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Euskadi en PAZ

A diferencia de las guerras y de los actos violentos, la paz no estalla.

No hace ruido.

Esta paz que nos llega ahora es también de naturaleza silenciosa, porque tiene una parte de alegría y otra de tristeza. Quizás no haya que festejarla ni hacer de ella una bandera.

Es posible que hoy mismo comencemos a hablar ya de vencedores y vencidos, de la victoria de la convivencia y de la derrota definitiva del terrorismo. Seguramente habrá muchas palabras difíciles, sospechas, recelos y dudas sembradas.

Habrá que hacer muchas valoraciones: por ejemplo, acerca del momento elegido para hacer el anuncio, justo un mes antes de las elecciones. Sobre a quién beneficia y a quién perjudica electoralmente esta noticia.

A casi todos nos hubiera gustado que pidiesen perdón, que entregasen ya mismo las armas, que admitiesen su error, que anunciasen su disolución. En fin, que demostrasen que esta vez es para siempre.

A pesar de estos peros, el 20 de octubre de 2011 pasará a la historia como el día en el que la democracia derrotó a ETA.

El comunicado de la banda terrorista puede tener muchos significados en el futuro, pero -en el día de hoy- su sentido profundo es el reconocimiento de un error y la voluntad de no volver a cometerlo.

A partir de aquí se abren muchos escenarios posibles -que habrá que diseñar con paciencia y con esfuerzo-, porque la lucha por la paz no acaba de terminar, sino que comienza ahora su fase decisiva.

Un período en el que quizás podamos cerrar muchas heridas y reconocer, al mismo tiempo, que otras muchas quedarán abiertas para siempre y que tendremos que vivir con ellas. Y todo hasta que se agoten los últimos testimonios vitales de un período siniestro que nunca debió haber existido.

Son días para recordar a los que ya no están.

No hay mejor noticia que la certeza -o casi- de que Jean-Serge Nérin, ese gendarme francés asesinado en marzo de 2010, fue el último inocente muerto.

+ info en ETA, alto el fuego

Musika + en Txoria txori

Gora Euskadi Askatuta! ¡Viva Euskadi libre!

© Iñigo Ortiz de Guzmán

1Q84

¿No te asusta pensar que nunca llegues a unirte con la única persona que amas en este mundo?

POR FAVOR, VUELVE

− Aunque nos preocupemos por elegir menú, hombre o lo que sea, quizá no estemos eligiendo en realidad. Tal vez todo esté determinado desde un principio y sólo aparentemos estar eligiendo. A veces pienso que el libre albedrío es sólo una impresión subjetiva -dijo Aomame.

− En ese caso, la vida sería bastante triste.

− Supongo

− Pero si pudiéramos amar a alguien con toda el alma, por horrible que fuera ese alguien, aunque no estuviera enamorado de nosotras, por lo menos la vida no sería un infierno. Incluso aunque resultara un tanto triste.

− Es cierto.

− Sin embargo, Aomame -dijo Ayumi-, creo que este mundo es absurdo y que le falta buena voluntad.

− Quizás -admitió Aomame-. Pero a estas alturas ya no se puede cambiar.

− El plazo válido de devolución ha caducado -dijo Ayumi.

− Y además han tirado la factura.

− ¡Y que lo digas!

− Pero ¡qué bien! El mundo se va a acabar en cuanto menos lo pensemos -dijo Aomame.

− Lo estoy deseando.

− Entonces vendrá el Reino de los Cielos.

− Me muero de impaciencia.

IMPARABLE

Las utopías no existen en este mundo. Igual que no existen la alquimia o el movimiento permanente.

(…) Es el mismo mundo que el George Orwell describió en su novela. Pero como ya sabrás, no son pocos los que buscan por propia voluntad ese estado de muerte cerebral, ya que no hay duda de que así es más cómodo.

¿No te asusta pensar que nunca llegues a unirte con la única persona que amas en este mundo?

− Realidad no hay más que una -repitió el conductor despacio, como si subrayara un fragmento importante de un libro.

− Por supuesto -dijo Aomame-. Efectivamente. No puede haber más que una cosa, en un tiempo y en un lugar. Einstein lo demostró. La realidad es serenidad persistente, soledad persistente.

− Te la enseño, ¿y luego? -dijo el hombre preocupado.

− Me la enseñas, ¿y luego? -Aomame contuvo el aliento y frunció el ceño con bastante osadía-. Pues obviamente echaremos un polvo. ¿O qué demonios vamos a hacer? ¿Ir ex profeso hasta tu habitación, que me enseñes el pito, que yo te diga «muchas gracias, siento la molestia, fue fantástico, buenas noches» e irme a casa? ¿A tí no te faltará algún tornillo?

− En este mundo no existe la bondad absoluta ni la maldad absoluta -dijo el hombre-. El bien y el mal no son algo estático e inamovible, sino algo que siempre está cambiando de lugar y situación. La bondad puede convertirse al instante en maldad y viceversa. Lo mismo ocurre en el mundo que Dostoievski describe en Los Hermanos Karamázov. Lo importante es preservar el equilibrio entre ese bien y ese mal en constante movimiento. Inclinándose demasiado por unos de los dos, resulta difícil mantener la moral de la vida real. Sí, el equilibrio en sí mismo es el bien. Es en ese sentido cuando digo que debo morir para mantener el equilibrio.

− Ahora mismo no siento la necesidad de matarlo -afirmó Aomame.

¿No te asusta pensar que nunca llegues a unirte con la única persona que amas en este mundo?

A medida que pasan los años, la vida no es más que un constante proceso de pérdida. Todo aquello que le importa en la vida va cayendo de sus manos como los pétalos de una flor. Y lo único que obtiene a cambio son imitaciones sin valor.

(…) Aomame ha estado en el centro de mis pensamientos durante mucho tiempo. Ha sido como un valioso pisapapeles en mi vida.

ESTARÉ EN EL ESPACIO

− Quiero que me responda con sinceridad -dijo la señora-. ¿Tiene usted miedo a morir?

La respuesta se demoró. Aomame negó con la cabeza.

− Comparado con el miedo que tengo a vivir siendo yo misma, no.

«Si no entiendes sin que te lo explique, quiere decir que no lo entenderás por más que te lo explique»

Fragmentos/ frases recogidas en el libro 1Q84, del japonés Haruki Murakami

+ info en milyunapáginas

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Felicidad Interior Bruta

Charles Chaplin escribió que la vida es tan corta que sólo nos alcanza para ser amateurs.

Esta afirmación también se puede aplicar al llamado arte de vivir. Cuando ya vamos aprendiendo, la función se termina. No hay recetas mágicas, y cada persona sabe en qué consiste su particular modo de alcanzar ese arte.

Con miedo, enfado o envidia (o con dolor de muelas) difícilmente podemos tener la percepción subjetiva de estar viviendo bien. Lo mismo sucede si estamos en una playa paradisiaca tomando el sol y enfurruñados con la pareja, o pensando en el trabajo que nos espera en septiembre. El arte de vivir pasa necesariamente por observar, y cuidar, lo que pensamos y sentimos.

Los países, y sobre todo en tiempos de crisis, miden lo bien o lo mal que vivimos por la situación económica. Pero como afirma el filósofo Jordi Pigem, el producto interior bruto solo mide transacciones económicas, y sabe muy poco del auténtico bienestar de las personas.

“La codicia, la hostilidad y la ignorancia son tres venenos que han crecido en el mundo materialista, hasta encontrarlos hoy institucionalizados en nuestros sistemas económico, político, y mediático”, afirma Pigem en su libro La buena crisis (editorial Kairós).

Y afirma además que un progreso en la generosidad, la solidaridad y la sabiduría contribuirían a pasar de una sociedad basada en el crecimiento económico a otra basada en el crecimiento vital.

La alternativa más interesante al PIB no ha surgido de los ordenadores de una institución académica, sino de los tranquilos valles de Bután, un enclave budista en el corazón del Himalaya.

En este reino se creó la felicidad interior bruta (FIB), que combina siete ámbitos de bienestar: físico, mental, ambiental, laboral, económico, político y social. Su promotor fue el monarca Jigme Singye Wangchuck -que desde el día de su coronación en 1974- está apostando por el desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno como pilares de la felicidad nacional.

Ser feliz es desear menos

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2020 la depresión será la segunda enfermedad más extendida, superada sólo por enfermedades cardiovasculares.

Por ahora, lo que sabemos es que el suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes. El estrés, la ansiedad y la depresión (seis millones de personas) son la segunda causa de baja laboral en España.

En Occidente nos hemos fijado en el desarrollo intelectual de las personas, pero no en el desarrollo emocional. Pero, ¿cómo llevar a cabo ese cambio? Pues para la filósofa Elsa Punset, con el viejo conócete a ti mismo de los griegos. “Aunque ellos no nos decían cómo. Se trata de conocer y gestionar nuestros mecanismos emocionales. Es decir, lo contrario a la represión emocional que hemos ejercido hasta ahora”.

Ser feliz es cuestión de voluntad

Hay estados de ánimo que aportan ventajas, y otros que son muy disfuncionales y nos generan un enorme sufrimiento.

Un ejemplo: la ira.

La ira es como un cubo lleno de agua sucia. Cuando nos enfadamos, o bien lanzamos el oscuro contenido de ese cubo a la cara de quien nos ha provocado la ira, o bien callamos, de modo que nos lo lanzamos encima. Lo ideal sería lanzar el agua sucia a un terreno neutro; practicando deporte, por poner un ejemplo. Y después, cuando estemos ya tranquilos, expresar al otro cómo nos hemos sentido, con asertividad. Por eso no es recomendable escribir e-mails cuando estamos enfadados. Así se estropean muchas relaciones interpersonales.

Lo cierto es que nadie nos ha enseñado a gestionar nuestros pensamientos.

Tenemos cada día entre 40.000 y 60.000 pensamientos, y a la mayoría les hacemos caso. Miriam Subirana, profesora de meditación, es de las que piensan que el pasado, en gran medida, nos impide ser libres. Vivir del recuerdo es no gozar plenamente del presente. Vivir del recuerdo nos debilita. Es como ser un enchufe que se conecta a una toma de corriente por la que no pasa la corriente. Vamos perdiendo nuestra energía. Queremos revivir una experiencia que ya pasó, y finalmente nos sentimos decepcionados y con un gran desgaste emocional y mental”.

Todos los sabios orientales coinciden en que el arte de vivir se basa, en buena medida, en nuestra conexión con el momento presente. Y muchos de los pensamientos sobre el futuro son proyecciones negativas, como el miedo, que normalmente no sirve para nada (aunque a veces es amigo de la prudencia).

El psiquiatra Víctor E. Frankl, que fue una de las víctimas de Auschwitz, afirmaba que a la persona se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: “La elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”. A menudo no podemos elegir los hechos, pero sí el cómo enfrentarnos a estos hechos.

Según el budismo, la mayor parte del sufrimiento es creado por uno mismo.

El mundo que nos rodea, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y sentimientos están en constante cambio. En términos budistas este cambio se conoce como impermanencia. Aceptar que todo es impermanente y no aferrarnos a las cosas ni a las personas.

Casi nada de lo que nos ha proporcionado felicidad lo hemos logrado con dinero.

Asumir la propia ignorancia es un trago amargo, pero necesario para poder crecer y evolucionar como seres humanos.

A día de hoy seguimos creyendo que la felicidad está vinculada con lo que tenemos y hacemos, marginando por completo lo que somos. Por eso formamos parte de una sociedad materialista, construida sobre tres pilares: el trabajo, el consumo y el entretenimiento. Sin embargo, esta manera de pensar y de actuar está resultando del todo ineficiente e insostenible.

La paradoja es que tenemos más riquezas que nunca, pero somos mucho más pobres. Prueba de ello es que el vacío existencial se ha convertido en la enfermedad contemporánea más extendida, y el Prozac y el Tranquimacín, en dos ‘compañeros de viaje’ de muchos españoles.

El año pasado la venta de tranquilizantes alcanzó los 52 millones de unidades -sólo en el sistema sanitario público-, según el Ministerio de Sanidad.

Eckhart Tolle (ver blog) se ha convertido en un referente del desarrollo personal. Sus libros El poder del ahoraUn nuevo mundo recogen sus experiencias de aprendizaje y transformación, mostrando a los lectores el camino para conocer el funcionamiento de la mente y el manejo constructivo de los pensamientos.

A juicio de Tolle, “nuestras emociones, sentimientos y estados de ánimo no tienen tanto que ver con lo que nos pasa, sino con la interpretación que hacemos de lo que nos pasa”.

La mala noticia es que “no es fácil abandonar el hábito mecánico de ver e interpretar lo que nos sucede de forma egocéntrica y reactiva“. La buena es que “cuando aceptamos que somos los únicos responsables de nuestro sufrimiento, nos damos cuenta de que podemos dejar de herirnos, cambiando nuestra manera de pensar y de relacionarnos con nuestras circunstancias“.

Eso sí, cabe diferenciar entre el dolor y el sufrimiento.

Por ejemplo, si de pronto nos empieza a doler la cabeza, podemos quejarnos o incluso luchar contra él, lo que nos acarreará una dosis de sufrimiento. Por el contrario, podemos aceptar que nos duele la cabeza tumbándonos un rato o tomarnos una aspirina. Así, el dolor es físico, y el sufrimiento, emocional: lo creamos en nuestra mente en función de lo que pensamos acerca de lo que nos pasa. De ahí que el dolor sea inevitable, y el sufrimiento, opcional.

Estadísticas hay muchas, pero no tal como la que realiza la Base de Datos Mundial de la Felicidad (World Database of Happiness). Este ranking mide la felicidad de los habitantes de 148 países teniendo en cuenta promedios de esperanza de vida con parámetros que valoran el grado de satisfacción de las personas. Sus resultados muestran cuántos años y cómo de feliz vive una persona en un determinado país.

España se encuentra en la posición numero 16 del ranking.

Si la felicidad es nuestra verdadera naturaleza y ya está en nuestro interior, ¿por qué nos cuesta tanto ser felices? ¿Por qué nos empeñamos una y otra vez en seguir los dictados de nuestros deseos? ¿Por qué nos aferramos a hacer realidad nuestras expectativas?

El doctor en psicología Martin Seligman -uno de los impulsores del movimiento conocido como “psicología positiva”ha descubierto que “el primer paso para conectar más a menudo con la felicidad es asumir la responsabilidad y cultivar la sabiduría“.

You could be happy

Al fin y al cabo, no es tan difícil ser feliz…si sabes cómo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán