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Euskadi en PAZ

A diferencia de las guerras y de los actos violentos, la paz no estalla.

No hace ruido.

Esta paz que nos llega ahora es también de naturaleza silenciosa, porque tiene una parte de alegría y otra de tristeza. Quizás no haya que festejarla ni hacer de ella una bandera.

Es posible que hoy mismo comencemos a hablar ya de vencedores y vencidos, de la victoria de la convivencia y de la derrota definitiva del terrorismo. Seguramente habrá muchas palabras difíciles, sospechas, recelos y dudas sembradas.

Habrá que hacer muchas valoraciones: por ejemplo, acerca del momento elegido para hacer el anuncio, justo un mes antes de las elecciones. Sobre a quién beneficia y a quién perjudica electoralmente esta noticia.

A casi todos nos hubiera gustado que pidiesen perdón, que entregasen ya mismo las armas, que admitiesen su error, que anunciasen su disolución. En fin, que demostrasen que esta vez es para siempre.

A pesar de estos peros, el 20 de octubre de 2011 pasará a la historia como el día en el que la democracia derrotó a ETA.

El comunicado de la banda terrorista puede tener muchos significados en el futuro, pero -en el día de hoy- su sentido profundo es el reconocimiento de un error y la voluntad de no volver a cometerlo.

A partir de aquí se abren muchos escenarios posibles -que habrá que diseñar con paciencia y con esfuerzo-, porque la lucha por la paz no acaba de terminar, sino que comienza ahora su fase decisiva.

Un período en el que quizás podamos cerrar muchas heridas y reconocer, al mismo tiempo, que otras muchas quedarán abiertas para siempre y que tendremos que vivir con ellas. Y todo hasta que se agoten los últimos testimonios vitales de un período siniestro que nunca debió haber existido.

Son días para recordar a los que ya no están.

No hay mejor noticia que la certeza -o casi- de que Jean-Serge Nérin, ese gendarme francés asesinado en marzo de 2010, fue el último inocente muerto.

+ info en ETA, alto el fuego

Musika + en Txoria txori

Gora Euskadi Askatuta! ¡Viva Euskadi libre!

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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Chernobyl- Año 25

UN CUARTO DE SIGLO EN SILENCIO

UN CUARTO DE SIGLO DE SILENCIOS


Hace 25 años, en la madrugada del 26 de abril de 1986 -tal día como hoy-, el cuarto reactor de la planta de energía nuclear de Chernobyl, explotó en una llamarada de colores que alcanzó los 1.000 metros de altura en el cielo de Ucrania.

Todo fue una auténtica batalla en contra del tiempo, que miles de soviéticos jamás podrán olvidar.

Durante los ocho meses posteriores a la explosión de la central nuclear, 800.000 jóvenes soldados, mineros, bomberos y civiles procedentes de todas las regiones de la antigua Unión Soviética, trabajaron sin descanso para intentar mitigar los efectos de la radioactividad, construir un sarcófago alrededor del reactor accidentado. En definitiva, para salvar al mundo de otra probable tragedia.

Todos ellos estaban guiados por el temor a una peligrosa reacción en cadena derivada de la explosión inicial, cien veces superior a los efectos de la bomba de Hiroshima.

Recordado como el peor accidente industrial y medioambiental de la historia, la explosión de Chernobyl produjo una lluvia radioactiva que pudo ser detectada en la antigua Unión Soviética, Europa Oriental e incluso en EE.UU.

Grandes áreas de Bielorrusia, la actual Rusia y Ucrania fueron altamente contaminadas.

Solo en este último país, 18.000 kilómetros cuadrados de tierra de cultivo resultaron contaminados. Al igual que el 40% de los bosques del país.

El 60% del polvillo radioactivo se asentó en el territorio de Bielorrusia.

Cuando ocurrió el accidente, siete millones de personas (incluidos tres millones de niños) vivían en la zona.

200.000 personas tuvieron que ser evacuadas de sus lugares de origen.

Los datos son representativos. Se arrojó 500 veces mas radiación que la bomba de Hiroshima.

Y 100 kg de Plutonio siguen en el interior del armazón construido; cantidad que, si fuera liberada, podria matar 100 millones de personas.

El accidente de Chernóbil sucedió porque sus jefes quisieron sobreponerse a un golpe igual al que ha provocado el accidente en la central de Fukushima: la pérdida del suministro eléctrico.

Los ingenieros soviéticos sabían que si se caían los plomos, habría al menos un minuto en el que la central quedaría a la deriva antes de que comenzasen a funcionar los generadores de emergencia.

En ese minuto, el reactor podía desbocarse y causar una catástrofe.

Para evitarlo, mejoraron el sistema de la central y lo pusieron a prueba, sin suerte, en tres ocasiones desde 1983.

Hasta que explotó…

El mundo fue ajeno a la catástrofe hasta el 27 de abril, cuando una central nuclear sueca detectó partículas radiactivas cuyas características no podían venir de ningún otro lugar que Chernóbil.

Sólo después del anuncio sueco, los soviéticos reconocen el accidente y comienzan a evacuar Pripiat, la ciudad más cercana a Chernóbil.

El presidente de la URSS, que por aquella época lideraba un movimiento de apertura y transparencia, se tomó su tiempo.

“Publicamos la primera información del accidente en el Pravda del 28 de abril, pero para hablar a la gente necesitaba un análisis más preciso y sustancial. Por eso esperé casi tres semanas antes de presentarme en televisión”, reconocía Mijáil Gorbachov en 2006 durante una entrevista para Cruz Verde Internacional.

La peor parte de la catástrofe se la llevaron los primeros liquidadores, operarios de la central que corrieron al reactor tras la explosión para intentar apagarlo.

Su corazón se había convertido en lava a 2.500 grados.

Los tres hombres que se habían enfrentado en la sala de control se volcaron en intentar apagar aquel infierno nuclear.

Toptunov y Akimov, que quisieron apagar el reactor desde la sala de control cuando todavía era posible, recibieron dosis de radiación letales tras intentar restablecer a mano el flujo de agua al reactor despanzurrado.

Murieron unos días después, antes de que el Gobierno decidiera condecorarles con la orden al valor de la URSS.

Dyatlov, el hombre que quiso seguir adelante con el test, sufrió quemaduras en la cara, las manos y las piernas por la radiación mientras examinaba el exterior del reactor.

Sobrevivió, fue expulsado del Partido Comunista y pasó cinco años en la cárcel por violar las normas de seguridad. Su muerte en 1995 por paro cardiaco fue achacada a la radiación que recibió durante su análisis del reactor.

Decenas de los trabajadores encargados de limpiar la zona del desastre murieron como consecuencia directa de la radiación y varios exámenes a los sobrevivientes revelaron un aumento de los casos de cataratas, daños cerebrales, leucemia y enfermedades cardiovasculares.

También, aumentaron los casos de cáncer de tiroides, especialmente entre quienes eran niños cuando se produjo el accidente, debido a la presencia de yodo radiactivo en la leche de vacas expuestas a los altos niveles de toxicidad.

El informe de la OMS y el OIEA sostiene que un número estimado en 4.000 personas murió de cáncer, como consecuencia de esa catástrofe.

Clausurada en el año 2000, la central sigue siendo un problema pendiente: mientras las cargas radiactivas de su interior no sean almacenadas de forma estable y segura.

Un consorcio internacional ha comenzado a construir la nueva cubierta para el sarcófago que protege el reactor número 4.

Hace una semana, 40 países se reunieron en una conferencia internacional en Kiev, la llamada de donantes; la tercera en su género después de las conferencias de Nueva York (1997) y Berlín (2000).

Las instalaciones pendientes en Chernóbil deberían haberse acabado en 2008. Ahora, el plazo de las obras se ha prolongado hasta 2015.

En total, se han conseguido reunir 550 millones €-190 menos de los prometidos-.

La crisis económica ha influido en la generosidad de los donantes.

Italia, Canadá, México y Brasil no anunciaron ninguna suma, pero, en cambio, un país tan afectado por la crisis como Grecia ha prometido 100.000 euros. China se ha convertido por primera vez en donante a Chernóbil con 4 millones de euros.

Por su parte, Japón -contribuyente destacado en el pasado- anunció que no puede hacer nuevas aportaciones, al tener que lidiar con las secuelas del accidente de Fukushima, el tsunami y los terremotos.

La zona de exclusión en torno a Chernóbil tiene un radio de 30 kilómetros, donde trabajan cerca de 3.500 personas.

La mayoría se desplaza desde Slavutich, la ciudad (fuera de la zona de exclusión) que sustituyó a Prípiat como lugar de residencia de los trabajadores del sector nuclear.

Así, con el tiempo, ha ido acuñando su imagen de ciudad fantasma.

Cuando la central de Chernóbil se cerró hace 11 años, las actividades cesaron simplemente porque se cortó el suministro energético.

Las instrucciones de seguridad que aún pueden encontrarse entre los escombros llevan fechas de los noventa.

Todo lo que podía ser vendido ha desaparecido en Prípiat: barandillas, bañeras y radiadores de metal, cañerías, cables y muebles.

Al caer la noche, el silencio es absoluto allí.

El pasado sigue presente… en la memoria

«Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos» (Martin Luther King)

+ info ESP en Centrales nucleares

+ info ENG at ‘Chernobyl’

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Contra la impunidad

Actores, cineastas y escritores como Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón, Hugo Silva, Juan Diego, Carmen Machi, Juan José Millás, Almudena Grandes, Juan Diego Botto o Miguel Ríos entre otros, prestan su voz y su imagen en un vídeo de nueve minutos. Representan cada uno a un ejecutado y desaparecido durente la rebelión militar y la posterior dictadura franquista, y cuyos cuerpos siguen desaparecidos.

Con un esquema en el que se repite el final “no tuve juicio, ni abogado ni sentencia, mis familiares siguen buscándome. ¿Hasta cuándo?” y ruido de disparos, termina cada uno de los 15 vídeos que la Plataforma Cultura contra la Impunidad presentó hace unos días en Madrid.

En apoyo a las 113.000 familias de desaparecidos.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ha dicho que este vídeo “tiene que avergonzar a mucha gente”. Denuncia además la persecución sufrida por Baltasar Garzón cuando comenzó a investigar estos hechos, que puede “derivar en un conflicto entre el poder judicial y la sociedad española”. Y añade: “Hemos vivido algo tan grave como perseguir a un juez que ha tratado de perseguir unos crímenes que son reales y eso es algo que parece irreal y ha ocurrido aquí”.

El efecto buscado ha conseguido emocionar a las familias que han prestado las biografías de sus antepasados para la campaña. Es el caso de Antonia Parra, que no pudo evitar las lágrimas al escuchar al escritor Juan José Millás, representar el papel de su padre, Antonio, fusilado con 34 años en Marchena (Sevilla). “Mi madre siempre creyó que lo habían matado por leer mucho”, recordaba Antonia a la puerta del cine donde tuvo la presentación de esta iniciativa. Millás explicó la emoción que sintió al conocer los detalles de la muerte del padre de Antonia: “Su mujer enterró los libros de su marido en el patio de su casa. Esa imagen es terrible. Es como si enterraran pajarillos vivos“.

El próximo domingo en el cementerio de la Almudena se leerán los nombres de todos los asesinados en la capital española durante el franquismo. Y el 26 de junio se organizará una concentración en la Puerta del Sol para llenar las calles de velas en homenaje a los desaparecidos.

En representación de las víctimas, Hilda Farfante, hija de Balbina Gayo, agradeció a todos los artistas su trabajo y su “empuje”, y aseguró que esta iniciativa es un “grito” contra “un largo y vergonzoso silencio“.

BLOODY SUNDAY

Guardando las distancias, precisamente el martes en Londres se vivió un hecho insólito. El primer ministro británico David Cameron admitía la muerte de 14 civiles católicos en la localidad norirlandesa de Londonderry en 1972 por disparos del ejército británico. Una actuación que tachó de “injustificado e injustificable”, y que se conoce como el Domingo Sangriento.

Cameron hizo esta afirmación al presentar ante el Parlamento el informe dirigido por el ex juez del Tribunal Supremo, lord Saville of Newdigate, sobre lo ocurrido el 30 de enero cuando soldados británicos del Primer Regimiento de Paracaidistas dispararon contra una manifestación a favor de los derechos civiles.

Casi cuatro décadas han pasado, pero las conclusiones del llamado informe Saville han posibilitado que las familias de las víctimas puedan vivir un poco más en paz. Y lo que se termina aceptando es: que ninguna de las 14 personas asesinadas aquel día llevaban armas de fuego y que los soldados no dieron ningún aviso previo antes de comenzar a disparar contra la multitud.

Se trata del informe de más larga gestación -un total de doce años- y el más costoso -195 millones de libras (234 millones de euros)- de toda la historia legal británica.

A diferencia del terrorismo de ETA, el Bloody Sunday colocó al IRA en el lado emocional de los buenos para una gran parte de la opinión pública internacional. Y esa fortaleza hizo posible un proceso de paz que culminó en 1998 con los Acuerdos de Stormont.

Todo Gobierno puede tener la tentación de maquillar sus errores bajo mentiras, pero cuando la evidencia es clamorosa, cuando las pruebas dicen lo contrario…las represiones y los actos injustos no sólo fortalecen al enemigo. Acaban volviendo.

¿Cuándo ocurrirá eso en España, cuándo se pasará página?

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Saramago vs. Coixet

Vida-muerte; Pasión-frialdad; Alegría-tristeza; Ternura-rudeza; Verdad-mentira; Teatro-cine; Amor-odio; A-Z; 0%-100%; Blanco-negro; Guapa-fea; Paciencia-impaciencia; Perfección-simpleza; Ruido-silencio; Lleno-vacío; Paz-guerra; Luz-oscuridad; Justicia-injusticia; Amor-desamor; Bullicio-soledad; Caliente-frío.

Dos Grandes del arte literario y audiovisual, José Saramago e Isabel Coixet.

Ambos retratan, como pocos, las perfecciones e imperfecciones de un Mundo cada vez más individualista, o no, depende cómo se mire. Y todo desde un sentido filosófico y metafísico. En sus obras tocan los lados opuestos del ser humano de una manera brillante. Bueno o malo, magnífico o simplón…Todo llevado hasta el punto más extremo. Y lo hacen sin caer en la banalidad.

Acabo de terminar de leer la novela “Intermitencias de la muerte”, donde el autor nos muestra la inconformidad del Hombre.

Con un toque de humor, Saramago lanza varias maneras preguntas al aire. ¿Realmente podríamos ser inmortales? ¿Sería soportable, desde un punto de vista filosófico y religioso? ¿Los gobiernos estarían preparados para tal disyuntiva? ¿Nosotros mismos también? Parece que no…

Pero, siempre quedan las sorpresas. Siempre podemos pensar en la bondad de una muerte que incluso ella misma puede estar perdida en lo que se supone que hay que hacer.

Lo dicho, el libro es todo un recorrido metafísico. Un relato que nos ofrece las cosas positivas de la sociedad, pero también su falta de valores. Las antítesis, al fin y al cabo.

Por su parte, en “Mapas de los sonidos de Tokio”, la última película escrita y dirigida de Isabel Coixet, éste dilema es otra de las características. Casi dos horas de largometraje en el que se aprecia que no todo es bueno o malo, grande o pequeño,…

Ryu es una chica solitaria de aspecto frágil que contrasta con la doble vida que lleva: de noche trabaja en una lonja de pescado en Tokio y esporádicamente recibe encargos como asesina a sueldo.

El señor Nagara es un poderoso empresario que llora la muerte de su hija Midori que se ha suicidado, y culpa del suicidio a David, un hombre de origen español que posee un negocio de vinos en Tokio. Ishida, un empleado del señor Nagara que amaba a Midori en silencio, contrata a Ryu para que asesine a David…

Un ingeniero de sonido, obsesionado con los sonidos de la ciudad japonesa y fascinado por Ryu, es el mudo testigo de esta historia de amor que se adentra en las sombras del alma humana allá donde sólo el silencio es elocuente.

“Se necesita un año de silencio para comprender el sonido de un suspiro” (Anónimo)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán