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La falta de pan en África Oriental

SOMALIA SE MUERE DE HAMBRE

“Si no actuamos esta hambruna se extenderá al resto del sur de Somalia en dos meses, y sus efectos se pueden extender al resto de países de la región” (Valerie Amos- subsecretaria general para Asuntos Humanitarios de la ONU)

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU ha logrado por fin hoy que se abriera un puente aéreo urgente para enviar alimentos infantiles desde Nairobi a Mogadiscio, y combatir así la hambruna en Somalia.

En total, 10 toneladas de suministros de emergencia preparados para tratar la malnutrición infantil.

Lo cierto -y lo triste- es que la sequía (la peor desde los años 50) que azota a buena parte de África Oriental está causando una intensa angustia en las poblaciones vulnerables, muchas de ellas agobiadas ya por la pobreza y la inseguridad.

Las áreas afectadas son muy amplias: los dos distritos de Somalia que ahora están declarados como zonas de hambruna no son más que casos extremos de un desastre mucho más grande que abarca Somalia, Etiopía, el norte de Kenia y la parte más occidental de Sudán, así como  el distrito de Karamoja del noreste de Uganda.

El campamento de refugiados más grande del mundo, situado en Dadaab, en el norte de Kenia, es un claro ejemplo de las consecuencias de la falta de agua.

La población del campamento -que fue erigido para dar cobijo a 90.000 personas- ha crecido en los últimos meses hasta las 380.000 personas.

Y lo peor es que cada día llegan 1.300 refugiados más.

Las Naciones Unidas, que el pasado miércoles declaró oficial la situación de hambruna en dos regiones de Somalia, no tiene cifras exactas sobre el número de fallecidos. El acceso es prácticamente imposible en amplias zonas del centro y el este del país, especialmente las que están bajo el dominio de la milicia islamista de Al Sahaab.

Pero sí sabe que en el cuerno de África hay 11,5 millones de personas “que necesitan asistencia urgente”: 3.7 millones en Somalia, 4.5 millones en Etiopía, 2.4 millones en Kenia, 150 mil en Yibuti y potencialmente muchas más en Eritrea.

La representante de la ONU insiste que “si no actuamos esta hambruna se extenderá al resto del sur de Somalia en dos meses, y sus efectos se pueden extender al resto de países de la región”.

Y aclara:  “No utilizamos con ligereza la palabra hambruna”. (La última vez que Naciones Unidas hizo una declaración de este tipo en el caso de Somalia fue hace 19 años)

MUCHO QUE HACER

Lo sorprendente es que los principales signos de advertencia de la desnutrición y la hambruna ya eran visibles en abril de 2008: los factores climáticos, los incrementos del precio del petróleo, la creciente demanda de dietas de carne en las comunidades más ricas y el desvío de tierras para el cultivo de biocombustibles.

Lo que hizo que estos ingredientes fueran más peligrosos fue la forma en que actuaron sinérgicamente.

El ejemplo más claro de esto fue la persistente crisis alimentaria mundial de 1973-1974, cuando, en su momento más álgido, unos 40 millones de personas de 30 países fueron afectadas.

Las reservas mundiales de grano -considerables entonces-, cayeron a cerca de la mitad de las reservas habituales.

Desde entonces ha habido casi cuatro décadas de “desarrollo”.

Pero los resultados han sido dispares: el mundo se ha hecho mucho más rico, aunque el grueso de ese crecimiento solo ha beneficiado a los 1.500 millones de personas más ricas, en una población mundial que la ONU estima que alcanzará los 7.000 millones en octubre de 2011.

Un mundo mucho más rico está más dividido, que contiene casi dos veces más personas desnutridas que a comienzos de los años 70.

Estos hechos, por sí solos, son una crítica contundente de la forma en que ha evolucionado el sistema económico mundial y, en particular, del olvido de la seguridad alimentaria de decenas de millones de pobres y personas vulnerables.

Es para pararse a pensar -por un momento siquiera-, y ver si desde Occidente hemos contribuído a crear un mundo cada vez más presuntoso, y otro mundo cada vez más pauperado.

Creo que no es esto para lo que estamos aquí.

Sino para compartir.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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Bin Laden está muerto

“Buenas noches. Esta noche, puedo informar al pueblo estadounidense y al mundo que Estados Unidos ha llevado a cabo una operación que causó la muerte de Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda, y un terrorista que es responsable por el asesinato de miles de hombres inocentes, mujeres y niños (…)

(…) Y en las noches como ésta, podemos decir a las familias que han perdido a sus seres queridos a manos del terror de Al Qaeda: Se ha hecho justicia (…)

Es casi medianoche -hora local en Washington..

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anuncia la muerte del fundador y líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en una operación llevada a cabo por militares estadounidenses en Pakistán.

En un discurso en directo por televisión, Obama explica que un pequeño grupo de efectivos de élite acababa de llevar a cabo el operativo en la localidad de Abbottabad a unos 100 kilómetros de Islamabad, capital del país. En ese lugar se encuentra la principal academia militar del país.

Al parecer, en el ataque también mueren tres hombres y una mujer, incluido un hijo del líder de Al Qaeda.

Se asegura que Bin Laden opuso resistencia armada y que murió de un disparo en la cabeza.

Obama añade que las fuerzas estadounidense tienen en su poder el cuerpo del fallecido líder de al-Qaeda.

Sin embargo, medios en todo el mundo han reproducido noticias provenientes del New York Times y la agencia de noticias Associated Press, donde funcionarios estadounidenses sin identificar indican que el cuerpo de Bin Laden fue “sepultado en el mar”.

Es la noticia del día, la del año.

La muerte del líder de al-Qaeda es una de las más importantes que concretan las fuerzas de seguridad de EE.UU. cuando ya se tenían pocas esperanzas de que el líder de al-Qaeda sería capturado vivo o muerto en algún momento después de diez años de feroz persecusión.

Además de los atentados del 11 de septiembre, se le acusaba de estar detrás de otros ataques como los de 1998 contra dos embajadas de Estados Unidos en África (donde murieron 231 personas) y el ataque en 2000 contra el buque de guerra USS Cole en Yemen (donde 17 marinos estadounidenses perdieron la vida).

Hoy: Wall Street sube, el petróleo baja.

La Casa Blanca está en alerta roja; o, lo que es lo mismo, en alerta máxima ante posibles represalias terroristas.

A pesar del sentimiento de alivio y de euforia en las calles norteamericanas, se hace un llamamiento a la cautela.

Y es que, nos guste o no,  Al-Qaeda no se acaba con la muerte de su líder.

Eso sí…Las revoluciones en el mundo árabe de los últimos meses han demostrado que la vía violenta del terror no era ni la única manera de conseguir el cambio ni la más propicia.

Todo hace indicar que el futuro de Al Qaeda es tan nebuloso como su situación actual.

En realidad, desde hace muchos años era más un símbolo como franquicia de una constelación de grupos terroristas que una organización real con estructura y mandos definidos.

Ayman Al Zawahiri, el lugarteniente de Bin Laden, es un improbable sucesor por mucho que termine adoptando el papel del líder espiritual del movimiento. No tiene ni su carisma ni sus antecedentes militares.

Bin Laden siempre exageró hasta el ridículo su participación en la yihad contra los soviéticos, pero al menos estuvo allí. Abandonó una vida de lujos en Arabia Saudí para escuchar el llamamiento a la guerra santa.

Al Zawahiri intentó aplicar la yihad en Egipto y sólo cosechó un sonoro fracaso.

La operación militar es por otro lado una oportunidad estupenda para Obama con la que poner fin al despliegue militar en Afganistán, una guerra que ha durado más que la Segunda Guerra Mundial.

Es en realidad una excusa, porque es improbable que Bin Laden tuviera ya una influencia directa -más allá de su condición simbólica- en los acontecimientos de Afganistán y en la insurgencia talibán.

Lo cierto es que Afganistán está en estado de guerra permanente desde 1979, y continuará estándolo.

La incapacidad de EEUU para encontrar un momento en el que declarar la victoria o el fin de la misión, sumada a la debilidad manifiesta del Gobierno afgano, habían aplazado el momento de afrontar la realidad.

Quizá ésa pueda ser la mejor consecuencia de la muerte de Bin Laden.

Ojalá fuera así, pero el terrorismo  es tan viejo como la guerra y no concluirá de forma mágica porque Bin Laden haya recibido un tiro en la cabeza.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Conflicto en el Sáhara Occidental

Hace treinta y cinco largos años que el pueblo saharaui no vive en paz, que la tierra y las piedras de esa región han cerrado sus ojos para que no les escueza la sangre de las personas que han muerto durante todo ese largo tiempo.

Merece la pena, pues, escribir ahora que se cumple el aniversario de la Marcha Verde y de los Acuerdos de Madrid, unas breves líneas de protesta, que sirvan como minúsculo canto a la libertad y los derechos más esenciales de las personas.

Fruto de todos estos años, el pasado lunes las fuerzas de seguridad marroquíes desmantelaban por la fuerza el campamento de Gdaim Izik, situado cerca de la capital del Sáhara Occidental, en El Aaiún.

Desde hacía aproximadamente un mes, unos 20.000 saharauis establecidos en 7.000 jaumas (tiendas nómadas) exigían mejores condiciones de vida para su pueblo.

Los organizadores reivindicaban viviendas, puestos de trabajo y ayudas sociales para los saharauis. No había, en principio, demandas políticas de autodeterminación o independencia.

Se trataba de la mayor protesta saharaui desde que en 1975 España se retiró de la colonia.

Consecuencias: un saldo indeterminado de fallecidos -por la imposibilidad de acceso de los periodistas a la zona- y decenas de detenidos y heridos.

Mientras que Marruecos habla de 11 policías y dos saharauis fallecidos (uno de ellos con nacionalidad española), el Frente Polisario (el movimiento pro autodeterminación del Sáhara Occidental) eleva la cifra de muertos saharauis hasta al menos 19, y añade más de 700 heridos y 150 desaparecidos.

La operación se iniciaba poco antes de las siete de la mañana, cuando varios helicópteros sobrevolaron el campamento lanzando órdenes de desalojo por megafonía. Pequeños grupos de mujeres con niños se marcharon y, a la salida, les esperaban autobuses en los que fueron transportados hasta El Aaiún.

Después comenzaba el asalto, en el que se usaron cañones de agua, gases lacrimógenos, porras y balas de goma.

Los más jóvenes opusieron resistencia, lo que se desataría en una batalla campal, tras la que el Ejército aplastó las tiendas, muchas de las cuales acabaron ardiendo.

ver vídeo (pinchar en la foto)

Marruecos cortó el acceso por carretera al Sáhara a la altura de Tan Tan, e impidió a todo extranjero cruzar este límite. Rabat ha impedido asimismo a los periodistas españoles viajar a El Aaiún.

En estos últimos días, además, Rabat ha expulsado a tres parlamentarios autonómicos y a un eurodiputado español. Y el pasado día 5, dos periodistas españoles, Antonio Parreño -corresponsal de TVE- y Eduardo Marín -de la Cadena SER- fueron agredidos en una sala del Tribunal de Primera Instancia de Ain Sbaa (Casablanca), cuando cubrían un juicio contra siete activistas saharauis.

La Policía requisó las cámaras de los observadores internacionales paraborrar las fotos que habían hecho de los incidentes.

El Gobierno marroquí ha acusado a la prensa española de “recurrir sistemáticamente a procedimientos falaces, técnicas innobles, manipulaciones abyectas y montajes inmundos” a la hora de informar sobre su país.

Así lo manifestó anoche el ministro de Comunicación, Jalid Naciri. Es la respuesta de Rabat a la petición lanzada desde La Moncloa por la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, para que se permitiese trabajar con libertad en el Sáhara a la prensa española.

La nota centra sus críticas concretas en el canal de televisión Antena 3, los diarios EL PAÍS y Abc, la cadena SER y la agencia Efe.

Lo que queda claro es que la estrategia de Rabat perjudica a sus propios intereses, pues la opacidad informativa crea una presunción a favor de quienes denuncian la dureza de la represión llevada a cabo por las fuerzas marroquíes.

De nuevo, el Gobierno español -tal y como sucedió en Lanzarote con el episodio de Aminetu Haidar en 2009- está viéndose envuelto de manera directa o indirecta en decisiones inaceptables del Ejecutivo de Rabat.

Si algo se demuestra con ello es la fragilidad de las bases sobre las que se mantiene la relación, inspirada para la parte española por un único y excesivo deseo de evitar los roces.

No parece ni oportuno ni comprensible, por otra parte, que el presidente Zapatero se encoja de hombros; y que, además, recurra a los servicios de un titular de Exteriores recién cesado, como el señor Miguel Ángel Moratinos para resolver el conflicto de intereses.

Pero, ¿qué hay de los detenidos?

Seis de los protagonistas de la revuelta de El Aaiún serán juzgados por un tribunal militar (los primeros civiles juzgados por jueces castrenses desde la subida de Mohamed VI al trono), y al menos otros 63 saharauis serán procesados por un tribunal penal ordinario.

De momento, todos ellos han ingresado en la llamada Cárcel Negra, prisión famosa por su dureza y conocida como “el Guantánamo marroquí”.

A la mayoría de los procesados se les acusa de perpetrar “actos vandálicos” y de “desobediencia y violencia contra funcionarios”.

 

HISTORIA- EL PROCESO DESCOLONIZADOR PENDIENTE

Esta historia comienza en la Conferencia de Berlín.

Corre el año 1885. Trece países europeos y uno norteamericano, acuerdan el futuro de África (ningún africano fue invitado a la conferencia). España reclama una región que le permita mantener viva su expansión colonizadora. Distaba mucho de ser una gran potencia, pero se las arregló para disimularlo.

El entonces llamado Sáhara Español no era un territorio demasiado rico.

Únicamente destacaba por dos recursos naturales que, todavía hoy, siguen sembrando la polémica: sus fosfatos (el yacimiento de Bu Craa es considerado el mayor del mundo) y sus caladeros de pesca (la zona Atlántica del sur se caracteriza por sus grandes bancos de peces).

Los habitantes del territorio, los saharauis, eran pueblos nómadas a los que, en cierta medida, se les obligó a sedenterizarse.

Y así pasaron los años, y llegó la Segunda Guerra Mundial. Y, tras ella, las potencias europeas se fueron retirando de África iniciándose el llamado proceso descolonizador. A veces por las buenas, a veces por las malas, entre los 40, los 50 y los 60, todos los países europeos se retiraron de África.

Pero existían dos excepciones.

Los atrasados gobiernos portugués y español no estaban por la labor. Pero algo empezó a cambiar en los 70. Las guerras coloniales en África le costaron a Salazar su puesto y provocaron en Lisboa la Revolución de los claveles, probablemente la revolución más maravillosa de la historia de Europa. Con tres décadas de retraso, Portugal también se retiró de África.

Sólo quedaba España. Pero el tiempo corría en contra, los vecinos del Sáhara Occidental (Marruecos, Argelia y Mauritania) llevaban décadas de andadura como países independientes y pudieron organizar una estructura militar establecida.

Marruecos incluso mantuvo una guerra (todavía no reconocida) contra España por el control del Ifni. Los saharauis por su parte, bajo la dominación española, no pudieron preparar ningún tipo de defensa.

En 1975 el general Franco muere y millones de esperanzas se abrieron para el pueblo español.

Es entonces cuando el entonces monarca Hassan II aprovecha la circunstancia para organizar la llamada “Marcha Verde”:  325.000 marroquís se dirigen hacia la frontera con la intención de apropiarse del Sáhara Occidental. No llegan a haber tiroteos; los soldados españoles se limitaron a minar la frontera, colocar carteles advirtiéndolo y esperando detrás. Los marroquís no la cruzaron.

Pero la situación se volvía insostenible por días, Marruecos amenazaba constantemente con la guerra abierta y el fragil gobierno español tenía demasiadas cosas en la cabeza como para meterse en una guerra por unos territorios que, en cualquier caso, seguramente serían abandonados poco después.

Lo cierto es que la Marcha Verde es el parche perfecto, y abandonar el apoyo al proyecto independentista es más fácil así.

No proclamar el Estado saharaui cumple con los intereses occidentales (que quieren evitar el nacimiento de un Estado independiente tan cerca de Europa y promovido por Argelia y Libia). También se protegían los intereses españoles, ante el posible peligro político que podían sufrir las Islas Canarias.

ACUERDOS DE MADRID (14 NOV 1975)

En los Acuerdos de Madrid (hoy hace 35 años), se acordó una administración del Sáhara Occidental compartida a partes iguales por España, Marruecos y Mauritania. Y dejan claro que la soberanía del Sahara corresponde al pueblo saharaui.

Mauritania primero ocuparía su región, pero ante la resistencia saharaui acabaría retirándose.

España, por su parte, nunca ha tenido el peso que los Acuerdos le concedían. Marruecos acabó controlando el Sahara Occidental, y hasta ahora.

El Frente Polisario proclamó entonces la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), sin éxito. Este representante de la causa nace en 1973 como “reflejo de la madurez del nacionalismo saharaui ante la inmovilidad de los procesos de autodeterminación promovidos por la ONU”. Además, es miembro fundador de la Unión Africana (UA), lo que no ha impedido que aproximadamente un 75% de su territorio permanezca ilegal y militarmente ocupado por Marruecos.

SÁHARA LIBRE

Existen varias resoluciones de la ONU apoyando la independencia del Sahara.

Sin embargo, Marruecos pretende convertir al Sáhara en una provincia marroquí. Y para ello realiza una política de aislamiento del pueblo saharaui que vive en campos de concentración esperando a que la comunidad internacional recuerde la existencia del derecho.

Con todo, el Sáhara, nunca ha sido descolonizado. Es la única región de importancia que todavía no lo ha sido.

Marruecos nunca ha tenido derecho sobre la soberanía de esta región.

Hasta ahora, uno de los principales escollos diplomáticos entre Marruecos y España era que ésta se negaba a reconocer la soberanía del reino marroquí sobre el Sáhara.

Pero el señor Zapatero ha resuelto ese problema hace poco: por primera vez, un presidente del gobierno español ha reconocido en un mitin la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

Todo el mundo comprende que si las relaciones se deterioran, España pagará un coste. Pero también Marruecos, cuya exposición a los riesgos que ambos países deben enfrentar conjuntamente es seguramente mayor.

Que se reconozca su papel en la estabilidad del Magreb no puede ser interpretado desde Rabat como licencia para imponer por la fuerza su voluntad en un territorio que ocupa en contra de la legalidad internacional, proclamando el desafío de “conmigo o contra mí”.

ASUNTO PENDIENTE

Es cierto que las relaciones con Marruecos se encontraban bajo mínimos cuando Zapatero llegó a La Moncloa, pero el modelo que adoptó para mejorarlas era inviable: estabilizar el trato con Rabat por la vía de aproximarse a su posición en los principales contenciosos.

Era un modelo condenado al fracaso, y los graves sucesos en el Sáhara lo estarían certificando.

Querámoslo o no, el Estado español continúa siendo responsable legal y político de esta tragedia.

Sin embargo, los distintos gobiernos españoles -lejos de cumplir con sus obligaciones internacionales-, han sacrificado siempre a la parte más débil, el pueblo saharaui.

En su juego del gato y el ratón con la dictadura marroquí han ejercido, dicho sea de paso, casi siempre el papel de ratón complaciente frente a un tirano feudal que se ríe descarnadamente de la legalidad internacional.

El gobierno español puede y debe, al igual que hizo retirando sus tropas durante la ocupación de Irak, posicionarse del lado de los derechos humanos.

Recuperar parte de nuestra memoria histórica, recordando más de un siglo de colonización en el que consideramos a los saharauis como españoles, nos implica, en primer lugar, en la búsqueda de una solución justa y pacífica que respete el derecho a la autodeterminación.

Mantener una postura de “ambigüedad retórica” estimula a Marruecos para seguir en su posición intransigente, no aceptando la aplicación de las resoluciones de la ONU y poniendo condiciones previas en próximas negociaciones.

Si algo demuestran las más de tres décadas que perdura el conflicto es que este no se cerrará mientras el pueblo saharaui no decida libremente su futuro.

Los saharauis han buscado por activa y por pasiva independizarse del reino alauita. Pero no se lo permiten… El último gran problema lo tenemos estos días en El Aaiún.

Lo triste de todo es que este pueblo no tiene más remedio que ir de ghandi, de víctimas sin recursos ni armas, pataleados por el gigante marroquí. De otro modo, se convertiría en una lucha abierta en la que tienen todas las de perder.

El Sáhara Occidental no es precisamente Afganistán con un terreno escarpado y montañoso, preparado para una guerra. El Sáhara es un extraordinario desierto, donde no hay posibilidad de esconderse. Los helicópteros marroquíes acabarían con el enemigo con los ojos cerrados.

Mohamed VI es sumamente hábil. Sabe que mientras Occidente piensa que Marruecos está aislada -desde el punto de vista formal- tiene el “derecho” de acogotar al enemigo.

Por otra parte, los saharauis también reconocen que como les puede ir menos mal es haciéndose las víctimas. Ganan tiempo y, en el terreno diplomático, pueden conseguir avances.

De todos modos, no nos engañemos. Marruecos jamás entregará el Sahara a los saharauis.

Ni está en sus planes ni en su agenda. Sobre todo porque hay ahí demasiado petróleo para vender o repartir.

Y sino que se lo pregunten a algunas empresas estadounidenses que tienen una pierna por esos lares.

La presión exterior es limitada. La ONU seguirá con su eterna mediación, sin exigir el fin de la ocupación.

El mismo Estados Unidos ve con simpatías a Marruecos (Rabat es un aliado estratégico vital y no le forzará). No olvidemos que los servicios secretos marroquíes -junto con los cubanos- están considerados como uno de los mejores del mundo.

La UE apenas pinta en este caso, pese a los fuertes lazos económicos y comerciales. Francia mira a su propio interés. Y también España (Pesca, inmigración, Ceuta, Melilla…)

De ahí las medias tintas, el pragmatismo, la incomodidad, el intento inútil de salvar la cara, las afirmaciones de que no es un conflicto bilateral sino internacional, la tardanza y los matices de la condena a la represión marroquí.

Y todo gracias a la chapucera descolonización fraguada en los estertores del franquismo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Vertido INcontrolado

HISTORIA DE UN DESASTRE MEDIOAMBIENTAL

20 de abril. La plataforma petrolífera Deepwater Horizon hace explosión en el Golfo de México.

Desde entonces, toneladas de vertido tóxico se han desparramado por las aguas marinas de Centroamérica con consecuencias fatales para el mundo animal y vegetal. Ha sido la crónica de un desastre anunciado.

Y la cifra de los litros sigue y suma…

La marea negra provocada por la explosión de la Deepwater Horizon –ubicada a unos 80 kilómetros al sudeste del Delta del Mississippi– ha llegado a las costas de esta region, Alabama, Florida y Luisiana. El Estado más afectado es éste último, adonde el presidente Obama viajó el viernes por tercera vez para supervisar las tareas de contención del vertido, que se ha convertido en el peor de la historia de EE UU.

Cuatro intentos fallidos por detener las filtraciones al mar. 11 trabajadores fallecidos.

Y los efectos son muchos. 160 kilómetros de costa ya están dañados. El chapapote es ahora más oscuro, y probablemente más tóxico y pesado, que el que estaba saliendo hasta la fecha; y las cifras oficiales han pasado de 5.000 barriles diarios de vertido a una situada entre 12.000 y 25.000 barriles diarios, mientras algunos expertos hablan de  hasta 95.000 tirados al mar por falta de previsión.

Entre 80 y 150 millones de litros de crudo -no hay cifras finales- se han derramado en las aguas del golfo de México.

Los intentos, una y otra vez, de inyectar cemento y lodo en el pozo para taponar la salida del crudo no han dado sus frutos hasta ahora. El tan cacareado método top killpor frenar la toxicidad marina no ha funcionado. Fracaso, fracaso, y más fracaso.

Mientras tanto, aves y peces luchan por sobrevivir. Mucha de la fauna autóctona ha tenido que emigrar.

GREENPEACE ya ha alzado su voz para denunciar tal vertido. Y ha añadido que este accidente ha puesto de manifiesto que el modelo energético basado en los combustibles fósiles no tiene sentido en el siglo XXI. “La dependencia del petróleo implica el aumento de las emisiones de CO2 y, por consiguiente, una aceleración del proceso de cambio climático. Y supone además un peligro constante para el medio ambiente y los ciudadanos”.

La organización ecologista vuelve a demandar un cambio radical en la política energética mundial que pasa por una apuesta por las energías renovables, y el abandono de los combustibles fósiles y de la también peligrosa energía nuclear. Y todo para evitar, dentro de lo posible, los desastres que como en España sufrimos en agosto de 2004 con el famoso Prestige.

Cansa ya esta letanía de falsas soluciones sacadas de la chistera a última hora para ocultar lo que todos los expertos saben y sabían: el único sistema seguro y probado para acabar con la fuga a 1.500 metros de profundidad es la construcción de un pozo de alivio. Pero nadie se lo exigió antes a British Petrolium, y ahora habrá que esperar hasta agosto o septiembre…

Lo que se está haciendo es como fabricar a toda prisa un coche de bomberos cuando se ha propagado ya el incendio”, confesaba hace unos días el oceanógrafo Rick Steiner, de la Universidad de Alaska.

Por su parte, el geólogo Barry Kohl reconoce que las tecnologías para explorar más y más profundo han avanzado tremendamente, pero que “no se ha invertido nada en seguridad y seguimos con los mismos métodos que se usaban en los años setenta”. Y añade: “Lo que está haciendo BP es jugar a la ruleta rusa. Ninguno de los sistemas que están usando ha sido probado a kilómetro y medio de profundidad. Las garantías de éxito son mínimas”. Éste es el quid de la cuestión.

La petrolera BP, que gestiona la plataforma, sigue buscando salidas al vertido incontrolado. Y parece que tras siete semanas, creyó ayer dar con un sistema de drenaje más efectivo.

Nada más lejos de la realidad. Y es que después de que sus responsables afirmaran a mediodía que habían logrado cortar con éxito la tubería subterránea por la que fluye el derrame…lo cierto es que el globo de la ilusión se volvió a desinflar.

Es cierto que parece que dicha operación ha recuperado alrededor de 950.000 litros de crudo (unos 6.000 barriles) en sus primeras 24 horas de funcionamiento. Una cifra que, en todo caso, supone menos de un tercio de los tres millones de litros (19.000 barriles) que el Gobierno estadounidense estima que se vierten al golfo de México cada día.

BP tiene un gran problema. Se enfrenta a indemnizaciones millonarias, como no podía ser de otro modo.

Hasta ahora, la petrolera ha abonado 46 millones de dólares a las víctimas del desastre. Y este mes pagará una cantidad similar.

Cumple así las exigencias de la Administración de Barack Obama, que ha desplegado en la región 17.500 efectivos de la Guardia Nacional, más de 20.000 personas que participan en las tareas de protección del litoral de la marea negra, y 1.900 navíos. En total, Washington ya ha enviado a la petrolera una factura de 69 millones de dólares. Y esto es sólo el principio.

Para que nos hagamos una idea. El impacto económico del derrame de petróleo del Golfo de México podría ascender a 4.300 millones de dólares, de los que el 93,6% serían pérdidas en el turismo en los cuatro Estados americanos afectados.

La posibilidad de detener la fuga con una explosión nuclear se ha comentado en los últimos días. Un hecho que no parece probable que se lleve a la práctica. Thad Allen -comandante de la Guardia Costera al frente de la crisis- cree que “antes de considerar esa opción, quedan muchas otras alternativas que probar”. La idea (al parecer puesta en práctica cinco veces en la antigua Unión Soviética entre 1966 y 1981 para sellar gaseoductos) supone provocar una pequeña explosión nuclear para fundir la roca que rodea al pozo y que tapone el flujo continuo de crudo.

Balizas de contención en Costa Esmeralda

Si hay algo de positivo en todo este trágico suceso es que Obama parará las perforaciones petrolíferas en todas las aguas de Estados Unidos. Eso sí, sólo durante los próximos seis meses. El Senado estadounidense le tiene atado de los pies a la cabeza. La ley ambiental que inició su recorrido en la Cámara de Representantes en junio de 2009 se encuentra ahora paralizada después de que el único senador republicano que la apoyaba, Lindsey Graham, se retirase del proyecto -antes del inicio del vertido- tras acusar a los demócratas de priorizar la reforma migratoria sobre la reforma energética.

Se pone así en entredicho el modelo energético de su país y el reto climático. Algo en lo que no se ponen de acuerdo. O bien porque no pueden o no quieren -en mi opinión- perder ni un ápice de su poder aunque con ello sean los más contaminantes del Planeta. Al fin y al cabo, ellos mandan…

Lo paradógico es que ayer, 5 de junio, fue el Día del Medio Ambiente.

Y ¡2010 es el Año de la Biodiversidad!

Como dice el director de campañas de Greenpeace en Estados Unidos: “Estamos permitiendo que sean las empresas las que dicten nuestras leyes para seguir siendo adictos al petróleo. Seis meses de suspensión pueden ser un alivio temporal para las comunidades y los animales que dependen de esas aguas cristalinas, pero necesitamos una prohibición permanente de todas las nuevas de perforaciones en el mar, no sólo en el Ártico, sino en todas las aguas EE.UU. La prohibición de toda nueva extracción de petróleo es la única manera de evitar otro desastre del derrame “

Porque hay una cosa clara. No se puede confiar en la industria para que nos proteja de los derrames de petróleo, y mucho menos para que asegure nuestro futuro energético.

Y este futuro solo puede ser 100% renovable.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán