Posts Tagged ‘sanidad’

Derecho a una muerte digna

“Quería reivindicar el derecho que todo ciudadano debería tener a una muerte digna, sin entrar en ningún tipo de polémicas relacionadas con la eutanasia

Son palabras de Javier Recio, director de ‘La dama y la Muerte’.

Película de ocho minutos de duración que fue nominada para los Oscar 2010 como Mejor Corto de Animación (convirtiéndose así en la primera producción de dibujos española en conseguirlo), aunque finalmente no se llevaría tal galardón.

Lo que sí logró fue el Premio Goya en esa categoría en 2009.

Trata del derecho a la muerte digna.

Una anciana, que vive sola en una zona rural y cuyo marido ha fallecido, está esperando que llegue la muerte para reunirse nuevamente con él. Cuando llega, por fin, y está a punto de entrar en el más allá para reencontrarse con su amado, se ve arrancada de las manos de la muerte por un médico petulante.

Se establece una feroz lucha entre médico y Muerte, a la que la anciana asiste atónita, que se salda con la victoria de la medicina. La muerte se retira, pero la anciana no está dispuesta a postergar más la reunión con su marido.

Una muy buena manera de presentar las contradicciones entre muerte-vida, moralidad-picaresca, deseo-displicencia.

REFLEXIÓN PERSONAL

No tengo miedo a la muerte, siempre lo he dicho. Si no al sufrimiento mío, y el de los que me rodean; el de los que me aprecian y me quieren.

Me aterra la sola idea de verme postrado en la cama de un hospital o verme reflejado en un espejo mientras el dolor invade cada centímetro de mi cuerpo.

Que los allegados sientan pena por mí. Nunca me gustó la compasión.

De llegar ese momento, a buen seguro que ya tendría bien aliviada el alma y solo restaría concentrar mis esfuerzos en firmar las autorizaciones pertinentes -si no lo hubiese hecho de antemano- para que un profesional de la medicina me administrase la dosis necesaria de sedante que ayudase a mi cuerpo a transitar dignamente su paso hacia la expiración.

Y este hecho, que es considerado incluso por la mayoría de religiones como un acto de humanidad con el fin de aliviar el padecimiento de los enfermos, es malinterpretado en ocasiones como una carta blanca con que afrentar la voluntad de Dios.

Otras veces es mal visto por aquellos que abogan porque se les reconozca el derecho a practicarse la eutanasia, como una aberrante e innecesaria prolongación del trance.

Como todo en la vida, en el término medio debemos encontrar la solución.

Hay que asumirlo cuando el desenlace se produzca de manera inexorable, cuando el avance de la enfermedad sea incompatible con la vida.

Nada podremos hacer al respecto, al menos, la ciencia no ha avanzado tanto como para convertirnos en inmortales.

No obstante, y aunque ya exista un protocolo médico ante situaciones de esta índole, la sociedad debe proteger al enfermo y aliviar su sufrimiento. No podemos abandonarlos a la buena de Dios como pretenden unos, ni apropiarse de su mano como anhelan los otros.

Lo cierto es que llegados a este punto, nos encontramos con una disyuntiva moral de difícil resolución, y que solo una ley puede regular para salvaguardar los intereses médicos y beneficiar a los pacientes.

Está plenamente constatado que la sedación terminal acorta la vida, y esta aseveración es utilizada por un sector de la sociedad para arremeter contra este proceder en cuidados paliativos, llegando incluso a tachar a los profesionales sanitarios de practicar deliberadamente la eutanasia.

Por otro lado, nos encontramos con que los protocolos estandarizados de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, y que son aceptados con carácter general por todos los estamentos, solo ofrece recomendaciones a los responsables facultativos y pueden dar lugar a enfrentamientos éticos entre las partes por una interesada interpretación de las mismas.

Sea como fuere, haría bien el gobierno sin que le ardan las prisas- pero tampoco le quemen las pausas- en promulgar una ley que regule la ortotanasia (del griego orthos: ‘recto y ajustado a la razón’; y thanatos: ‘muerte’) en todos y cada uno de sus procesos.

Legislando de manera clara conceptos tan confusos y controvertidos en la actualidad como puede ser el consentimiento.

A falta del expreso deseo del paciente, el médico puede encontrarse con la negativa familiar a la administración de sedación terminal.

Y el recurso último de proceder a efectuarla por recomendación implícita, no parece el más adecuado porque deja al sanitario en absoluta indefensión. De ahí la necesidad de una normativa regulatoria que garantice los derechos del paciente, familiares y profesionales de la medicina.

Yo y sólo yo, preferiría recibir a la muerte en estado de profunda inconsciencia que padecer el sufrimiento inmoral de la enfermedad.

“NO CONOCES A JACK”

‘No conoces a Jack’, es un telefilme de la cadena americana HBO, que pronto se ha convertido por derecho propio en un clásico de la militancia por la libertad de elección y conciencia en bioética.

“A pesar de ser tan famoso y fascinante, no sabemos quién es Jack Kervokian y, con suerte, en la película tampoco lo vas a terminar de conocer”, sostiene un críptico Al Pacino, el actor protagonista que encarna al popular “Dr. Muerte”.

La historia está basada en el caso real del Dr. Kevorkian, un médico anátomo-patólogo, de ascendencia Armenia.

Logró popularidad nacional e internacional, como defensor del “suicidio asistido médico”. La eutanasia (literalmente: el bien morir), es el tópico que se instala en la pantalla. Asistiendo a más de 130 de estas conductas de bioética aplicada, se transformó en un adalid de los derechos a morir con dignidad, en pacientes terminales.

Tal y como escribió en su diario la artista Frida Kahlo, antes de morir postrada en su cama: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

((hacer click sobre la foto para ver el vídeo))

De lo que se trata es de vivir con plenitud, amando y dejándose amar mientras puedas.

Luego, uno ya sabrá lo que hacer.

Un buen lema sería vive y deja morir, con dignidad.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Anuncios

Un año sin Vicente Ferrer

UN JESUÍTA EN LA INDIA

(Barcelona,1920- Anantapur,2009)

Ayudar a los más pobres. Éste fue el principal objetivo de Vicente Ferrer. Este misionero catalán que lo dejó todo por uno de los países más castigados por falta de medios: la India.

Estos días, coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Ferrer, se ha sabido que es candidato a Premio Nobel de la Paz -a título póstumo-. Su vida no pasó inavertida, y fueron muchos los reconocimientos como el Príncipe de Asturias de la Concordia (1998) o Personaje destacado de la historia del Siglo XX por la UNESCO (2001).

Toda su filantropía comenzó en el 52, cuando llega a Mumbai (Bombay)-poco después de haber ingresado en la Compañía de Jesús- para completar así su formación espiritual.

Algo debió de marcarle.

La India, un lugar de contrastes, y considerado el más pobre del Planeta. Y es que, a pesar de ser el décimo país más industrializado del mundo -con tecnología y programas espaciales mundialmente competitivos-, también tiene el mayor número de pobres.

Se estima que en la actualidad 330 millones de sus habitantes viven bajo el umbral de la pobreza (viven con menos de 40 centavos de dólar al día). Hay casi 2,5 veces más analfabetos que en todo el África subsahariana, y cerca de la tercera parte de los menores de 16 años está abocada al trabajo infantil.

La República de India es una unión de estados federados que alberga la sexta parte de la humanidad.

El tradicional sistema de castas, a pesar de haber sido abolido por la Constitución en 1950, constituye aún la matriz social del país. Así, las mayores injusticias se comenten con las castas inferiores (dálits o intocables), las comunidades tribales y los pequeños agricultores.

Esta situación pues los obliga a trabajar en condiciones degradantes, a no tener acceso a la propiedad de la tierra y a soportar violencia física y psicológica por parte de las castas superiores.

Su extensa mano de obra hace que sean una opción muy popular para empresas internacionales que externalizan su trabajo.

Ferrer fue consciente de tales diferencias. Y como hombre consecuente con sus ideales, hizo lo que pudo por erradicar esa pobreza. Una labor que generó en su momento suspicacias por parte de la clase dirigente del país, que veía en el misionero una amenaza a sus intereses.

Ante este hecho, más de 30.000 campesinos, secundados por intelectuales, políticos y líderes religiosos, se movilizarían en una marcha de 250km para protestar por la orden de expulsión.

De este modo, y tras un impasse de un año -en el que tuvo que volver a España-, establecería su campo base en 1969 en Anantapur. Uno de los distritos más pobres del país, para continuar su lucha por los que menos tienen.

Ese mismo año dejaría la Compañía de Jesús. Y a los pocos meses se casaría con la periodista inglesa Anne Perry. Juntos fundaron la organización Rural Development Trust (Fondo de Desarrollo Rural).

Otra labor que desde el principio despertó grandes simpatías entre los campesinos indios, pero no entre las clases dirigentes, económicas y políticas, que veían en su labor una amenaza. Sin embargo pudo seguir adelante con sus proyectos gracias al apoyo de Indira Gandhi, que siempre reconoció su labor.

Su esposa, hace pocos días, comentaba: Hoy, me he hecho una pregunta: ¿hoy Vicente estaría contento? Y yo misma me respondo “Sí, Vicente estaría muy contento”.

En 1996 se crea en nuestro país la Fundación Vicente Ferrer, a través de la cual organiza toda su actividad, centrada en los “outcast” (descastados) y en las aldeas tribales del distrito indio de Anantapur.

Su trabajo de canalización y gestión rindió fruto. Tres hospitales generales, uno de VIH, un centro de control natal, 14 clínicas rurales, 1.696 escuelas, unas 30.000 viviendas y unos 2,7 millones de árboles plantados, entre los proyectos más representativos.

Su trabajo y el de las personas que lo han ayudado ha cambiado para bien la vida de dos millones y medio de personas. Sobre todo de mujeres y niños.

Gracias a Anne y a Moncho -uno de sus tres hijos- continúa el legado del cooperante. Este año, la Fundación ha empezado a trabajar en 300 pueblos más, fuera del distrito de Anantapur.

Su trabajo continúa vivo gracias a un equipo de cerca de 1.900 personas y al apoyo de más de 139.000 colaboradores.

“En la pobreza más extrema, en la humanidad desnuda, he encontrado la riqueza más grande”

“El mundo de los pobres nos reclama que ahora, no en miles de años, hagamos realidad su triunfo, su incorporación a la sociedad como ciudadanos”

¿Realmente necesitamos tantas cosas para vivir, para ser felices? ¿O nos lo han hecho creer?

La dignidad es un derecho de tod@s.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán