado de nacimiento de Obama, pasando por el asesinato de John F. Kennedy o la muerte de Marilyn Monroe.

Se autodenominan 9-11 truthers. Buscadores de la verdad que han ido preguntándose, entre otros asuntos:

¿Por qué la fuerza aérea de Estados Unidos, que es la más poderosa del mundo, no pudo interceptar los cuatro aviones que fueron secuestrados?

La teoría conspirativa: El entonces vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, ordenó a los militares no interceptar las aeronaves.

La versión oficial: Se trató de un inusual caso de piratería aérea y el transpondedor, que emite señales para determinar la ubicación exacta del avión, fue apagado o modificado.

Además, ese día se llevó a cabo un ejercicio rutinario de entrenamiento militar en el comando de defensa aérea de Estados Unidos.

¿Por qué colapsaron tan rápidamente las Torres Gemelas, cuando los incendios sólo se presentaron en algunos pisos y duraron una o dos horas?

La teoría conspirativa: Los aviones no ocasionaron la caída de las Torres Gemelas. Fue una demolición controlada. Para probar este argumento, algunas teorías resaltan el rápido colapso de los edificios (unos diez segundos), los incendios de corta duración (el de la segunda torre duró 56 minutos y el de la primera, 102) y sonidos de explosiones que se registraron antes del colapso.

La versión oficial: Una extensa investigación del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, en Estados Unidos, concluyó que las aeronaves dañaron las columnas de soporte de los edificios y causaron que se desprendieran los aislamientos encargados de evitar la propagación del fuego.

Unos 10.000 gallones de gasolina para avión se regaron en varios pisos y generaron los incendios, temperaturas de hasta 1.000 grados centígrados hundieron los pisos y doblaron algunas columnas, generando en el proceso los sonidos de “explosiones”.

Hace una década, hubo quien dijo –y quedó escrito– que aquello era la IV (¡sí, la cuarta!) Guerra Mundial, siendo la Guerra Fría la tercera de la serie.

Lo grave no es la exageración, lo grave fue que esto lo dijo gente que entonces tenía un enorme poder de decisión en, por ejemplo, el Gobierno de EEUU. De ahí los pretextos para, por ejemplo, Irak, Guantánamo y lo que cada cual quiera añadir.

Pero en el otro extremo, todavía hace muy pocos días, un importante intelectual –con mucho predicamento entre amplios sectores del 15-M– afirmaba textualmente que el 11-S “fue un autoatentado del Gobierno de EEUU, necesitado de un nuevo enemigo después de la desaparición de la Unión Soviética”.

El balance es quizás más complejo.

Hoy ya no estamos tan asustados por el terrorismo internacional, entre otras cosas porque han llegado otros miedos a ocupar su lugar: los miedos económicos.

Pero la trampa es la misma. Como desde el crack de 2008 vivimos aterrorizados, aceptamos de nuestros salvadores todo aquello que, de no estar acogotados, no habríamos tragado: recortes y reformas antisociales, dinero público para salvar bancos, mordiscos irreparables al Estado de Bienestar, reformas constitucionales.

Protestamos, sí, pero cabe pensar que nuestra protesta no está a la altura del ataque sufrido, y es por eso. Porque igual que antes veíamos con resignación que nos controlasen las comunicaciones, nos humillasen en los aeropuertos o nos pudiesen detener sin motivo -para protegernos de la amenaza terrorista-, hoy también vemos con fatalismo cómo desmontan los últimos restos de todo aquello que costó décadas levantar.

Vídeo de investigación/ documental sobre el 11S, dirigido por Franco Fracassi y Francesco Trento en 2008.

Los más importantes desajustes del mundo actual (2011) tienen poco o nada que ver con Bin Laden y Al Qaeda, desde el colapso de la burbuja financiera de 2008 a la sostenida voracidad de los “mercados”. Y todo ello, pasando por la especulación mundial sobre las materias primas alimentarias (trigo y arroz, por ejemplo), que anuncia otra catástrofe por venir.

Al Qaeda está embarrancada, pero el mundo no es más seguro por muchas otras razones.

Timelapse de la reconstrucción de la zona 0


UN DESPUÉS

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Murakami: 1Q84

Haruki Murakami nació en 1949, el mismo año en que George Orwell publicaba su novela 1984. El escritor y periodista británico que entre otras cosas ha pasado a la posteridad por adelantarse a conceptos propios de la sociedad actual, como la paranoia al Gran Hermano que-todo-lo-vigila, la confusión entre información y propaganda propia de los estados totalitarios, la manipulación de las palabras,…

Jugando con los números y las fechas, Orwell, que escribió la mayor parte de la novela en 1948, le dio una vuelta a los dos últimos dígitos para dar con el año en que se desarrollaba su distopía, resumible en citas como esta: “Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido”.

En otro baile de caracteres, Murakami ha titulado su última novela ‘1Q84‘ (Ichi-kyū-hachi-yon), jugando en este caso con los sonidos.

En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos; es decir, se pronuncian de la misma manera con kyū.

Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela que es, también sin serlo, el Japón de 1984.

En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común.

Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con “La crisálida del aire”, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente.

Como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción. Un país -el nipón- cuyas viviendas han orientado sus balcones a las autopistas, en el que los informativos dan cuenta de “la guerra sangrienta” entre Irán e Irak mientras EEUU y la URSS colaboran en una base de observación en la Luna y donde los procesadores de texto son lo último en tecnología.

Lo novedoso es la narración a través de los ojos de una tercera persona, algo inédito en las obras de Murakami.

Y todo con una coartada estética: 1Q84 está dividida en dos partes de veinticuatro capítulos cada uno (la primera abarca de abril a junio; la segunda de julio a septiembre), siguiendo ‘El clave bien temperado de Bach.

“Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él; escribo mis novelas como si interpretara un instrumento. Supongo que la buena escritura se asemeja a la buena música: ambas han de generar placer, entretener y actuar como un bálsamo que eleve el espíritu, dice el autor.

“Orwell escribió su novela 1984 en 1949, y en ella imaginó el futuro. Ahora 1984 es el pasado. Por eso, en 1Q84 yo recreo el pasado y me imagino cómo podría haber sido nuestra Historia”.

LITERATURA NIPONA

Se tiende a pensar que la literatura fantástica japonesa está plagada de biombos, emperadores y espectros.

Lo que no hay que olvidar es, sin embargo, la distinción entre lo fantástico y lo maravilloso según la cual sólo aquellas culturas que le han impuesto a la naturaleza un orden objetivo y racional dan origen a una literatura fantástica, que busca violentar dicha regularidad.

De este modo, la cerrada atmósfera de horarios y números de un Japón altamente industrializado era terreno abonado para el surgimiento de una literatura fantástica que nada tuviese que envidiar al terror metafísico de Chesterton, a las inacabadas e inacabables aporías de Kafka, a los laberintos filosóficos de Borges o a las desautomatizaciones de Cortázar.

Así, al menos, lo piensa el filósofo catalán Bernat Castany, para quien los relatos de Haruki Murakami son un buen ejemplo de cómo el hombre acorralado busca contagiar el claustrofóbico devenir cotidiano con esa incertidumbre que sabe condición necesaria de libertad.

Murakami no se conforma con cavar túneles para que podamos escapar unos minutos hasta que la realidad vuelva a capturarnos en cuanto cerremos el libro; sino que busca volar la prisión entera, destruir unos muros hechos de premisas, presuposiciones, prejuicios y preconceptos para arrojarnos al mundo y obligarnos a ser libres.

REALIDAD A y REALIDAD B

Recientemente, Murakami escribió un interesante artículo en The New York Times Syndicate en el que desgrana el nivel de la realidad en un mundo -para él- cada vez más caótico.

¿Cuáles fueron los acontecimientos que distinguieron el espíritu del siglo XXI del espíritu del siglo XX? Desde una perspectiva global fueron, en primer lugar, la destrucción del muro de Berlín y el subsiguiente final rápido del orden de la guerra fría y, segundo, la destrucción de los edificios del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001.

El primer acto de destrucción estuvo lleno de brillantes esperanzas, mientras que el siguiente fue una tragedia abrumadora. La convicción generalizada, en el primer caso, de que “el mundo será mejor que nunca” fue totalmente despedazada por el desastre del 11/S. Estos dos actos de destrucción, que se desarrollaron en cada lado del punto de inflexión milenario con una inercia tan ampliamente distinta, parecen haberse combinado como una sola dualidad que causó una gran transformación en nuestra mentalidad.

Durante los últimos 30 años he escrito ficción en varias formas, desde cuentos cortos hasta novelas completas. Las historias siempre han sido uno de los conceptos humanos más fundamentales. Aunque cada una es única, funcionan principalmente como algo que puede compartirse o intercambiarse con otras. Esa es una de las cosas que les dan su significado. Las historias cambian de forma libre conforme inhalan el aire de cada nueva era. Siendo en principio un medio de transmisión cultural, son altamente variables en lo que respecta al modo de presentación que emplean. Como diestros diseñadores de moda, los novelistas arropamos las historias, conforme cambian de forma de un día a otro, con palabras adecuadas a sus perfiles.

(…) Las historias en mi interior cambian de forma constante conforme inhalan la nueva atmósfera. Claramente puedo sentir el movimiento dentro de mi cuerpo. Puedo ver que al mismo tiempo también sucede un cambio sustancial en la forma en que los lectores reciben la ficción que escribo.

Ha habido un cambio que vale la pena resaltar, especialmente, en la posturade los lectores europeos y estadounidenses. Hasta ahora, mis novelas podían considerarse en términos del siglo XX. Esto es, podían entrar en sus mentes a través de pórticos como posmodernismo o realismo mágico u orientalismo; pero prácticamente desde que la gente acogió el nuevo siglo gradualmente empezó a despojarse del marco de estos ismos y a aceptar los mundos de mis historias con mayor tendencia al como es.

Percibía intensamente este cambio cada vez que visitaba Europa y Estados Unidos. Me parecía que la gente aceptaba mis historias totalmente –historias muchas veces caóticas, otras tantas carentes de lógica, y donde la composición de realidad ha sido reconfigurada–. En lugar de analizar el caos dentro de mis historias, parecen haber comenzado a concebir un nuevo interés por la propia tarea de encontrar la mejor forma de aceptarlas.

En cambio, los lectores medios de los países asiáticos nunca necesitaron el pórtico de la teoría literaria para leer mi ficción. La mayoría de los asiáticos que se propusieron leer mis obras aceptaron al parecer desde el principio las historias que escribí como relativamente naturales. Primero llegó la aceptación, y luego (de ser necesario) el análisis. En la mayoría de los casos, en Occidente, sin embargo, con cierta variación, el análisis lógico vino antes de la aceptación. Estas diferencias entre Oriente y Occidente parecen desvanecerse con el paso de los años al influirse recíprocamente.

Si tuviera que etiquetar el proceso que ha experimentado el mundo durante los últimos años sería realineación.

Una importante realineación política y económica empezó después del final de la guerra fría. No hay mucho que decir acerca de la realineación en el área de la tecnología de la información, con un impactante desmantelamiento y establecimiento de sistemas a escala mundial. En el turbulento punto medio de estos procesos, obviamente, sería imposible que la literatura fuera la única que no se realineara y evitara el cambio sistémico.

Una importante dificultad ocasionada por este proceso de realineación es la pérdida –aunque sólo temporal– de los ejes coordinados para formar estándares de evaluación.

(…) Ahora nos despertamos y hallamos la desaparición no sólo del jefe de la familia, sino de la misma mesa. Por todos lados, parecería, las cosas han sido –o están siendo– tragadas por el caos.

A menudo nos preguntamos cómo hubiera sido si nunca hubiera sucedido el 11-S o al menos si ese plan nunca hubiera sido tan exitoso de forma tan perfecta. El mundo habría sido muy distinto de lo que es ahora. Estados Unidos pudo haber tenido otro presidente (importante posibilidad) y las guerras en Iraq y Afganistán tal vez nunca habrían ocurrido (posibilidad aún mayor).

Llamemos Realidad A al mundo que tenemos actualmente, y Realidad B al mundo que pudimos haber tenido en ausencia del 11-S. No podremos dejar de observar que el mundo de Realidad B parece ser más real y racional que el mundo de Realidad A. Para decirlo en otros términos, vivimos en un mundo que tiene un nivel de realidad aún menor que el mundo irreal.

¿De qué otra forma podemos llamarlo sino caos?

¿Qué tipo de significado puede tener la ficción en una era como esta? ¿A qué tipo de propósito puede servir? En una era donde la realidad es insuficientemente real, ¿cuánta realidad pueden tener las historias ficticias? Sin lugar a dudas, este el problema al que hacemos frente ahora los novelistas, las preguntas que se nos han planteado. En el momento en que nuestras mentes cruzaron el umbral del nuevo siglo, también cruzamos el umbral de la realidad de una vez por todas. No tuvimos otra opción más que cruzarlo, finalmente, y, al hacerlo, nuestras historias se ven forzadas acambiar de estructura. Las novelas e historias que escribimos indudablemente serán cada vez más distintas en carácter y sensaciones que las que han aparecido antes, de la misma forma que la ficción del sigloXX se diferencia drástica y claramente de la ficción del siglo XIX.

El objetivo propio de una historia no es juzgar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo. Lo más importante es que determinemos si, en nuestro interior, los elementos variables y tradicionales avanzan armónicamente, determinar si las historias individuales y comunes se suman en la raíz en nuestro interior.

En otras palabras, el papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el aire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio.

(…)

En mi última novela, 1Q84, no muestro el futuro cercano de George Orwell, sino lo contrario –el pasado cercano– de 1984. ¿Qué hubiera pasado en el caso de un distinto 1984, no el original que conocemos sino otro 1984 transformado? ¿Y qué pasaría si repentinamente nos lanzaran a ese mundo?

(…)

Fragmento de 1Q84- Pinchar aquí para leer más

Haruki Murakami:

«Soy incapaz de sentir interés en novelas que no causen desconcierto a los lectores»


© Iñigo Ortiz de Guzmán

Con B, de Barbra Streisand

Barbra Streisand– NYC Brooklyn (1942)

Artista polifacética: actriz, directora de cine, productora, compositora y guionista, pero -sobre todo- cantante.

Una mujer del siglo XX que, como CherFrida Kahlo o Björk, ha demostrado su valía, su autenticidad y su singularidad. En definitiva, eso que se llama ser único.

Judía de pensamiento y su perfil aguileño la han caracterizado desde que comenzara sus primeros pinitos en el mundo cinematográfico, allá por los años 60.

Es la mujer que ha vendido más álbumes en la historia y la que ha situado más discos entre los diez primeros, por encima de Elvis Presley y The Beatles.

A lo largo de su carrera, Streisand ha conseguido 50 discos de oro, 30 de platino y 13 multiplatinos.

Vamos, que casi nada se le ha resistido.

Ha ganado dos Oscar (Mejor Actriz y Mejor Canción), cinco Emmy, 11 Golden Globes, 10 Grammy y 1 Tony.

Además tiene el premio American Film Institute a toda una carrera, la medalla Nacional de América de las Artes y la Legión de Honor francesa.

En diciembre de 2008 fue la primera mujer directora en recibir el prestigioso Kennedy Center Honor.

SUS COMIENZOS

En marzo de 1962, el musical I Can Get It for You Wholesale’ supuso el debut en Broadway de Barbra Streisand con tan solo 19 años; quien fue nominada al Premio Tony de teatro como mejor actriz de reparto -que no consiguió- pero sí, el prestigioso New York Drama Critics’ Circle Award.

La historia se sitúa en Nueva York en 1937, durante la Gran Depresión, y las canciones utilizan las armonías tradicionales judías evocadoras del periodo en el que se localiza el espectáculo.

Goddard Lieberson, productor y presidente de la Columbia Records, quedó tan fascinado con Barbra por su trabajo en teatro, sus intervenciones en televisión y sus actuaciones en clubes, que cedió a la presión de su mánager Marty Erlichmann (todavía hoy es su representante), en la única cláusula que importaba a Barbra: “absoluto control artístico” sobre la elección del material musical, algo sin precedentes hasta ese entonces en la industria discográfica.

The Barbra Streisand Album es el título del álbum de estudio debut de Streisand en solitario.

Editado en febrero de 1963, contiene once temas de los que solía interpretar en los clubes nocturnos.

‘Happy Days Are Here Again’ fue su primer single, un clásico; al igual que Cry me a River’, ‘He touched me’:

En junio de ese mismo año, grabó The Second Barbra Streisand Album que llegó al número 2 de Billboard. Continuó con la fórmula de grabar principalmente temas de su repertorio de actuaciones en directo.

En enero de 1964, ya metida de lleno en los ensayos de Funny Girl, grabó The Third Album.

El filme “Funny Girl”(de Jule Styne) fue un éxito rotundo desde el momento de su estreno el 26 de marzo de 1964.

Uno de los musicales más populares de la historia del cine, relata los primeros años en la carrera de la actriz cómica Fanny Brice, un papel por el que Barbra Streisand consiguió el Oscar a la Mejor Actriz en 1968, compartiéndolo con Katharine Hepburn por “El león en invierno” (Lion In Winter).

La primera vez en la historia que se producía un empate en esta categoría de los premios.

Fanny obtuvo su primer gran éxito en el Keeney’s Music Hall; gracias a su divertido debut como una de las patinadoras del coro. Un años después empieza a trabajar en el famoso Follies, donde se convertirá en una estrella, enamorándose de Nick Arnstei, un jugador empedernido sin demasiada suerte. Entre los muchos números musicales de la película que perduran en la memoria está ‘People’, un tema clásico de Barbra Streisand.

Para hacerse una idea del alcance de su éxito, Barbra fue portada de las revistas más aclamadas del momento: TIME y LIFE.

La obra se mantuvo en cartel con Barbra como protagonista durante casi dos años.

Con este trabajo, obtuvo 3 premios Grammy, entre ellos el de Mejor Interpretación Femenina.

Desde entonces, Barbra, no ha vuelto a actuar en ninguna otra obra de teatro.

En octubre de 1964, se editó ‘People’.

El álbum fue su primer número 1 en USA, desbancando a los Beatles y manteniéndose en esa posición durante 5 semanas.

 

 

TELEVISIÓN y MÁS DISCOS

Barbra había aparecido innumerables ocasiones en programas de televisión entre 1961 y 1963, a veces como cantante y otras como excéntrica tertuliana.

La última vez que apareció como cantante fue en octubre de 1963 en The Judy Garland Show. Unas interpretaciones y unas colaboraciones con Judy que dejaron huella en este medio. Sorprendentemente, y por primera vez en la historia, una artista invitada fue nominada al Emmy por la Mejor Interpretación de Variedades.

Su primer especial de televisión para la CBS fue My Name is Barbra en 1965; programa que catapultó su éxito a escala nacional, dándola a conocer como cantante y actriz, proporcionándole más reconocimiento de crítica.

En este disco se incluye una extraordinaria versión de ‘My Man’.

En marzo de 1966 se emite ‘Color Me, Barbra’, siguiendo la fórmula de ‘One Woman Show’, alcanzando un éxito igual al de su predecesor. El álbum llegó al número 3 de las listas de éxitos.

ESTRELLATO CINEMATOGRÁFICO

Tras “Funny Girl” (1968), al año siguiente Barbra Streisand protagoniza uno de los más grandes musicales de todos los tiempos: “Hello, Dolly”.

A partir de un guión de Jerry Herman y dirigida por Gene Kelly, Barbra Streisand protagoniza otro de los más grandes musicales de todos los tiempos.

En Nueva York de principios de siglo, Dolly es la irresistible celestina que no se detendrá hasta asegurar su futuro con el más rico comerciante.

Esta superproducción cuenta con el vestuario de Cecil Barton y las inolvidables canciones de Jerry Herman.

LA BARBRA MODERNA

En 1969 funda, junto a Paul NewmanSidney Poitier, la productora FIRST ARTIST, con el objeto de garantizar la realización de proyectos que los grandes estudios hubieran rechazado. En 1971 se unió Steve McQueen, y en 1976 Dustin Hoffman.

En febrero de 1970 se editó Barbra Streisand’s Greatest Hits que sólo alcanzó el puesto 32.

Para entonces, los gustos musicales habían cambiado drásticamente y Barbra ya no estaba vendiendo discos aunque, estaba trabajando en su transformación…

Su cuarta película, The Owl and The Pussycat” (1970), fue su primer papel “contemporáneo” y no musical en el cine.

En 1972 protagoniza junto a Ryan O’Neal la alocada comedia de Peter Bogdanovich “¿Qué me pasa, doctor?” (What’s Up, Doc?”), que se ha convertido en un clásico de las comedias americanas.

Judy (Barbra Streisand) y Howard (Ryan O’Neal) se encuentran en el hall de un hotel de San Francisco portando idénticas bolsas de viaje. Para mayor confusión, otros dos huéspedes del mismo hotel viajan con las mismas maletas. Las cuatro maletas se confunden estallando un divertidísimo caos que incluye una de las persecuciones por San Francisco más divertidas jamás filmadas.


Su trabajo en 1973 en el drama romántico “Tal como éramos” (“The Way We Were”) junto a Robert Redford y dirigida por Sydney Pollack le proporcionó un gran éxito de crítica y una segunda nominación al Óscar.

La estupenda banda sonora de Marvin Hamlish alcanzó el número 20, y el álbum -publicado en febrero de 1974 con el mismo título y con temas de Stevie Wonder, Carole King, Paul Simon y Michel Legrand- catapultó a Streisand nuevamente hasta el número 1.

En 1975 presentaFunny Lady” (secuela de “Funny Girl”), junto a James Caan, y dirigida por Herbert Ross.

“Ha nacido una estrella” se convirtió en la película más taquillera en la carrera de Streisand como protagonista.

Fue la segunda película en el Box Office de ese año, después de “Rocky”.

El film mostraba a una Streisand sexy y moderna además de tener un control sin precedentes detrás de la cámara como productora ejecutiva.

Barbra recibe su segundo Óscar, esta vez como compositora de ‘Evergreen’ como Mejor Canción Original, convirtiéndose en la primera mujer en la historia en recibir este premio.

GUILTY

En septiembre de 1980, publicó un álbum de estudio titulado ‘Guilty’.

El disco fue un extraordinario éxito musical y de crítica, que alcanzó casi instantáneamente el #1 en Estados Unidos y en todos los países en donde fue lanzado.

Fue certificado con cinco discos de platino en EE.UU y ha vendido más de 20 millones de copias en todo el mundo, siendo el disco más vendido en la carrera de Streisand.

En 1981, ganó junto al cantautor Barry Gibb -integrante del grupo Bee Gees- el Premio Grammy a la mejor actuación de un dúo o grupo pop por el sencillo homónimo.

El primer sencillo fue ‘Woman in Love’, el sencillo más exitoso de toda su carrera, que llegó a la posición #1 de Billboard Hot 100, donde se mantuvo durante tres semanas.

Curiosamente, Barbra nunca ha interpretado este tema en directo.

El álbum también incluye otros sencillos que se convirtieron en éxito en Estados Unidos y otras partes del mundo, como ‘What Kind of Fool’, que interpretó a dúo con Barry.

Desde 1980, Streisand, estaba inmersa en la preproducción de “Yentl”.

El año siguiente no tenía tiempo de grabar ningún disco. Mientras estaba en Londres preparando su debut detrás de la cámara, grabó la canción ‘Memory’ de la famosa obra musical ‘Cats’ y ‘Comin In And Out Of Your Life’.

Ambos temas solamente llegaron hasta el número 18 de las listas, pero ‘Memory’ se ha convertido con el tiempo en un clásico de Streisand aunque ha sido interpretado por multitud de cantantes.

En 1982, el crítico del New York Times, Stephen Holden, escribiría que Streisand era “la cantante más influyente en la música americana desde Frank Sinatra“.

YENTL

En 1983 produjo, dirigió, escribió y protagonizó “Yentl. Sin duda, la obra maestra -según mi opinión- de Barbra Streisand en toda su carrera cinematográfica.

“En una época en la que el mundo académico estaba reservado exclusivamente a los varones, vivía una joven llamada Yentl…” Sobre esta premisa se basa esta bella fábula de amor.

La película está ambientada en Europa del Este a principios del siglo XX.

Yentl, es una joven inteligente y decidida que se ve obligada a hacerse pasar por un chico para satisfacer su amor por el conocimiento, y que acaba conociendo así un nuevo tipo de amor…

La pasión de Streisand por el proyecto es evidente en cada toma, realzada por una dirección artística de lujo que mereció una nominación para el Oscar, por una magnífica fotografía y por la vibrante interpretación de Streisand del tema musical, galardonada con un Oscar a la Mejor Canción.

Steven Spielberg calificó “Yentl” de obra maestra: uno de los debuts más dinámicos en la dirección desde el Ciudadano Kane de Welles“.

Y muchos críticos alabaron la película, pero la Academia ignoró a la nueva directora a la hora de las candidaturas a los premios Óscar más importantes.

Años después, en 1991 se produjo una gran controversia cuando “El príncipe de las mareas” (The Prince of Tides”) obtuvo siete candidaturas para varias categorías, incluida la de mejor película y, sin embargo, Streisand no fue nominada como mejor directora.

Algunas opiniones lo achacaron a su bien conocido temperamento duro e intransigente, mientras otros pensaban que Hollywood la castigaba por ser mujer, ya que de haber sido hombre, incluso con el mismo temperamento, se lo hubieran concedido.

Desde entonces, ha protagonizado tres películas más.

 

SIGLO XXI

Streisand ayudó considerablemente a Bill Clinton a llegar a la presidencia involucrándose como nunca recaudando fondos para la campaña electoral. Barbra Streisand fue la piedra angular en la gala inaugural el 20 de enero de 1992.

En septiembre de 1993, Streisand fue el centro de las noticias en el mundo al anunciar su primer tour en 27 años.

Los tickets para este tour limitado se vendieron en una hora. Esto hizo que Barbra fuera portada de las revistas más conocidas. La revista Time llegó a calificarlo como “el evento musical del siglo”.

La gira fue una de las más rentables en la historia del mundo del espectáculo. Los precios oscilaban entre los 50 y los 1.500 dólares, convirtiendo a Barbra en la intérprete mejor pagada en la historia. Barbra Streisand: The Concert consiguió 5 premios Emmy; la grabación del concierto ofrecido por la cadena HBO es, hasta hoy, el concierto más visto en los 30 años de historia de esta cadena.

Estuvo casada con el actor Elliott Gould de 1963 a 1971, con quien tuvo su único hijo, Jason Gould (que hace el papel de su hijo también en “El Príncipe de las Mareas”). En la actualidad, y desde 1998 está casada con con el actor y también director James Brolin.

En 1993, Barbra Streisand cumple uno de sus máximos sueños al grabar una canción a dúo con Frank Sinatra:I’ve Got a Crush on You’, para el disco Duets del veterano cantante, que se convertiría en su mayor éxito de ventas.

En la Nochevieja de 1999, volvió al escenario para dar el concierto con más recaudación en la historia de Las Vegas.

En septiembre de 2000, Streisand anunció que se retiraba de los conciertos dando cuatro últimos espectáculos, dos en Los Ángeles y dos en Nueva York.

Cuatro años más tarde, Streisand reapareció en la gran pantalla coprotagonizando la comedia Los padres de él”, con Dustin Hoffman, Ben Stiller y Robert De Niro.

En febrero de 2006, Barbra grabó la canción ‘Smile’ junto con Tony Bennett en el estudio de grabación que la artista tiene en su casa de Malibú.

La canción formó parte del álbum por el octogésimo cumpleaños de Bennett.

Y, lo último de lo último en hacer en el panorama musical fue hace poco más de un año.

En septiembre de 2009 publica Love is the answer’, un álbum producido por Diana Krall y en el que recoge grandes clásicos del jazz.

Lo que se ha visto y se ve viendo es que la estela de Barbra Streisand sigue vigente.

En septiembre de este año, el magazine Harper’s BAZAAR ofrecía en portada una retrospectiva de la vida y obra de la artista.

La ex de Brad Pitt, Jennifer Aniston, se confesó una “súper fan” de Streisand, así que no necesitó muchos ruegos para imitar a uno de sus grandes ídolos.

Para obtener la inspiración necesaria, Aniston, de 41 años, aseguró que durante la sesión fotográfica estuvo escuchando una de las canciones más míticas de de Barbra, ‘People’.

En las imágenes, se puede ver a Aniston con trajes inspirados en el vestuario de dos de las películas más reconocidas de la gran actriz, Una Chica Divertida y¿Qué Me Pasa Doctor?.

Además, aprovechó su amistad con Streisand, de 68 años, para conocer un poco más de cerca a la actriz e inspirarse: “Es increíble, puedes hablar de lo que sea con ella”.

Este mismo fin de semana, la artista neoyorkina acaba de presentar su primer libro. Pero lo que cuenta allí no es la historia de cómo se convirtió en la estrella de “Funny Girl” y ‘The Way We Were’; ni tampoco en cómo ha conseguido vender más de 71 millones de copias en toda su carrera musical.

En su debut como escritora, en cambio, eligió narrar su amor por la arquitectura, el arte, los muebles y el paisajismo.

Pero no hay que dejarse engañar por el título, My Passion for Design (Mi pasión por el diseño).

Y es que entre las páginas del libro la actriz cuenta historias de su vida y su carrera que la influenciaron al idear la casa de sus sueños en Malibu, California.

“Muchas personas me pedían que escribiera mi autobiografía, pero todavía no quiero llegar hasta ahí y ser tan personal. Creo que se entremezcla en mi escritura. Así es como veo el mundo hoy, y lo que es hermoso para mi”.

En los Premios Grammy de 2011. Un reconocimiento a toda su carrera musical.

Porque MUSICISLIFEISMUSIC



Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Mon amour (2)

Historias de amor

De padre a hija, entre desconocidos, amantes furtivos, un matrimonio consolidado, sueños eróticos, varias metas inalcanzables, momentos furtivos… Esto es “New York I Love You”. Una película de relaciones, de sentimientos, de la soledad, pero -en definitiva- de la búsqueda de la felicidad mediante la atención hacia/de los demás.

Perfecta para los domingos, tirado en el sofá…

El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan… demasiado rápido para aquellos que temen…. demasiado largo para aquellos que sufren…. demasiado corto para aquellos que celebran… pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno.” (Henry Van Dyke, poeta americano)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

New York en 6 días (1)

Dedicado a mi madre Begoña, a Norma y Becky

Nueva York 15-21 Marzo 2010

Fueron sólo seis días, pero bien intensos. Llegada al aeropuerto JFK, y un Lincon negro ya nos estaba esperando a mi madre y a mí para llevarnos a la ciudad de los rascacielos. Una urbe que debe su nombre a los holandeses, cuando arribaron tierra en el siglo XVI, y que la hicieron llamar Nueva Ámsterdam. Cien años después, los ingleses -con el rey Carlos II a la cabeza- rebautizarían la colonia con el nombre de su hermano, el Duque de York.

Es tan grande Nueva York que, lógicamente, hay que hacerse un planning; y ¡eso es lo que hicimos! Tras desempacar las maletas en casa de Norma -quien nos recibió con los brazos abiertos en su casa en pleno MANHATTAN– y a última hora de la tarde-noche, mi ama y yo fuimos a cenar y a dar una vuelta por los alrededores, desde donde divisábamos el estado de Nueva Jersey (al otro lado del río Hudson) y la estatuta de la Libertad. Y poco más, que estábamos cansados del vuelo, y pensando en coger energías para lo que se nos avecinaba.

PRIMER DÍA

Lo primero de todo fue desayunar unos riquísimos bagels con mermelada y mantequilla, una tradición bastante anglosajona y -por qué no decirlo- demasiado buenos. Mi recomendación es empezar por el sur de la isla e ir subiendo conforme los pies aguanten. Eso sí, mejor andando que no en metro. Primera parada: sacarnos unas fotos con la escultura del toro Charging Bull (de Arturo Di Modica) en el diminuto parque de Bowling Green para después embarcarnos en el ferry que nos llevaría hasta STATEN ISLAND, una de los cinco barrios que componen Nueva York. Las fotos hablan por sí solas, y las vistas de Manhattan desde aquí…impresionantes.

Tras apearnos del ferry -que, por cierto, es gratis- Wall Street fue la siguiente parada. Una calle de 1,5 kilómetros de longitud que debe su nombre al muro que construyeron los holandeses en 1653 para marcar el límite norte de su territorio. La Bolsa de valores más grande del mundo (NYSE) merece la pena visitarlo por lo que ahí se mueve en dólares. Al lado quedan el Federal Hall (donde estuvo el primer ayuntamiento de la ciudad y que alberga una impresionante estatua de George Washington) y el Trinity Church (una parroquia anglicana fundada por el rey Guillermo III).

Una paradita frente al City Hall, sede del Ayuntamiento desde 1812, para tomar un trago de agua. Nos espera el barrio de BROOKLYN, pero antes su Puente. Famoso porque supuso el primero de suspensión construido en acero. Casi 500 metros de longitud, en la que es casi imposible desviarte a un lado porque el carril de los ciclistas está siempre a reventar.

Video de nuestro paso por el Puente de Brooklyn- Pulsar aquí

Brooklyn bien vale visitarlo por unas horas, o incluso para un día. Y es que puede ser tan grande como Manhattan y, a día de hoy, el barrio más efervescente y trendy. En todo caso, nos contentamos con el paseo de Heighs Promenade desde donde se aprecia una de las estampas más increíbles del skyline de NYC. Y, mirando donde comer, dimos con la pizzería mejor consideradas por los neoyorkinos: el Grimaldi`s. Con sus mesas a cuadros rojos, teniendo que hacer cola para hacerse hueco, disfrutamos de una buena comilona, y eso que pedimos la pizza más pequeña -y que no tardó en salir del horno de leña-.

Con el estómago lleno, nos encaminamos por la zona judía de Dumbo, un área donde las calles empedradas son su característica y el Brooklyn Bridge Park una zona de recreo desde donde se avista con todo su esplendor el Manhattan Bridge, por el cual cruzamos para llegar a Chinatown. Aquí llegamos con un calor insoportable de 20 grados lo menos…En este barrio viven más de 150.000 sinoparlantes, la comunidad china más grande fuera de Asia. Es popular por vender -cómo no- copias perfectas de perfumes, bolsos y demás artilugios informáticos. Pero apenas hacemos una parada, salvo para hacernos la manicura en una tienda en la que sus trabajadoras no hacían más que hablar y que al final te decían “pay, pay” (pagar,pagar). Little Italy es más agradable. Aunque el distrito que vio pasar por sus calles a Martin Scorsese o a Frank Sinatra, hoy está más bien diluído y cada vez más atestado de asiáticos.

Corriendo tuvimos que ir, ya de noche, a coger el metro. Que, por cierto, menudo follón. Parece que, debido a la crisis, han quitado personal en el subterráneo y no podíamos sacar billetes. Además, hay no sé cuántas líneas, que unas son express (no paran en todas las estaciones) y otras que no (pero que son más lentas). El hecho es que por fin pudimos llegar a la hora al musical en Broadway de “Come Fly Away“; un show en el que las canciones de Frank Sinatra son su máxima, y unos de los cantantes favoritos de mi madre.

Video de Frank Sinatra “Strangers In The Night“- pinchar aquí

Nos sentíamos “extraños en la noche” neoyorkina (como canta Sinatra), rodeados de tanta gente a las 10 de la noche, cansados de tanto trajín por lo que había dado de sí el primer día…pero felices. Al fin y al cabo, estábamos donde queríamos estar. En medio de la vorágine y contentos de poder disfrutar de cinco días más juntos.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán