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El pepino nacional

Ahora resulta que los alemanes éramos nosotros.

En la crisis desatada por los pepinos “criminales” los españoles hemos hecho de alemanes y los alemanes han hecho de españoles.

Aunque sólo sea por una vez, la crisis ha dinamitado los estereotipos nacionales. El modo improvisado, chapucero y temerario con que las autoridades de Alemania han gestionado la crisis parece, de hecho, mucho más propio de nuestras autoridades que de las suyas.

A la senadora de Sanidad de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storks, ni siquiera se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de dimitir, pese a haber acusado públicamente en falso a los pepinos andaluces de ser los causantes de la muerte de -hasta ahora- casi una veintena de personas.

En realidad, se ha limitado a hacer lo que haría cualquier político español de raza: poner cara de incredulidad y sorpresa cuando se le pide que considere la opción de dejar el cargo.

En vez de imitar la severa ejemplaridad con que los políticos alemanes acostumbran a purgar sus pecados, Prüfer-Storks se ha limitado a escurrir el bulto y a eludir la abrumadora responsabilidad de haber causado pérdidas millonarias a miles de familias.

Después de no sabemos cuántas pruebas, al final nuestros pepinos se ve que son tan fiables como un buen motor alemán, y por supuesto inocentes de los crímenes que con tanta ligereza les habían atribuido.

Pero, ¿quién pagará por la crisis?

A pesar de la rectificación de la Administración alemana -que constituye un alivio para los agricultores españoles-, sin embargo el daño provocado por la acusación precipitada de la ministra alemana ya está hecho.

Los horticultores han perdido una gran cantidad de dinero (200 millones de euros semanales, según ellos), y la sombra de la sospecha sobre sus productos probablemente tarde semanas, o meses, en disiparse.

Por eso hace bien la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Rosa Aguilar, en anunciar que el Gobierno exigirá indemnizaciones a la Unión Europea para paliar los daños ocasionados.

Una actitud que contrasta con la de la dirigente del PP Soraya Sáenz de Santamaría, que no desaprovechó la oportunidad para sacar rédito político al drama de los agricultores atacando al Ejecutivo por su supuesta “debilidad”.

Si alguna debilidad pone de manifiesto la crisis de los pepinos, es la de la UE en la gestión de situaciones como esta, para evitar que unas afirmaciones infundadas puedan provocar perjuicios enormes a todo un sector económico de un Estado miembro.

Una unión económica, además de la libre circulación de mercancías y capitales, exige también el establecimiento de antídotos que eviten la ‘contaminación’ de unas afirmaciones irresponsables.

¿QUÉ ES LA E.COLI?

E. coli es la abreviación de Escherichia coli, un tipo de bacteria que está presente en el intestino de los seres humanos y otros animales.

La mayoría de las cepas son inofensivas, pero algunas son capaces de producir toxinas que causan síntomas como cólicos severos y diarrea.

CREENCIA SOBRE ESTE BROTE

La Organización Mundial de la Salud asegura que la variante “nunca había sido vista en una situación de brote anterior”.

Las bacterias son capaces de intercambiar genes entre diferentes cepas y especies, lo que podría explicar el nacimiento de esta nueva forma de E. coli.

Expertos creen que esta variante posee una combinación mortal: produce una toxina que daña los riñones y además se adhiere muy bien al intestino, permitiendo que más bacterias crezcan.

EFECTOS SOBRE LA SALUD

El brote está causando infecciones graves y, en algunos casos, está afectando la sangre y los riñones.

Una complicación inusual de algunos tipos de E. coli, el síndrome urémico hemolítico (HUS, por sus siglas en inglés), también ha sido detectado en cientos de casos actuales de personas entre los 16 y 60 años.

“Es extremadamente raro que personas de estas edades presenten SUH,” dice la Agencia de Protección de la Salud.

Sus síntomas incluyen diarrea hemorrágica y fiebre. En casos severos, puede causar crisis epilépticas. El HUS puede ser fatal porque puede ocasionar problemas renales crónicos en los adultos.

Los síntomas pueden tardar hasta ocho días en aparecer.

OTRAS CRISIS ALIMENTARIAS

Cuenta la Biblia que Dios envió a los egipcios diez plagas para que dejara salir a los hebreos rumbo a la tierra prometida. Dicen los historiadores y científicos que, aparte del relato de la Biblia, estas plagas se produjeron por diversas causas naturales entre los años 1279 y 1213 antes de Cristo.

Algunas de esas plagas, como la de las langostas que devoraban el grano, causaron las primeras crisis alimentarias de la historia.

Desde esas primeras crisis hasta la del pepino actual son muchas las que se han sucedido.

En España, la crisis más grave que se ha producido en las últimas décadas fue la derivada del consumo de aceite de colza.

El primer caso de un afectado, un niño madrileño de ocho años, salió a la luz en 1981.

En total 4.537 personas fallecieron y más de 20.000 resultaron afectadas, muchas de las cuales sufren todavía importantes secuelas, como problemas crónicos, hipertensión, lesiones neurológicas y daños en el hígado, así como problemas digestivos.

La causa de la intoxicación estaba en un aceite comprado en Francia, que se desnaturalizó con anilina para importarlo a España. Se vendió de manera fraudulenta como sustituto del aceite de oliva apto para el consumo humano, aunque era para uso industrial.

El aceite de oliva volvió a ver salpicado por el escándalo en 2001, cuando se encontraron altos niveles (de hasta 400 veces superiores a los tolerables) de benzopirenos, potencialmente cancerígenos, en el aceite de orujo español, un refinado más barato que el aceite de oliva virgen.

Pero, sin duda, la crisis de las vacas locas ha sido la más relevante a nivel mundial en los últimos años.

El primer caso surgió en 1996, cuando los científicos tuvieron las primeras evidencias de que la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) podía transmitirse a las personas al comer carne contaminada con priones.

Este consumo producía una enfermedad irremediablemente mortal, una patología neurodegenerativa de graves consecuencias.

Surgió por un inadecuado control en las materias primas con las que se hacían los piensos animales.

Y ahí es donde se demostró que Europa no lo estaba haciendo bien en el ámbito de la seguridad alimentaria. De esa manera, se decidió homogeneizar los controles en el continente.

Pero lo errores se repiten una y otra vez, tal y como se ha demostrado con la acusación a España por parte de Alemania.

Y erre que erre.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

+ info en Gripe A, un año después

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Gripe A, un año después

¿Quién no se acuerda hace un año de cómo abrían los informativos, de las portadas de los periódicos? Estábamos ante lo que se llamó la pandemia del siglo XXI.

365 después de la aparición del denominado virus AH1N1, las dudas son varias. El mundo se sigue preguntando si las autoridades sanitarias actuaron adecuadamente o sobredimensionaron la enfermedad.

Las organizaciones sanitarias sostienen que la actuación fue la correcta, ya que al principio de aparecer el virus no se disponía de información sobre él. Incluso siguen afirmando que si la pandemia no ha provocado una alta morbilidad no ha sido porque no haya supuesto una amenaza real, sino porque se han adoptado las medidas oportunas para contrarrestar sus efectos.

Todo empezó a finales de abril de 2009, cuando las autoridades mexicanas detectaron el primer caso del virus de la gripe, que primero vincularon al cerdo -y llamaron porcina- y que después se desvinculó de este animal para rebautizarse con el nombre de gripe A o nueva gripe. Se llegó incluso a plantear la posibilidad de restringir vuelos, cerrar escuelas y dejar de dar besos para evitar los contagios de un tipo de gripe hasta entonces desconocida. En definitiva, se nos planteaba a cambiar nuestros hábitos de conducta.

La Organización Mundial de la Salud cifró en más de 150 millones las personas que iban a morir. Doce meses después del susto, el nivel de interés en los medios de comunicación por la gripe A ha bajado y también el de los ciudadanos. ¿Qué fue de lo de no besar, no dar la mano,ojo con los que estornudan”, “corra a buscar una mascarilla” y lávese las manos hasta la saciedad?

Tras la alarma inicial llegó el análisis y ahora muchas voces acusan a la OMS de exagerar la enfermedad para beneficiar a los laboratorios.

Hasta ahora, en los 208 países que la sufren, han fallecido unas 15.000. En España, han muerto 373 personas (Sanidad dejó de llevar la cuenta el 30 de diciembre) frente a las más de 3.000 que lo hacen por la gripe estacional al año. Un dato que nos dice –y mucho- hasta qué punto es una pandemia tan importante frente a otras que nos rodean.

Hay que tener en cuenta que sólo en la África sub-sahariana, muere un niño cada 30 segundos por los efectos de la malaria. En el mundo mueren 2 millones de niños a causa de la diarrea. 10 millones de personas mueren cada año por la neumonía o la sarampión. Enfermedades curables, y que siguen haciendo estragos

Las compañías farmacéuticas ganaron enormes sumas de dinero y tuvieron espectaculares subidas en las Bolsas de medio mundo por el desembolso de dinero que hicieron gobiernos y la OMS en medicamentos. En España se habla de un gasto de 333 millones de euros. Para algunos expertos como Pedro Caba, ex vicepresidente de dicha organización, todo ha sido una tomadura de pelo tanto la organización como de los laboratorios“. “La fórmula es sencilla, crea el problema, infunde todo el temor posible y luego vende la solución“.

Ya no se tiene en cuenta la gravedad de la enfermedad, sólo la velocidad de su propagación. El holandés Abert Osterhaus, apodado el Doctor gripe –virólogo y principal asesor en materia de gripes de la OMS- es el que se encarga de alertar de virus peligrosos y el que recomendó activar el nivel de pandemia. Hoy este hombre está siendo investigado por corrupción. Al parecer, como presidente del Grupo Europeo de Trabajo Científico sobre la Gripe (ESWI), recibió financiación procedente de los fabricantes y distribuidores de vacunas contra el H1N1: Baxter Vaccins, Mediummune, GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur y otros, entre los que se encuentran Novartis, que produce la vacuna, y el distribuidor de Tamiflu, Hoffman-La Roche.

Todo un mundo que desconocemos, y por eso quizás nos la jugaron. De eso no hay duda.

Lo peor ha pasado, dicen, aunque aún no conocemos con exactitud alcance real que ha tenido la gripe A porque las muertes han sido confirmadas por modelos estadísticos. Seguramente conoceremos algo más dentro de un par de años.

Podemos respirar más tranquilos, según la organización, pero no conviene bajar la guardia ya que las pandemias pueden repuntar como ocurrió en los años 68 y 57.

La pandemia de gripe de 1918 (la llamada gripe española) en la que se estima que murieron unos 50 millones de personas en todo el mundo, comenzó con oleadas relativamente benignas para convertirse más adelante en la pandemia de gripe más grave de la historia.

En la foto, imágenes de un hospital improvisado en Kansas (EE.UU) durante el brote.

Otras alarmas sanitarias, sin embargo, pueden compararse a lo que ha ocurrido con esta última. Como la crisis de las vacas locas, la gripe aviar, el Sindrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y ahora la gripe A. Todas, con mucha más alarma social que real.

Pero de ellas han aprendido los gobiernos de todo el mundo. Seguro que están mejor preparados, aunque habría que preguntarse por qué no han querido evitar la epidemia del pánico entre la sociedad.

¿Qué ocurriría si alguna vez nos tocara vivir una gran pandemia y nadie le diera importancia?

Por Iñigo Ortiz de Guzmán