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Le hérisson

Un elogio de la cultura, la inquietud y la reflexión.

Esa es la esencia de la película Le Hérisson’ (2009), de Mona Achache.

Como la autora del best-seller –Muriel Barbery-, vive en Japón. La veinteañera actriz, guionista y directora francesa Mona Achache sintió una libertad inaudita al adaptar la novela francesa ‘La elegancia del erizo’; convirtiendo en su primer largometraje sin sentir en el cogote la respiración de la autora.

Un hecho extraño en los tiempos que corren, de intervensionismo salvaje, que permitió a la cineasta amoldar a su gusto el insólito encuentro en un edificio burgués de uno de los barrios más burgueses de la capital mundial de la burguesía, París.

El film cuenta en su reparto con Josiane Balasko, Garance le Guillermic y Togo Igawa, entre otros.

Quienes interpretan a Renée, una portera de 54 años, viuda, carente de autoestima y gran amante de la lectura y la cultura.

Paloma, una niña de once años prematuramente madura, con vocación suicida y oprimida en el seno de una familia rica en la que su inteligencia se considera problemática; y a Kakuro Ozu, un elegante hombre japonés que se instala en el edificio en el que ellas viven.

Cine dramático, pero del bueno; pequeñito y sin pirotecnia, que habla de sentimientos sin sentimentalismo.

En concreto el inmueble, ubicado en el número 7 de la calle Grenelle parisiense, se convierte en el “cuarto protagonista”, según reconoce su directora: “por ser la guarida del erizo, ese lugar en el que se encuentra a salvo y que le protege de los posibles peligros que acechan en la calle”.

Las difíciles relaciones de Paloma con sus padres -él político, y ella carne del psicoanálisis y los antidepresivos- y su hermana.

A quienes graba constantemente con una cámara como prueba del destino humano, que a su juicio desemboca en una pecera, y la anodina vida de Renée, que cuenta con un escondite secreto lleno de libros que le dan toda la vida que no tiene fuera del edificio y de la portería, cambian en el momento en que Kakuru se muda al inmueble.

Un primer intercambio de palabras con Paloma, que habla japonés, y de libros con Renée, marcan el inicio del establecimiento de un triángulo en perfecta armonía que permitirá a la joven encontrar un escondite secreto en la portería de la protagonista, a quien le gustaría emular de mayor.

Y a Kakuru ver más allá de la apariencia de la portera, en quien pronto descubre una compañera de la que disfrutar de la cultura y de la vida, y a Renee mirarse por primera vez al espejo, abrir su corazón y sus secretos y recuperar la autoestima perdida.

Paloma, que cuenta los días que le quedan para conocer el alivio de la muerte -esperando alcanzar con una sobredosis de los antidepresivos de su madre-, consigue finalmente descubrir la verdadera cara la muerte.

Un leif motiv que se presenta lejana a la sensación de alivio con el que ella soñaba y próxima a la crudeza que siempre la acompaña.

Tanto el edificio como el pez rojo de la hermana de Paloma o el gato de Renée, según Achache, se hacen también protagonistas. Una película en la que la feminidad, que recae en Paloma -de la que resalta su “visión cínica”- y Renée, “no sale a la luz por no existir la necesidad y en la que el amor no se asoma a lo sexual para ahondar en lo intelectual y cerebral.

Las voces de Renée y Paloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida.

‘El erizo’ (Premio del Público en la edición 2009 de la Seminci de Valladolid) es pues un pequeño tesoro que nos revelará cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor, el arte y -por qué no- también el humor.

Frases de la película para pararse a pensar:

“Psicoanálisis y religión rivalizan en su amor por el dolor duradero”

“Lo que importa no es morir, sino lo que se hace en el momento de morir” (…) “Estar dispuesto a amar”

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

El Molino de BCN

Se abre el telón en Barcelona

El emblemático epicentro del cabaret y el music hall del Paral.lel, ha reabierto hoy después de 13 años cerrado. La reforma integral que lo ha adaptado a las necesidades del siglo XXI ha ascendido hasta los 45 millones de euros. Unas cifras exhorbitantes para una época para la actual. Pero para temas culturales no hay que rascarse el bolsillo.

El centenario teatro ha sido protagonista de una profunda remodelación en la que se han conservado la fachada y el pequeño escenario originales.

Sin embargo, el edificio ha crecido en altura: se han construido ocho plantas cuando el original lo formaban solo dos. En ellas se reparten las cocinas, una sala de ensayo, los camerinos, dos anfiteatros, una terraza e, incluso, un club exclusivo en el que solo podrán acceder los portadores de un carnet especial.

La sala principal mantiene su capacidad original –250 espectadores– con la voluntad de mantener la proximidad entre artistas y público, una de las señas de identidad del teatro.

Esta noche el Paralelo volverá a ser golfo y canalla. Alegre y desvergonzado. Deslenguado y mordaz.

El espectáculo inaugural, ‘Made in Paral·lel’, le echará un guiño al pasado desde un presente moderno y multimedia.

Estarán, de alguna manera, las musas pretéritas, alguna estrella internacional y «pequeñas joyitas» representativas de lo que se avecina en el nuevo El Molino.

Música, baile, vedetes, estriptís, humor y magia.

Todo pasado por túrmix cachondo, petardo y contemporáneo que irá a cargo del director y actor de la compañía de teatro The Chanclettes (en su currículo alberga nombres tan dispares como el Festival de Edimburgo, el Gran Teatre del Liceu, la cárcel modelo de Barcelona, Kylie Minogue y Raffaella Carrá).

Elvira Vázquez -que capitanea la empresa- desea que El Molino esté abierto desde la tarde y hasta altas horas de la madrugada, con diversos tipos de espectáculos.

Los lunes serán ‘de autor’; y los martes habrá flamenco. “Será muy dinámico, haremos clases magistrales, talleres… Queremos liderar el movimiento burlesque en Barcelona y España, y hacer una franquicia para que los espectáculos giren fuera”, anuncian.

Desean, además, convertir el club de «amigos de El Molino» en un bar privado con una terraza con vistas a la mítica calle barcelonesa; y que la platea se convierta en un selecto punto de encuentro cultural. “Queremos que sea un lugar donde las gentes de la farándula puedan tomar una copa tranquilamente y compartir ideas”, cuenta la asesora Lil Castagnet, mientras improvisa un tango en brazos de Maite Martín.

PASADO de UNAS ASPAS

Lo cierto es que la hermana pequeña del Moulin Rouge parisino fue uno de los más conocidos de Europa durante buena parte del siglo XX.

Con sus características aspas rojas de molino en la fachada, fue el más famoso de los teatros del Paralelo, que llegó a ser bautizada como “la avenida del espectáculo” de Europa, debido a la gran concentración de espacios escénicos que tenía.

El Molino era un cabaret y siempre fue considerado un espacio transgresor de los límites permitidos, con una gran capacidad de crear lenguajes propios, de doble sentido, con el móvil de poder escapar de las censuras de cada época.

Abrió sus puertas en el año 1899, con el nombre de La Pajarera Catalana, concebido como un espacio para espectáculos. Doce años más tarde mejoró sensiblemente la programación, ofreciendo algunas zarzuelas cortas y las actuaciones del Caballero Felip; un ventrílocuo y artista polifacético muy popular en los locales del Paralelo de la primera década del siglo XX (como los cafés-teatro Español y Condal).

También ofrecía un servicio de restaurante dentro del local, con servicio a la carta, y hasta se llegó a organizar un servicio de recogida gratuito de coches de alquiler para facilitar el recorrido de los clientes desde La Rambla hasta el local. Este servicio, que era nocturno, comenzaba a las 10 de la noche y realizaba el trayecto desde La Boquería hasta el local y viceversa.

En Abril de 1905 pasaría a llamarse Gran Salón del Siglo XX, un local que alternaba las variedades con los pases de cine con el cinematógrafo Gaumont. Y, de nuevo en 1908, cambio de nombre: el Petit Moulin Rouge, imitando así al famoso Moulin Rouge del barrio de Montmartre de París, por la similitud de los espectáculos que ofrecía.

En 1936 volvió a cambiar su nombre por el de Moulin Rouge, el cual se mantendría hasta el final de la Guerra Civil. Pero, con la llegada de la dictadura franquista en 1939, el régimen obligó a castellanizar el nombre y quitarle la palabra “rojo”, por las connotaciones políticas que podía sugerir. Desde entonces y hasta nuestros días, quedó como El Molino.

El Molino permaneció abierto hasta 1997, apostando hasta el final por el género de la revista.

Al final cerró debido a una conjunción de factores, entre ellos la crisis que afectó a varios teatros del Paralelo, los cambios en la forma de ocio del público, y la falta de ayuda por parte de las administraciones.

Pero, como todo, el pasado se repite; y la cultura no puede ser menos…

¡Benvingut a BCN!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

 

El beso

“El muchacho me agarró y yo cerré los ojos. Le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y me sentí feliz de hacerlo. Después me dejó sola y me marché”

14 de agosto de 1945

Puede que sea el beso fotografiado más famoso de la historia. Dos totales desconocidos se besaban arrebatadoramente en la plaza Times Square de Nueva York para celebrar el fin de la II Guerra Mundial. El Ejército japonés acababa de capitular.

Él, un marinero del Ejército de EE UU que a día de hoy sigue siendo anónimo. Ella, una enfermera (Edith Shain) de la que no se supo su identidad hasta los años setenta cuando la propia Shein escribió al fotógrafo para decirle que ella era la protagonista del momento épico. Estos días ha pasado a mejor vida a los 91 años, pero siempre será recordada por ese achuchón de película.

El responsable de esa instantánea fue Alfred Eisenstaedt, quien ese día -conocido como V-J Day (Victory over Japon Day)- pudo capturar ese momento épico, convertido en sinónimo de la felicidad y de la espontaneidad.

La fotografía en blanco y negro del día de la victoria se publicó en portada de la revista LIFE.

Cosas de la vida, Eisenstaedt fue acusado en numerosas ocasiones de haber trucado y preparado la imagen, pero él siempre lo negó. Una versión que luego fue corroborada por la enfermera. Según el fotógrafo, se dedicó a seguir por la calle a un fogoso marinero que iba besando a toda mujer que se lo permitía.

A partir de que se revelara su identidad, Shain participó en numerosos acontecimientos relacionados con la efeméride, como desfiles, ofrendas florales y memoriales en recuerdo de los caídos.

Todavía sigue sin identificar el soldado que protagonizó el beso y aún hay varios veteranos soldados de la Marina, hoy octogenarios, que dicen ser el hombre que agarró por la cintura a una desconocida para besarla.

Año tras año desde 2004, cientos de parejas rememoran el mítico gesto en el mismo lugar de la Gran Manzana.

Este beso compite con otro, también famosísimo, el que captó el fotógrafo Robert Doisneau en 1950. En la imagen se ve a una pareja besándose intensamente en una calle de París.

Doisneau logró vender la capital francesa como ciudad del amor, pero el mito se derrumbó cuando el propio fotógrafo reconoció que la pareja había posado.

Francois Bornet y Jaques Corteaud, protagonistas de la escena, eran novios y estudiantes de teatro.

Cuando Doisneau les vio besarse en un café les pidió que salieran a la calle y repitieran la escena. Disparó muchos clics y, en el momento de revelar los negativos, eligió el mejor.

La fotografía se publicó en la revista American Life.

“En un beso, sabrás todo lo que he callado” (Pablo Neruda)


Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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Por siempre FRIDA

Frida Kahlo (México, 1907-1954)

Pasional, revolucionaria y símbolo de progreso en México.

Son tres los adjetivos que más han caracterizado a la artista que rompió moldes para su época.

Hace tres años que se conmemoró el Centenario de su nacimiento. Pero Frida sigue resonando en el mundo, provocando obras teatrales, ensayos académicos, mesas redondas, exposiciones,… De hecho, estos días, Madrid y Bruselas acogen sendas retrospectivas de lo que supuso la vida y obra de la pintora mexicana. Y Berlín lo hará en breve, en la que será la mayor hasta ahora ofrecida en Europa. Será a partir del 30 de este mes, en el museo Martin-Gropius-Bau. Con cerca de 150 obras, entre pinturas y dibujos, se permitirá conocer -aún mejor- la personalidad social, política e íntima de la artista.

Además, 2010 es un año especial para los mexicanos.  Se celebra el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución mexicana. Algo por lo que la artista luchó en sus 47 años de vida.

Y es que, para aquellos que no la conocen, Kahlo fue uno -por no decir el primer- exponente del arte latinoamericano durante la primera mitad del siglo XX. No hay otra creadora, con tanto simbolismo, fruto de su pintura y de su pensamiento, de su entereza y de su imagen.

Su vida estuvo marcada por el sufrimiento, por las infidelidades constantes de su marido Diego Rivera, por enfermedades, abortos, y por el accidente que la dejó postrada en una cama con la columna rota. 32 operaciones que jamás lograron recuperarla. Eso es lo que plasmó en los temas de todos sus lienzos, ella fue su mejor modelo. Su pintura es fuerte, colorista y de gran dramatismo.

Y tanto ha aportado su obra que la banda inglesa Coldplay la ha homenajeado en su cuarto disco “Viva la vida” (“Death and All His Friends“). Eso es nada…

Característica fue su transgresión, ya desde su infancia. En la foto de familia aparece a la izquierda, vestida de hombre, y por la que no tuvo si no problemas con sus padres.

Fue a partir de ese momento cuando ambos artistas se frecuentan, y comienzan así su relación de pareja hasta que, en agosto de 1929, terminan casándose.

Si al principio, Frida acompañaba a Diego de Ribera a sus múltiples consignas por EEUU, pronto la artista comenzaría a brillar por su cuenta.

Frida conocería al poeta y crítico francés Andrè Bretón, quien calificó su arte como surrealista, a lo que la revolucionaria mexicana contestó: “Yo no pinto sueños…Pinto mi realidad“.

Le sentara bien o no esta respuesta, lo cierto es que gracias a Bretón, Frida conocería a Julian Levy. Y así pudo exponer en Nueva York y en París, en 1939; logrando ser la primera artista mexicana en mostrar su arte en el Louvre. Su estancia en la capital francesa la llevó a relacionarse con el pintor malagueño Picasso y a aparecer en la portada del Vogue francés.

Entre 1937 y 1939 el revolucionario ucraniano León Trotsky vivió exiliado en su casa de Coyoacán junto a su mujer. Allí tendrá un romance con el líder comunista quien fue asesinado a manos del miembro de la NKVD -el estalinista Ramón Mercader-. Suceso que la tuvo bajo sospecha al ser acusada como autora del mismo. Esto la llevó a estar arrestada, aunque finalmente fue dejada en libertad al igual que su marido.

En la película “FRIDA” (2002), con Salma Hayek en el papel de Frida, se refleja parte de este trágico desenlace (con la voz de Chavela Vargas).

Su relación consistió en amor, aventuras con otras personas, vínculo creativo, odio y un divorcio que solamente duró un año. De esta época pertenece uno de sus cuadros más significativos: “Las Dos Fridas“. Se asimila la crisis marital, a través de la separación entre la Frida en traje de tehuana, el favorito de Diego, y la otra Frida, de raíces europeas (su padre era de origen germano-húngaro) la que existió antes de su encuentro con él. Los corazones de las dos mujeres están conectados uno al otro por una vena, la parte europea rechazada de Frida Kahlo amenaza con perder toda su sangre.

Al matrimonio lo llegaron a llamar la unión entre un elefante y una paloma, pues Diego era enorme y obeso mientras que ella era pequeña y delgada. Por otra parte; Frida, debido a sus lesiones, nunca pudo tener hijos, cosa que tardó muchos años en aceptar.

A pesar de las aventuras de Diego con otras mujeres (que llegaron a incluir a la propia hermana de la pintora), ayudó a Frida en muchos aspectos. Él fue quien le sugirió a Frida que vistiera con el traje tradicional mexicano consistente en largos vestidos de colores y joyería exótica. Esto, junto a su semblante cejijunto, se convirtió en su imagen de marca. Él amaba su pintura y fue también su mayor admirador. Frida, a cambio, fue la mayor crítica de Diego.

No sería hasta más tarde, en 1953 -tras luchar por sus sueños, su creatividad, su amor y la amputación de una pierna por gangrena- cuando vió cumplido su sueño en lo que fue su primera y su última retrospectiva en la ciudad que la vió nacer: Ciudad de México, y con unas dos 200 obras a sus espaldas.

Las últimas palabras en su diario un año después fueron: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

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