Posts Tagged ‘Nueva Zelanda’

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A pesar de los pesares, de ese triste terremoto acontecido en Christchurch (Nueva Zelanda) el pasado 22 de febrero, dejo aquí constancia de mi paso por ese increíble país hasta mediados de mes.

Todo mi mayor pesar a los familiares de las decenas de víctimas del seísmo, pero especialmente siempre estará en nuestro recuerdo -el de Robin y el mío- la gran persona de Elsa (profesora del King’s College), de momento desaparecida.

Pinchar aquí para ver las fotos y vídeos.

Y, además, fotos y vídeos de Los Angeles y Londres,

© Iñigo Ortiz de Guzman

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De viaje por…NZ

Nueva Zelanda

Recién llegado de las Antípodas, animo a que echéis un vistazo a estos nuevos fotoblogs, dedicados al mundo del viaje.

Dos semanas intensas en un país que se caracteriza por sus paisajes, su don de gentes, y las consecuencias del terremoto que asoló la segunda ciudad más grande de Nueva Zelanda –Christchurch-; hoy hará un mes.

Nueva Zelanda 1

 

Nueva Zelanda 2

 

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

NUEVA ZELANDA in situ

Ha pasado una semana desde que la ciudad neozelandesa de Christchurch despertara en medio de la noche. Un terremoto de 7.1 en la escala Richter dejaba imágenes como éstas.

Autor del vídeo: Robin Doyle

Música: Florence+The Machine (“dog days are over“)

Happiness hit her like a train on a track
Coming towards her stuck still no turning back
She hid around corners and she hid under beds
She killed it with kisses and from it she fled
With every bubble she sank with her drink
And washed it away down the kitchen sink

The dog days are over
The dog days are done
The horses are coming
So you better run

Run fast for your mother, run fast for your father
Run for your children, for your sisters and brothers
Leave all your love and your longing behind
You cant carry it with you if you want to survive

The dog days are over
The dog days are done
Can you hear the horses?
Because here they come

And I never wanted anything from you
Except everything you had and what was left after that too, oh
Happiness hit her like a bullet in the head
Struck from a great height by someone who should know better than that

The dog days are over
The dog days are done
Can you hear the horses?
Because here they come

Run fast for your mother, run fast for your father
Run for your children, for your sisters and brothers
Leave all your loving, your loving behind
You cant carry it with you if you want to survive

The dog days are over
The dog days are done
Can you hear the horses?
Because here they come

The dog days are over
The dog days are done
The horses are coming
So you better run

***

La felicidad la golpeó como un tren en una vía
viniendo hacia ella quieta clavada sin retroceder
ella lo escondió por esquinas y lo escondió debajo de camas
lo mató con besos de ello huyó
Con cada burbuja ella se hundía con su bebida
y lo quitó lavando en el fregadero de la cocina

Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
Los caballos están viniendo
así que será mejor que corras

Corre deprisa por tu madre, deprisa por tu padre
corre por tus hijos, por tus hermanas y hermanos
Deja atrás todo tu amor y tu nostalgia
no puedes llevarlo contigo si quieres sobrevivir
traducción de transmusiclation
Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
¿Puedes oír a los caballos?
Porque aquí vienen

Y yo nunca quise nada de ti
Excepto todo cuanto tenías y
lo que quedaba después de eso también, oh
La felicidad la había golpeado como una bala en la espalda
alcanzada desde una gran altura
por alguien que debería saber que eso no se hace

Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
¿Puedes oír a los caballos?
Porque aquí vienen

Corre deprisa por tu madre, deprisa por tu padre
corre por tus hijos, por tus hermanas y hermanos
Deja atrás todo tu amor y tu nostalgia
no puedes llevarlo contigo si quieres sobrevivir
traducción de transmusiclation
Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
¿Puedes oír a los caballos?
Porque aquí vienen

Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
Los caballos están viniendo
así que será mejor que corras

Los días de mucho calor se han terminado
ha pasado la canícula
Los caballos están viniendo
así que será mejor que corras

***

+ info en NUEVA ZELANDA tiembla

Por Robin John Doyle/Iñigo Ortiz de Guzmán

NUEVA ZELANDA tiembla

El mundo se mueve…

Un violento terremoto -de magnitud 7,2- ha causado hace pocas horas enormes daños materiales en Christchurch, la segunda ciudad de Nueva Zelanda (habitada por unas 380.000 personas). El mayor ocurrido en los últimos 70 años.

Afortunadamente, no ha habido fallecimientos, pero sí decenas de heridos e importantes daños en infraestructuras públicas y edificios en el sur del país.

El seísmo ocurría de madrugada a 28,4 kilómetros de profundidad bajo el lecho marino. Y a 31 kilómetros al noroeste de Christchurch, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, que vigila la actividad sísmica mundial.

Momentos de nervios. Acababa de recibir un SMS de mi pareja Robin desde allí -donde reside- y a cuya ciudad (casualidades de la vida) iré pronto para visitarle. La situación era de desconcierto. No es para menos… La mayoría de sus habitantes se encontraban durmiendo, y la desorientación provocada por el temblor ha sido la característica común.

Con todo, el movimiento de tierra ha provocado cortes de luz, de gas y de agua, pero nada comparable a la tragedia que sufrió Chile el pasado 27 de febrero.

Ahora, está por ver cuántas réplicas se suceden en las próximas horas, e incluso semanas o meses. Esperemos que no muchas… Lo positivo de todo es que no se ha registrado ningún tsunami, un factor real tras un terremoto de esta magnitud.

Lo cierto es que éste es pues el movimiento telúrico más destructor que se haya registrado en Nueva Zelanda desde el sismo de 1931 en la Bahía de Hawke, que mató a 256 personas. Y es que este país de las Antípodas se encuentra en el “Cinturón de fuego”, en el límite de las placas tectónicas de Australia y el Pacífico.

Los kiwis sufren unos 14.000 temblores anuales, de los cuales la gran mayoría son de poca intensidad, aunque entre 100 y 150 tienen la suficiente fuerza cómo para ser percibidos.

De momento, Christchurch está en toque de queda ante -ya digo- posibles réplicas y, por otra parte, ante los más que probables saqueos.

Imagen de uno de los edificios destruidos por el temblor

+ info de NZ en Aotearoa

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Sudáfrica con Mandela

Nelson Mandela

Se celebran 15 años desde que Sudáfrica ganara en casa el campeonato Mundial de Rugby contra Nueva Zelanda. Todo un hito después de que durante años fueran excluidos de este tipo de competiciones debido al apartheid.

Pues bien, ahora el país africano acoge de nuevo un mundial, ésta vez de Fútbol. Será el próximo 11 de junio cuando de comienzo. Y con él se espera que el nonagenario y ex presidente de la República, Nelson Mandela, vuelva a hacer acto de presencia.

Un símbolo de libertad y de supervivencia.

Un icono a nivel global de la reconciliación y el perdón desde su puesta en libertad el 11 de febrero de 1990.

Clint Eastwood ha sabido plasmar como nadie esta historia en su última película que produce y dirige: “Invictus“. Un film basado en el libro de John Carlin “El factor humano” (Playing the enemy: Nelson Mandela and the Game That Changed the World) y ambientada después de que Nelson Mandela saliera de la cárcel y se convirtiera en presidente de Sudáfrica.

Con el evento deportivo en 1995, el líder sudafricano impulsó y utilizó, con la ayuda de la estrella de rugby Francois Pienaar (Matt Damon), como vía para acabar con el odio y la desconfianza existente durante décadas entre la población blanca y negra del país.

Toda una aportación al mundo cinematográfico que refleja la historia de un hombre de raza negra que -con la perseverancia que le caracteriza- ingresaría en 1944 en el Congreso Nacional Africano (ANC), de inspiración basada en la figura de Gandhi . Un movimiento de lucha contra la opresión de los sudafricanos de color. Y cuya ideología se basó en un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

Este año se cumplen dos décadas desde que Mandela fuera liberado -tras 27 años en prisión- convirtiendo un país de convivencia y de respeto hacia los derechos humanos.

Echemos un vistazo para atrás y comprender por qué.

Corre el año 48. Llega al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionaliza la segregación racial creando el régimen del apartheid (implantado por colonizadores ingleses) como símbolo de una sucesión de discriminación política, económica, social y racial. Fue llamado así porque significa “separación” en Afrikaanses una lengua germánica, criolla del neerlandés.

Este sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el “desarrollo”. Todo este movimiento estaba dirigido por la raza blanca, que instauró todo tipo de leyes que cubrían, en general, aspectos sociales. Se hacía una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia.

Entre otros aspectos de disfunción racial pasaban porque los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno, como tampoco podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales en las áreas asignadas específicamente para los blancos. Asimismo, el transporte público era totalmente segregado. A los negros no les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase.

En 1959, con el Self Government Act el apartheid alcanzó su plenitud cuando la población negra quedó relegada a pequeños territorios marginales y autónomos y privada de la ciudadanía sudafricana.

Para entonces, Nelson Mandela -que había estado confinado en la cárcel por dirigir un movimento contra el régimen de la época- reaparece en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad. Ahí plasma la aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático; una reforma agraria; y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.

Pero la situación no es fácil. El gobierno responde y crea a finales de los 50 siete reservas (o bantustanes), territorios marginales supuestamente independientes, en los que confinar a la mayoría negra. El ANC responde con manifestaciones y boicoteos, que conducen a la detención de la mayor parte de sus dirigentes. Mandela es acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.

Ese mismo año es elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo movimiento clandestino que adopta el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; al tiempo que se encarga de dirigir el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centra en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 Mandela viaja por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana. A su regreso es detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de la Lanza de la Nación le condena a cadena perpetua en 1964.

Llega así su reclusión durante 27 años en la isla de Robben Island –al estilo de Alcatraz- en penosas condiciones, pero que supuso el principio de una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.

Mientras tanto, en los años 70, el régimen sudafricano es oficialmente condenado por la comunidad occidental y sometido a un embargo de armas y material militar. Y en 1985, el Consejo de Seguridad de la ONU llama a los estados miembros a adoptar sanciones económicas.

Consciente de su problemática, el gobierno intenta acabar con el tan incómodo mito de Mandela, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; a lo que el líder negro rechazó el ofrecimiento.

Desde su minúsculo habitáculo en la prisión, Nelson Mandela escribiría el siguiente poema:

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años me encuentra, y me econtrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Y llega el fin de la Guerra Fría que precipita, a su vez, el fin del apartheid.

Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, tiene que ceder finalmente ante la evidencia de la presión internacional; y abre el camino para desmontar la segregación racial, liberando a Mandela en 1990 y convirtiéndole en su principal interlocutor para negociar el proceso de democratización.

De este modo, paradógicamente los dos protagonistas Mandela y De Klerk se hacen con el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En adelante la población negra recupera sus derechos civiles y políticos.

Y Nelson Mandela se pone en 1994 al frente -quizá por lo que siempre soñó- de la presidencia de la República de Sudáfrica.

Una apuesta -la de la igualdad- por la que siempre será recordado junto a la copa del Mundial de Rugby. Probablemente, los dos momentos que al líder sudafricano más le marcaron, y por los que entrevió que nada es imposible si el objetivo es lícito y justo.

Mandela ha logrado que los 47 millones de habitantes de Sudáfrica se hayan puesto de acuerdo en que no valen más segregaciones por ser de uno o de otro color, de pertenecer a una o de otra religión, por pensar de tal o de cual manera…

Ahora, muy frágil a sus 92 años, “Madiba” el nombre con el que lo llaman los miembros de su clan, limita sus apariciones y se expresa sólo mediante grabaciones de video. Pero su perseverancia por los más débiles seguro que nunca será olvidado.

“Sueño un África en paz consigo misma”

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

S.O.S. Planeta

Primero fue, como en Nochevieja, en Auckland (Nueva Zelanda). Luego le seguirían Australia, Singapore, China, Rusia, Europa, EE.UU., y así hasta cubrir numerosos puntos geográficos del globo terráqueo. Es lo que ayer ocurrió en todo el mundo y que, desde hace 30 años, lo conocemos como el Día de la Tierra.

Una jornada celebrada cada vez en más países desde que su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instaurara el 22 de Abril de 1970 este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales con un sólo objetivo: proteger el Globo.

Ahora, la organización ecologista World Wildlife Fund (WWF) ha recogido el guante a esta iniciativa. Y cada año que pasa espera siempre que a este día insólito -único por no estar relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales- se sumen cada vez más países comprometidos con la reducción de CO2.

4.000 ciudades repartidas en 125 países.

60 minutos “de gloria”…No es mucho, pero si una hora sin luz sirve de algo, bienvenida sea esta iniciativa para concienciar a gobiernos y ciudadanos de las graves repercusiones que tiene el no respetar el medio ambiente.

En España, cerca de 200 ciudades pusieron su granito de arena apagando las luces de monumentos y edificios emblemáticos.

Y parece que -según WWF- se batió un récord de participación, casi duplicando la registrada el pasado año en esta iniciativa que se ha convertido en el mayor movimiento global contra el cambio climático.

Falta que nos pongamos todos de acuerdo.

Kyoto, Copenhague,…donde sea.

Los dirigentes políticos del mundo no han negociado aún un acuerdo internacional sobre este cambio que afecta a especies y a nosotros mismos. Las numerosas conferencias de las Naciones Unidas están lejos de cumplir las mejores de las expectativas y las necesidades urgentes del planeta.

Porque al fin y al cabo, y perdonad que sea pesimista a este respecto, mientras China (potencia emergente) y los Estados Unidos (1ª potencia mundial) sigan sin reducir sus emisiones de carbono…no hay nada que hacer.

La industria, es decir, la economía y la pretensión de no perder un ápice de influencia sobre los demás Continentes pesa bastante. Mientras tanto, los demás, tendremos que aguantarnos.

Así funciona el mundo desde que lo creamos.

La Tierra se calienta. Los hielos se derriten. Y no es ciencia ficción. El clima está cambiando aceleradamente por culpa del ser humano. Algo tendremos que hacer para no destruir el lugar que nos da de comer.

¡No lo destruyamos!

¡No olvidemos donde estamos y lo que somos!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

Aotearoa

(Blog dedicado a mi querido, paciente, amigo y amado Robin)

Nueva Zelanda- Aotearoa, en maorí.

Tierras lejanas,…sí; A más de 19.000 kilómetros desde la Península Ibérica, lo que supone más de 30 horas en avión hasta Cristchurch, en la isla del sur,…sí; Pero, Nueva Zelanda ofrece un extenso abanico de posibilidades medioambientales, culturales e históricas que no se puede pasar por alto.

Este mes de Febrero hace un año que visité esta nación isleña que limita al norte y al este con el Pacífico Sur, al oeste con el Mar de Tasmania y al sur con el Océano Antártico.

Nueva Zelanda, uno de los últimos lugares de la Tierra en ser conquistado y colonizado, se distingue por su aislamiento geográfico. Sus vecinos más cercanos hacia el norte son Nueva Caledonia, Fiyi y Tonga. Su población -alrededor de 4.5 millones- es mayoritariamente de origen europeo (75%), sin embargo, los habitantes maoríes representan una importante minoría. Antes de la llegada de los europeos -los holandeses y posteriormente los ingleses– los pueblos indígenas ya hacía tiempo que se habían establecido. Según los libros de Historia, se cree que llegaron entre los años 500 y 1300 a.C. Y, según la tradición oral maorí, la llegada de sus antepasados provinieron de Hawaiki (un lugar legendario en la parte tropical de Polinesia) por grandes canoas que cruzaban los océanos, llamadas popularmente wakas.

Los maoríes fueron un pueblo de guerreros con religiones animistas y chamanicas que practicaban el canibalismo. Después de la llegada de los europeos, vieron restringirse su territorio hasta quedar concentrados en reservas como las de Te Ika, en Maui (isla del norte).

Bandera maorí

Como dato curioso -y basado en un documento que se presentó a Felipe II- no parece que fueron los holandeses los primeros europeos en llegar a la región, sino los mercaderes Juan Judré y de Juan Fernández, en nombre de España, a finales de 1576, pero el hecho no pasó de ahí. Años más tarde, en 1642, la Historia o la suerte hizo que el neerlandés Abel Janszoon Tasman, navegando por las costas de la Isla del Sur, avistara tierra, pero un malentendido con la población indígena le impidió desembarcar. En todo caso, las islas fueron bautizadas por los holandeses como Staten Land (Tierra de los Estados). Más tarde recibiría el nombre de New Zealand, tras las expediciones llevadas a cabo en 1769 por el inglés James Cook, lo que supuso la definitiva colonización de esta tierra en las Antípodas.

En 1840, Nueva Zelanda se convirtiría en colonia británica con el Tratado de Waitangi -firmado por representantes de la corona británica y jefes maoríes de la Isla Norte-. No obstante, el gran problema radica en que se firmaron dos versiones, una en inglés y otra en idioma maorí, con puntos discordantes. La versión indígena diría que ellos aceptaban la permanencia de los británicos a costa de la protección permanente por parte de la corona. Mientras que la versión británica hablaba de un sometimiento de los maoríes a la corona a cambio de la protección británica.

Cartel de la rúbrica

Lo importante es que este Tratado supuso el punto fundacional de Nueva Zelanda como nación hasta transformarse en un dominio independiente el 26 de septiembre de 1907 por una proclamación real. La independencia fue cedida por el Parlamento del Reino Unido con el Estatuto de Westminster en 1931, y fue adoptado por el Parlamento de Nueva Zelanda en 1947. Desde entonces, es un estado independiente que pertenece a la Mancomunidad Británica de Naciones (o Commonwealth).

El país es largo y estrecho, de terreno abrupto consistente en dos Islas, la del Norte y la del Sur (además de un pequeño grupo de islotes). Su extensión cubre una superficie de 166.940 km2 y 1.600 kilómetros de longitud.

La Isla del Norte -con sus playas doradas, los ancestrales bosques de kauris, volcanes, áreas termales, y grandes ciudades (entre las que se encuentra Wellington la capital)- es la zona más poblada de las dos.

La Isla del Sur -con sus montañas nevadas, glaciares, sus exuberantes bosques nativos y fiordos- es la mayor de las dos islas; Y orgullosamente llamada “la tierra principal” por los habitantes de la misma.

Lo que más me impresionó del viaje a la isla del Sur- teniendo a Christchurch como punto de referencia- fueron sus impresionantes paisajes: praderas de intensos colores verdes, cielos de las más variedades gamas azules y campos en tonos amarillos. Carreteras sin alma, en las que transitabas sin encontrar vida alguna durante kilómetros y kilómetros. Sólo rebaños de ovejas que trotan a sus anchas (desde que las trajeran los colonos europeos en el siglo XIX). Y también queda la posibilidad de coger una avioneta para poder ver los Alpes y fiordos sobrevolando las nubes con un piloto que bien se puede asemejar a Robert Redford, como a mí me lo pareció.

Este país ha visto, además, cómo en el mundo del cante surgían artistas del nivel de Shapeshifter, Lady 6, Rhombus, Trinity Roots, o el maorí Tiki.

En la producción y filmación de cine, Nueva Zelanda no se ha quedado atrás. Ha servido de plató a numerosas películas como, las más conocidas: “Rain“, “The Lord of the Rings“, “Whale rider“, “The last Samurai“, “Broken english“, “Avatar“, o mi preferida “The piano“. Con una banda sonora, interpretada por Michael Nyman, que pronto se convertiría en un éxito de ventas.

Un film que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1993, y por el que la protagonista Holly Hunter se llevó ese mismo año el Oscar como mejor actriz. Y qué decir de la niña en este largometraje de Roman Polanski, Anna Paquin -quien ya prometía-, y por cuyo papel se llevó otro Oscar como actriz de reparto. Actualmente la podemos ver, en toda su majestuosidad, en la serie sobre vampiros en “Sangre fresca” (“True blood“).


Hay pocos países en este planeta tan diversos, solitarios, vírgenes y absolutamente fotogénicos. Y, con una población -apodada “kiwi” en honor de la simpática ave- amable, extrovertida y entusiasta. ¿Qué mas se puede pedir?

Yeah, grandma!!

Por Iñigo Ortiz de Guzmán