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Cierre de año: 2010

En la década de los años 70, el caricaturista argentino Quino reflejaba en varias de las historietas de Mafalda la agenda noticiosa que predominaba entonces: el conflicto en Medio Oriente, la situación en China o la influencia de Estados Unidos en la economía mundial, por nombrar sólo algunos de los temas.

Estos mismos titulares podrían encabezar la agenda de los medios de información cuatro décadas después, sumando los desastres naturales que ocurren anualmente.

2010 no ha sido la excepción.

Entre tantas noticias hay cinco que, sin embargo, no han sido común otros años:

WIKILEAKS, EN EL PUNTO DE MIRA

La chispa que detonó la bomba que hoy conocemos como WikiLeaks fue la aparición del video sobre un incidente ocurrido en Irak en marzo de 2010, en el que se ven soldados estadounidenses disparando contra un grupo de personas civiles.

Fue en ese momento que la organización (que había nacido tres años antes) logró un gran impacto internacional.

Desde entonces ha ido filtrando documentos que comprometen a la mayoría de países del mundo, si bien su mayor archivo de informaciones proviene de EE.UU.

Con la creciente popularidad e impopularidad de WikiLeaks, también surgió la figura de Julian Assange: cofundador, vocero y editor en jefe del sitio en internet.

Nómada por naturaleza, Assange se ha convertido en bandera de la lucha por la libertad de expresión.

Pero EE.UU. lo considera una “amenaza a la seguridad nacional”.

“WikiLeaks es un servicio público internacional (…) nos especializamos en permitir a periodistas o informantes que han sido censurados presentar sus materiales al público”, se explicó así Assange ante la prensa.


El periodista y ex hacker australiano fue detenido en el Reino Unido por pedido de la justicia sueca, que investiga dos acusaciones de delito sexual, pero que él niega.

LOS 33 MINEROS DEL MUNDO

¿Quién no conoce al “animador” Mario Sepúlveda? ¿O al futbolista Franklin Lobos? ¿Al maratonista Edison Peña? ¿O el dilema de amor de Yonni Berrios?

La historia de los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados a 700 metros bajo tierra durante 70 días combinó en una fórmula mediática los elementos que cautivaron la opinión pública: drama, angustia, esperanza, patriotismo, compañerismo y pasión.

Todo comenzó una mañana del 5 de agosto, cuando en una vieja mina de oro y cobre hubo una explosión que bloqueó todas las vías de salida.

Ocurrió en la mina San José, a 50 kilómetros de Copiapó, en el norte de Chile.

Durante 17 días no se supo nada de quienes estaban trabajando en el yacimiento cuando ocurrió la explosión. Fueron momentos de angustia para los familiares y de pesimismo para el resto de sus compañeros.

Pero hubo un giro del destino.

Un pequeño papel apareció atado a una de las sondas con las que el equipo de rescate perforaba la tierra en busca de alguna señal de vida. Estamos bien, en el refugio, los 33″, con ese escueto mensaje los mineros se comunicaron con el exterior.

A partir de ahí se dio marcha a una de las operaciones de rescate más complejas y de mayor impacto que se recuerdan.

Después de perforar durante mes y medio un agujero por el cual serían trasladados los mineros a la superficie, se inició el operativo el martes 12 de octubre.

La Operación San Lorenzo, como se denominó, fue un nuevo hito en la historia de las comunicaciones al ser seguida por mil millones de personas por televisión.

De igual forma el tráfico en internet podría convertir a este hecho en el quinto que más visitas generó en los últimos años, siendo superado sólo por los partidos del mundial de fútbol, Wimbledon y la toma de posesión de Barack Obama como presidente de Estados Unidos.

Uno a uno fueron apareciendo dentro de la cápsula “Fénix 2” y en poco más de 24 horas salió a la superficie el último de los 33.

“Misión cumplida” fue el mensaje final.

EL PULPO PAUL

La Copa del Mundo en Sudáfrica marcó muchos hitos en la historia del fútbol.

Pero más allá de que se disputara por primera vez en ochenta años en territorio africano o que España conquistara su primera Copa, el Mundial 2010 será recordado también como el torneo del pulpo Paul.

La vida y muerte de este cefalópodo conmovió al mundo y su protagonismo fue tal que su predicción sobre el ganador de la final en Sudáfrica fue seguido por millones de personas en una cobertura en vivo que transmitieron las principales cadenas de televisión.

Ni los minutos previos al partido entre España y Holanda generó tanta expectativa, porque un día antes el pulpo Paul ya se había decantado por la victoria del equipo de Casillas, Iniesta y Xavi.

Gracias a sus presuntos poderes sobrenaturales, el pulpo Paul logró “predecir” los resultados de siete partidos.

Pero Paul no pudo disfrutar su fama por mucho tiempo, pues falleció en octubre.

EYJAFJALLAJOEKULL

Este volcán, de nombre impronunciable para la mayoría, fue el culpable de que más de un millón de pasajeros se vieran afectados a diario y las aerolíneas perdieran US$1.700 millones cuando el cielo en Europa estuvo cerrado al tráfico aéreo durante varios días por causa de una nube de cenizas.

La segunda erupción en menos de un mes del volcán Eyjafjallajoekull, en Islandia -ubicado a unos 120 kilómetros al este de la capital Reikiavik-, causó un caos que repercutió en todo el mundo.

El problema fue que la nube de cenizas que desprendió y cubrió casi la totalidad del espacio aéreo en Europa suponía un riesgo para los motores de los aviones, por lo que se optó por la solución más segura de cancelar los vuelos programados y cerrar los aeropuertos de manera total o parcial en varios países.

El efecto dominó afectó a comercios, industrias y economías en todo el mundo.

Si bien no se repitieron los efectos trágicos de hace 227 años, cuando una erupción causó la muerte de decenas de miles de personas, las cenizas fue otra alerta a la población de la fragilidad del ser humano frente a los caprichos de la naturaleza.

IPAD: EL CAPRICHO HECHO TABLETA

Es increíble como la tecnología viene a llenar espacios en nuestras vidas que no sabíamos que existian, o que estábamos seguros que ya teníamos satisfechas.

Fue así como pareció en enero de 2010 el iPad, una ordenador portátil en formato tableta de pantalla táctil.

“¿Hay lugar para una tercera categoría de aparato a medio camino entre una computadora portátil y un teléfono inteligente?”, se preguntó Steve Jobs, director ejecutivo de Apple, en el acto de presentación.

Al parecer, lo había.

En un principio, el nuevo artilugio de Apple dividió las aguas entre quienes lo consideraron una maravilla y los que no, pero solamente por el hecho de estar disponible causó furor entre los consumidores y provocó la reacción inmediata de sus rivales para ofrecer productos similares en el mercado.

Es tanta su penetración que los diseñadores del proyecto One Laptop Per Child (una computadora por niño) impulsan ahora la idea de dotar a menores de edad de una tableta electrónica por cada niño para que se utilice con fines educativos.

No es de extrañar entonces que, según empresas de análisis de tecnologías de la información, estamos siendo testigos del principio del fin del PC.

Según ciertas rumorologías, es posible que en 2011 los teléfonos inteligentes y tabletas electrónicas se vendan más que las computadoras tradicionales.

“La crisis sirve para que se vuelva a hablar de valores, salud, amistad, deporte, honestidad. La vuelta de lo relevante, ya que es lo unico que queda” (Bloguero Alberto Knapp)

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Hiroshima, en el recuerdo

Hoy se conmemora el 65º aniversario del bombardeo nuclear sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.

Y se ha hecho en silencio. Sólo interrumpido por el sonido de una campana, a la hora exacta en la que se soltó la bomba aquel 6 de agosto de 1945.

Eran las 8:15 de la mañana. El bombardero militar estadounidense Enola Gay dejaba caer una bomba de uranio enriquecido de cuatro toneladas de peso, que detonó a 600 metros de altura.

En minutos, una columna de humo color gris-morado con un corazón de fuego (a una temperatura aproximada de 4000º C) se convirtió en un gigantesco “hongo atómico” de poco más de un kilómetro de altura.

Tras recibir la noticia, Harry Truman, el entonces presidente de los Estados Unidos, declaró crudamente: Éste es el suceso más grandioso de la historia.

La mayoría de las víctimas de Hiroshima eran civiles, incluyendo mujeres y niños. Truman hizo mención de la “gran responsabilidad que ha caído sobre nuestros hombros y que gracias a Dios llegó a nosotros y no a nuestros enemigos“. Le pidió a Dios “su guía para usarlo para sus fines“. Fue una plegaria escalofriante y profética.

Tres días después le tocaría a Nagasaki, sobre la que se arrojó una bomba de plutonio. En total, una fuerza explosiva de unas 22 mil toneladas de TNT. Resultó en la muerte inmediata de unas 40 mil personas.

Eran los días finales de la Segunda Guerra Mundial. En el frente occidental ya se había acabado, con la derrota de la Alemania nazi. Y EEUU quería asegurarse de que todo el mundo recibía el mensaje sobre quién emergía como la auténtica potencia política y militar dominante en el mundo de la posguerra.

Los americanos no necesitaban utilizar la atómica para asegurarse la victoria en el Pacífico, pero lo hicieron.

Según los historiadores fueron tres las razones detrás de este gesto: la voluntad de evitar que los coletazos de la guerra se prolongaran demasiado; el deseo de venganza contra Japón después de Pearl Harbor; así como la voluntad de demostrar a Unión Soviética -entonces aliada de EE UU pero próximo rival en el tablero mundial- su poderío atómico.

Se calcula que unas 250.000 personas murieron como consecuencia de estos bombardeos.

100.000 murieron en los segundos posteriores a la explosión.

En Hiroshima se produjo el fenómeno de las sombras muerte: personas que literalmente se volatilizaron como consecuencia del calor abrasador. Quedaron reducidas a polvo y sus sombras se dibujaron sobre las calles y casas.

Según los testimonios de quienes presenciaron la devastación, los sobrevivientes de la explosión parecían fantasmas que deambulaban entre cenizas y humo. Fantasmas sin pelo, pues se les quemó en la explosión, o fantasmas ciegos, que lo último que vieron fue el resplandor nuclear.

Todos los años, los habitantes de la ciudad dibujan de nuevo aquellas sombras, para conmemorar la memoria de los fallecidos. Muchos de los que aparentemente resultaron ilesos comenzaron después a sufrir alteraciones graves de salud como síndrome agudo de radiación, disminución extrema de glóbulos blancos, diarreas o hematomas.

Los supervivientes, que se llaman a sí mismos hibakusha, están en muchos casos afectados por anemia crónica, tumores malignos y trastornos psíquicos.

En este año 2010 la conmemoración tiene un carácter especial. Por primera vez, un alto representante de EEUU (su embajador) –John Roos– asiste a los actos conmemorativos. También acude el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Éste último ya ha dado signos de avanzar en términos de derechos humanos, y ha propuesto fijar 2012 como el año de entrada en vigor del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares -suscrito en 1996- pero que sigue a la espera de la ratificación de 44 naciones, entre ellas Estados Unidos y China.

Pero este aniversario debería servir para algo más que para la reconciliación sobre el pasado. Debería ser un recordatorio del peligro, actual y muy real, que suponen las armas nucleares para nuestro planeta y para el futuro de la humanidad.

El proceso que lleva a la fabricación de una bomba nuclear

Una vez extraído, el uranio es transportado a una planta especializada donde es molido hasta convertirlo en un polvo muy fino.

Luego es purificado por medio de un proceso químico y reconstituido en una forma sólida conocida como “torta amarilla”, debido a su color amarillento. Este material contiene uranio en un 60-70% y es radiactivo.

El objetivo principal de los científicos nucleares es aumentar la cantidad de átomos de uranio-235, un proceso conocido como enriquecimiento.

Para hacerlo el uranio debe ser convertido primero en un gas, hexafluoruro de uranio, para ello se lo calienta a unos 64 grados centígrados. Un gas que es corrosivo y reactivo por lo que debe ser manejado con sumo cuidado. Las tuberías y bombas de las plantas de conversión son construidas de una forma especial con aleaciones de aluminio y níquel.

Según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), ocho países con capacidad nuclear cuentan con 22.000 cabezas nucleares, de las cuales más de 7.500 son armas operativas.

Se trata de EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, China (las cinco potencias atómicas reconocidas por el Tratado de No Proliferación-TNP), y de India, Pakistán e Israel. Varios de estos países han anunciado iniciativas para modernizar y diversificar sus arsenales. En Reino Unido, por ejemplo, se debate el reemplazo de los submarinos nucleares Trident. Es decir, que aunque muchos puedan pensar que las armas nucleares son algo de la Guerra Fría, un asunto olvidado y del pasado, nada más lejos de la realidad.

Este año se han producido varias iniciativas relativas al peligro nuclear.

En abril, EEUU y Rusia firmaron en Praga un tratado de reducción de armamento. Ambos países se comprometen a reducir sus arsenales en casi un tercio, en torno a unas 1.550 cabezas cada uno, así como a limitar el número de lanzadores (se trata de armamento desplegado, no del arsenal almacenado).

En mayo tuvo lugar la Conferencia de Revisión del TNP, que concluyó con un documento de consenso entre los casi 190 países participantes. Aunque se trata de un texto débil, hay una referencia importante, ya que se rescata la idea de crear una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio.

El peligro que suponen las armas nucleares requiere ser abordado con mayor decisión y audacia y actuando en varias vías paralelas. Los países más poderosos están haciendo un esfuerzo para evitar que Irán pueda hacerse con un programa atómico y eventualmente con el arma nuclear.

Esto contrasta con su tolerancia con los programas atómicos de India y Pakistán (que son miembros del Tratado y, por tanto, lo han incumplido), o con el de Israel (que ni siquiera ha firmado el Tratado).

A su vez, las cinco potencias nucleares reconocidas deben, en virtud del mismo Tratado, dar pasos decididos hacia el desarme, algo que tampoco están haciendo. Estos dobles raseros minan toda posible credibilidad.

Hoy se habla con insistencia del terrorismo y del peligro que supone para la seguridad internacional. También de la posibilidad de que eventualmente grupos terroristas pudieran obtener (y utilizar) armamento no convencional.

Con un mercado negro de armamento floreciente y en auge a nivel internacional, es aterrador pensar en la posibilidad de que los materiales para fabricar una bomba sucia cayeran en manos de grupos terroristas. Pero también lo es pensar que un accidente, un error humano o un problema en una negociación pudieran dar lugar a la detonación de una bomba.

“Las armas nucleares son uno de los peligros existenciales a los que se enfrenta la humanidad y su eliminación debe ser una prioridad desde ahora mismo y para las generaciones venideras” (Mabel Bustelo, responsable de Desarme de Greenpeace)

No a las bombas, no a HIROSHIMA, tantas guerras, no más GUERNICAS…

“El hombre piensa en el significado de la vida porque sabe con certeza que va a morir algún día” (Haruki Murakami, en el libro: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”)

Film: “In The Mood for Love” (2000- Wong Kar-Wai)

Y sí a la razón, al amor

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Conflicto árabe-israelí

Ha sido la más reciente, pero me temo que no será la última cruzada que librará el ejército israelí en el futuro.

El pasado 31 de mayo este barco de bandera turca -el Mavi Marmara- (junto a otras cinco embarcaciones) no se imaginaba ni por asomo las consecuencias que iba a acarrear su periplo por aguas internacionales. Su único propósito: llevar ayuda humanitaria a la franja de Gaza. Un estrecho territorio situado al suroeste de Israel y al noreste de la península del Sinaí de Egipto, y que junto con Cisjordania forma los llamados Territorios Palestinos.

Pues bien. A 70 millas (poco mas de 100 kilómetros) de la costa de esta franja, el ejército israelí intercepta al denominado flotilla de la libertad. El pequeño convoy humanitario que pretendía contribuir a aliviar la mísera y desesperada situación de 1.500.000 de palestinos acorralados por Israel en Gaza.

Resultado: 9 muertos turcos -un fotógrafo entre ellos-; 50 heridos; cámaras, objetos personales, y unas 10.000 toneladas en ayuda humanitaria tiradas por la borda; miles de voces acalladas; 800 personas en prisión por 48 horas sin permitírseles tener contacto con el exterior; y, finalmente, deportaciones forzosas de ciudadanos de 40 nacionalidades diferentes a sus países de origen.

Del mismo modo que el general Franco juzgaba por delito de rebelión a los militaes fieles a la República, Israel lleva varios días intentando hacer creer al mundo que los que actuaron en defensa propia fueron los asaltantes de la flotilla que intentaba romper el cerco de Gaza, y no los asaltados.

Israel sigue enarbolando su bandera. Sigue yendo de víctima cuando la realidad es que pocos años después de que el muro de Berlín desapareciese en 1989, el Estado israelí lo ha reemplazado por el aún más deshonroso Muro de Gaza (de cientos de kilometros de extension y 8 metros de alto, con sus puestos de control y ataque militar, sus soldados armados y sus alambrados de púa). En definitiva, un gran campo de concentración de civiles que hoy languidecen sin agua, sin cloacas, sin electricidad, sin trabajo, sin energía eléctrica, sin medicamentos, y a la merced de sus violentos captores sionistas. Se comprueba que la dirigencia israelí ha aprendido mucho de Auschwitz y del ghetto de Varsovia… Las víctimas se han transformado en victimarios.

La regla de oro es la intransigencia.

En su libro “De Beirut a Jerusalén”, Thomas Friedman lo explicaba con la fábula del pavo: Un viejo beduino tenía un pavo (creía que su carne le devolvería el vigor sexual) y una noche se lo robaron. El beduino llamó a sus hijos: “Chicos, corremos un peligro terrible, me han robado el pavo”. Los hijos no le dieron importancia al asunto. Semanas después alguien les robó el camello. Los hijos se alarmaron y el padre les dijo: “Olvidaros del camello, encontrad el pavo”. También el caballo fue robado, y lo mismo: “Lo que hay que encontrar es el pavo”. Luego fue violada la hija. El padre explicó: “Todo ha ocurrido a causa del pavo. Cuando vieron que podían robarnos un pavo impunemente, lo perdimos todo”.

Quien manda no puede permitir el más leve desafío a su poder, y debe castigarlo con la máxima rotundidad posible.

Los israelíes, los recién llegados a la región, han construido una narración sobre su propia historia. Durante siglos los judíos fueron perseguidos, marginados, expulsados. Desde finales del siglo XIX fueron víctimas de matanzas que culminaron en la Shoah, el exterminio organizado por los nazis con el beneplácito de una gran parte de la sociedad europea. Según el relato israelí, todo eso ocurrió porque los judíos eran mansos, crédulos y transigentes. La cultura fundacional de Israel se basa en impedir que esos desastres se repitan, lo que impone, entre otras cosas, un cambio profundo en cada judío: debe ser fuerte, intransigente y, si hace falta, más violento que nadie.

Es tarde para jugar a quién fue primero, si el huevo o la gallina.

Hay que volver a lo básico: Israel ocupa una parte sustancial de Palestina más allá de la línea verde, la frontera del armisticio militar con Jordania de 1948, a ambos lados de la cual el Estado sionista se extiende por el 77%-78% del antiguo mandato británico, y los árabes retienen menos del 23%. Todo parte de ahí.

Y, cómo no, la religión ha hecho de este conflicto un modus operandi.

Las diferentes historias contempladas en los libros considerados sagrados, son reivindicadas por varios líderes israelíes que defienden la idea de un territorio “prometido por Dios” para que el pueblo judío pueda establecerse de manera definitiva en lo que después es interpretado como un Estado independiente. Por otra parte, Palestina exige sus derechos a ser considerado un Estado soberano con autodeterminación territorial desde 1967 (cuando el 20 de noviembre de aquel año, las Naciones Unidas establecieron la “partición de Palestina” en dos Estados, uno árabe y otro judío; finalizando así la colonización británica de aquel entonces). Aunque también los palestinos dan explicaciones de carácter histórico que se enmarcan dentro de reivindicaciones religiosas, junto a un destino de fe para identificarse con el mundo árabe-musulmán.

Todo un compendio de intereses de ambos mundos que comparten una sola entelequia: hacerse con el que cada uno entiende como su territorio.

Desgraciadamente, a Palestina no se le ha permitido estructurar un Estado normal, por lo que a su población no le queda otra opción que apoyar una fuerza armada irregular como Hamas para contrarrestar la brutalidad israelí.

Otro tanto ocurre con el Líbano, que no les quedó otra opción de defensa que el apoyo popular a las milicias irregulares de Hezbollah pra hacer frente a la milicia israelí en 2006.

E Israel da lecciones. Estos días hemos aprendido que los ejércitos tienen perfecto derecho de abordar con fuerzas de élite los buques desarmados de otros países, en aguas internacionales, para impedir que lleven ayuda humanitaria a una población sitiada. Además, si los tripulantes y pasajeros se resisten, es irreprochable matar a tiros a un buen número de ellos, herir gravemente a otros tantos y detener violentamente a todos los demás.

También sabemos ahora que es lícito bombardear masivamente ciudades densamente pobladas por civiles –matando a un millar de ellos, incluidos cientos de niños–, siempre que nos consideremos atacados por algún grupo del lugar.

Pero es que, además, hemos descubierto que es democrático aquel país que somete a ocupación militar a todo un pueblo, haciendo caso omiso durante más de 40 años a decenas de resoluciones y condenas de la ONU; que desoye todas las peticiones internacionales de respeto de los derechos humanos; que desprecia todos los informes independientes sobre sus crímenes de guerra, y que impone una colonización implacable en los territorios ocupados

Así que Israel está dando grandes lecciones al resto del mundo. Lo ha dicho el presidente Shimon Peres: el mundo entero está en contra de Israel. Y el primer ministro, Binyamin Netanyahu, ha soltado que el mundo es “hipócrita”.

No es difícil constatar que el mundo cambia e Israel no cambia. Trata de disimular la férrea ocupación de los territorios palestinos con un discurso que pone por delante a Irán, como si este país amenazara el presente y el futuro del planeta. Ciertamente Irán no es una democracia, más bien es una teocracia, pero tampoco representa el descomunal peligro que Israel le atribuye. Si sigue por este camino Israel se sentirá cada vez más aislado, aunque esto no parece preocuparle mucho a Netanyahu y Peres, al menos mientras Estados Unidos esté ahí para sacarles las castañas del fuego cada vez que sea necesario.

¿Acaso no es el Estado de Israel la única potencia en Medio Oriente que cuenta con Armas de Destrucción Masiva, gracias a las alrededor de 400 bombas atómicas que EE.UU. le ha cedido?

Tal vez el aislamiento autista que tanto aprecian los israelíes, y sus dirigentes especialmente, sea lo que permite la continuidad del proyecto sionista. De esta manera, ve en el área que le rodea un gran peligro para su existencia. Aunque el sionismo va más lejos de cualquier otro nacionalismo: el peligro es el mundo entero, todo el mundo, no sólo los vecinos.

Por si no ha quedado claro. Israelí es una nacionalidad, judaísmo es una religión, sionismo es una ideología política, semita es quien hable algunos de los siguientes idiomas: árabe, hebreo, arameo (Iraq) o amaico (Etiopía). Todas son cosas distintas. Se puede ser judío y no sionista, o no ser judío y ser sionista. Los israelíes, los palestinos y los iraquíes son semitas.

Vana esperanza, tras la matanza de civiles llevada a cabo por las “fuerzas de Defensa” israelíes en su asalto a la llamada flotilla de la libertad. A partir de esta barbaridad, hay dos opciones. O bien la tan cacareada comunidad internacional (la UE incluida) continúa como de costumbre sin hacer nada eficaz y permite que Israel siga violando el derecho internacional; o bien reacciona e impone una paz justa, que implica el fin de la ocupación israelí y el establecimiento de un Estado palestino viable.

Sin embargo, Israel ha demostrado que solo quiere una paz con sumisión, injusta, una contradictio in natura que lleva a la guerra. Y, por supuesto, ha dado pruebas más que suficientes de que no quiere un Estado palestino viable, ni tan siquiera en el 22% del territorio de la Palestina histórica, que es a lo que ha quedado reducida la reivindicación palestina.

No solo el imperativo de hacer justicia al pueblo palestino, sino también la necesidad de lograr la paz y estabilidad en Oriente Próximo y evitar una nueva convulsión de imprevisibles consecuencias, obligan a imponer la paz. Y eso solo puede hacerlo el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, a no ser que se les quiera tachar de “iOUNtiles”. Es imprescindible la cooperación de Washington, que, tradicionalmente, ha impedido con su veto el progreso hacia una paz genuina.

Por de pronto, el Gobierno israelí está nervioso porque la ONU acaba de pedir un Oriente Próximo libre de armas nucleares (que Israel no reconoce poseer) y ha exigido inspecciones internacionales de sus instalaciones nucleares. Como mundial se exige la investigación que debería llevarse a cabo en las siguientes semanas para depurar la responsabilidad por la muerte de diez ciudadanos en aguas de todos.

EEUU se niega a descartar que sea el propio Israel quien dirija la investigación, pese a los múltiples precedentes de investigaciones internas en las que el Ejército queda siempre exculpado de actuaciones similares en Gaza o Cisjordania.

Lo cierto es que Binyamin Netanyahu, que ya saboteó los acuerdos de Oslo en su anterior mandato, está ganando la partida. Al menos gana tiempo, que para Israel siempre ha sido una victoria, la de los hechos consumados.


Pero, como digo, Tel Aviv se ha quedado descolgado. Turquía ahora más que nunca (que reconoció a Israel desde su fundación en 1948 y ha sido desde entonces su único “amigo” musulmán) ha comprendido por fin la fábula del pavo.

Y más cuando se acaban de conocer los informes de los forenses que revelan que cinco de las víctimas del ataque a la flotilla recibieron disparos en la cabeza. El número dos del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ya lo ha dicho: las relaciones bilaterales van a quedar “bajo mínimos”.

No sigamos pisoteando lo que no nos pertenece.

Y hagamos un inciso para recordar una significativa frase de un israelí sensible y prudente, el literato David Grossman: “Tenemos docenas de bombas atómicas, tanques y aviones. Nos enfrentamos a gentes que no poseen ninguna de estas armas. Y, sin embargo, en nuestras mentes, continuamos siendo víctimas. Esta incapacidad de percibirnos a nosotros mismos en relación a otros constituye nuestra principal debilidad”.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán




Cine del bueno: Metropolis

Estados Unidos siempre se ha llevado la palma respecto a la producción cinematográfica. Pero la UE tampoco se ha quedado atrás. Muchas han sido las cintas europeas a las que no se les pondrá ni una mota de polvo en los estantes, por lo magníficas que han sido y que seguirán siendo.

Y “Metrópolis” es una de ellas. La primera película reconocida como patrimonio documental del mundo por la UNESCO. Un clásico.

Aprovechando el Día de Europa este fin de semana, el País Vasco ha querido aportar su granito de arena. Y lo ha hecho en Vitoria-Gasteiz, proyectando por primera vez a nivel nacional la versión completa y remasterizada de la película de Fritz Lang (estrenada en 1927).

La Semana del Cine Europeo de Euskadi se suma así al reconocimiento del cine hecho en casa. Entre hoy y el 15 de mayo, acercará a varios cines de las tres capitales vascas veinte títulos del mejor cine europeo.

Cuarenta y dos años después de que los hermanos Lumière estrenaran “Workers leaving the lumière factory” (1885), Lang dirigiría Metropolis, una de las grandes películas del expresionismo alemán. Una historia basada en la novela homónima de su esposa hasta que se afilió al partido nazi y se divorcio de ella en 1933, Thea von Harbou.

El pasado 12 de febrero se estrenó la nueva versión restaurada en el Festival de Berlín. Y esto ha sido posible gracias a que hace tan sólo dos años se descubrió en Buenos Aires un negativo que incluía media hora de imágenes inéditas hasta la fecha.

En un hipotético futuro los humanos se dividen entre pensadores (cerebro) y trabajadores (manos). Los primeros sobreviven en la superficie, mientras los segundos malviven alienados en el subsuelo y hacen funcionar las máquinas que convierten en idílica la superficie.

María -una joven/robot visionaria- augura la llegada de un mediador, el corazón, que consolide la armonía entre el cerebro y las manos. Y el emisario llega, Freder. Aunque su misión no será sencilla, pues su poderoso padre, Joh Fredersen -temeroso de una revolución- iniciará un plan que pondrá en peligro el inestable equilibrio en el que se encuentran cerebro y manos.

La película es un clásico, no sólo del cine mudo y en blanco y negro, sino también de la ciencia ficción. Son incontables las veces que ha sido referenciada de forma más o menos sutil en alguna película: “Blade runner” (1982), “Sky captain and the world of tomorrow” (2004) y “Buñuel y la mesa del rey salomón” (2001).

Desgraciadamente, la película de Fritz Lang no goza del beneplácito de gran parte del público. Espectadores que, por cierto, seguramente no la han visto, bien porque es en blanco y negro, bien porque es muda. Lo cierto es que, probablemente, ellos no se pierden nada. Sí se lo pierden aquellos que saben enfrentarse al cine independientemente de sus ingredientes exclusivamente temporales.

Fritz Lang, más que dirigir, orquesta una obra en la que desde la música de Gottfried Huppertz, modernizada y omnipresente, quizás demasiado -hasta la coreografía de los casi cuarenta mil extras (15.000 de ellos, calvos)- están cuidados hasta el más mínimo detalle. Incluso los escenarios de cartón piedra lucen de forma diferente. Se nos propone un futuro en el que la superficie está dominada por infinitos rascacielos, trenes elevados, avionetas; en el que los habitantes de la superficie se entretienen en jardines que poco tienen que envidiar al del Edén; en el que la inteligencia artificial es una realidad. Asímismo, se nos propone un subsuelo en el que las condiciones laborales al servicio de las máquinas que alimentan la superficie son precarias y los turnos de diez horas; en el que los habitantes del subsuelo, inducidos por María, confían ciegamente en la llegada de un emisario que los acerque a la superficie.

Al final, las casi dos horas que dura -y eso que un cuarto del metraje original se perdió para siempre- es su punto más débil. Eso y un guión que a pesar de su brillantez recurre en demasiadas ocasiones al pasaba por allí en el momento oportuno. Tanto que a pesar de la magnificencia de alguno de los planos de la ciudad, uno acaba pensando que no es más grande que el pueblo de cualquier punto geográfico de nuestro país.

¿Los personajes? Mencionar simplemente que no huyen de lo que es común en el cine mudo, la sobreactuación. Y que ninguno de ellos es Charlie Chaplin. Los hay buenos y malos.

Como anécdotas. El videoclip de Madonna, “Express yourself” está inspirado en el film, recreando una historia de amor entre un obrero y una mujer de las clases altas. Pero quizá en el video “Sugar“, de la banda System Of A Down -donde se muestra una parte de la escena donde los trabajadores marchan hacia el trabajo-, es lo que mejor se ha adaptado al estilo de Lang.

Mientras tanto, a falta de un remake lo que han hecho es poner a la venta un DVD que traslada Metropolis a la era digital.

¡Cómo ha cambiado la visión del futuro! Pero cómo sabemos dentro de nosotros, y sabremos siempre, que el mediador entre la cabeza y las manos ha de ser el corazón.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Juárez: la ciudad del silencio

–Te puedo ofrecer mis guardias de seguridad para cruzar. Son de toda confianza.

Con toda normalidad, una desconocida me acaba de brindar parte de su vida. No sé cómo reaccionar: si agradecérselo para después declinar su invitación o tomar su gesto como un presagio de lo que será mi regreso a Ciudad Juárez.

–Es muy peligroso –razona–, y tú eres periodista, mujer, joven, extranjera. Hace poco mataron a un periodista. Matan a quince, veinte en un día.

Esa periodista es Judith Torrea (37 años) y la voz que ofrece su ayuda es Guadalupe de la Vega, esposa de uno de los empresarios más ricos de Juárez. Una ciudad del Estado mexicano de Chihuahua que cuenta con una tristemente alta tasa de criminalidad. En total, 191 homicidios por cada 100 mil habitantes; 3.000 personas asesinadas sólo en 2008; 850 fallecidos sólo en lo que vamos de año por razones de narcotráfico. Unos datos espeluznantes que sitúa a Ciudad Juárez -por segundo año consecutivo- como la más violenta del mundo seguida por San Pedro Sula (Honduras).

La gran mayoría de los asesinatos en Juárez se deben a la disputa entre carteles de la droga, secuestros, y la desaparición de mujeres. Pietro Grasso, Fiscal Nacional Antimafia, explica que en los últimos años el creciente control sobre los puertos y aeropuertos colombianos ha forzado a los traficantes de este país a buscar nuevas áreas de almacenamiento de la pasta de coca destinada al mercado estadounidense y europeo. Y que éstas se han ubicado sobre todo en México, donde los cárteles han conseguido asegurarse el control del territorio.

Para ello se han valido de las mismas estrategias que cualquier otra mafia: el terror, utilizando a grupos de sicarios que asesinan a cientos de testigos, presuntos informadores, magistrados y policías; y la connivencia –obtenida gracias a su inmensa riqueza- de amplios sectores políticos, funcionariales, empresariales y profesionales.

La navarra Judith Torrea lleva más de una década tratando el periodismo de denuncia. Especialista en crimen organizado, pena de muerte, inmigración y política. Desde 2001 está afincada en la frontera de México con EE.UU. después de darse cuenta de esos atropellos.

Torrea decidió hace un año poner sobre el tapete los estragos que sufre la zona de una manera fácil y cercana. A través de su blog. Y eso mismo, ese trabajo valiente le ha valido el Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, que recibe hoy. Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico cuenta el día a día sobre la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’. Da cuenta de los crímenes de las mafias de las drogas, historias que no siempre llegan a las páginas de los medios tradicionales.

La violación de los derechos humanos, según ella, siguen siendo el santo y seña . Crímenes que bajo el lema guerra contra el narcotráfico pone en entredicho -según Judith- al presidente de Mexico, Felipe Calderón. Una situación que sin embargo ha creado más violencia, más miedo, una ciudad fantasma.

La bloguera y periodista freelance acusa a las administraciones mexicanas de querer acallar a la población, de tratar a los ciudadanos como narcotraficantes cuando son sólo trabajadores. Asegura, además, que no ve llegar el fin de la violencia a la urbe y descalifica la supuesta ofensiva del gobierno mexicano contra los cárteles: “No han ido a por el lavado de dinero ni a por la corrupción política, ni de las autoridades, que son los pilares básicos“.

Cuando a mediados del mes de abril se supo de este galardón, Judith lo dedicó “a las mujeres desaparecidas, a toda la gente que sobrevive cada día en Ciudad Juárez sin saber si va a vivir un minuto más, en una ciudad militarizada, donde el peligro está en estar vivo”. En definitiva, a las 5.500 personas que han sido asesinadas y a los 10.000 niños huérfanos.

Pero ahí sigue, viendo cómo muchos colegas callan, se autocensuran o caen en las redes de la corrupción política.

Muchas de sus fuentes han terminado en ataúdes o emigrado a Estados Unidos. Ella misma ha sido advertida y dice “si quieren matarte, te matan” pero sus post siguen relatando las injusticias y los silencios.

Todo comenzó cuando Torrea visitaba a los mexicanos que aguardaban en el corredor de la muerte en EE.UU y acudía a las ejecuciones. Trabajaba para The Texas Observer -cuando George Bush era gobernador en dicho Estado-, un periódico independiente de investigación. El día que cruzó el puente de Santa Fe de Ciudad Juárez descubrió otro mundo. “Había pobreza, droga, prostitución, pero mucha dignidad. Aquello me impactó y me atrapó“. De eso hace ya 13 años, y hoy es la única periodista extranjera que vive en Ciudad Juárez.

Una mujer que cuenta lo que sabe hacer: informar.

Muchos, en cambio, se han quedado atrás. Mujeres mexicanas que, en busca de sus maridos desaparecidos, son asesinadas. Decenas de periodistas que, en su afán de contar lo que ocurre a lo largo y ancho del Planeta, fallecen en el intento.

En 2008, Armando Rodríguez investigaba sobre las conexiones del narcotráfico y los cargos gubernamentales en Ciudad Juárez con un trabajo periodístico que bien valía un premio pero, a cambio, un sicario le tiroteó en la puerta de su casa a los ojos de su hija. El periodista era un personaje incómodo para los narcos y los políticos corruptos mexicanos. Le habían amenazado, pero Armando siguió trabajando hasta que los protagonistas de sus investigaciones decidieron acabar con él.

Con motivo ayer del Día Mundial de la Libertad de Prensa habría que recapacitar y valorar sobre los excelentes trabajos de los profesionales de la comunicación. Por mucho que, a veces, se nos degrade. Ni todos tenemos los mismos valores, ni todos tratamos los temas con impunidad.

Según un estudio realizado por Reporteros Sin Fronteras, en 2010 han muerto nueve periodistas mientras que 165 han sido encarcelados. También recoge que al menos 120 personas han sido detenidas por informar a través de Internet, que se ha convertido en un medio cada día más vigilado por las autoridades en países como Irán, Rusia o Cuba.

Nada ni nadie acallará -por suerte- a los informadores. Gracias al periodismo de denuncia, a la fotografía, a la verdad, a la precisión, a las historias de gente anónima, a la vida…hoy somos lo que somos. Y, lo que es más importante, sabemos lo que sabemos.

Cada mañana, Guadalupe de la Vega vuelve a la vida, a Ciudad Juárez, donde también le espera la muerte. Regresa al Hospital de la Familia que fundó. Sobrevive a la guerra con ingenio:

–En medio de una balacera, nos llegó un mensaje: si salvan a los heridos, los vamos a matar a ustedes y a ellos. Atendimos a los heridos y a la vez organizamos un concierto de flauta clásica. Cuando entraron, no supieron qué hacer.

Son las nueve de la noche y llego con dos guardaespaldas a Ciudad Juárez. Nada más cruzamos el puente fronterizo, estos avisan a sus compañeros que han llegado para que les entreguen sus armas, que no pueden entrar a Estados Unidos.

Las calles están vacías. Sólo pasean los camiones del Ejército. No encuentro a Ciudad Juárez, mi querida Juárez. Sólo quedan sus héroes cotidianos.

(Judith Torrea)

S.O.S. Planeta

Primero fue, como en Nochevieja, en Auckland (Nueva Zelanda). Luego le seguirían Australia, Singapore, China, Rusia, Europa, EE.UU., y así hasta cubrir numerosos puntos geográficos del globo terráqueo. Es lo que ayer ocurrió en todo el mundo y que, desde hace 30 años, lo conocemos como el Día de la Tierra.

Una jornada celebrada cada vez en más países desde que su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instaurara el 22 de Abril de 1970 este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales con un sólo objetivo: proteger el Globo.

Ahora, la organización ecologista World Wildlife Fund (WWF) ha recogido el guante a esta iniciativa. Y cada año que pasa espera siempre que a este día insólito -único por no estar relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales- se sumen cada vez más países comprometidos con la reducción de CO2.

4.000 ciudades repartidas en 125 países.

60 minutos “de gloria”…No es mucho, pero si una hora sin luz sirve de algo, bienvenida sea esta iniciativa para concienciar a gobiernos y ciudadanos de las graves repercusiones que tiene el no respetar el medio ambiente.

En España, cerca de 200 ciudades pusieron su granito de arena apagando las luces de monumentos y edificios emblemáticos.

Y parece que -según WWF- se batió un récord de participación, casi duplicando la registrada el pasado año en esta iniciativa que se ha convertido en el mayor movimiento global contra el cambio climático.

Falta que nos pongamos todos de acuerdo.

Kyoto, Copenhague,…donde sea.

Los dirigentes políticos del mundo no han negociado aún un acuerdo internacional sobre este cambio que afecta a especies y a nosotros mismos. Las numerosas conferencias de las Naciones Unidas están lejos de cumplir las mejores de las expectativas y las necesidades urgentes del planeta.

Porque al fin y al cabo, y perdonad que sea pesimista a este respecto, mientras China (potencia emergente) y los Estados Unidos (1ª potencia mundial) sigan sin reducir sus emisiones de carbono…no hay nada que hacer.

La industria, es decir, la economía y la pretensión de no perder un ápice de influencia sobre los demás Continentes pesa bastante. Mientras tanto, los demás, tendremos que aguantarnos.

Así funciona el mundo desde que lo creamos.

La Tierra se calienta. Los hielos se derriten. Y no es ciencia ficción. El clima está cambiando aceleradamente por culpa del ser humano. Algo tendremos que hacer para no destruir el lugar que nos da de comer.

¡No lo destruyamos!

¡No olvidemos donde estamos y lo que somos!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán